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&#13;
y&#13;
&#13;
Línea  &#13;
&#13;
Revista de cultura contemporánea. Artes plásticas. Literatura. Teatro. Cine. Música. Crítica&#13;
&#13;
&#13;
&#13;
Director&#13;
&#13;
ALDO PELLEGRINI&#13;
&#13;
Comité de Redacción&#13;
&#13;
MIGUEL BRASCO&#13;
&#13;
CARLOS LATORRE&#13;
&#13;
LLINAS DE SANTA CRUZ&#13;
&#13;
ENRIQUE MOLINA&#13;
&#13;
ERNESTO B. RODRIGUEZ&#13;
&#13;
OSVALDO SVANASCINI&#13;
&#13;
MARIO TREJO&#13;
&#13;
ALBERTO VANASCO&#13;
&#13;
JUAN ANTONIO VASCO&#13;
&#13;
&#13;
Francis Picabia (1878-1953)&#13;
&#13;
&#13;
"EL CRISOL" DE ARTHUR MILLER&#13;
&#13;
HOMENAJES A&#13;
&#13;
FRANCIS PICABIA Y DYLAN THOMAS&#13;
&#13;
&#13;
SUMARIO&#13;
&#13;
TOMÁS MALDONADO: Picabia, gran acreedor.&#13;
&#13;
PICABIA : Reflexiones.&#13;
&#13;
ALDO PELLEGRINI: A Francis Picabia.&#13;
&#13;
MIGUEL BRASCO : El juego de ajedrez.&#13;
&#13;
OSVALDO SVANESCINI: Paradojas sobre la poesía.&#13;
&#13;
JUAN CARLOS PAZ: Edgar Varese.&#13;
&#13;
DYLAN THOMAS: Poemas.&#13;
&#13;
CARLOS LATORRE: Poemas.&#13;
&#13;
JUAN FILLOY: Silencio responsable.&#13;
&#13;
ENRIQUE MOLINA: Buenos Aires y Guibert.&#13;
&#13;
Polémicas. Cine. Libros. Artes Plásticas. Revistas.&#13;
&#13;
&#13;
DICIEMBRE 1953 - ENERO 1954&#13;
&#13;
BUENOS AIRES&#13;
&#13;
&#13;
PICABIA, GRAN ACREEDOR&#13;
&#13;
por Tomás Maldonado&#13;
&#13;
&#13;
 Francis Picabia, cuya muerte ha ocurrido en París hace unos días, es&#13;
&#13;
el gran acreedor. En sentido estricto. Es decir, alguien a quien todos, hoy&#13;
&#13;
por hoy, debemos algo, sea por acuerdo mutuo, sea por apropiación alevosa.&#13;
&#13;
Es, entonces, lo contrario del “faro” baudelairiano; del hombre que ilumina&#13;
&#13;
o guía en una situación sin luz cualquiera, catacumharia, tempestuosa o alu-­&#13;
&#13;
vional. No está más allá de nosotros; está con nosotros, asistiéndonos, alcan­-&#13;
&#13;
zándonos lo que necesitamos, dejándose robar — por cálculo.&#13;
&#13;
 Al “faro”, sin duda, se lo caracteriza de otro modo. Tiene otros síntomas,&#13;
&#13;
También otro diagnóstico,&#13;
&#13;
Burlón y nada personaje, Picabia, antes que un dador voluntario de&#13;
&#13;
luz (“faro”, héroe, profesor, apóstol), prefirió ser un dador involuntario&#13;
&#13;
de sangre (antimártir: creador en todos los sentidos, aun en el sentido des-­&#13;
&#13;
tructivo). La sangre de Picabia, la dimensión (o tensión) que él ha inaugu-­&#13;
&#13;
rado, es un milagro de fecundidad. La hemoglobina picabiana, aunque pocos&#13;
&#13;
lo sospechen, se ha adueñado de nuestro mundo, de ahí que nuestro mundo&#13;
&#13;
todavía respire y tenga color.&#13;
&#13;
 Si alguna vez la luz logró interesarle no fué nunca con propósito “ilu-&#13;
&#13;
minista”; nunca fué su debilidad ni la “aufklärung” de los profesores ale-­&#13;
&#13;
manes ni la “lucidité” de los juncos impensantes de “Saint Germain des&#13;
&#13;
Prés”. Su propósito, en las pocas ocasiones que la luz pudo tentarlo, fué&#13;
&#13;
encandilar, devolver al ojo — transitoriamente— su ceguera original. Ano-­&#13;
&#13;
nadar primero para reinventar después. El ojo. El universo entero.&#13;
&#13;
Ciertamente, algunos, por ahora, le deben nada más que dinero, trajes&#13;
&#13;
“palm-beach”, automóviles “ Sedan” de ochenta puertas, un crucero en Yacht&#13;
&#13;
por el Caribe o una noche con la más resplandeciente muchacha de París,&#13;
&#13;
Nueva York o Barcelona. Porque Picabia tenía dinero. Y era dadivoso con&#13;
&#13;
sus amigos — también con sus enemigos encubiertos. No obstante, deudores&#13;
&#13;
tan seculares pueden estar tranquilos. Picabia ha muerto. Además, tuvo&#13;
&#13;
demasiadas mujeres, jóvenes y no tan jóvenes, inteligentes y estúpidas, leales&#13;
&#13;
y brujas. En ocasiones tan poco propicias, ninguna acción judicial podría ser&#13;
&#13;
coordinada con éxito. Por otra parte, la resurrección de Picabia, aunque&#13;
&#13;
deseable, es poco probable. Y aun en el caso que esto ocurra, él nunca&#13;
&#13;
terminará pidiendo cuentas de nada, porque lo que Picabia intentó toda&#13;
&#13;
su vida fué precisamente disolver las cuentas, hacer irreconocible el debe&#13;
&#13;
y el haber. Picabia comprendió desde muy joven la pasmosa fragilidad del&#13;
&#13;
actual sistema monetario; así, llegó a demostrar, con compleja maestría,&#13;
&#13;
que el uso absurdo del dinero (no confundir con el despilfarro o el rasta-&#13;
&#13;
cuerismo) puede ocasionar graves resquebrajamientos en sus mecanismos&#13;
&#13;
circulatorios; invalidar, en poco tiempo, los pacientes esfuerzos de miles&#13;
&#13;
de técnicos por dar a una economía salud, equilibrio y cordura.&#13;
&#13;
 Hay otras deudas. Otros deudores, por lo tanto. Nuevas formas de la&#13;
&#13;
seducción, de lo festivo, de la poesía, del cine, de la moral artística, de&#13;
&#13;
la pintura.&#13;
&#13;
&#13;
PICABIA Y LA SEDUCCIÓN&#13;
&#13;
&#13;
 Los procedimientos modernos de la seducción amorosa, que hoy son&#13;
&#13;
usufructuados por cualquiera — inconsultamente— son, en su mayoría, de&#13;
&#13;
origen picabiano. Olga escribe: “los seductores más sutiles concuerdan en&#13;
&#13;
considerarlo (a Picabia) excepcional”.&#13;
&#13;
&#13;
LO FESTIVO&#13;
&#13;
&#13;
 En Cannes, Picabia inventó — la palabra, como después veremos, es la&#13;
&#13;
más adecuada — algunas fiestas memorables. Inventar fiestas, y nada menos&#13;
&#13;
(que en Cannes, no suena, por cierto, del mejor modo. Principalmente, sor-­&#13;
&#13;
prende. a primera vista, que sea Picabia — un rebelde— su responsable. En&#13;
&#13;
realidad, es difícil suponer las cosas más frívolas de un organizador (o inven-­&#13;
&#13;
tor) de fiestas en Cannes. En el caso de Picabia, único caso, estas suposicio-­&#13;
&#13;
nes son infundadas. No sólo Mrs. Simpson no fué invitada a sus fiestas — lo&#13;
&#13;
&#13;
&#13;
&#13;
&#13;
2                                                                                                      LETRA Y LINEA&#13;
&#13;
&#13;
Caoutchouc (1909)&#13;
&#13;
&#13;
que ya es, de por sí, una garantía— , sino que todas las leyes y convenciones&#13;
&#13;
de lo festivo, sobre todo de lo festivo en Cannes, fueron minuciosamente&#13;
&#13;
subvertidas. Ni refinamiento. Ni galantería. Ni preciosismo. Ninguna “cor-&#13;
&#13;
tegiana onesta” reinando. Tampoco reinando ningún calígula de la política,&#13;
&#13;
de das letras, del sexo o del buen gusto. Benozzo Gozzoli, Carpaccio, Leonar-­&#13;
&#13;
do, Rubens y Walteau, organizaron, sin duda, fiestas de extraña belleza.&#13;
&#13;
Su imperfección, con todo, resulta hoy bastante imaginable; rara vez habrán&#13;
&#13;
podido esconder su turbio origen servil o demagógico. Las fiestas de Picabia,&#13;
&#13;
en cambio, realizan lo festivo plenamente, puramente, sin concesiones. Su&#13;
&#13;
procedimiento es el absurdo; su finalidad, la invención de una alegría ruda&#13;
&#13;
y fraternal. Una nueva era de lo festivo.&#13;
&#13;
&#13;
LA POESÍA&#13;
&#13;
&#13;
 “En cuanto al deseo, aconsejaba Epictcto, moralista y esclavo, suprímelo&#13;
&#13;
radicalmente por el momento”. La poesía de Picabia nos propone lo contra-­&#13;
&#13;
rio: la exaltación del deseo. Sólo el deseo — “la voluptuosidad del ser (Jean&#13;
&#13;
van Heeckeren)— puede restituir a la poesía su antigua utilidad comuni­-&#13;
&#13;
cativa. El deseo, más allá de ciertos límites, conduce a lo extraordinario.&#13;
&#13;
El deseo inventa; sólo la cobardía imita. Picabia-poeta, por su fidelidad&#13;
&#13;
a este modo de ver, es un gran poeta de este siglo. Tzara (el mejor Tzara),&#13;
&#13;
Hans Arp), Hugo Rail (el primer Hugo Ball, no el último), van Hoddis,&#13;
&#13;
Schwitters-poeta, son los pocos, tal vez podrían agregarse algunos nombres&#13;
&#13;
más, que están a su mismo nivel.&#13;
&#13;
&#13;
PICABIA Y EL CINE&#13;
&#13;
&#13;
 “El mejor film de Rene Clair (“Entr’acte”) no es de él", dice Michel&#13;
&#13;
Perrin.&#13;
&#13;
&#13;
LA MORAL ARTÍSTICA&#13;
&#13;
&#13;
 El espectáculo de un espíritu fiel a su particular complexión, es decir,&#13;
&#13;
libre de cualquier compromiso exterior, merece siempre, al principio, juicios&#13;
&#13;
tolerantes y risueños. Es lo diferente, lo inesperado, lo raro, y eso divierte.&#13;
&#13;
No obstante, si la duración del espectáculo se prolonga más de la cuenta,&#13;
&#13;
si su persistencia rebasa los límites que la urbanidad tiene previstos, no&#13;
&#13;
faltan, por supuesto, los que terminan por estimarlo injurioso. Es el caso&#13;
&#13;
de la libertad (o libertades) de Picabia. Sus primeras manifestaciones fueron&#13;
&#13;
acogidas con ánimo jocoso; nadie, al parecer temía las rarezas del descon­-&#13;
&#13;
certante millonario. Más tarde, la actitud, por su ya incómoda insistencia,&#13;
&#13;
comenzó a ser sospechosa. La benignidad de un comienzo trocóse, de pronto,&#13;
&#13;
en irritación general. Todos los que estaban en el “gran juego —hombres&#13;
&#13;
de reputación (buena, claro está, artistas “serios”, críticos y boticarios del&#13;
&#13;
arte, suministradores y administradores de prestigio—; todos se descubrieron&#13;
&#13;
víctimas, burlados y, lo que es peor aún, denunciados. Es que, en Picabia,&#13;
&#13;
el desdén por las complicidades consagratorias no era una táctica. Tampoco&#13;
&#13;
lo era su agresividad. El atacaba por odio, por humor o por convicción.&#13;
&#13;
Nunca por arribismo. Por eso, cuando Picabia, en “391” , denuncia la farsa,&#13;
&#13;
la inepcia y la corrupción de sus contemporáneos ilustres, lo hace sin dete-­&#13;
&#13;
nerse en nada, sin reconocer en su adversario ningún tipo de virtud última&#13;
&#13;
o secreta; ningún punto de apoyo para una posible reconciliación ulterior&#13;
&#13;
— “un almuerzo íntimo para zanjar diferencias y conocerse más”.&#13;
&#13;
&#13;
LA PINTURA: EX PRODIGIO&#13;
&#13;
&#13;
 A los 15 años (1893), Picabia, después de una fugaz [estadía] en el&#13;
&#13;
“atelier Cormon”, se había ya adueñado de la más depurada técnica natu-­&#13;
&#13;
ralista del arte de su época (Cormon, Bouguereau, Meissonier). Fué, en&#13;
&#13;
efecto, un “niño prodigio”, pero no durante mucho tiempo. Dejó de serlo&#13;
&#13;
antes de lo necesario, prematuramente. Muy joven, cuando cualquier otro&#13;
&#13;
hubiera empezado a tomar conciencia de su excepcional condición, Picabia&#13;
&#13;
desertó, pasando, sin remordimientos, a la categoría de ex prodigio. Norbert&#13;
&#13;
Wiener, en su reciente autobiografía, cuyo título es precisamente “Ex Pro-&#13;
&#13;
digy” (Simón and Schuster, New York), señala que el revolucionario es&#13;
&#13;
muy a menudo un ex prodigio. A la luz de esta observación, Picabia ex pro­-&#13;
&#13;
digio y Picabia revolucionario adquieren una insospechada coherencia,&#13;
&#13;
su rebeldía de infancia aparece condicionando su rebeldía de madurez.&#13;
&#13;
&#13;
LA PINTURA: LAS “ISLAS CONCRETAS”&#13;
&#13;
&#13;
 Arp ha escrito: “Es él (Picabia) quien ha descubierto las “islas con-­&#13;
&#13;
cretas”, donde los señores abstractos se devoran.” Esto, aunque no hay acuer­-&#13;
&#13;
do total, parece cierto. Picabia, entre 1907 y 1908, sin haberse apartado&#13;
&#13;
todavía del impresionismo, habría realizado los primeros dibujos abstractos&#13;
&#13;
&#13;
&#13;
El niño carburador (1917)  Yo vuelvo a ver en recuerdo a mi querida Udnie (1913)  Desfile amoroso (1917)&#13;
&#13;
&#13;
&#13;
&#13;
LETRA Y LÍNEA                                                                                                          3&#13;
&#13;
&#13;
Catch as catch can (1913)&#13;
&#13;
&#13;
conocidos. Además, en su cuadro “Cautchou” , pintado en 1909, los elementos&#13;
&#13;
figurativos son mucho menos discernibles que los usados por Kandinvsky&#13;
&#13;
y Kupka en esa misma época. Sin embargo, la contribución más importante&#13;
&#13;
de Picabia a la pintura contemporánea son sus obras de 1912 a 1918 (Pro­-&#13;
&#13;
cesión en Sevilla, Cultura física. Edtaonisl, Catch as Catch can, Udnie: joven&#13;
&#13;
muchacha americana, Vuelvo a ver en mi recuerdo a mi querida Udnie,&#13;
&#13;
Un raro cuadro sobre la tierra, Los discos, Dedée de América).&#13;
&#13;
&#13;
LA PINTURA: LA CAÍDA COMO DISPONIBILIDAD&#13;
&#13;
 Picabia profesaba la ética de la disponibilidad estética. Artísticamente&#13;
&#13;
era un ansioso. Siempre anhelaba pasar a otra cosa; siempre sospechaba&#13;
&#13;
estar cabalgando sobre el error. “El arte, dice, es el culto del error”. A esta&#13;
&#13;
ansiedad debemos los momentos más altos de Picabia (1907-1925 y 1945-1953),&#13;
&#13;
pero también sus caídas más penosas: sus veinte años intermedios de majas,&#13;
&#13;
bailarines y desnudos del más desesperante academicimo.&#13;
&#13;
 “Picabia parece desear un arte de movilidad’’, aventuraba, no sin reti­-&#13;
&#13;
cencia, Apollinaire en 1913.&#13;
&#13;
&#13;
PlCABIA y EL ARTE&#13;
&#13;
&#13;
 Dadaísta nato, Picabia se sentía inclinado a respetar más a un boxeador&#13;
&#13;
que a un poeta — "prefiero a un boxeador negro que a un estudiante negro,&#13;
&#13;
decía Arthur Cravan, poeta y boxeador. La descalificación rasante del este-­&#13;
&#13;
ticismo e intelectualismo fué uno de los grandes aciertos de “dada”. El&#13;
&#13;
artista, según el siglo pasado: “pobre diablo” fabricante sumiso de objetos&#13;
&#13;
excelsos, debía ser fusilado. Sus muecas apesadumbradas, sus infortunios&#13;
&#13;
(reales o imaginarios) y su inteligencia desierta, no interesaban ya a nadie.&#13;
&#13;
Duchamp, Picabia, Tzara, Vaché y Cravan se propusieron su aniquilamiento.&#13;
&#13;
Y lo lograron. La aparición, empero, de algunos artistas de nuevo tipo&#13;
&#13;
(Brancusi, Arp, Sophie Taueber, Max Ernst, Van Doesburg, Mondrian,&#13;
&#13;
Gabo y Pevsner) advirtió sobre la necesidad de reconocer, de buena o mala&#13;
&#13;
gana, que el artista, como arquetipo humano, no estaba agotado; que el&#13;
&#13;
arte, después de todo, no era una tontería sin vigencia (Vaché, sino el&#13;
&#13;
más importante instrumento de transformación de la vida. Esta nueva po-­&#13;
&#13;
sibilidad fué, en esa época, alrededor de 1920, muy resistida por los pioneros&#13;
&#13;
del dadaísmo. En realidad, se han necesitado treinta años, en el curso de los&#13;
&#13;
cuales los pujantes arquetipos no-artísticos del 900 han demostrado su inefi­-&#13;
&#13;
cacia, para que Picabia, poco tiempo antes de morir, devuelva al arte su&#13;
&#13;
mayor confianza, su única confianza: “En tanto que fenómeno estético, la&#13;
&#13;
existencia es insoportable, pero, por medio del arte, lo extraordinario nos&#13;
&#13;
descansa de la vida, y es esta proyección que nos descansa de nosotros&#13;
&#13;
mismos” .&#13;
&#13;
&#13;
Pintura (1950)&#13;
&#13;
&#13;
REFLEXIONES DE PICABIA&#13;
&#13;
&#13;
Mi pensamiento me dice donde me encuentro, pero no me indica&#13;
hacia donde voy. La ignorancia del porvenir es mi vida, mi vida&#13;
&#13;
que no puede vivir por anticipaciones. Soy el éxito del fracaso.&#13;
&#13;
No deseo ni resultado, ni meta.&#13;
&#13;
 El conocimiento es un viejo error que piensa en su juventud.&#13;
Los descontentos y los débiles hacen la vida más bella.&#13;
Las leyes están contra la excepción, a mí sólo me atrae la excepción.&#13;
El diablo me sigue noche y día porque tiene miedo de estar solo.&#13;
 Muchos artistas consagran el tiempo a su pintura, yo me pregunto&#13;
por qué esas gentes gustan de las malas compañías.&#13;
&#13;
El arte es el culto del error.&#13;
 El amor del odio es el más bello amor.&#13;
 Considerada como fenómeno estético la existencia es insoportable,&#13;
pero gracias al arte, lo extraordinario nos hace descansar de la&#13;
&#13;
vida, y es esta proyección la que nos hace descansar de nosotros&#13;
&#13;
mismos.&#13;
&#13;
&#13;
&#13;
&#13;
4                                                                                                                       LETRA Y LÍNEA    &#13;
&#13;
&#13;
A FRANCIS PICABIA&#13;
&#13;
por Aldo Pellegrini&#13;
&#13;
&#13;
Dame la moneda de sueño dame un día de asombro ante las máquinas&#13;
&#13;
las ruedas han suprimido al hombre y su tumulto&#13;
&#13;
el ruido corroe el silencio dame la moneda de sueño&#13;
&#13;
para comprar el contrasueño de risa de marsopa&#13;
&#13;
&#13;
Dame la historia en el amanecer del mundo&#13;
&#13;
y la canción de piedra los viernes ya muy tarde&#13;
&#13;
donde el caminador se oculte&#13;
&#13;
allí mismo lo persigues con tu alfiler de nieve&#13;
&#13;
&#13;
Si la sangre no corre brota el estupor de la mirada&#13;
&#13;
los pozos insondables seducen a las vírgenes borrachas&#13;
&#13;
en las grandes usinas tropiezan soles ciegos&#13;
&#13;
y nadie los advierte&#13;
&#13;
&#13;
Nadie advierte&#13;
&#13;
que el tiempo de las sonrisas adormece a los relojes&#13;
&#13;
que sólo el acero piensa y máquinas virginales&#13;
&#13;
derrumban el pasado&#13;
&#13;
&#13;
Máquinas virginales y torbellinos de incienso&#13;
&#13;
ahuyentan el olor de la vida&#13;
&#13;
máquinas hasta el supremo límite&#13;
&#13;
azul y rojo&#13;
&#13;
donde los pasos se detienen&#13;
&#13;
&#13;
Con un gesto calmas la ferocidad del acero&#13;
&#13;
estalla un canto que no se puede detener­&#13;
&#13;
los automóviles giran a tu alrededor con la elegancia de mártires&#13;
&#13;
    hipnotizados&#13;
&#13;
las galerías de hombres se extienden basta la inmovilidad&#13;
&#13;
los torturadores rugen en voz tan baja que no es posible contener la risa&#13;
&#13;
un ruido de pájaros deja su humo de color en las usinas&#13;
&#13;
&#13;
El tiempo de tu sonrisa despierta a los relojes&#13;
&#13;
el tiempo de tu sonrisa acelera a los relojes&#13;
&#13;
lanzaste el canto que no se puede detener&#13;
&#13;
el canto que sacude a los personajes inmóviles&#13;
&#13;
tu aparición ilumina las sombras&#13;
&#13;
en esa noche que agotó los días&#13;
&#13;
dioses de pesadilla&#13;
&#13;
se guían por tu brújula extraña&#13;
&#13;
&#13;
Manejando la química de la aventura&#13;
&#13;
paralizaste el mundo delirante de las máquinas&#13;
&#13;
burlador del presente engañaste a la vida&#13;
&#13;
simulando nacer ayer nacerás mañana&#13;
&#13;
y para aliviar el terror de un vacío siniestro&#13;
&#13;
inventaste la máscara bufona del misterio&#13;
&#13;
&#13;
Al destruir se crea al crear se destruye&#13;
&#13;
la lógica de los hombres conduce hacia lo absurdo&#13;
&#13;
la lógica de la vida sucumbe ante lo absurdo&#13;
&#13;
todo lo explica lo absurdo la eternidad nos crea&#13;
&#13;
la vida nos destruye&#13;
&#13;
sólo el humor es eterno&#13;
&#13;
&#13;
Es necesario vivir he ahí tu ejemplo absurdo&#13;
&#13;
vivir rodeado de muertes&#13;
&#13;
de la muerte del viejo del perro del gusano del guerrero del timador&#13;
&#13;
de la muerte del silencioso del prudente del nocturno del solitario&#13;
&#13;
vivir en la travesía de la muerte&#13;
&#13;
donde la alegría de crear y la alegría de destruir&#13;
&#13;
se mezclan en la misma y única alegría&#13;
&#13;
&#13;
Vivir en la delirante vida de las máquinas&#13;
&#13;
con tu canto y color que no se detienen&#13;
&#13;
burlador del presente engañaste a la muerte&#13;
&#13;
simulando nacer ayer nacerás mañana&#13;
&#13;
&#13;
Para destruir lo que nos destruye&#13;
&#13;
dame tu moneda de sueño dame&#13;
&#13;
tus largos caminos de humor&#13;
&#13;
a mitad de la ruta&#13;
&#13;
un desconocido preguntará por tu templo de risa.&#13;
&#13;
&#13;
EL JUEGO DE AJEDREZ&#13;
&#13;
por Miguel Brascó&#13;
&#13;
&#13;
No existe ninguna cárcel inexpug­-&#13;
&#13;
nable, no al menos las cárceles orga­-&#13;
&#13;
nizadas según el concepto común de&#13;
&#13;
reducir sus precauciones a la coacción&#13;
&#13;
puramente física de los prisioneros.&#13;
&#13;
El alma de los hombres es salvaje­&#13;
&#13;
mente libre y siempre encuentra la&#13;
&#13;
oportunidad de transmitir esa liber­-&#13;
&#13;
tad al cuerpo que la contiene. Habría&#13;
&#13;
que establecer, en todo caso, otro&#13;
&#13;
tipo de prisión: una prisión que no&#13;
&#13;
retenga los cuerpos sino las almas.&#13;
&#13;
&#13;
El coche se sacudía con un crujido de&#13;
&#13;
madera y vidrios, no tanto por la rapidez&#13;
&#13;
de la marcha cuanto por los baches e irre-­&#13;
&#13;
gularidades del camino; por momentos se&#13;
&#13;
inclinaba tan pronunciadamente contra uno&#13;
&#13;
de sus costados que el vuelco parecía in-­&#13;
&#13;
evitable, pero luego recobraba el inestable&#13;
&#13;
equilibrio sin otro desmedro que el de los&#13;
&#13;
tres hombres que viajábamos en su interior.&#13;
&#13;
 El sol de la mediatarde, ya pálido, ponía&#13;
&#13;
un reflejo violáceo sobre las dos ventanillas&#13;
&#13;
del oeste y marcaba con sombras largas y&#13;
&#13;
lánguidas los árboles del territorio. Por cen­-&#13;
&#13;
tésima vez me acomodé sobre el respaldo&#13;
&#13;
tratando de evitar el contacto con la rodilla&#13;
&#13;
del guardián que dormitaba a mi lado. El&#13;
&#13;
otro, sentado enfrente, me miraba fijamente&#13;
&#13;
sin ver, con una expresión a la vez fatigada&#13;
&#13;
y torpe. Cerré los ojos. Afuera se oía el&#13;
&#13;
grito repetido del postillón, y el trote pau­-&#13;
&#13;
sado de los caballos. El fin del viaje estaba&#13;
&#13;
próximo; el vehículo se detuvo primero y&#13;
&#13;
rostros ansiosos se pegaron a los vidrios&#13;
&#13;
escrutando el interior. Casi inconsciente­-&#13;
&#13;
mente oí las palabras cambiadas con el&#13;
&#13;
guardián, sentí una ráfaga de viento fresco&#13;
&#13;
que entraba por la portezuela abierta, mez­-&#13;
&#13;
clada con olor a tabaco fuerte y tierra. El&#13;
&#13;
hombre rió, el coche rodó otra vez sobre&#13;
&#13;
un camino mucho más cuidado y se detuvo&#13;
&#13;
por fin. El guardián sentado enfrente de mí&#13;
&#13;
se incorporó golpeando al otro en las rodi­-&#13;
&#13;
llas con la palma de la mano y descendió.&#13;
&#13;
Yo lo hice detrás sin esperar a que me&#13;
&#13;
invitara, pasando entre las piernas del guar-­&#13;
&#13;
dián dormido.&#13;
&#13;
La casa no alcanzaba a distinguirse desde&#13;
&#13;
allí; tal vez estuviera mucho más lejos&#13;
&#13;
o quizás los árboles la ocultaban desde&#13;
&#13;
aquel costado. Caminamos por el sendero&#13;
&#13;
entre macizos de tulipanes y sórdidas ca-&#13;
&#13;
suchas de madera, sintiendo crujir la arena&#13;
&#13;
bajo las suelas. El hombre caminaba detrás&#13;
&#13;
llevando el atado de ropa que, apresurada-­&#13;
&#13;
mente, me permitieron reunir dos noches&#13;
&#13;
antes, cuando pasaron a buscarme. Reconocí&#13;
&#13;
una vez más que todo estaba perdido. Para&#13;
&#13;
afianzar esta certidumbre allí estaba la casa&#13;
&#13;
con sus ventanales enrejados, el techo de&#13;
&#13;
pizarra gris, con ese aspecto vigoroso que&#13;
&#13;
le daban sus paredes de piedra gótica y la&#13;
&#13;
puerta sombría y metálica entre dos arcos.&#13;
&#13;
A medida que nos acercábamos pude ver&#13;
&#13;
las otras alas de la construcción, extendién­-&#13;
&#13;
dose hacia atrás en dos pisos chatos.&#13;
&#13;
 — Es la casa — consignó el hombre detrás&#13;
&#13;
de mí. Inútilmente y sin quererlo apresuré&#13;
&#13;
el paso.&#13;
&#13;
 Pero cuando la puerta se cerró a mis&#13;
&#13;
espaldas y pisé por primera vez sus losas&#13;
&#13;
húmedas precedido por el guardián, ya ha­-&#13;
&#13;
bía olvidado mis vacilaciones y el pensa-­&#13;
&#13;
miento de la evasión estaba presente en mi&#13;
&#13;
confianza habitual. Mi atención estaba tensa&#13;
&#13;
y lúcida; guardé, detalle por detalle en mi&#13;
&#13;
memoria, la conformación y aspecto de cada&#13;
&#13;
uno de los corredores recorridos.&#13;
&#13;
 Se me fijó toda una sección del edificio&#13;
&#13;
por la cual podía moverme libremente; me&#13;
&#13;
dieron alojamiento en una habitación con&#13;
&#13;
una cama flanqueada por cuatro columnas&#13;
&#13;
pero sin dosel, lo cual le comunicaba una&#13;
&#13;
sensación de cosa incompleta, de precarie-­&#13;
&#13;
dad desagradable. Confieso que me descon-­&#13;
&#13;
certó la aparente inseguridad de las me­-&#13;
&#13;
didas adoptadas por los guardianes para&#13;
&#13;
evitar las evasiones. Este desconcierto y este&#13;
&#13;
descuido fueron precisamente los que me&#13;
&#13;
hicieron extremar mis precauciones. De so­-&#13;
&#13;
bra sabía que mis enemigos tenían sobrado&#13;
&#13;
motivo para evitar en cualquier forma mi&#13;
&#13;
fuga; luego, sin duda, aquella prisión les&#13;
&#13;
merecía una entera confianza.&#13;
&#13;
El primer contacto que me permitieron&#13;
&#13;
con otros prisioneros después de una sema-­&#13;
&#13;
na de rigurosa soledad, confirmaron mis&#13;
&#13;
presunciones. Los interrogué de inmediato&#13;
&#13;
sobre las tentativas de fuga registradas, so­-&#13;
&#13;
bre los planes existentes, las posibilidades&#13;
&#13;
y los peligros, todos los interrogantes que&#13;
&#13;
obsesionaron mi primera semana de reclu­-&#13;
&#13;
sión solitaria. Aquellos hombres movieron&#13;
&#13;
negativamente la cabeza.&#13;
&#13;
 -No piense más en eso —dijeron— . No&#13;
&#13;
alimente inútiles esperanzas. La evasión es&#13;
&#13;
imposible.&#13;
&#13;
Me explicaron que fugas intentadas en&#13;
&#13;
otros tiempos, cuando inclusive el sistema&#13;
&#13;
de la prisión no había alcanzado las per­-&#13;
&#13;
fecciones actuales, había fracasado; en ver­-&#13;
&#13;
dad hablaron de dificultades insalvables,&#13;
&#13;
pero no conseguí que las concretaran.&#13;
&#13;
 Después de aquella primera entrevista,&#13;
&#13;
permanecí dos días sin salir de mi habita-­&#13;
&#13;
ción. El guardián no tuvo inconveniente en&#13;
&#13;
llevarme allí la comida al mediodía y a la&#13;
&#13;
noche. Por la mañana, a través de la alta&#13;
&#13;
ventana entraba el sol dando al aposento&#13;
&#13;
un aspecto casi alegre. El muro era tan&#13;
&#13;
grueso que la ventana parecía excavada&#13;
&#13;
como un túnel y los barrotes casi no al­-&#13;
&#13;
canzaban a tocarse. Un pájaro había hecho&#13;
&#13;
su nido contra esos barrotes. Cuando me&#13;
&#13;
asomé, se produjo un revuelo y el nido&#13;
&#13;
quedó vacío.&#13;
&#13;
 Los dos días de voluntaria soledad fueron&#13;
&#13;
penosos, pero el tercero me encontró ya&#13;
&#13;
tranquilo, acostado de espaldas sobre el&#13;
&#13;
lecho, con las manos cruzadas por debajo&#13;
&#13;
de la nuca. Me entretenía imaginando la&#13;
&#13;
situación embarazosa que habría creado mi&#13;
&#13;
repentina desaparición. Casi me divertía&#13;
&#13;
imaginando a Luis recorriendo a largos&#13;
&#13;
pasos su despacho y mordiéndose nerviosa­&#13;
&#13;
mente el bigote. Pero la ruina de Luis era&#13;
&#13;
la mía propia. Era necesario, pues, poner&#13;
&#13;
toda la inteligencia y la voluntad para es-­&#13;
&#13;
capar de allí lo antes posible.&#13;
&#13;
En la primer comida que compartí con&#13;
&#13;
los otros internados, me mantuve silencio-­&#13;
&#13;
so; intuía que aquellos hombres eran mis&#13;
&#13;
enemigos con tanta intensidad como los car­-&#13;
&#13;
celeros. Estudié con atención cada uno de&#13;
&#13;
los rostros; todos eran burgueses de la clase&#13;
&#13;
alta o aristócratas venidos a menos. Enfren­-&#13;
&#13;
te de mí se sentaba un hombre gordo de&#13;
&#13;
ojos saltones y patillas desordenadas y ca­-&#13;
&#13;
nosas. A su lado un anciano con aspecto&#13;
&#13;
de barón bebía vino continuamente, lim- ­&#13;
&#13;
piándose luego los labios con un pañuelo&#13;
&#13;
de color celeste, más allá otros dos caballe-­&#13;
&#13;
ros ya maduros en cuyos rostros curtidos se&#13;
&#13;
adivinaba al hombre de la tierra o al mi-­&#13;
&#13;
litar, discutían animadamente. Sin prestar&#13;
&#13;
atención a sus palabras y sin que ellos pa-­&#13;
&#13;
recieran preocuparse tampoco de mí, me&#13;
&#13;
dediqué a estudiar a los comensales; des­-&#13;
&#13;
cubrí luego que se discutía sobre un tema&#13;
&#13;
de ajedrez. Soy un buen jugador y con el&#13;
&#13;
ánimo de ganar cuanto antes le amistad de&#13;
&#13;
aquellos hombres, me decidí a intervenir:&#13;
&#13;
 -Esa partida a la que ustedes se refie­-&#13;
&#13;
ren — dije de pronto—, no terminó con&#13;
&#13;
mate de rey y torre sino de una manera&#13;
&#13;
muy diferente. Es posible que la confundan&#13;
&#13;
con otra semejante realizada entre M. y J.&#13;
&#13;
en el mismo torneo.&#13;
&#13;
 Estas palabras me convirtieron de pronto&#13;
&#13;
en el centro de atención de todos.&#13;
&#13;
 — ¿Está seguro? - preguntó el barón lim- ­&#13;
&#13;
piándose los labios con su pañuelo.&#13;
&#13;
—Tuve oportunidad de asistir a ese tor­-&#13;
&#13;
neo de Leipzig y tengo frescas en la me­-&#13;
&#13;
moria estas partidas.&#13;
&#13;
¿Usted asistió al torneo de Leipzig?&#13;
&#13;
-preguntó esta vez el hombre gordo de&#13;
&#13;
las patillas desordenadas, con el tenedor a&#13;
&#13;
medio camino entre el plato y sus labios.&#13;
&#13;
El anciano barón dejó la copa sobre la&#13;
&#13;
mesa.&#13;
&#13;
— Fui suplente del equipo de nuestro&#13;
&#13;
país, pero no tuve oportunidad de inter­-&#13;
&#13;
venir.&#13;
&#13;
Se produjo una escena confusa, tras la&#13;
&#13;
cual fui obligado a decir mi nombre que&#13;
&#13;
algunos avisados creyeron recordar levan­-&#13;
&#13;
tando sus índices en el aire como sancio­-&#13;
&#13;
nando la efectiva realidad de mi existencia.&#13;
&#13;
Me solicitaron detalles que proporcioné con&#13;
&#13;
fidelidad primero y dejándome llevar por&#13;
&#13;
la imaginación después.&#13;
&#13;
Luego de la cena, la conversación conti­-&#13;
&#13;
nuó en el salón basta tarde; allí se nos&#13;
&#13;
reunieron los guardias que se mostraron tan&#13;
&#13;
interesados como mis compañeros en co-­&#13;
&#13;
nocer mis actuaciones en aquel torneo de&#13;
&#13;
Leipzig. Esa noche, me acosté con la certi-­&#13;
&#13;
dumbre de haber avanzado un buen trecho&#13;
&#13;
en el camino de mi liberación.&#13;
&#13;
Y en efecto lo había avanzado. Sí. En&#13;
&#13;
cierta forma, comencé a madurar aquella&#13;
&#13;
misma noche el proyecto de mi evasión.&#13;
&#13;
A la mañana siguiente me despertaron&#13;
&#13;
unos leves golpes en mi puerta. Escuché&#13;
&#13;
luego el juego metálico de la llave en la&#13;
&#13;
cerradura. Se abrió la puerta y en el vane&#13;
&#13;
pude distinguir apenas, con mis ojos soño-&#13;
&#13;
lientos, la figura de un guardián.&#13;
&#13;
— El señor Ferretti desea verlo.&#13;
&#13;
El hombre gordo espiaba por encima del&#13;
&#13;
hombro del guardián. La conversación de&#13;
&#13;
&#13;
&#13;
&#13;
LETRA Y LÍNEA                                                                                                                5&#13;
&#13;
&#13;
&#13;
&#13;
la víspera le había interesado tanto que&#13;
&#13;
se atrevía ahora a molestarme a esa hora&#13;
&#13;
temprana. No, no era molestia. Le rogué&#13;
&#13;
que se sentara mientras me lavaba y me&#13;
&#13;
vestía un poco. Mientras llenaba con agua&#13;
&#13;
la jofaina, el guardián se retiró.&#13;
&#13;
 — El ajedrez es el juego total — dijo el&#13;
&#13;
hombre gordo juntando el pulgar y el índi­-&#13;
&#13;
ce a la altura de sus labios. Estábamos en&#13;
&#13;
el patio interior donde los prisioneros po­-&#13;
&#13;
dían pasear después del almuerzo. Era un&#13;
&#13;
patio grande rodeado por dos pabellones y&#13;
&#13;
paredes altísimas de piedra gris, cubiertas&#13;
&#13;
de hiedra. En los rincones, entre las lajas&#13;
&#13;
del suelo, crecía la hierba; tres naranjos&#13;
&#13;
proyectaban una mínima sombra. El día era&#13;
&#13;
desapacible y solamente el gordo y yo ha­-&#13;
&#13;
bíamos salido al paseo mientras el resto&#13;
&#13;
permanecía refugiado en el salón.&#13;
&#13;
 — Hay quienes se identifican con la reina,&#13;
&#13;
quienes con la torre. Yo amo el alfil, amo&#13;
&#13;
su astuto golpe diagonal imprevisto, su es-­&#13;
&#13;
tatura elegante coronada por una esfera. La&#13;
&#13;
esfera es la perfección, la totalidad idén­-&#13;
&#13;
tica siempre a sí misma en todos sus pun­-&#13;
&#13;
tos. ¿Con qué piezas se identifica usted?&#13;
&#13;
 Contesté sin entusiasmo, vagamente, que&#13;
&#13;
no prefería ninguna en especial. La conver­-&#13;
&#13;
sación decayó luego y caminamos quince&#13;
&#13;
pasos en silencio.&#13;
&#13;
 — Sin el ajedrez la vida aquí sería im­-&#13;
&#13;
posible —recomenzó el gordo entrecerrando&#13;
&#13;
sus párpados prominentes—. En la casa&#13;
&#13;
existen diez secciones semejantes a la nues-­&#13;
&#13;
tra; cada sección contiene diez prisioneros.&#13;
&#13;
 — ¿Y guardianes?&#13;
&#13;
 — Hay diez.&#13;
&#13;
 —¿Solamente diez?&#13;
&#13;
 — Un equipo.&#13;
&#13;
 — ¿Cómo es eso?&#13;
&#13;
 — Sí. Cada sección constituye un equipo&#13;
&#13;
de ajedrez; cada dos meses la Dirección&#13;
&#13;
organiza un certamen en el que participan&#13;
&#13;
todos. Las semanas entre torneo y torneo&#13;
&#13;
se aplican a discutir, a estudiar y perfec-­&#13;
&#13;
cionar nuevas tácticas de defensa y ataque.&#13;
&#13;
El mejor equipo es, sin duda, el de los&#13;
&#13;
guardianes.&#13;
&#13;
 ¡Solamente diez! El viento me golpeó en&#13;
&#13;
la mejilla. Dos golondrinas cruzaron ver-­&#13;
&#13;
tiginosamente. En una ventana que daba al&#13;
&#13;
patio se veía un hombre, detrás de las&#13;
&#13;
rejas.&#13;
&#13;
 — Si usted ... si usted aceptara integrar&#13;
&#13;
nuestro equipo, tal vez ...&#13;
&#13;
Miraba sin duda las golondrinas fugaces.&#13;
&#13;
 — ...tal vez mejorase nuestra posición&#13;
&#13;
que por ahora es muy comprometida.&#13;
&#13;
 Estábamos frente a la puerta que comu­-&#13;
&#13;
nicaba con el salón. El gordo dió tres golpes&#13;
&#13;
fuertes con los nudillos. Después me miró&#13;
&#13;
con fervor. La puerta se abrió.&#13;
&#13;
 —¿Jugará usted con nosotros? —pregun-­&#13;
&#13;
tó el gordo.&#13;
&#13;
 — Sí. Creo que sí. Por supuesto, sí, jugaré.&#13;
&#13;
 La prisión distaba mucho de ser inexpug­-&#13;
&#13;
nable. Comencé a observar y anotar cada&#13;
&#13;
detalle, cada costumbre. Pero era necesario&#13;
&#13;
no despertar sospechas, entrar en la vida de&#13;
&#13;
todos, ganarse la confianza de los guardias.&#13;
&#13;
El ajedrez era un magnífico pretexto. Fal­-&#13;
&#13;
taba un mes para el próximo torneo cuando&#13;
&#13;
acepté integrar uno de los equipos. Recién&#13;
&#13;
entonces aprecié la pasión con que los&#13;
&#13;
internados tomaban el juego. Leían engo-­&#13;
&#13;
rrosos tratados, discutían interminablemente&#13;
&#13;
las jugadas o improvisaban partidas en&#13;
&#13;
cualquier momento, en los lugares más&#13;
&#13;
inesperados.&#13;
&#13;
 La noticia de que un jugador se había&#13;
&#13;
sumado al equipo de la sección cuatro, se&#13;
&#13;
difundió por los pabellones. Mientras per­-&#13;
&#13;
feccionaba los detalles de mi fuga, entré de&#13;
&#13;
lleno en aquel vértigo de enroques y gam­-&#13;
&#13;
bitos. La disciplina intensiva, la dedicación&#13;
&#13;
casi única, hora tras hora, al tablero de&#13;
&#13;
casillas negras y blancas, no me desagradó.&#13;
&#13;
Era un buen jugador y aquellas semanas de&#13;
&#13;
riguroso estudio me revelaron nuevas y&#13;
&#13;
eficaces combinaciones.&#13;
&#13;
 Al llegar el día del certamen, no defrau-­&#13;
&#13;
dé las esperanzas de mis partidarios, sólo&#13;
&#13;
que éstos no pudieron hallar luego al héroe&#13;
&#13;
de la jornada que llevó a la sección cuarta&#13;
&#13;
al triunfo, porque esa misma noche, pre­-&#13;
&#13;
ciso e inevitable como una jugada más en&#13;
&#13;
mis complejas partidas, logré evadirme de&#13;
&#13;
la prisión y perderme entre las vagueda-&#13;
&#13;
&#13;
LIBRERIA FAUSTO&#13;
&#13;
&#13;
Recientemente inaugurada&#13;
&#13;
Literatura y Arte&#13;
&#13;
Libros nacionales y extranjeros&#13;
&#13;
CORRIENTES 1311&#13;
&#13;
&#13;
WITCOMB&#13;
&#13;
Fotografía&#13;
&#13;
Salones de Arte&#13;
&#13;
FLORIDA 760&#13;
&#13;
&#13;
des de la oscuridad y los bosques que pro­-&#13;
&#13;
longaban los dominios del castillo hacia&#13;
&#13;
el oeste.&#13;
&#13;
Me resulta difícil ahora reconstruir con&#13;
&#13;
exactitud las alternativas de la evasión. Yo&#13;
&#13;
jugaba una doble partida y contra el mismo&#13;
&#13;
adversario. El certamen se había prolongado&#13;
&#13;
por dos días; esperé la noche del segundo,&#13;
&#13;
cuando ya era claro el triunfo de los míos.&#13;
&#13;
Me tocaba entonces enfrentar al más hábil&#13;
&#13;
de los guardianes. Era un hombre todavía&#13;
&#13;
joven, de rostro cetrino y cabellos negros.&#13;
&#13;
Sus manos eran buidas y nerviosas. Tenía&#13;
&#13;
un modo desconcertante de levantar la pie-­&#13;
&#13;
za en el aire, dudar un instante y luego co­-&#13;
&#13;
locarla, certero y terrible, en la casilla pre-­&#13;
&#13;
cisa. Pedí como concesión especial que nos&#13;
&#13;
dejaran solos en el cuarto. El más leve&#13;
&#13;
rumor o movimiento pueden ser suficientes&#13;
&#13;
para perturbar el delicado mecanismo inte-­&#13;
&#13;
lectual de una jugada. Ante este pedido&#13;
&#13;
hubo protestas y negativas: nadie quería&#13;
&#13;
dejar de presenciar aquella silenciosa ba­-&#13;
&#13;
talla final. Pero me mantuve firme y con­&#13;
&#13;
seguí que accedieran a mi deseo. Solos, el&#13;
&#13;
guardián y yo, alumbrados únicamente por&#13;
&#13;
una lámpara, hicimos los primeros movi­-&#13;
&#13;
mientos. Mi juego era lento pero más se­-&#13;
&#13;
guro. Además, me animaba la certeza de&#13;
&#13;
mi otro triunfo. La evasión estaba prepa­-&#13;
&#13;
rada: en cualquier momento de aquella&#13;
&#13;
partida yo podía levantarme y el minucioso&#13;
&#13;
plan comenzaría a cumplirse sin posibles&#13;
&#13;
inconvenientes. Sin embargo dejé pasar los&#13;
&#13;
minutos y me empeñé en lograr una doble&#13;
&#13;
victoria. El silencio era perfecto, apenas&#13;
&#13;
tocado por el golpe sordo de la base afel­-&#13;
&#13;
pada de las piezas contra la madera del&#13;
&#13;
tablero. El plan de juego era estricto. Re­-&#13;
&#13;
sultaba increíble que yo pudiese prever con&#13;
&#13;
tanta seguridad las jugadas más remotas del&#13;
&#13;
adversario, colocar en la posición exacta mis&#13;
&#13;
peones, simular tres ataques diferentes en­&#13;
&#13;
cubriendo la emboscada verdadera del ca­-&#13;
&#13;
ballo. ¡Ah, sí! Mi pieza favorita, podía&#13;
&#13;
decir ahora, era el caballo, tan ágil para&#13;
&#13;
superar el obstáculo de la amurallada torre,&#13;
&#13;
vencer el cerco de peones. La luz vacilaba&#13;
&#13;
reflejándose en el marfil blanco de las&#13;
&#13;
piezas. Me levanté y continué el juego de&#13;
&#13;
pie. El guardián me observó un segundo&#13;
&#13;
con ojos imprecisos y regresó inmediata-­&#13;
&#13;
mente al ámbito del tablero. En dos juga­-&#13;
&#13;
das más, todo había concluido y luego obré&#13;
&#13;
sin vacilaciones: el hombre cayó inconscien-­&#13;
&#13;
te sobre el suelo y cambié mis ropas por&#13;
&#13;
su uniforme de paño gris. El segundo plan,&#13;
&#13;
había comenzado.&#13;
&#13;
 Los detalles posteriores no interesan. Lo&#13;
&#13;
cierto es que logré escapar, corrí por el&#13;
&#13;
campo oscuro de la noche, gané el bosque&#13;
&#13;
cercano al edificio y luego de dos horas&#13;
&#13;
de camino llegué hasta los suburbios de la&#13;
&#13;
ciudad. Conocía la topografía de sus calles;&#13;
&#13;
evité las más concurridas y caminé por las&#13;
&#13;
laterales, solitarias y oscuras a esa hora del&#13;
&#13;
amanecer, basta el hospedaje de Kausky,&#13;
&#13;
donde me permitieron refugiarme hasta tan­-&#13;
&#13;
to Luis diese conmigo. Hice sacar a Kausky&#13;
&#13;
de su dormitorio y le expliqué mi situa­-&#13;
&#13;
ción. No eran épocas para predisponerse&#13;
&#13;
en contra de las autoridades; Kausky lo&#13;
&#13;
sabía tan bien como yo y temí por un&#13;
&#13;
momento que mi antiguo amigo no estu­-&#13;
&#13;
viese dispuesto a ayudarme, pero me equi­-&#13;
&#13;
vocaba. El viejo judío sonrió afectuosamen­-&#13;
&#13;
te y me condujo, escaleras arriba hasta una&#13;
&#13;
pequeña habitación interior. Allí, sentados&#13;
&#13;
uno al lado del otro en la cama de hierros&#13;
&#13;
blancos, le narré lo mejor que pude lo que&#13;
&#13;
había sucedido. Kausky tomó nota del men­-&#13;
&#13;
saje que debía enviar a Luis y salió, reco­-&#13;
&#13;
mendándome que tratase de dominar mi&#13;
&#13;
nerviosidad durmiendo un poco. Luego&#13;
&#13;
quedé solo, esperando.&#13;
&#13;
 Había una sola ventana, pequeña, que&#13;
&#13;
daba a un patio penumbroso y gris. Por&#13;
&#13;
un momento miré a través de los vidrios&#13;
&#13;
polvorientos y después me recosté intentan­-&#13;
&#13;
do dormir o al menos tranquilizarme. Igno­-&#13;
&#13;
raba todavía que era inútil, que no podría&#13;
&#13;
lograrlo.&#13;
&#13;
 Para concluir estas memorias necesitaría&#13;
&#13;
rehacer minuto por minuto aquellos días&#13;
&#13;
desdichados e incoherentes, las horas de tor-&#13;
&#13;
tura tratando de dominar la terrible verdad&#13;
&#13;
que sospechaba, la certidumbre de que la&#13;
&#13;
prisión, finalmente, era inexpugnable. Mi&#13;
&#13;
fuga había encontrado todas las puertas&#13;
&#13;
abiertas, los corredores solitarios, los pues­-&#13;
&#13;
tos de guardia abandonados. Pero en la&#13;
&#13;
soledad de mi habitación de la casa de&#13;
&#13;
Kausky, reconstruyendo los complejísimos y&#13;
&#13;
perfectos momentos de mis partidas, luchan-­&#13;
&#13;
do por pensar en otros temas, fracasando en&#13;
&#13;
mi anhelo de imaginarme en otros lugares,&#13;
&#13;
participando de otras circunstancias, las que&#13;
&#13;
constituían mi vida anterior y en las cuales&#13;
&#13;
nunca más podría empeñarme, comprendí&#13;
&#13;
que ya nada tenía sentido fuera de aquella&#13;
&#13;
otra pasión elegante y silenciosa. Corrí casi&#13;
&#13;
todo el tiempo y golpeé jadeante en la&#13;
&#13;
puerta de la casa.&#13;
&#13;
 Nadie hizo ningún comentario. El señor&#13;
&#13;
Ferretti sonrió, sin embargo.&#13;
&#13;
 — He aquí nuestro huésped —dijo.&#13;
&#13;
Otros presos se acercaron para salu-­&#13;
&#13;
darme.&#13;
&#13;
&#13;
PARADOJA PARA LA POESIA&#13;
&#13;
&#13;
por Osvaldo Svanascini&#13;
&#13;
&#13;
 Los zapatos que deben usarse pa­-&#13;
&#13;
ra hacer poesía tienen a menudo la&#13;
&#13;
dimensión de la sangre que divide&#13;
&#13;
sus propias audiencias. Es posible&#13;
&#13;
que un poema sea un hombre pero&#13;
&#13;
es más factible admitir que es la úni-­&#13;
&#13;
ca autoridad capaz de juzgarnos.&#13;
&#13;
&#13;
 La destrucción, defensa de las ac­-&#13;
&#13;
titudes insólitas o conjugación del&#13;
&#13;
fracaso, son elementos de aporte po-­&#13;
&#13;
sitivo. Por primera vez la belleza no&#13;
&#13;
tiene la posibilidad del afeite. Ahora&#13;
&#13;
es una llaga minuciosamente belige-­&#13;
&#13;
rante. Los momentos del conformis­-&#13;
&#13;
mo con el disconformismo deben re-­&#13;
&#13;
gir los horarios de los ferrocarriles.&#13;
&#13;
He allí una forma de arribar a la&#13;
&#13;
hora.&#13;
&#13;
&#13;
 Hacer poesía con los dedos — Olvi­-&#13;
&#13;
dar los testamentos sin olvidarlos —&#13;
&#13;
Perseguir el vínculo con el tempera­-&#13;
&#13;
mento y engendrar — Ocasionar los&#13;
&#13;
estampidos y los desconciertos a fin&#13;
&#13;
de promover el descubrimiento -— .&#13;
&#13;
Además, la calidad poética, su pro­-&#13;
&#13;
fundidad, son atributos que sola­-&#13;
&#13;
mente el poeta insufla. Quienes gra­-&#13;
&#13;
vitan en la falsa modernidad o en la&#13;
&#13;
retórica insuficiente pueden llegar a&#13;
&#13;
ser buenos libreros.&#13;
&#13;
&#13;
 El ejercicio de la reacción, ese sa­-&#13;
&#13;
berse perder en plena exaltación, es&#13;
&#13;
evidentemente un sistema vital para&#13;
&#13;
integrarse en la poesía nueva. ¿Hasta&#13;
&#13;
dónde habrá que excusar a la poesía&#13;
&#13;
sin compromisos? Hoy- ahora el prin-­&#13;
&#13;
cipio de la poesía tiene que ser com­-&#13;
&#13;
prometido como el hombre. ¿Qué&#13;
&#13;
importancia tiene el arribismo a cos-­&#13;
&#13;
ta de la pérdida de la misma facul­-&#13;
&#13;
tad de saber afrontar la creación in-­&#13;
&#13;
volucrada en el estallido, en la me-­&#13;
&#13;
tamorfosis, en el reencuentro de to­-&#13;
&#13;
do material ignorado?&#13;
&#13;
&#13;
 Y si el hábito es el enemigo de la&#13;
&#13;
poesía convengamos que ésta no pue-­&#13;
&#13;
de ser ese cubo de rompecabezas ca­-&#13;
&#13;
paz de solucionar los menores con­-&#13;
&#13;
tratiempos de un juego. Para crear&#13;
&#13;
los órdenes de la poesía fueron nece­-&#13;
&#13;
sarios tantos desórdenes como los&#13;
&#13;
que a veces tratamos de concretar.&#13;
&#13;
&#13;
 Expresión: eso que a veces idea­-&#13;
&#13;
mos para cazar focas en el fondo de&#13;
&#13;
las hogueras y que ahora se prodi­-&#13;
&#13;
ga en las formas del lenguaje.&#13;
&#13;
&#13;
 Ya no es posible valorizar la opi­-&#13;
&#13;
nión de esos aletargados en relación&#13;
&#13;
a su tiempo, que persisten en una&#13;
&#13;
ignorancia con respecto a la comuni­-&#13;
&#13;
&#13;
NEIRA Y EZCURRA&#13;
&#13;
INGENIEROS AGRÓNOMOS&#13;
&#13;
PARQUES Y JARDINES&#13;
&#13;
TUCUMÁN 348 TE. 31- RETIRO 5735- 5688 BUENOS AIRES&#13;
&#13;
&#13;
cación actual. El escritor debe servir&#13;
&#13;
a su tiempo a pesar de los tranvías.&#13;
&#13;
Sin embargo lo más grave de todo&#13;
&#13;
esto es el desconocimiento. ¿Es posi­-&#13;
&#13;
ble, aun, desentenderse de proble­-&#13;
&#13;
mas tan capitales y basta tan verda­-&#13;
&#13;
deros dentro del proceso poético?&#13;
&#13;
¿Es lógico, además, que hablen de&#13;
&#13;
movimientos caducos — refiriéndose&#13;
&#13;
al creacionismo, dadaísmo, surrea­-&#13;
&#13;
lismo, etc.— quienes continúan en&#13;
&#13;
un sospechoso parnaso o ni siquiera&#13;
&#13;
hundieron sus magros pelos en otros&#13;
&#13;
ámbitos que los de su propia y dis­-&#13;
&#13;
cutible inepcia?&#13;
&#13;
&#13;
 Por primera vez el cerebro entra&#13;
&#13;
en la poesía sin descartar a la sangre&#13;
&#13;
y permitiéndole a ésta pilotear el&#13;
&#13;
tronco. El mar nos parece un ele­-&#13;
&#13;
mento movido por palabras como re­-&#13;
&#13;
mos enormes. Pero también la poe-­&#13;
&#13;
sía se compone de otra nueva reali-­&#13;
&#13;
dad, del sueño visto desde una torre,&#13;
&#13;
de los días que estamos soportando,&#13;
&#13;
de la heterodoxia con nosotros mis­-&#13;
&#13;
mos, del grito y la desventura, pero&#13;
&#13;
sobre todo de una necesidad incues-­&#13;
&#13;
tionable de vitalizar las premisas y&#13;
&#13;
la conciencia de nuestra propia fa-­&#13;
&#13;
cultad de existir.&#13;
&#13;
&#13;
 Además de un lápiz los poetas de­-&#13;
&#13;
cadentes usan cierto recato de noche&#13;
&#13;
de boda. Pero la poesía tiene justa­-&#13;
&#13;
mente un desenfado marinero que&#13;
&#13;
necesita alterar las algas y predispo­-&#13;
&#13;
ner a la conjuntivitis. De allí que los&#13;
&#13;
oftalmólogos prefieran atender a los&#13;
&#13;
astigmáticos.&#13;
&#13;
&#13;
 Esta época nos obliga a hacernos&#13;
&#13;
duros, casi tanto como la misma im­-&#13;
&#13;
paciencia: eso hace posible la subsis­-&#13;
&#13;
tencia del poeta. Y la vida cotidiana&#13;
&#13;
tiene durezas elevadas a la categoría&#13;
&#13;
de cáncer. La poesía resulta de ello&#13;
&#13;
facultad de resumen; una agresivi­-&#13;
&#13;
dad movida ante el contraste con el&#13;
&#13;
mundo, una creación de la destruc-­&#13;
&#13;
ción. Y la paradoja devuelve el equi-­&#13;
&#13;
librio. Es el peligro de la electrici­-&#13;
&#13;
dad: y sin embargo usamos la plan-­&#13;
&#13;
cha.&#13;
&#13;
&#13;
 No representar los estados sino la&#13;
&#13;
cosa en sí — Pasión y compromiso:&#13;
&#13;
he allí los indicios para erigir futu­-&#13;
&#13;
ras catedrales — Hacer del mundo&#13;
&#13;
real una hélice para licuar los con-­&#13;
&#13;
vencionalismos -— Influir sobre las&#13;
&#13;
maneras de anticipar los cinco senti-­&#13;
&#13;
dos —- Redimir, redimir los altos ce­-&#13;
&#13;
menterios, los hombres pegados a la&#13;
&#13;
madera gestatoria, las fuentes de lo­-&#13;
&#13;
za que han sostenido a los poemas&#13;
&#13;
del oprobio: La poesía es el único&#13;
&#13;
vicio de la virtud.&#13;
&#13;
&#13;
&#13;
6                                                                                                                      LETRA Y LINEA&#13;
&#13;
&#13;
LA CONTRIBUCION DE EDGAR VARESE&#13;
&#13;
A LA MUSICA EXPERIMENTAL&#13;
&#13;
por Juan Carlos Paz&#13;
&#13;
&#13;
“Una idea que no es peligrosa no merece en abso-­&#13;
&#13;
luto ser considerada como idea.” — OSCAR WILDE.&#13;
&#13;
&#13;
 El campo experimental, constantemente ampliado en el período de&#13;
&#13;
la música que parte de comienzos del siglo, ha determinado situaciones&#13;
&#13;
especialísimas en los dominios de ese arte, abocando al compositor a in­-&#13;
&#13;
cesantes probaturas y experimentaciones, desde la exposición de las&#13;
&#13;
teorías de Busoni (1907), la implantación del atonalismo (1909), la&#13;
&#13;
politonalidad (1912), el microtonalismo (1920), la técnica de los doce&#13;
&#13;
tonos (1925) y la técnica de la composición atemática (1929), veremos&#13;
&#13;
que el aporte de la faz técnica y experimental ha sido enorme y sin&#13;
&#13;
paralelo alguno en la Historia de la Música.&#13;
&#13;
 Los enemigos de la música actual — entre cultores y plagiarios del&#13;
&#13;
pasado— interpretan naturalmente el hecho como demostración de que&#13;
&#13;
esa música es algo meramente cerebral y, por lo tanto, aportadora de&#13;
&#13;
valores exclusivamente técnicos, ya que los pioneros y los experimenta­-&#13;
&#13;
dores, según afirman, rara o ninguna vez son creadores. Por supuesto que&#13;
&#13;
al sostener tal cosa olvidan a Tartini, Rameau, Juan Sebastián Bach,&#13;
&#13;
entre los antiguos, o a Busoni, Schönberg, Oboúkow, Alois Hába, Julián&#13;
&#13;
Carrillo, entre los contemporáneos. Pero en la música, más que en las&#13;
&#13;
demás artes, es imposible un cambio fundamental sin profundas modifi­-&#13;
&#13;
caciones en la faz técnica; de manera que es posible afirmar que en&#13;
&#13;
realidad no ha existido un creador-músico de importancia decisiva que&#13;
&#13;
no haya sido a la vez un experimentador más o menos directo y efectivo,&#13;
&#13;
así como también un teórico y un incitador. El compositor crea la técnica&#13;
&#13;
indispensable para hacer viable su verbo; por tal razón, una y otro son&#13;
&#13;
inseparables, gracias a lo cual logran obtener la unidad integral.&#13;
&#13;
 Entre los máximos experimentadores actuales en el terreno de los&#13;
&#13;
sonidos no temperados, a la vez que en la poliarmonía, la abolición de&#13;
&#13;
las frases tradicionales, el cultivo intensivo de la disonancia como realidad&#13;
&#13;
musical y de la poliritmia, figura el franco-americano Edgar Várese, “ tra­-&#13;
&#13;
bajador en ritmos, frecuencias e intensidades”. Con una base eminente-­&#13;
&#13;
mente científica, este arquitecto en sonidos, luego de un aprendizaje&#13;
&#13;
rudamente escolástico de cuyos resultados da fe su profundo conocimiento&#13;
&#13;
de los estilos polifónico y contrapuntístico del pasado, se aplicó al estudio&#13;
&#13;
de los principios científicos de la música y durante largo tiempo lia venido&#13;
&#13;
experimentando en instrumentos eléctricos destinados a producir el soni­-&#13;
&#13;
do que se desee, además de reproducir los ya existentes basados en nuestro&#13;
&#13;
convencional sistema temperado. En principio, esta actitud es promisora&#13;
&#13;
y edificante, sobre todo si la comparamos con la postura reaccionaria que&#13;
&#13;
suponen todos los retornos contemporáneos, de Strawinsky a Hindemith.&#13;
&#13;
 Edgar Várese estudió en la Schola Cantorum, de París, con Vincent&#13;
&#13;
D ’Indy, continuando luego el contrapunto con Albcrt Roussel y siguiendo&#13;
&#13;
los cursos de Charles M. Widor en el Conservatoire. Luego de intensa&#13;
&#13;
actividad como director de coros en París y en Berlín, practicó la direc-­&#13;
&#13;
ción de orquesta en Praga, y pasó luego a radicarse en los Estados Unidos,&#13;
&#13;
donde fundó la International Composers Guild y llegó a actuar en forma&#13;
&#13;
continuada como dirigente de masas orquestales y corales.&#13;
&#13;
 Su producción, que no es abundante — Várese no es lo que puede&#13;
&#13;
definirse como un compositor prolífico— , comprende varias obras orques­-&#13;
&#13;
tales: Tres piezas, Rhapsodie romane, Gargantúa, Chansons de jeunes&#13;
&#13;
hommes, Prelude a la fin d’un jour, Les cicles du Nord, Bourgogne Mehr&#13;
&#13;
Licht, Ameriques, Arcana; y para pequeño conjunto instrumental: Hiper-&#13;
&#13;
prism, Octandre, Integrèles, Offrandes. Luego trabajó The one all alone&#13;
&#13;
en colaboración con el poeta y musicólogo cubano Alejo Carpentier, así&#13;
&#13;
como también en La canción de la niña enferma de fiebres. Este compo-­&#13;
&#13;
sitor respetuoso de la tradición, al punto de sostener una perpetua&#13;
&#13;
posición admirativa ante los grandes valores que encierra la producción&#13;
&#13;
de los maestros de todas las épocas, se ha apartado de las rutas seguidas&#13;
&#13;
por sus contemporáneos, así como del cúmulo de escuelas afines y con-­&#13;
&#13;
tradictorias, y ba penetrado valientemente en el terreno experimental,&#13;
&#13;
entendiendo la música, por encima de todo [sentimentalismo] romántico&#13;
&#13;
o realista, o de todo formulismo académico, como un resultado y una&#13;
&#13;
síntesis lograda a base de una organización de sonidos. Busca en su&#13;
&#13;
música los planos, los volúmenes y las masas sonoras a través de un&#13;
&#13;
lenguaje atonal, en cuyo desenvolvimiento la insistencia de ciertas notas&#13;
&#13;
escogidas deliberadamente, a manera de tónicas, constituyen los pivotes&#13;
&#13;
en torno de los cuales gira la acción musical. El interés de sus desarrollos&#13;
&#13;
es mantenido por la oposición de los planos y la movilidad de las pers­-&#13;
&#13;
pectivas sonoras — concepción de la música espacial— , al presentar bajo&#13;
&#13;
diferentes aspectos los esenciales elementos de unidad.&#13;
&#13;
 Para lograr éxito en su concepción de la música construida a base&#13;
&#13;
de planos superpuestos, Várese comienza por declararse insatisfecho, con&#13;
&#13;
plena razón de la estructura actual de la orquesta. No hay que olvidar&#13;
&#13;
que ese organismo sonoro es bastante deforme, ya que en él se agrupan&#13;
&#13;
sin ninguna lógica los instrumentos de sonidos temperados y de sonidos&#13;
&#13;
no temperados; donde los bajos son débiles o insuficientes y los agudos&#13;
&#13;
sin completar; donde la continuidad de los timbres hacia el agudo&#13;
&#13;
o hacia el grave se ve a menudo interrumpida por la limitación del regis­-&#13;
&#13;
tro de los instrumentos; y donde las familias de esos mismos instrumentos&#13;
&#13;
aparecen lamentablemente incompletas (1). Várese propone el empleo de&#13;
&#13;
instrumentos eléctricos capaces de establecer potencia, equilibrio y exten­-&#13;
&#13;
sión — hasta más allá de tres octavas sobre el registro actual de la or­-&#13;
&#13;
questa— y en los que los sonidos se producirían en cualquier frecuencia&#13;
&#13;
e intensidad. Por ejemplo, suele emplear el compositor acordes que com­-&#13;
&#13;
prenden una gran extensión entre el grave y el sobreagudo, y que par­-&#13;
&#13;
tiendo de un pianissimo alcanzan, gracias a una especulación de las dis­-&#13;
&#13;
tancias sabiamente calculada, un gran volumen sonoro en el espacio de&#13;
&#13;
un segundo. Y respecto al aumento en las sonoridades individuales dentro&#13;
&#13;
del conjunto orquestal, Várese ofrece este ejemplo aclaratorio: un ins­-&#13;
&#13;
trumento cualquiera, que tuviera la energía de un watt, podrían producir&#13;
&#13;
millares de ellos con la aplicación de un pequeño aparato eléctrico, de&#13;
&#13;
uso muy simple.&#13;
&#13;
 Muchas de las experiencias y especulaciones de que están colmadas&#13;
&#13;
las partituras de Várese, son impracticables para los decursos actuales de&#13;
&#13;
la orquesta y los límites acústicos a que se nos ha habituado; pero, como&#13;
&#13;
están calculados con rigor científico, es imposible dudar de su resultado&#13;
&#13;
y de que agregando a nuestros sonidos fundamentales series de armónicos&#13;
&#13;
compuestos por las necesidades del discurso musical, se producirían so-­&#13;
&#13;
nidos individuales o combinaciones sonoras inauditas como variedad, no­-&#13;
&#13;
vedad y riqueza de timbres.&#13;
&#13;
 Para compensar en parte la imposibilidad de lograr ciertos resul­-&#13;
&#13;
tados con los medios actuales, a la vez que para experimentar con estos&#13;
&#13;
mismos recursos en terrenos poco explorados aún. Várese ha anticipado&#13;
&#13;
algunos aspectos de sus concepciones respecto de los sonidos no tempe­-&#13;
&#13;
rados, en varias composiciones destinadas a pequeños conjuntos instru-­&#13;
&#13;
mentales. Para lograr esos resultados ha planteado nuevas posibilidades&#13;
&#13;
en el empleo y acoplamiento de numerosos instrumentos de percusión.&#13;
&#13;
Ionisation, por ejemplo, es una obra escrita en su totalidad para esa&#13;
&#13;
clase de instrumentos, de los que emplea 42 diferentes; en Integrèles llega&#13;
&#13;
a reunir 17 instrumentos de batería.&#13;
&#13;
 Cree Várese que la música está aún en la infancia, si nos atenemos&#13;
&#13;
a las perspectivas que la ciencia le ofrece. No hay que olvidar que la&#13;
&#13;
música es un arte que es también ciencia. La música ha entrado en una&#13;
&#13;
nueva faz — ¡era ya tiempo!— que trasciende de las limitaciones que le&#13;
&#13;
imponía nuestro vetusto sistema de escalas basadas en el sistema tem­-&#13;
&#13;
perado, cuya última etapa la constituye la técnica doce-tonal. El politonalismo, el post-impresionismo, las diversas escuelas nacionalistas, la&#13;
&#13;
música social, los retornos al pasado de los neo-clasicistas y neo-román­-&#13;
&#13;
ticos, no son más que prolongaciones harto redundantes de estados sen-­&#13;
&#13;
sibles y mentales ya superados y que se basan en recursos técnicos que&#13;
&#13;
hace casi medio siglo que atraviesan una crisis total, así como el sistema&#13;
&#13;
de escalas que les dió base, las formas llamadas “clásicas” , y la absurda&#13;
&#13;
simetría melódica, especie de “música en verso”, según la aguda defini­-&#13;
&#13;
ción de Krének. Nada de eso tiene ya valor del punto de vista de la&#13;
&#13;
posibilidad.&#13;
&#13;
 El porvenir da siempre razón a los innovadores y la quita a los imi­-&#13;
&#13;
tadores. ¿A qué, pues, la manía suicida de imitar eternamente el pasado&#13;
&#13;
aplicándose a la producción de sonatas dieciochescas, óperas “veristas”,&#13;
&#13;
piezas de un impresionismo extemporáneo, poemas sinfónicos y ballets&#13;
&#13;
plenos de explicaciones literarias y que rehuyen desesperadamente una&#13;
&#13;
nueva problemática? Entre los que desechando por inútiles esas tentati­-&#13;
&#13;
vas impotentes, y avanzando en terreno desconocido conjuntamente a otros&#13;
&#13;
pioneros de la música de nuestro tiempo, como Schönberg, [Hába], Krének,&#13;
&#13;
Webern y quizá algún otro, tiene su puesto Edgar Várese, indiscutible­-&#13;
&#13;
mente; y la punta de lanza que ha hecho penetrar en el terreno de la&#13;
&#13;
posibilidad, ha servido de incitación y ejemplo edificante que va no&#13;
&#13;
puede desdeñarse. Así lo han comprendido algunos jóvenes compositores&#13;
&#13;
de los Estados Unidos que, como William Russell. David Green, John&#13;
&#13;
Cage, Harold G. Davidson, Gerald Strang, marchan a la vanguardia de&#13;
&#13;
las corrientes musicales de América, en lo que a los hallazgos en el terreno&#13;
&#13;
físico del sonido y su aplicación práctica a cargo de recursos totalmente&#13;
&#13;
inéditos se refiera.&#13;
&#13;
 (1) El compositor y teórico mexicano Julián Carrillo, propone, en su por demás&#13;
&#13;
interesante tratado de instrumentación, la creación de escalas de timbres uniformes&#13;
&#13;
que alcanzan un ámbito ininterrumpido de extensión muy superior a la normal. La&#13;
&#13;
realización práctica de bastantes instrumentos que ampliaran el registro de los actuales&#13;
&#13;
hacia el grave y el agudo, daría a nuestra deficiente organización orquestal una suma&#13;
&#13;
de posibilidades inaudita; y a la vez, colmaría los huecos y la falta de homogeneidad&#13;
&#13;
de que adolece.&#13;
&#13;
&#13;
&#13;
&#13;
LETRA Y  LÍNEA                                                                                                                      7&#13;
&#13;
&#13;
POEMAS DE DYLAN THOMAS&#13;
&#13;
&#13;
 Dylan Thomas (Swansea, 1914) desempeña hasta 1939 diversos cargos periodísti­-&#13;
&#13;
cos. Rechazado por el ejército, empieza a trabajar para la B.B.C. y para el cine,&#13;
&#13;
adquiriendo reputación como argumentista en ambas tareas. En 1933 gana el Book-prize&#13;
&#13;
con su poema The force that through the green fuse drives the flower que pasaría a&#13;
&#13;
integrar su primer volumen. El 9 de noviembre de 1953 muere en Nueva York, adonde&#13;
&#13;
había llegado para dar una serie de conferencias. La nómina completa de sus obras&#13;
&#13;
incluye: 18 Poems (1934) ; Twenty-five poems (1936) ; The Map of Love (dieciseis&#13;
&#13;
poemas y siete textos, 1939) ; The World I Breathe (1939) ; Portrait of the Artist as&#13;
&#13;
an Young Dog (colección de relatos autobiográficos, 1940) ; Deaths and Entrances&#13;
&#13;
(1946). Collected Poems reúne el total de sus poemas escritos hasta noviembre de&#13;
&#13;
1952. Edith Sitwell, Stephen Spender y Herbert Read han sido descubridores y defen-­&#13;
&#13;
sores de su obra. Sobre Dylan Thomas puede leerse además: “Dylan Thomas: APio­-&#13;
&#13;
neer”, de Francis Scarfe en Anden and After y “ An approach to Dylan Thomas” de&#13;
&#13;
Linden Huddlestone en el Penguin New Writing N° 35.&#13;
&#13;
Un artículo esclarecedor en lo que se refiere a las relaciones de su poesía con&#13;
&#13;
la política, la religión y la tradición poética galesa es el de John L. Sweeney que sirve&#13;
&#13;
de prefacio a Selected Writings publicado por New Directions. Sin embargo, The&#13;
&#13;
Poetry o Dylan Thomas de Henry Treece (poeta, galés y participante del movimiento&#13;
&#13;
Apocalipsis que apadrinara Thomas) sigue siendo, sin lugar a dudas, el estudio más&#13;
&#13;
importante y minucioso sobre la obra del poeta.&#13;
&#13;
 Las traducciones que siguen —hechas con la colaboración de Elena Cruz— no&#13;
&#13;
pretenden ser más que un primer ejercicio de poesía.&#13;
&#13;
&#13;
MARIO TREJO&#13;
&#13;
&#13;
AMOR EN EL ASILO&#13;
&#13;
&#13;
Una desconocida ha llegado a compartir mi cuarto&#13;
&#13;
en esta casa no bien de la cabeza.&#13;
&#13;
&#13;
Una muchacha loca como los pájaros&#13;
&#13;
echando los cerrojos de la noche en la puerta,&#13;
&#13;
con sus brazos, sus plumas.&#13;
&#13;
&#13;
Rígida en su asombrado lecho&#13;
&#13;
o paseándose por la pesadilla de su cuarto, libre como los muertos,&#13;
&#13;
ella alucina la casa a prueba de cielos&#13;
&#13;
con nubes que están en el secreto&#13;
&#13;
o navega imaginarios océanos de guardianes.&#13;
&#13;
&#13;
Ha llegado poseída la que admite la luz ilusoria&#13;
&#13;
a través de los sólidos muros.&#13;
&#13;
Poseída por los cielos&#13;
&#13;
duerme en su angosto pesebre,&#13;
&#13;
sin embargo, atraviesa las cenizas&#13;
&#13;
y delira a su gusto sobre el escenario del manicomio&#13;
&#13;
gastado a fondo por mis lágrimas en pena.&#13;
&#13;
&#13;
Y tomado por la luz en sus brazos&#13;
&#13;
al prolongado y costoso fin&#13;
&#13;
tal vez sufra sin falta&#13;
&#13;
la primera visión que incendió las estrellas.&#13;
&#13;
&#13;
DE ESTE LADO DE LA VERDAD&#13;
&#13;
para Llewelyn&#13;
&#13;
&#13;
De este lado de la verdad&#13;
&#13;
no puedes ver, hijo mío,&#13;
&#13;
soberano de tus ojos azules&#13;
&#13;
en la enceguecedora comarca de la juventud,&#13;
&#13;
que bajo el ciclo indiferente&#13;
&#13;
todo está desprendido de culpa e inocencia,&#13;
&#13;
y que antes de que inicies&#13;
&#13;
un gesto de tu corazón o tu cabeza,&#13;
&#13;
ya está amontonado y esparcido&#13;
&#13;
en las tortuosas tinieblas&#13;
&#13;
como el polvo de los muertos.&#13;
&#13;
&#13;
Lo bueno y lo malo, dos maneras&#13;
&#13;
de dirigirte hacia tu muerte&#13;
&#13;
junto al mar hecho trizas,&#13;
&#13;
soberano de tu corazón en tus ciegos días,&#13;
&#13;
soplado como el alienta,&#13;
&#13;
van gritando a través de ti y de mí&#13;
&#13;
y de las almas de todos los hombres&#13;
&#13;
hasta las tinieblas inocentes y las tinieblas culpables,&#13;
&#13;
y la muerte buena y la mala muerte,&#13;
&#13;
y entonces, en el último elemento&#13;
&#13;
vuelan como la sangre de las estrellas,&#13;
&#13;
como las lágrimas del sol,&#13;
&#13;
como semilla lunar, escombro y fuego,&#13;
&#13;
el volador estruendo del cielo, soberano de tus seis años,&#13;
&#13;
y los perversos deseos&#13;
&#13;
bajo el principio de las plantas y animales y pájaros&#13;
&#13;
y del agua y la luz, la tierra y el cielo&#13;
&#13;
están ordenados antes de que te muevas, y todos tus actos y palabras,&#13;
&#13;
cada verdad, cada mentira,&#13;
&#13;
mueren en un inenjuiciable amor.&#13;
&#13;
&#13;
VEINTICUATRO AÑOS&#13;
&#13;
&#13;
Veinticuatro años conmemoran las lágrimas de mis ojos.&#13;
&#13;
(Enterrad a los muertos por temor de que caminen hacia la tumba&#13;
&#13;
en construcción.)&#13;
&#13;
En la arista de la natural entrada&#13;
&#13;
yo me agazapaba como un sastre&#13;
&#13;
que cose una mortaja de viaje a la luz del sol carnívoro.&#13;
&#13;
Vestido para morir, empezó el contoneo sensual,&#13;
&#13;
con mis rojas venas llenas de dinero,&#13;
&#13;
en la dirección última del pueblo elemental&#13;
&#13;
avanzo mientras dure lo que para siempre es.&#13;
&#13;
&#13;
&#13;
&#13;
8                                                                                                                       LETRA Y LINEA&#13;
&#13;
&#13;
EL CRISOL&#13;
&#13;
drama de ARTHUR MILLER&#13;
&#13;
(acto 1°)&#13;
&#13;
&#13;
 Nacido en New York en 1915, criado en&#13;
&#13;
Brooklyn, educado en la Universidad de&#13;
&#13;
Michigan, Arthur Miller goza hoy, antes de&#13;
&#13;
los cuarenta, del raro privilegio de ser acla­&#13;
&#13;
mado por los más vastos concursos de “pú-­&#13;
&#13;
blico grueso” al mismo tiempo que es objeto&#13;
&#13;
de codiciadas distinciones por parte de las&#13;
&#13;
más refinadas minorías de “entendidos”.&#13;
&#13;
Suyos son ya, y reiteradamente, el premio&#13;
&#13;
de los Críticos Teatrales de Estados Unidos,&#13;
&#13;
el premio Pulitzer, el premio Antoinette&#13;
&#13;
Perry, por mencionar sólo los más conoci­-&#13;
&#13;
dos. Se lo ha situado junto a O’Neill en la&#13;
&#13;
dramaturgia norteamericana de hoy y no&#13;
&#13;
falta quien lo considere aún de mayor sig­-&#13;
&#13;
nificación y trascendencia en el teatro de&#13;
&#13;
nuestro tiempo.&#13;
&#13;
&#13;
 “El Crisol” — cuyo primer acto ofrecemos&#13;
&#13;
en calidad de primicia absoluta para los&#13;
&#13;
lectores de habla castellana—, fué estrenada&#13;
&#13;
en New York, el 22 de enero del año 1953&#13;
&#13;
y constituyó uno de los motivos de más&#13;
&#13;
viva discusión en aquel medio.&#13;
&#13;
&#13;
 La obra se ajusta estrictamente a un he­-&#13;
&#13;
cho histórico —la “ caza de brujas” en Sa-­&#13;
&#13;
lem, en 1692—, hasta el punto de que nin­-&#13;
&#13;
gún crítico ha podido señalar la más mínima&#13;
&#13;
desviación ni tergiversación, no obstante el&#13;
&#13;
impresionante paralelo que de ella se des­-&#13;
&#13;
prende ante la actual situación política de&#13;
&#13;
aquel país.&#13;
&#13;
&#13;
 Lo cierto es que “El Crisol” revela la&#13;
&#13;
naturaleza esencial de uno de los más ex-­&#13;
&#13;
traños y terribles capítulos de la historia&#13;
&#13;
humana. La publicación de este fragmento&#13;
&#13;
nos ha sido especialmente autorizada por&#13;
&#13;
International Editors Co.&#13;
&#13;
&#13;
ACTO I&#13;
&#13;
(A modo de obertura)&#13;
&#13;
Un pequeño dormitorio en el piso alto&#13;
&#13;
de la casa del Reverendo Samuel Parris, en&#13;
&#13;
Salem, Massachussetts, en la primavera del&#13;
&#13;
año 1692.&#13;
&#13;
A la izquierda, una angosta ventana; a&#13;
&#13;
través de sus paneles cuadriculados fluye&#13;
&#13;
el sol matutino. Aún arde una vela cerca&#13;
&#13;
de la cama, a la derecha. Un arcón, una&#13;
&#13;
silla y una pequeña mesa completan el mo­-&#13;
&#13;
biliario. En el foro, una puerta conduce al&#13;
&#13;
descanso de la escalera que lleva a la planta&#13;
&#13;
baja. En la aseada habitación reina una at­-&#13;
&#13;
mósfera austera. Las vigas del techo están&#13;
&#13;
a la vista y los colores de la madera son&#13;
&#13;
naturales y sin lustre. Al levantarse el te­-&#13;
&#13;
lón, el Reverendo Parris está arrodillado&#13;
&#13;
junto al lecho, en el que yace, inmóvil, su&#13;
&#13;
hija Betty, de diez años. Parris reza y aun­-&#13;
&#13;
que no podemos escuchar sus palabras, per-­&#13;
&#13;
cibimos que es presa de la confusión. Mur­-&#13;
&#13;
mura, luego parece estar a punto de sollo­-&#13;
&#13;
zar; luego solloza y entonces reza de nuevo,&#13;
&#13;
pero su hija no se mueve.&#13;
&#13;
 Se abre la puerta y entra su esclava negra.&#13;
&#13;
Títuba tiene más de cuarenta años. Parris&#13;
&#13;
la trajo de Barbados, donde él había vivido&#13;
&#13;
varios años como comerciante antes de in-­&#13;
&#13;
corporarse a la Iglesia. Títuba entra como&#13;
&#13;
quien ya no soporta la separación de un ser&#13;
&#13;
más querido, pero también muy asustada&#13;
&#13;
pues su instinto de esclava le ha advertido&#13;
&#13;
que, como siempre, las dificultades en esta&#13;
&#13;
casa terminan por caer sobre ella.&#13;
&#13;
&#13;
TÍTUBA (dando ya un paso atrás): ¿Mi&#13;
&#13;
Betty, sanita pronto?&#13;
&#13;
PARRIS: ¡Fuera de aquí!&#13;
&#13;
TÍTUBA (retrocediendo hacia la puerta): Mi&#13;
&#13;
Betty no morir...&#13;
&#13;
PARRIS (incorporándose, furioso): ¡Fuera de&#13;
&#13;
mi vista! (Ella ya se ha ido) Fuera de&#13;
&#13;
mi. .. (Es dominado por los sollozos. Los&#13;
&#13;
acalla apretando los dientes; cierra la&#13;
&#13;
puerta y se apoya en ella, exhausto.)&#13;
&#13;
¡Dios mío! ¡Dios, ayúdame! (Temblando&#13;
&#13;
de miedo, murmurando para sí entre so-­&#13;
&#13;
llozos, va hacia el lecho y toma suave­-&#13;
&#13;
mente la mano de Betty.) Betty. Criatura.&#13;
&#13;
Niña querida. ¿Despertarás, abrirás tus&#13;
&#13;
ojos? Betty, pequeña... (Se inclina para&#13;
&#13;
arrodillarse nuevamente, cuando entra su&#13;
&#13;
sobrina, Abigail Williams, de 17 años,&#13;
&#13;
una muchacha de llamativa belleza, huér-­&#13;
&#13;
fana, con una infinita capacidad para la&#13;
&#13;
simulación. Ahora rebosa preocupación,&#13;
&#13;
aprensión y compostura.)&#13;
&#13;
ABIGAIL: Tío. (El la mira.) Susanna Walcott&#13;
&#13;
viene de lo del doctor Griggs.&#13;
&#13;
PARRIS: ¿Sí? Que entre, que entre.&#13;
&#13;
ABIGAIL (asomándose a la puerta para llamar&#13;
&#13;
a Susanna, que está unos escalones más&#13;
&#13;
abajo): Entra, Susanna. (Entra Susanna&#13;
&#13;
Walcott, una muchacha nerviosa, apresu-­&#13;
&#13;
rada, algo más joven que Abigail.)&#13;
&#13;
PARRIS (ansiosamente): Hija, ¿qué dice el&#13;
&#13;
médico?&#13;
&#13;
SUSANNA (empinándose para ver a Betty&#13;
&#13;
por encima de Parris): Me manda venir&#13;
&#13;
a deciros, Reverendo señor, que para eso&#13;
&#13;
no puede encontrar en sus libros ninguna&#13;
&#13;
medicina.&#13;
&#13;
PARRIS: Debe seguir buscando, entonces.&#13;
&#13;
SUSANNA : Sí, señor; ha estado buscando en&#13;
&#13;
sus libros desde que lo dejasteis, señor.&#13;
&#13;
Pero me manda deciros que podríais bus­-&#13;
&#13;
car vos la causa de esto en algo anti­-&#13;
&#13;
natural.&#13;
&#13;
PARRIS (dilatándosele los ojos): No . . . no.&#13;
&#13;
Nada de causas antinaturales. Dile que he&#13;
&#13;
enviado por el Reverendo Hale, de Bever-&#13;
&#13;
ly y el señor Hale seguramente lo confir­-&#13;
&#13;
mará. Que busque en la Medicina y dese-­&#13;
&#13;
che toda idea de causas antinaturales, que&#13;
&#13;
aquí no las hay.&#13;
&#13;
SUSANNA: Sí, señor. El sólo me mandó de­&#13;
&#13;
c iros ... (se vuelve para salir.)&#13;
&#13;
ABIGAIL: No digas nada de esto en el pue­-&#13;
&#13;
blo. Susanna.&#13;
&#13;
PARRIS: Vé directamente a casa y no hables&#13;
&#13;
de causas antinaturales.&#13;
&#13;
SUSANNA: Sí, señor. Rogaré por ella.&#13;
&#13;
(Váse.)&#13;
&#13;
ABIGAIL: Tío, cunde el rumor de que es&#13;
&#13;
brujería; creo que lo mejor será que&#13;
&#13;
bajéis y lo neguéis vos mismo. La sala&#13;
&#13;
está llena de gente, señor. Yo me quedaré&#13;
&#13;
con ella.&#13;
&#13;
PARRIS(abrumado, se vuelve hacia ella):&#13;
&#13;
¿Y qué he de decirles? ¿Que a mi hija y&#13;
&#13;
a mi sobrina descubrí, bailando como he-­&#13;
&#13;
rejes en el bosque?&#13;
&#13;
ABIGAIL: Sí, tío. bailamos. Habréis de de­-&#13;
&#13;
cirles que yo lo confesé. Y seré azotada&#13;
&#13;
si debo serlo. Pero hablan de brujería.&#13;
&#13;
Betty no está embrujada.&#13;
&#13;
PARRIS: Abigail. no puedo presentarme ante&#13;
&#13;
la congregación sabiendo que no te has&#13;
&#13;
franqueado conmigo. ¿Qué habéis hecho&#13;
&#13;
con ella en el bosque?&#13;
&#13;
ABIGAIL: Bailamos, tío. Y cuando aparecis­-&#13;
&#13;
teis de entre los arbustos, tan repentina­-&#13;
&#13;
mente, Betty se asustó y se desmayó.&#13;
&#13;
Y eso fué todo.&#13;
&#13;
PARRIS: Hija, siéntate.&#13;
&#13;
ABIGAIL (temblando al sentarse): Yo jamás&#13;
&#13;
le haría daño a Betty. La amo tierna­-&#13;
&#13;
mente.&#13;
&#13;
PARRIS: Atiéndeme, criatura. Tu castigo ven­-&#13;
&#13;
drá a su tiempo. Pero si en el bosque&#13;
&#13;
habéis traficado con espíritus, debo sa­-&#13;
&#13;
berlo ahora, pues sin duda llegarán a sa-­&#13;
&#13;
berlo mis enemigos y con ello me arrui­-&#13;
&#13;
narán.&#13;
&#13;
ABIGAIL: Pero es que no conjuramos espí­-&#13;
&#13;
ritus. ..&#13;
&#13;
PARRIS: ¿Entonces por qué desde la media­&#13;
&#13;
noche ella no puede moverse? La chica&#13;
&#13;
no tiene remedio. (Abigail baja la vista.)&#13;
&#13;
Esto saldrá a la luz, forzosamente... mis&#13;
&#13;
enemigos lo pondrán en descubierto. Di-&#13;
&#13;
me qué es lo que habéis hecho allí. ¿Abi-­&#13;
&#13;
gail, te das cuenta de que tengo muchos&#13;
&#13;
enemigos?&#13;
&#13;
ABIGAIL: Oí decirlo así, tío.&#13;
&#13;
PARRIS: Hay un bando (pie ha jurado arro­-&#13;
&#13;
jarme de mi púlpito. ¿Comprendes esto?&#13;
&#13;
ABIGAIL: Así lo creo, señor.&#13;
&#13;
PARRIS: Y bien; en medio de semejante&#13;
&#13;
embrollo, mis propios familiares resultan&#13;
&#13;
ser el mismo centro de no sé qué práctica&#13;
&#13;
obscena. En el bosque se hacen barbari­-&#13;
&#13;
dades. ..&#13;
&#13;
ABIGAIL: ¡Jugábamos, tío!&#13;
&#13;
PARRIS (señalando a Betty): ¿A esto le lla­-&#13;
&#13;
mas jugar? (Ella baja la mirada. El supli­-&#13;
&#13;
ca.) Abigail, si sabes algo que pueda&#13;
&#13;
ayudar al médico, por amor de Dios,&#13;
&#13;
dímelo. (Ella calla.) Al sorprenderos, vi&#13;
&#13;
a Tituba agitando sus brazos sobre el&#13;
&#13;
fuego. ¿Por qué hacía eso? Y oí cómo,&#13;
&#13;
de su boca, salía una chillona jerigonza.&#13;
&#13;
¡Se bamboleaba como una bestia estúpida&#13;
&#13;
sobre esa fogata!&#13;
&#13;
ABIGAIL: Siempre canta sus cantos de Bar­-&#13;
&#13;
bados, y nosotras bailamos.&#13;
&#13;
PARRIS: No puedo cerrar los ojos a lo que&#13;
&#13;
vi, Abigali. pues no han de cerrarlos mis&#13;
&#13;
enemigos. Vi un vestido tirado sobre la&#13;
&#13;
hierba.&#13;
&#13;
ABIGAIL (inocentemente): ¿Un vestido?&#13;
&#13;
PARRIS ( . . . e s muy duro decirlo): Sí. un&#13;
&#13;
vestido. ¡Y me pareció ver ... a alguien&#13;
&#13;
desnudo, corriendo entre los árboles!&#13;
&#13;
ABIGAIL( aterrorizada) : ¡Nadie estaba des-­&#13;
&#13;
nudo! ¡Os engañáis, tío!&#13;
&#13;
PARRIS (con enojo ): ¡Yo lo vi! (Se aleja de&#13;
&#13;
ella. Con resolución): Sé sincera conmigo,&#13;
&#13;
Abigail. Y te imploro, doblégate bajo el&#13;
&#13;
peso de la verdad, pues lo que está en&#13;
&#13;
juego es mi ministerio... mi ministerio&#13;
&#13;
y tal vez la vida de tu prima. Cualquiera&#13;
&#13;
haya sido la enormidad que habéis con­-&#13;
&#13;
sumado, dímelo todo ahora, pues no me&#13;
&#13;
atrevo a presentarme ante ellos, allí aba­-&#13;
&#13;
jo, sin conocer la verdad.&#13;
&#13;
ABIGAIL: No hay nada más. Lo juro, tío.&#13;
&#13;
PARRIS (la observa; luego asiente con la&#13;
&#13;
cabeza, convencido a medias): Abigail, he&#13;
&#13;
luchado aquí durante tres años para que&#13;
&#13;
esta gente testaruda se me someta y ahora,&#13;
&#13;
justamente ahora cuando la parroquia co-­&#13;
&#13;
mienza a dar señales de algún respeto&#13;
&#13;
hacia mí, tú comprometes nada menos que&#13;
&#13;
mi reputación. Te he dado un hogar, cria-­&#13;
&#13;
tura, te be cubierto de rop a s... dame&#13;
&#13;
ahora una honrada respuesta. En el pue­-&#13;
&#13;
blo ... ¿tu nombre es completamente in­-&#13;
&#13;
maculado?&#13;
&#13;
ABIGAIL (con una pizca de resentimiento):&#13;
&#13;
Claro, estoy segura que sí, señor. Mi nom-­&#13;
&#13;
bre no tiene de qué avergonzarse.&#13;
&#13;
PARRIS (concretando): ¿Abigail, aparte de&#13;
&#13;
lo que me has dicho, hay alguna otra cau­-&#13;
&#13;
sa por la que te han despedido del servi­-&#13;
&#13;
cio de la señora Proctor? He oído decir,&#13;
&#13;
y tal como lo dijeron te lo cuento, que&#13;
&#13;
este año ella viene a la iglesia tan raras&#13;
&#13;
veces sólo por no sentarse tan cerca de&#13;
&#13;
algo sucio. ¿Qué querían decir con eso?&#13;
&#13;
ABIGAIL: Me odia; sin duda, tío, porque no&#13;
&#13;
quise ser su esclava. Es una mujer cruel,&#13;
&#13;
una mujer mentirosa, insensible, llorona,&#13;
&#13;
y yo no quiero trabajar para semejante&#13;
&#13;
mujer.&#13;
&#13;
PARRIS: Tal vez lo sea. Y sin embargo me&#13;
&#13;
ha preocupado que estés fuera de esa casa&#13;
&#13;
desde hace siete meses y que en todo est&#13;
&#13;
tiempo ninguna otra familia haya pedido&#13;
&#13;
tus servicios.&#13;
&#13;
ABIGAIL: Quieren esclavos, no gente como&#13;
&#13;
yo. Que vayan a buscarlos a Barbados.&#13;
&#13;
¡No me ensuciaré la cara por ninguno de&#13;
&#13;
ellos! (Con mal disimulado resentimiento&#13;
&#13;
hacia él): ¿Me regateas mi cama, tío?&#13;
&#13;
PARRIS: N o . . . no.&#13;
&#13;
ABIGAIL(con arrebato): Tengo buen nom ­-&#13;
&#13;
bre en el pueblo. No permitiré que se&#13;
&#13;
diga que mi nombre está sucio. ¡La se­-&#13;
&#13;
ñora Proctor es una charlatana embus­-&#13;
&#13;
tera! (Entre Ann Putnam. Es una mujer&#13;
&#13;
de cuarenta y cinco años, de alma ator­-&#13;
&#13;
mentada, obsesionada por la muerte, aco-­&#13;
&#13;
sada por los sueños.)&#13;
&#13;
PARRIS (apenas comienza a abrirse la puer­-&#13;
&#13;
ta): N o ... no. No puedo recibir a nadie.&#13;
&#13;
(La ve y en él surge cierta deferencia&#13;
&#13;
aunque sin disipar su ansiedad): Ah, se­-&#13;
&#13;
ñora Putnam. entrad.&#13;
&#13;
ANN ( agitada, con los ojos encendidos): Es&#13;
&#13;
un prodigio, no cabe duda de que os ha&#13;
&#13;
tocado un rayo del Infierno.&#13;
&#13;
PARRIS: No, señora Putnam, e s ...&#13;
&#13;
ANN(aludiendo a Betty): ¿Hasta (pié altu­-&#13;
&#13;
ra voló, hasta qué altura?&#13;
&#13;
PARRIS: No. n o . . . no voló ...&#13;
&#13;
ANN (muy satisfecha de ello ): ¡Cómo! ¡Es&#13;
&#13;
seguro que voló! ¡El señor Collins la vió&#13;
&#13;
pasar sobre el granero de Ingersoll. y&#13;
&#13;
descender con la ligereza de un pájaro,&#13;
&#13;
dice!&#13;
&#13;
PARRIS: No, señora Putnam, escuchad, ella&#13;
&#13;
no ha ... (Entra Tilomas Putnam, un&#13;
&#13;
duro terrateniente acomodado, cincuen-­&#13;
&#13;
tón.)- Ah, buenos días, señor Putnam.&#13;
&#13;
PUTNAM: ¡E s una suerte que la cosa haya&#13;
&#13;
brotado, por fin! ¡Es providencial! (Va&#13;
&#13;
directamente hacia el lecho.)&#13;
&#13;
PARRIS: ¿Qué cosa ha brotado, señor,&#13;
&#13;
q u é ...? (Ann va hacia la cama).&#13;
&#13;
PUTNAM (mirando a Betty): ¿Pero sus ojos&#13;
&#13;
están cerrados! Mira tú, Ann.&#13;
&#13;
ANN: Sí que es extraño. (A Parris): Los&#13;
&#13;
de la nuestra están abiertos.&#13;
&#13;
PARRIS( sobresaltado) : ¿Vuestra Ruth está&#13;
&#13;
enferma?&#13;
&#13;
ANN (con maligna certidumbre): Yo no&#13;
&#13;
diría enferma; el toque del Diablo es&#13;
&#13;
más grave que estar enferma. Es la muer-­&#13;
&#13;
te, sabéis, es la muerte diabólica que se&#13;
&#13;
mete en ellas, con horquilla y con pe­-&#13;
&#13;
zuñas.&#13;
&#13;
PARRIS: ¡Oh, no, por favor! ¿Por qué, qué&#13;
&#13;
es lo que tiene Ruth?&#13;
&#13;
ANN: Tiene lo que se merece...No se&#13;
&#13;
despertó esta mañana, pero sus ojos están&#13;
&#13;
abiertos y camina, y nada oye. nada ve,&#13;
&#13;
y nada puede comer. Su alma está poseída,&#13;
&#13;
seguramente. ( Parris queda paralizado.)&#13;
&#13;
PUTNAM (com o pidiendo más detalles): Di­-&#13;
&#13;
cen que habéis enviado por el Reverendo&#13;
&#13;
Hale, de Beverly...&#13;
&#13;
PARRIS (con menos convicción ahora): Es&#13;
&#13;
sólo una precaución. Posee gran experien-­&#13;
&#13;
cia en todas las artes demoníacas, y yo. ..&#13;
&#13;
ANN: Ya lo creo; y el año pasado encontró&#13;
&#13;
una bruja en Beverly, recordadlo bien.&#13;
&#13;
PARRIS: Vamos, señora Ann, sólo pensaron&#13;
&#13;
que era una bruja, y estoy seguro de que&#13;
&#13;
aquí no hay nada de brujería.&#13;
&#13;
P UTNAM : ¡Nada de brujería! Vamos, señor&#13;
&#13;
Parris, ved que ...&#13;
&#13;
PARRIS: Thomas, Thomas, os ruego, no ha­-&#13;
&#13;
bléis de brujería. Sé que vos no me desea­-&#13;
&#13;
ríais, y vos menos que nadie, Thomas, tan&#13;
&#13;
desastrosa acusación. No podemos pensar&#13;
&#13;
en brujería. A gritos me echarán de Sa­-&#13;
&#13;
lem por semejante corrupción en mi casa.&#13;
&#13;
PUTNAM (en este momento está decidido&#13;
&#13;
a empujar al abismo a Parris, por quien&#13;
&#13;
siente desprecio): Señor Parris, en todas&#13;
&#13;
las disputas aquí habidas he estado de&#13;
&#13;
vuestra parte, y así continuaría; pero no&#13;
&#13;
puedo, si os resistís en esto. Espíritus&#13;
&#13;
dañinos, vengativos, están arrebatando a&#13;
&#13;
estas criaturas.&#13;
&#13;
PARRIS Pero Thomas, no podéis ...&#13;
&#13;
ANN: Reverendo Parris, be dejado bajo tie-­&#13;
&#13;
rra a siete niños sin bautizar. Creedme,&#13;
&#13;
señor, jamás habéis visto nacer niños más&#13;
&#13;
robustos. Y sin embargo, cada uno de&#13;
&#13;
ellos estaba destinado a marchitarse en&#13;
&#13;
mis brazos la misma noche de su naci­-&#13;
&#13;
miento. Yo nada he dicho, pero es mi&#13;
&#13;
corazón el que ha insinuado a voces.&#13;
&#13;
Y ahora, este año, mi Ruth, mi única ...&#13;
&#13;
la veo tornarse extraña: critura taciturna&#13;
&#13;
se ha vuelto este año y se está encogiendo&#13;
&#13;
como si una boca sedienta le sorbiese&#13;
&#13;
hasta la vida. Y entonces pensé en que&#13;
&#13;
viera a vuestra Títuba.&#13;
&#13;
PARRIS: ¿ ¡A Tituba!? ¿Qué podría Tí­-&#13;
&#13;
tuba..?&#13;
&#13;
ANN: Títuba sabe cómo hablar a los muer­-&#13;
&#13;
tos, señor Parris.&#13;
&#13;
PARRIS: ¡Señora Ann ... es un enorme pe-­&#13;
&#13;
cado invocar a los muertos!&#13;
&#13;
ANN: Mi alma cargue con ello; ¿pero&#13;
&#13;
quién, si no. podría decirnos con certeza&#13;
&#13;
qué persona mató a mis niños?&#13;
&#13;
PARRIS (horrorizado): ¡Mujer!&#13;
&#13;
ANN: ¡Fueron asesinados, señor Parris! ¡Y&#13;
&#13;
tomad nota de esta prueba! ¡Tomad nota!&#13;
&#13;
Anoche, mi Ruth estuvo más cerca que&#13;
&#13;
nunca de sus almitas; lo sé. señor. ¿Pues&#13;
&#13;
cómo es que ha enmudecido ahora, si no&#13;
&#13;
porque algún poder de las tinieblas le ha&#13;
&#13;
&#13;
&#13;
&#13;
LETRA Y LINEA                                                                                                                       9&#13;
&#13;
&#13;
paralizado la boca? ¡Es una señal prodi-&#13;
&#13;
­giosa. señor Parris!&#13;
&#13;
Putnam: ¿No comprendéis, señor? Hay&#13;
&#13;
entre nosotros una bruja asesina, decidida&#13;
&#13;
a mantenerse en las sombras. (Parris se&#13;
&#13;
vuelve hacia Belly evidenciando un terror&#13;
&#13;
frenético creciente.) Dejad que vuestros&#13;
&#13;
enemigos piensen lo que quieran, vos no&#13;
&#13;
lo podéis ignorar.&#13;
&#13;
Parris(a Abigail): Entonces, invocábais es-&#13;
&#13;
­píritus, anoche.&#13;
&#13;
Abigail(en un susurro): Yo no, señor...&#13;
&#13;
Tituba y Ruth.&#13;
&#13;
Parris(se vuelve ahora, con nuevo temor;&#13;
&#13;
va hacia Betty, la observa y luego, con la&#13;
&#13;
mirada fija en el vacío): ¡Oh. Abigail,&#13;
&#13;
qué adecuada retribución a mi generosi­-&#13;
&#13;
dad! Ahora estoy perdido.&#13;
&#13;
Putnam: No estáis perdido. Hacéos fuerte,&#13;
&#13;
ahora. No esperéis a que nadie os acuse.&#13;
&#13;
Declaradlo vos mismo. Habéis descubierto&#13;
&#13;
una brujería…&#13;
&#13;
Parris: ¿En mi casa? ¿En mi casa, Tho-&#13;
&#13;
­mas? Me derribarán con esto. Harán de ello una...&#13;
&#13;
(Entra Mercy Lewis, la sir-&#13;
&#13;
­vienta de los Putnam, una gorda mucha­-&#13;
&#13;
cha de diez y ocho años, taimada y des-&#13;
&#13;
­piadada.)&#13;
&#13;
Mercy: Con vuestro perdón. Sólo quise ver&#13;
&#13;
cómo está Betty.&#13;
&#13;
Putnam: ¿Cómo es que no estás en casa?&#13;
&#13;
¿Quién está con Ruth?&#13;
&#13;
Mercy: Vino la abuela. Mejoró algo, creo...&#13;
&#13;
Antes, dió un tremendo estornudo.&#13;
&#13;
Ann: ¡Ah. es un signo de vida!&#13;
&#13;
Mercy: Yo ya no temería, señora Putnam.&#13;
&#13;
Fué un gran estornudo; otro así y estoy&#13;
&#13;
segura que del sacudón le vuelve el juicio.&#13;
&#13;
(Va al lecho a mirar.)&#13;
&#13;
Parris: ¿Queréis dejarme ahora, Thomas?&#13;
&#13;
Rezaría un momento a solas.&#13;
&#13;
Abigail: Tío. habéis rezado desde media­-&#13;
&#13;
noche. Por qué no bajáis y…&#13;
&#13;
Parris: No... no. (A Putnam): No tengo&#13;
&#13;
respuesta para esa multitud. Esperaré&#13;
&#13;
hasta que llegue Hale. (Invitando a Ann&#13;
&#13;
a salir): Tened a bien, señora Ann…&#13;
&#13;
Putnam: Y bien, señor. ¡Lanzáos contra el&#13;
&#13;
Diablo y el pueblo os bendecirá por ello!&#13;
&#13;
Bajad, habíadles. .. orad con ellos. Están&#13;
&#13;
sedientos de vuestra palabra, señor. Con-&#13;
&#13;
­fío en que oraréis con ellos.&#13;
&#13;
Parris(dominado): Los guiaré en un sal-&#13;
&#13;
­mo, pero nada digáis de brujería por&#13;
&#13;
ahora. No he de discutirlo. La causa es&#13;
&#13;
aun desconocida. He tenido bastantes&#13;
&#13;
disputas desde que llegué. No quiero más.&#13;
&#13;
Ann: Mercy, tú vas a casa a acompañar a&#13;
&#13;
Ruth, ¿me oyes?&#13;
&#13;
Mercy: Sí, señora. (Sale Ann Putnam.)&#13;
&#13;
Parris(a Abigail): Si se lanza a la ventana,&#13;
&#13;
llámame enseguida.&#13;
&#13;
Abigail: Lo haré, tío.&#13;
&#13;
Parris (a Putnam): Hay una fuerza terri­-&#13;
&#13;
ble, hoy, en sus brazos. (Sale con Put-&#13;
&#13;
­nam.)&#13;
&#13;
Abigail (con contenido azoramiento): ¿Qué&#13;
&#13;
tiene Ruth?&#13;
&#13;
Mercy: Es espeluznante, no sé ... desde&#13;
&#13;
anoche parece caminar como una muerta.&#13;
&#13;
Abigail (se vuelve súbitamente y va hacia&#13;
&#13;
Betty; con temor en la voz): ¡Betty!&#13;
&#13;
(Betty no se mueve. La sacude): ¡Acaba&#13;
&#13;
de una vez! ¡Betty! ¡Levántate! (Betty&#13;
&#13;
no se mueve. Mercy se acerca.)&#13;
&#13;
Mercy: ¿Ensayaste golpearla? Yo le di a&#13;
&#13;
Ruth una buena y eso la despertó por un&#13;
&#13;
rato. Ven. déjame a mí.&#13;
&#13;
Abigail (rechazando a Mercy): No, él subi-&#13;
&#13;
­rá en seguida. Escúchame. Si nos interro-&#13;
&#13;
­gan, diles que bailábamos... Eso es todo&#13;
&#13;
lo que yo le dije.&#13;
&#13;
Mercy: Bueno. ¿Y qué más?&#13;
&#13;
Abigail: El sabe que Tituba conjuró a las&#13;
&#13;
hermanas de Ruth a levantarse de la&#13;
&#13;
tumba.&#13;
&#13;
Mercy: ¿Y qué más?&#13;
&#13;
Abigail: Te vió desnuda.&#13;
&#13;
Mercy (batiendo palmas, con una risita&#13;
&#13;
asustada): ¡Jesús! (Entra Marx Warren,&#13;
&#13;
sin aliento. Es una muchacha de diez y&#13;
&#13;
siete años, servil, simple, triste.)&#13;
&#13;
Mary: ¿Qué haremos? ¡El pueblo está en&#13;
&#13;
la calle! ¡Recién llego de la granja; toda&#13;
&#13;
la comarca habla de brujería! ¡Abby. nos&#13;
&#13;
acusarán de brujas!&#13;
&#13;
Mercy (apuntando y mirando a Mary): Ella&#13;
&#13;
piensa confesar, lo sé.&#13;
&#13;
Mary: Tenemos que confesar, Abby ¡Por&#13;
&#13;
brujería ahorcan... ahorcan como en Bos­-&#13;
&#13;
ton hace dos años! ¡Abby, debemos decir&#13;
&#13;
la verdad! Sólo te azotarán por bailar y&#13;
&#13;
las otras cosas.&#13;
&#13;
Abigail: ¡Oh... nos azotarán!&#13;
&#13;
Mary: Yo no hice nada de eso, Abby. Yo&#13;
&#13;
miraba solamente.&#13;
&#13;
Mercy (yendo amenazadora hacia Mary):&#13;
&#13;
Ah, tú eres especial para mirar, no es&#13;
&#13;
cierto Mary Warren? Para espiar sí que&#13;
&#13;
eres valiente. (Betty, en la cama, se queja.&#13;
&#13;
Abigail se vuelve instantáneamente.)&#13;
&#13;
Abigail: Betty. (Va hacia Betty): Ven, que-&#13;
&#13;
­rida. Betty, despierta ya. Es Abigail. (La&#13;
&#13;
incorpora y la sacude furiosamente):&#13;
&#13;
¡Betty, voy a pegarte! (Betty se queja);&#13;
&#13;
Ahá, parece que mejoras. Hablé con tu&#13;
&#13;
papá y le conté todo. De modo que no&#13;
&#13;
hay nada que....&#13;
&#13;
Betty (asustada de Abigail, salta de la&#13;
&#13;
cama como una luz y pegada de espaldas&#13;
&#13;
a la pared): ¡Quiero a mi mamá!&#13;
&#13;
Abigail (con alarma, mientras se aproxima&#13;
&#13;
cautelosamente a Betty): Betty, ¿qué te&#13;
&#13;
pasa? Tu mamá está muerta y enterrada.&#13;
&#13;
Betty: ¡Quiero volar hacia mamá! ¡Dejad-&#13;
&#13;
­me volar! (Extiende los brazos como para&#13;
&#13;
volar, largándose hacia la ventana por&#13;
&#13;
donde alcanza a pasar una pierna.)&#13;
&#13;
Abigail (ararstrándola lejos de la ventana):&#13;
&#13;
Le conté todo; él ya sabe, ahora ya sabe&#13;
&#13;
todo lo que nosotras…&#13;
&#13;
Betty: Tú bebiste sangre, Abigail. eso no&#13;
&#13;
se lo contaste.&#13;
&#13;
Abigail: ¡Betty, no volverás a decir eso!&#13;
&#13;
Nunca, jamás..&#13;
&#13;
Betty: ¡Lo hiciste, lo hiciste! ¡Bebiste un&#13;
&#13;
encantamiento para que muera la mujer&#13;
&#13;
de John Proctor! ¡Sí! ¡Bebiste un encan­-&#13;
&#13;
tamiento para matar a la señora Proctor!&#13;
&#13;
Abigail (la abofetea): ¡Calla! ¡Basta ya!&#13;
&#13;
Betty (desplomándose en el lecho): ¡Ma-&#13;
&#13;
­ma. mamá! (Se deshace en sollozos).&#13;
&#13;
Abigail: Atended. Vosotras todas. Bailába­-&#13;
&#13;
mos. Y Tituba invocó a las hermanas de&#13;
&#13;
Ruth Putnam. Y eso es todo. Y acordáos&#13;
&#13;
de todo esto: que se os escape una pala-&#13;
&#13;
­bra, a cualquiera de vosotras, o la som-&#13;
&#13;
­bra de una palabra acerca de las otras&#13;
&#13;
cosas, y apareceré en lo más negro de una&#13;
&#13;
noche horrible y os ajustaré las cuentas&#13;
&#13;
hasta el escalofrío. ¡Y vosotros sabéis que&#13;
&#13;
yo puedo hacerlo; he visto cómo, sobre&#13;
&#13;
la almohada junto a la mía, los indicios&#13;
&#13;
destrozaban las cabezas de mis pobres pa-&#13;
&#13;
­dres, y he visto algunas otras sangrientas&#13;
&#13;
faenas realizadas en la noche, y puedo&#13;
&#13;
hacer que vosotras os lamentéis de haber&#13;
&#13;
visto siquiera que se puso el sol! (Va&#13;
&#13;
hacia Betty y rudamente la incorpora):&#13;
&#13;
¡Vamos, tú ... siéntate y acaba con esto!&#13;
&#13;
(Pero Betty se desploma en sus brazos&#13;
&#13;
y yace inerte en el lecho.)&#13;
&#13;
Mary (histéricamente asustada): ¡Que le&#13;
&#13;
dió! (Mirando despavorida a Betty):&#13;
&#13;
¡Abby, se va a morir! Conjurar es un&#13;
&#13;
pecado y nosotras…&#13;
&#13;
Abigail (yendo hacia Mary): ¡Mary Wa-&#13;
&#13;
­rren te he dicho que te calles! (Entra&#13;
&#13;
John Proctor. Al verlo, Mary retrocede&#13;
&#13;
asustada).&#13;
&#13;
Mary: ¡Oh! Ya me estoy marchando a&#13;
&#13;
casa, señor Proctor.&#13;
&#13;
Proctor: ¿Eres boba, Mary Warren? ¿Eres&#13;
&#13;
sorda? ¿Te prohibí dejar la casa, no es&#13;
&#13;
cierto? ¿Para qué te pago? Tengo que&#13;
&#13;
vigilarte más que a mis vacas.&#13;
&#13;
Mary: Sólo vine a ver los grandes aconte­-&#13;
&#13;
cimientos del mundo.&#13;
&#13;
Proctor: Grandes acontecimientos en el&#13;
&#13;
traste voy a darte yo uno de estos días.&#13;
&#13;
¡Vete a casa, mi mujer tiene tarea para&#13;
&#13;
ti! (Ella sale lentamente, tratando de con­-&#13;
&#13;
servar un resto de dignidad.)&#13;
&#13;
Mercy (extrañamente fascinada y a la vez&#13;
&#13;
atemorizada): Es mejor que me vaya.&#13;
&#13;
Debo atender a mi Ruth. Buenos días,&#13;
&#13;
señor Proctor. (Evitando la proximidad&#13;
&#13;
de Proctor, Mercy sale rápidamente. Des­-&#13;
&#13;
de la aparición de Proctor. Abigail ha&#13;
&#13;
permanecido como en puntas de pie, be-­&#13;
&#13;
biendo su figura, con ojos dilatados. El&#13;
&#13;
le echa una mirada y va hacia el lecho de&#13;
&#13;
Betty.)&#13;
&#13;
Abigail: ¡Por Dios! ¡Ya casi había olvi-&#13;
&#13;
­dado lo fuerte que eres, John Proctor!&#13;
&#13;
Proctor (mirando a Abigail con una vaga&#13;
&#13;
sonrisa de inteligencia apenas esbozada en&#13;
&#13;
el rostro): ¿Qué diablura es esta?&#13;
&#13;
Abigail(con una risita nerviosa): Nada;&#13;
&#13;
sólo está medio tonta.&#13;
&#13;
Proctor: Desde la mañana, el camino de&#13;
&#13;
mi casa se ha convertido en una peregri­-&#13;
&#13;
nación de Salem. El pueblo entero habla&#13;
&#13;
de brujería.&#13;
&#13;
Abigail: ¡Bah, cuentos! (Se le acerca, per-&#13;
&#13;
­suasiva, con un aire confidencial y tra­-&#13;
&#13;
vieso): Anoche estábamos bailando en el&#13;
&#13;
bosque y mi tío nos sorprendió. Ella se&#13;
&#13;
asustó. Eso es todo.&#13;
&#13;
Proctor (ensanchando su sonrisa): Ah,&#13;
&#13;
¿traviesa como siempre, no? (Esperanza-&#13;
&#13;
­da, Abigail deja escapar una risita y se&#13;
&#13;
atreve a acercársele, mirándole febrilmen-&#13;
&#13;
­te en los ojos.) Te meterán en el cepo&#13;
&#13;
antes de que cumplas los veinte. (Hace&#13;
&#13;
ademán de irse pero ella se interpone.)&#13;
&#13;
Abigail: Dime algo, John. Algo tierno. (Suve&#13;
&#13;
hemencia destruye la sonrisa de Proc­-&#13;
&#13;
tor.)&#13;
&#13;
Proctor: No. Abby, no. eso ha terminado.&#13;
&#13;
Abigail (insultante): ¿Cinco millas viajas&#13;
&#13;
tú por ver colar a una tonta? Te co­-&#13;
&#13;
nozco …&#13;
&#13;
Proctor (apartándola con firmeza): Vengo&#13;
&#13;
a ver qué enredo está tramando tu tío&#13;
&#13;
ahora. (Categórico): Quítatelo de la ca­-&#13;
&#13;
beza, Abby.&#13;
&#13;
Abigail (asiéndole una mano antes de que&#13;
&#13;
él la haya soltado): John... me paso las&#13;
&#13;
noches esperándote.&#13;
&#13;
Proctor: Nunca he prometido venir a verte,&#13;
&#13;
Abby.&#13;
&#13;
Abigail(no puede creerle; con cólera cre-&#13;
&#13;
­ciente): ¡Creo tener algo más que pro-&#13;
&#13;
­mesas!&#13;
&#13;
Proctor: Abby, te quitarás eso de la ca­-&#13;
&#13;
beza. No vendré más por ti.&#13;
&#13;
Abigail: Te estás burlando de mí.&#13;
&#13;
Proctor: Tú sabes que no.&#13;
&#13;
Abigail: Lo que sé es cómo me estrechabas&#13;
&#13;
en los fondos de tu casa, y sudabas como&#13;
&#13;
un caballo cada vez que me acercaba. ¿O&#13;
&#13;
es que lo he soñado? Quien me echó fué&#13;
&#13;
ella, no puedes simular que fuiste tú, Te&#13;
&#13;
vi el rostro cuando ella me echó, y me&#13;
&#13;
amabas entonces y me amas ahora.&#13;
&#13;
Proctor: Abby, eso es decir una salvajada.&#13;
&#13;
Abigail: Una salvaje puede decir salvajadas.&#13;
&#13;
Pero no tanta salvajada, creo. Te he visto&#13;
&#13;
desde que ella me echó; te he visto por&#13;
&#13;
las noches.&#13;
&#13;
Proctor: En estos siete meses apenas si he&#13;
&#13;
salido de mi granja.&#13;
&#13;
Abigail: Soy sensible al calor, John, y el&#13;
&#13;
tuyo me ha arrastrado hasta mi ventana&#13;
&#13;
y te he visto mirando hacia arriba, ardien-&#13;
&#13;
­do en tu soledad. ¿Vas a decirme que no&#13;
&#13;
has mirado hacia mi ventana?&#13;
&#13;
Proctor: Puedo haber mirado.&#13;
&#13;
Abigail(ablandándose): Con seguridad,&#13;
&#13;
John. No eres de invernadero. Te conoz-&#13;
&#13;
­co. John. Yo te conozco. (Está llorando.)&#13;
&#13;
Los sueños no me dejan dormir; en cuan­-&#13;
&#13;
to empiezo a soñar me despierto y camino&#13;
&#13;
por la cama como si fuera a encontrarte&#13;
&#13;
viniendo por alguna parte. (Lo abraza&#13;
&#13;
desesperadamente.)&#13;
&#13;
Proctor (apartándola suavemente, con gran&#13;
&#13;
compasión pero firmemente): Niña…&#13;
&#13;
Abigail (en un arranque de ira): ¡Cómo&#13;
&#13;
me llamas niña!&#13;
&#13;
Proctor: Puede que te recuerde con dul­-&#13;
&#13;
zura de cuando en cuando Abby. Pero&#13;
&#13;
me cortaré una mano antes de volver a&#13;
&#13;
tocarte. Bórralo de la mente. Nunca nos&#13;
&#13;
hemos tocado, Abby.&#13;
&#13;
Abigail: Es que sí nos tocamos.&#13;
&#13;
Proctor: Es que no nos tocamos.&#13;
&#13;
Abigail(con amargo enojo): Oh, me admi­-&#13;
&#13;
ra que un hombre tan fuerte pueda per­-&#13;
&#13;
mitir que una esposa tan débil …&#13;
&#13;
Proctor (enojado... como si también se lo&#13;
&#13;
dijese a sí mismo): ¡No dirás nada de&#13;
&#13;
Elizabeth!&#13;
&#13;
Abigail: ¡Ella está ensuciando mi nombre&#13;
&#13;
en el pueblo! ¡Anda diciendo mentiras de&#13;
&#13;
mí! ¡Es una mujer fría y llorona, y tú&#13;
&#13;
te sometes a ella! Deja que te convierta&#13;
&#13;
en…&#13;
&#13;
Proctor (sacudiéndola): ¿Quieres que te&#13;
&#13;
azote? (De abajo llegan voces entonando&#13;
&#13;
un salmo.)&#13;
&#13;
Abigail (entre lágrimas): ¡Quiero a John&#13;
&#13;
Proctor, el que interrumpió mi sueño y&#13;
&#13;
abrió los ojos de mi corazón! Yo no sabía&#13;
&#13;
lo hipócrita que era Salem, ni me&#13;
&#13;
daba cuenta de las mentiras que me enseñaban&#13;
&#13;
todas esas mujeres beatas y sus aliados&#13;
&#13;
esposos. Y ahora pretendes que me arran­-&#13;
&#13;
que esa luz de los ojos. ¡No lo haré, no&#13;
&#13;
puedo! ¡Me amaste, John Proctor, y por&#13;
&#13;
más pecado que sea, aún me amas! (El&#13;
&#13;
se vuelve bruscamente para salir. Ella co­-&#13;
&#13;
rre tras él): ¡John, piedad... ten piedad&#13;
&#13;
de mí! (Al oírse las palabras del salmo&#13;
&#13;
“Yendo hacia Jesús”, Betty se tapa súbi-&#13;
&#13;
­tamente los oídos y se queja en voz alta.)&#13;
&#13;
Abigail: ¡Betty! (Corre hacia Betty que&#13;
&#13;
ahora está sentada, chillando. Mientras&#13;
&#13;
Abigail trata de bajarle las manos, Proctor&#13;
&#13;
se acerca diciendo “ ¡Betty!”)&#13;
&#13;
Proctor (con creciente nerviosidad): ¿Qué&#13;
&#13;
estás haciendo? ¿Niña, qué te ocurre?&#13;
&#13;
¡No grites así! (El canto se ha detenido&#13;
&#13;
y ahora irrumpe Parris en la habitación.)&#13;
&#13;
Parris: ¿Qué ocurrió? ¿Qué le estás ha-&#13;
&#13;
­ciendo? ¡Betty! (Corre hacia el lecho&#13;
&#13;
gritando “¡Betty! ¡Betty!” Entra Ann&#13;
&#13;
Putnam, con curiosidad febril y, tras ella,&#13;
&#13;
Thomas Putnam y Mercy Lewis. Parris,&#13;
&#13;
junto al lecho, palmoteo suavemente el&#13;
&#13;
rostro de Betty, mientras ella gime y tra-&#13;
&#13;
­ta de levantarse.)&#13;
&#13;
Abigail: Os oyó cantar y de pronto se le­-&#13;
&#13;
vantó gritando.&#13;
&#13;
Ann: ¡El salmo, el salmo! ¡No soporta que&#13;
&#13;
se pronuncie el nombre del Señor!&#13;
&#13;
Parris: No, no lo permita Dios. ¡Mercy,&#13;
&#13;
corre a lo del médico! ¡Cuéntale lo&#13;
&#13;
ocurrió aquí! (Mercy Lewis sale co­-&#13;
&#13;
rriendo.)&#13;
&#13;
Ann: ¡Un indicio! ¡Ved en ello un in-&#13;
&#13;
­dicio! (Entra Rebecca Nurse, de setenta&#13;
&#13;
y dos años de edad, de cabellera blanca,&#13;
&#13;
apoyándose en su bastón.)&#13;
&#13;
Putnam: (Señalando a la sollozante Betty):&#13;
&#13;
¡Este es un evidente indicio de brujería&#13;
&#13;
desatada, Rebecca Nurse, un prodigioso&#13;
&#13;
indicio!&#13;
&#13;
Ann: ¡Mi madre me lo dijo! Cuando no&#13;
&#13;
pueden soportar que el nombre del Señor&#13;
&#13;
sea…&#13;
&#13;
Parris(temblando): Rebecca, Rebecca, acu­-&#13;
&#13;
de a ella, estamos perdidos. Repentina-&#13;
&#13;
­mente, no soporta que el nombre del Se­-&#13;
&#13;
ñor sea. .. (Entra Giles Corey, de ochenta&#13;
&#13;
y tres años, musculoso, digno, inquisitivo,&#13;
&#13;
poderoso todavía.)&#13;
&#13;
Rebecca: Hay un enfermo grave aquí, Giles&#13;
&#13;
Corey, haz el favor de guardar silencio,&#13;
&#13;
pues.&#13;
&#13;
Giles: No he dicho una palabra. Ninguno&#13;
&#13;
de los presentes puede acusarme de haber&#13;
&#13;
dicho una palabra. ¿Va a volar otra vez?&#13;
&#13;
Dicen que vuela.&#13;
&#13;
Putnam: ¡Cállale, hombre! (Todo es si-&#13;
&#13;
­lencio. Rebecca cruza la habitación hacia&#13;
&#13;
el lecho; rebosa dulzura. Betty, con los&#13;
&#13;
ojos cerrados, solloza quedamente. Rebec-&#13;
&#13;
­ca simplemente se ha plantado ante la&#13;
&#13;
niña, quien se aquieta gradualmente.)&#13;
&#13;
Ann (atónita): ¿Qué has hecho? (Rebecca,&#13;
&#13;
pensativa, se aleja del lecho y se sienta.)&#13;
&#13;
Parris (maravillado y aliviado): ¿Qué pien­-&#13;
&#13;
sas de esto. Rebecca?&#13;
&#13;
Putnam (ansiosamente): ¿Rebecca Nurse,&#13;
&#13;
irás a ver a mi Ruth y tratarás de des-&#13;
&#13;
­pertarla?&#13;
&#13;
Rebecca(sentada): Creo que despertará a&#13;
&#13;
su tiempo. Por favor, calmáos. Tengo once&#13;
&#13;
hijos y soy veintiséis veces abuela y los&#13;
&#13;
he acompañado a todos en sus temporadas&#13;
&#13;
bobas y cada vez que les agarraba, sus&#13;
&#13;
diabluras dejaban chiquito al mismo De­-&#13;
&#13;
monio. Creo que despertará cuando se&#13;
&#13;
cansé de esto. El alma de una criatura es&#13;
&#13;
como una criatura, nunca podréis alcan-&#13;
&#13;
­zarla corriendo tras ella; hay que que­-&#13;
&#13;
darse quieto y pronto volverá por sí mis-&#13;
&#13;
­ma. en busca de cariño.&#13;
&#13;
Proctor: Sí, Rebecca, ahí está la verdad.&#13;
&#13;
Ann: Rebecca, esto no es ninguna tempo-&#13;
&#13;
­rada boba. Mi Ruth está aturdida, Rebec­-&#13;
&#13;
ca; no puede comer.&#13;
&#13;
Rebecca: Tal vez no esté hambrienta toda­-&#13;
&#13;
vía. (A Parris): Espero que no estéis de­-&#13;
&#13;
cidido a salir en busca de espíritus erran-&#13;
&#13;
tes, señor Parris. He oído anunciarlo&#13;
&#13;
afuera.&#13;
&#13;
Parris: En la parroquia se extiende la&#13;
&#13;
creencia de que el Diablo puede hallarse&#13;
&#13;
entre nosotros y estoy dispuesto a cumplir&#13;
&#13;
con ellos demostrándoles que están equi-&#13;
&#13;
­vocados.&#13;
&#13;
Proctor: Entonces hablad claro y decidles&#13;
&#13;
que están equivocados. Antes de llamar&#13;
&#13;
 &#13;
&#13;
&#13;
&#13;
10                                                                                                                     LETRA Y LINEA&#13;
&#13;
&#13;
a ese ministro a que busque demonios,&#13;
&#13;
habéis consultado con los consejeros?&#13;
&#13;
Parris: ¡No viene a buscar demonios!&#13;
&#13;
Proctor: ¿Entonces, a qué viene?&#13;
&#13;
Putnam : ¡En el pueblo hay niños murién-­&#13;
&#13;
dose, caballero!&#13;
&#13;
Proctor: No veo morirse a ninguno. Esta&#13;
&#13;
comunidad no ha de ser un juguete para&#13;
&#13;
que lo agitéis a vuestro gusto, señor Put-­&#13;
&#13;
nam. (A Parris): Habéis convocado a se­-&#13;
&#13;
sión antes de...&#13;
&#13;
Putnam : ¡Estoy harto de sesiones! ¿Es que&#13;
&#13;
el pobre hombre no puede volver la ca­-&#13;
&#13;
beza sin tener que convocar a sesión?&#13;
&#13;
Proctor: Puede volver la cabeza, pero no&#13;
&#13;
hacia el Infierno.&#13;
&#13;
Rebecca: Te ruego, John, cálmate. (Pausa.&#13;
&#13;
El cede ante ella.) Señor Parris, creo que&#13;
&#13;
lo mejor será que, tan pronto como venga,&#13;
&#13;
mandéis al Reverendo Hale de vuelta.&#13;
&#13;
Esto nos va a traer nuevas disputas en la&#13;
&#13;
comunidad y habíamos quedado en que&#13;
&#13;
este año habría paz. Creo que ahora debe-­&#13;
&#13;
ríamos confiar en el médico y en una&#13;
&#13;
buena plegaria.&#13;
&#13;
Ann: ¡Rebecca, el doctor está desconcer­-&#13;
&#13;
tado!&#13;
&#13;
REBECCA: Entonces, si lo está, acudamos a&#13;
&#13;
Dios. Hay un peligro monstruoso en po-­&#13;
&#13;
nerse a buscar espíritus errantes. Lo te-­&#13;
&#13;
mo, lo temo. Es mejor que busquemos la&#13;
&#13;
culpa en nosotros y que ...&#13;
&#13;
Putnam: ¿Cómo hemos de culparnos a&#13;
&#13;
nosotros? Yo soy uno de nueve hijos; la&#13;
&#13;
semilla de los Putnam ha poblado esta&#13;
&#13;
región. Y sin embargo, de ocho criaturas&#13;
&#13;
sólo me queda una ... y esa una se está&#13;
&#13;
marchitando.&#13;
&#13;
Rebecca: Esto no puedo desentrañarlo yo.&#13;
&#13;
Ann (con un creciente dejo de sarcasmo) :&#13;
&#13;
¡En cambio yo debo! ¿Crees que es obra&#13;
&#13;
de Dios el que tú jamás debas perder un&#13;
&#13;
hijo, ni un nieto, y que yo en cambio&#13;
&#13;
deba enterrarlos a todos menos a uno?&#13;
&#13;
En este pueblo hay ruedas moviendo rue-­&#13;
&#13;
das y fuegos nutriendo fuegos.&#13;
&#13;
Putnam (a Parris): Cuando llegue el Re­-&#13;
&#13;
verendo Hale, procederéis a buscar ras­-&#13;
&#13;
tros de brujería en esto.&#13;
&#13;
Proctor (a Putnam): No podéis dar órde­-&#13;
&#13;
nes al señor Parris. En esta comunidad el&#13;
&#13;
voto es por persona y no por hectárea.&#13;
&#13;
Putnam : Nunca os he notado tan preocu­-&#13;
&#13;
pado por esta comunidad, señor Proctor.&#13;
&#13;
No creo haberos visto en nuestras reunio­-&#13;
&#13;
nes sabáticas desde las últimas nevadas.&#13;
&#13;
Proctor: Bastantes preocupaciones tengo&#13;
&#13;
sin viajar cinco millas para escucharle&#13;
&#13;
predicar no más que tormentos infernales&#13;
&#13;
y condenación eterna. Creed en lo que&#13;
&#13;
os digo, señor Parris. Hay muchos otros&#13;
&#13;
que hoy se apartan de la iglesia porque&#13;
&#13;
ya casi nunca mencionáis a Dios.&#13;
&#13;
Parris (excitado): ¡Cómo! ¡Esta es una&#13;
&#13;
acusación muy grave!&#13;
&#13;
Rebecca: Hasta cierto punto es verdad: hay&#13;
&#13;
muchos que no se animan a traer a sus&#13;
&#13;
hijos. ..&#13;
&#13;
Parris : No predico para niños, Rebecca.&#13;
&#13;
No son los niños quienes descuidan sus&#13;
&#13;
obligaciones para con este ministerio.&#13;
&#13;
Rebecca: ¿Realmente hay quienes las des­-&#13;
&#13;
cuidan?&#13;
&#13;
Parris: Yo diría (pie más de la mitad del&#13;
&#13;
pueblo de Salem...&#13;
&#13;
Putnam (interrumpiendo): Y más que&#13;
&#13;
eso...&#13;
&#13;
Parris: ¿Dónde está mi leña? Mi contrato&#13;
&#13;
estipula que se me provea de toda mi&#13;
&#13;
leña. ¡Desde Noviembre estoy esperando&#13;
&#13;
una astilla, y aún en Noviembre mismo&#13;
&#13;
tuve que andar exhibiendo mis manos&#13;
&#13;
heladas como un mendigo cualquiera!&#13;
&#13;
Giles: Se os asigna seis libras anuales para&#13;
&#13;
comprar vuestra leña, señor Parris.&#13;
&#13;
Parris: Considero esas seis libras como&#13;
&#13;
parte de mi salario. Bastante poco se me&#13;
&#13;
paga sin que gaste seis libras en leña ...&#13;
&#13;
Proctor: Sesenta, más ¡seis para leña ...&#13;
&#13;
Parris (interrumpiéndolo): ¡El salario es&#13;
&#13;
de sesenta y seis libras, señor Proctor!&#13;
&#13;
No soy ningún predicador de campaña con&#13;
&#13;
el librito bajo el brazo; soy diplomado&#13;
&#13;
del colegio de Harvard.&#13;
&#13;
Giles : ¡Así es, y bien versado en arit­-&#13;
&#13;
mética !&#13;
&#13;
Parris: ¡Señor Corey, deberéis buscar mu­-&#13;
&#13;
cho para encontrar un hombre de mi cla-­&#13;
&#13;
se por sesenta libras anuales! No estoy&#13;
&#13;
acostumbrado a esta miseria; abandoné&#13;
&#13;
un buen negocio en Barbados para servir&#13;
&#13;
al Señor. No alcanzo a desentrañarlo:&#13;
&#13;
¿por qué se me persigue aquí? No puedo&#13;
&#13;
proponer nada sin que se produzca un&#13;
&#13;
alboroto de gritos y discusiones. Me he&#13;
&#13;
preguntado a menudo si no estaría el&#13;
&#13;
Diablo en esto; de otro modo no puedo&#13;
&#13;
comprenderos.&#13;
&#13;
Proctor: Señor Parris, sois el primer pá­-&#13;
&#13;
rroco que ha exigido el título de propie­-&#13;
&#13;
dad de esta casa ...&#13;
&#13;
Parris (interrumpiendo): ¡Hombre! ¿Es&#13;
&#13;
que un párroco no merece una casa donde&#13;
&#13;
vivir?&#13;
&#13;
Proctor: En donde vivir, sí. Pero preten-­&#13;
&#13;
der la propiedad es como si fuéseis dueño&#13;
&#13;
de la misma capilla; en la última asam­-&#13;
&#13;
blea a la que acudí hablásteis tanto de&#13;
&#13;
escrituras e hipotecas que creí estar en&#13;
&#13;
un remate.&#13;
&#13;
Parris: ¡Pretendo una prueba de confian­-&#13;
&#13;
za, eso es todo! Soy vuestro tercer pre­-&#13;
&#13;
dicador en siete años. No quiero ser echa­-&#13;
&#13;
do como el gato cada vez que ese sea el&#13;
&#13;
capricho de cualquier mayoría. Vosotros&#13;
&#13;
parecéis no comprender que un ministro&#13;
&#13;
es el representante del Señor en la parro-­&#13;
&#13;
quia; a un ministro no se le ha de per­-&#13;
&#13;
turbar ni contradecir con tanta ligereza. ..&#13;
&#13;
Putnam: ¡Eso es!&#13;
&#13;
Parris : ¡Habrá obediencia, o la Iglesia ar­-&#13;
&#13;
derá como arde el Infierno!&#13;
&#13;
Proctor: ¿E s que no podéis hablar un mi­-&#13;
&#13;
nuto sin que vayamos a parar al Infierno&#13;
&#13;
nuevamente? ¡Estoy harto del infierno!&#13;
&#13;
Parris: No sois vos quien decidirá lo que&#13;
&#13;
os conviene oír.&#13;
&#13;
Proctor: ¡Creo que puedo decir lo que&#13;
&#13;
pienso!&#13;
&#13;
Parris (furioso): ¿Qué, somos cuáqueros&#13;
&#13;
acaso? Todavía no somos cuáqueros aquí,&#13;
&#13;
señor Proctor. Y podéis decírselo así a&#13;
&#13;
vuestros partidarios.&#13;
&#13;
Proctor: ¡Mis partidarios!&#13;
&#13;
Parris (por fin se desahoga): En esta igle­-&#13;
&#13;
sia hay un partido. No estoy ciego; hay&#13;
&#13;
un bando y un partido.&#13;
&#13;
Proctor: ¿Contra vos?&#13;
&#13;
Putnam : ¡Contra él y toda autoridad!&#13;
&#13;
Proctor: ¡Ah ! Si es así, debo encontrarlo&#13;
&#13;
y unirme a él. (Hay conmoción entre los&#13;
&#13;
demás.)&#13;
&#13;
Rebecca: No quiso decir eso.&#13;
&#13;
Putnam : ¡Acaba de decirlo!&#13;
&#13;
Proctor: Lo sostengo solemnemente, Re-­&#13;
&#13;
becca; no me huele bien esta “autoridad”.&#13;
&#13;
Rebecca: No, no puedes quitarle el apoyo&#13;
&#13;
a tu párroco. Tú no eres de esos, John.&#13;
&#13;
Estrecha su mano. Haced las paces.&#13;
&#13;
Proctor: Tengo grano para sembrar y leña&#13;
&#13;
que arrastrar a casa. (Va enojado hacia&#13;
&#13;
la puerta y se vuelve hacia Corey con una&#13;
&#13;
sonrisa): ¿Qué te parece, Giles?, encon-­&#13;
&#13;
tremos ese partido. Dice que hay un&#13;
&#13;
partido.&#13;
&#13;
Giles: John, he cambiado mi opinión sobre&#13;
&#13;
este hombre. Os ruego que me perdonéis,&#13;
&#13;
señor Parris; nunca pensé que en vos&#13;
&#13;
hubiese tanta fortaleza.&#13;
&#13;
Parris (sorprendido): ¡Cómo...gracias,&#13;
&#13;
Giles!&#13;
&#13;
Giles: Esto le hace pensar a uno en cuál&#13;
&#13;
ha sido la dificultad entre nosotros todos&#13;
&#13;
estos años. (A todos): Pensadlo. ¿A qué&#13;
&#13;
se debe que todos andemos demandándo­-&#13;
&#13;
nos los unos a los otros? Pensadlo bien.&#13;
&#13;
Es algo profundo y negro como un pozo.&#13;
&#13;
Este año he comparecido seis veces ante&#13;
&#13;
la justicia...&#13;
&#13;
Proctor (interrumpiéndolo familiarmente,&#13;
&#13;
cordialmente, aunque sabe que con esto&#13;
&#13;
se acerca al límite de la paciencia de Gi- ­&#13;
&#13;
les): ¿Es culpa del Diablo que uno no&#13;
&#13;
pueda decirte buen día sin que lo deman­-&#13;
&#13;
des por calumnia? Estás viejo, Giles, y no&#13;
&#13;
oyes tan bien como antes.&#13;
&#13;
Giles (no puede ser desviado): John Proc­-&#13;
&#13;
tor, hace apenas un mes que cobré cuatro&#13;
&#13;
libras de daños y perjuicios porque decías&#13;
&#13;
que yo quemé el techo de tu casa, y yo. ..&#13;
&#13;
Proctor (riendo): Nunca dije tal cosa, pero&#13;
&#13;
te he pagado por ello, de modo que puedo&#13;
&#13;
llamarte sordo sin que me cueste. Ven,&#13;
&#13;
acompáñame Giles y ayúdame a arrastrar&#13;
&#13;
mi leña a casa.&#13;
&#13;
Putnam: Un momento señor Proctor. ¿qué&#13;
&#13;
leña es esa que arastráis, si puedo pre­-&#13;
&#13;
guntaros?&#13;
&#13;
Proctor: Es mi leña. De mi monte junto&#13;
&#13;
al río.&#13;
&#13;
Putnam : Vamos, nos hemos vuelto locos&#13;
&#13;
este año. ¿Qué anarquía es esta? Ese tre-­&#13;
&#13;
cho está dentro de mis límites, dentro de&#13;
&#13;
mis límites, dentro de mis límites, señor&#13;
&#13;
Proctor.&#13;
&#13;
Proctors ¡De vuestros límites! (indicando&#13;
&#13;
a Rebecca): Le compré ese pedazo al ma-­&#13;
&#13;
rido de la señora Nurse hace cinco meses.&#13;
&#13;
Putnam: El no tenía derecho a venderlo.&#13;
&#13;
Pn e! testamento de mi abuelo dice cla­-&#13;
&#13;
ramente que todo el terreno entre el&#13;
&#13;
río y ...&#13;
&#13;
Proctor: Vuestro abuelo tenía por costum­&#13;
&#13;
bre legar tierras que nunca le pertene­-&#13;
&#13;
cieron. si es que puedo decirlo sin rodeos.&#13;
&#13;
Giles: Esta es la pura verdad; también ha-­&#13;
&#13;
bía cedido mi pradera del norte; pero&#13;
&#13;
sabía que, antes de que alcanzase a firmar&#13;
&#13;
ese testamento, yo le hubiera roto los de­-&#13;
&#13;
dos. Vamos a llevar tu leña a casa. John.&#13;
&#13;
Siento que me vienen unas tremendas&#13;
&#13;
ganas de trabajar.&#13;
&#13;
Putnams ¡Cargad uno solo de mis robles&#13;
&#13;
y tendréis que pelear para arrastrarlo a&#13;
&#13;
casa!&#13;
&#13;
Giles: Está bien, y además venceremos,&#13;
&#13;
Putnam ... este bobo y yo. ¡Vamos! (Se&#13;
&#13;
vuelve a Proctor e inicia la salida.)&#13;
&#13;
Putnam : ¡Tendrás que vértelas con mis&#13;
&#13;
hombres, Corey! ¡Te encajaré una de-­&#13;
&#13;
nuncia! (Entra el Reverendo John Hale,&#13;
&#13;
de Beverly. Aparece abrumado bajo el&#13;
&#13;
peso de media docena de voluminosos&#13;
&#13;
libros.)&#13;
&#13;
Hale: Por favor, alguien que me ayude.&#13;
&#13;
Parris (complacido): Señor Hale...es&#13;
&#13;
bueno veros de nuevo. (Tomando algunos&#13;
&#13;
libros): ¡Oh, qué pesados!&#13;
&#13;
Hale (depositando sus libros): Así deben&#13;
&#13;
ser: tienen todo el peso de la autoridad.&#13;
&#13;
Parris (algo asustado): Ah. venís prepa­-&#13;
&#13;
rado, por lo que veo.&#13;
&#13;
Hale: Tendremos mucho que estudiar, si&#13;
&#13;
se trata de encontrar la pista del Viejo.&#13;
&#13;
(Advirtiendo a Rebecca ): ¿No seréis Re­-&#13;
&#13;
becca Nurse, por ventura?&#13;
&#13;
Rebecca: Lo soy, señor. ¿Me conocéis?&#13;
&#13;
Hale: Es extraño que os reconociera: pero&#13;
&#13;
supongo que será porque vuestro sem­-&#13;
&#13;
blante refleja la bondad de vuestra alma.&#13;
&#13;
En Beverly, todos hemos oído hablar de&#13;
&#13;
vuestra generosidad.&#13;
&#13;
Parris: ¿Conocéis a este caballero? El se-­&#13;
&#13;
ñor Thomas Putnam. Y su buena esposa&#13;
&#13;
Ann.&#13;
&#13;
Hale: ¡Putnam! No esperaba compañía tan&#13;
&#13;
distinguida, señor.&#13;
&#13;
Putnam (complacido): Hoy, esto no parece&#13;
&#13;
sernos muy útil, señor Hale. Confiamos&#13;
&#13;
en vos para que vengáis a casa a salvar&#13;
&#13;
a nuestra hija.&#13;
&#13;
Hale: ¿Vuestra niña también está enferma?&#13;
&#13;
Ann: Su alma, su alma parece haberse vo­-&#13;
&#13;
lado. Duerme, y sin embargo camina...&#13;
&#13;
Putnam: No puede comer.&#13;
&#13;
Hale: ¡No puede comer! (Lo piensa. Lue-&#13;
&#13;
go, a Proctor y Giles Corey): ¿Tenéis&#13;
&#13;
vosotros, hijos enfermos?&#13;
&#13;
Parris: No, no, estos son campesinos. John&#13;
&#13;
Proctor...&#13;
&#13;
Giles Corey : . ..que no cree en brujas.&#13;
&#13;
Proctor (a Hale): Nunca hablé de brujas&#13;
&#13;
en un sentido ni en otro. ¿Vienes, Giles?&#13;
&#13;
Giles : No, no. John, creo que no. Tengo&#13;
&#13;
algunas preguntas especiales que hacerle&#13;
&#13;
a este tipo.&#13;
&#13;
Proctor: He oído decir que sois una per­-&#13;
&#13;
sona sensata, señor Hale. Espero que&#13;
&#13;
dejéis algo de ello en Salém. (Proctor&#13;
&#13;
sale. Hale permanece embarazado un mo­-&#13;
&#13;
mento.)&#13;
&#13;
Parris (rápidamente): ¿Queréis examinar&#13;
&#13;
a mi hija, señor? (Guía a Hale hacia el&#13;
&#13;
lecho.) Trató de saltar por la ventana; la&#13;
&#13;
descubrimos esta mañana en el camino,&#13;
&#13;
agitando los brazos como si fuera a volar.&#13;
&#13;
Hale (entrecerrando los ojos ): Trata de&#13;
&#13;
volar.&#13;
&#13;
Putnam: No puede soportar que se pro­-&#13;
&#13;
nuncie el nombre del Señor; esto es un&#13;
&#13;
indicio de que hay brujería, señor Hale.&#13;
&#13;
Hale (levantando las manos): No, no. Per­-&#13;
&#13;
mitidme que os instruya. No podemos&#13;
&#13;
caer en supersticiones. El Diablo es pre-&#13;
&#13;
ciso; los rastros de su presencia son tan&#13;
&#13;
definidos como la piedra, y debo preve­-&#13;
&#13;
niros que no pondré manos a la obra si&#13;
&#13;
no estáis dispuestos a creerme en caso de&#13;
&#13;
que no la encuentre (por Betty) chamus­-&#13;
&#13;
cada por el fuego del Infierno.&#13;
&#13;
Parris: Está convenido, señor... está con­-&#13;
&#13;
venido ... nos someteremos a vuestro&#13;
&#13;
juicio.&#13;
&#13;
Hale: Bien entonces. (Va hacia el lecho y&#13;
&#13;
observa a Betty. A Parris): Decidme,&#13;
&#13;
¿cuál fué el primer síntoma que advertis­-&#13;
&#13;
teis en este extraño caso?&#13;
&#13;
Parris: Os diré, señor... la descubrí a ella&#13;
&#13;
(indicando a Abigail)...y a mi sobrina y&#13;
&#13;
a diez o doce de las otras muchachas,&#13;
&#13;
bailando en el bosque, anoche.&#13;
&#13;
Hale (sorprendido): ¿Vosotros permitís la&#13;
&#13;
danza?&#13;
&#13;
Parris: No, no, era en secreto...&#13;
&#13;
Ann (incapaz de esperar): La esclava del&#13;
&#13;
señor Parris sabe como conjurar.&#13;
&#13;
Parris (a Ann): No podemos estar seguros&#13;
&#13;
de eso. señora Putnam ...&#13;
&#13;
Ann ( asustada, muy suavemente): Yo lo sé.&#13;
&#13;
señor. Envié a mi hija. .. para que Títuba&#13;
&#13;
le dijera quién mató a sus hermanitas.&#13;
&#13;
Rebecca (horrorizada): ¡Ann! ¿Enviaste a&#13;
&#13;
una niña a invocar muertos?&#13;
&#13;
Ann: ¡Cúlpeme Dios, Rebecca, pero no tú,&#13;
&#13;
no tú! ¡No dejaré que tú me juzgues&#13;
&#13;
más! (A Hale ): ¿Es cosa natural perder&#13;
&#13;
siete hijos antes de que alcancen a vivir&#13;
&#13;
un día?&#13;
&#13;
Parris: ¡Shhh! (Rebecca, muy dolorida,&#13;
&#13;
vuelve el rostro. Hay una pausa.)&#13;
&#13;
Hale : Siete que han muerto al nacer.&#13;
&#13;
Ann (suavemente): Así es. (Su voz se quie­-&#13;
&#13;
bra; lo contempla. Silencio. Hale está&#13;
&#13;
impresionado. Parris lo mira. Hale va ha-­&#13;
&#13;
cia sus libros, abre uno. lo hojea, y luego&#13;
&#13;
lee. Todos esperan ávidamente.)&#13;
&#13;
Parris (en voz baja): ¿Qué libro es ese?&#13;
&#13;
Ann: ¿Qué dice allí, señor?&#13;
&#13;
Hale (con la fruición de quien saborea un&#13;
&#13;
ejercicio intelectual): Aquí está todo el&#13;
&#13;
mundo invisible, atrapado, definido y cal­-&#13;
&#13;
culado. En estos libros está el Diablo&#13;
&#13;
desnudado de todos sus torpes disfraces.&#13;
&#13;
Aquí están todos los espíritus que os son&#13;
&#13;
familiares; vuestros íncubos y súcubos;&#13;
&#13;
vuestras brujas que viajan por tierra, por&#13;
&#13;
aire y por mar; vuestros hechiceros de la&#13;
&#13;
noche y del día. No temáis... lo encon­-&#13;
&#13;
traremos si es que se ha mezclado entre&#13;
&#13;
nosotros, ¡y me propongo destrozarlo por&#13;
&#13;
completo en cuanto muestre la cara! (Va&#13;
&#13;
hacia el lecho.)&#13;
&#13;
Rebecca: ¿Dañará a la niña, señor?&#13;
&#13;
Hale : No puedo decirlo. Si realmente está&#13;
&#13;
en las garras del Diablo, tal vez haya que&#13;
&#13;
rasgar y arrancar para poder liberarla.&#13;
&#13;
Rebecca: Entonces creo que me iré. Soy de-­&#13;
&#13;
masiado vieja para esto. Se levanta).&#13;
&#13;
Parris (tratando de ser convincente) : ¡Va­-&#13;
&#13;
mos, Rebecca, hoy podemos dar con la&#13;
&#13;
clave de todos nuestros trastornos!&#13;
&#13;
Rebecca: Esperémosle así. Rogaré a Dios&#13;
&#13;
por vos, señor.&#13;
&#13;
Parris (con agitación y resentimiento):&#13;
&#13;
¡Supongo que no quieres decir que aquí&#13;
&#13;
rogamos al Diablo! (Breve pausa.)&#13;
&#13;
Rebecca: Ojalá lo supiera. (Sale; los de-­&#13;
&#13;
más se sienten resentidos por su nota de&#13;
&#13;
superioridad moral.)&#13;
&#13;
Putnam (bruscamente): Venid, señor Hale,&#13;
&#13;
prosigamos. Sentaos aquí.&#13;
&#13;
Giles : Señor Hale, siempre quise pregun-­&#13;
&#13;
tarle a un hombre ilustrado... qué sig­-&#13;
&#13;
nifica la lectura de libros extraños.&#13;
&#13;
Hale : ¿Qué libros?&#13;
&#13;
Giles : No podría decirlo; ella los esconde.&#13;
&#13;
Hale : ¿Quién los esconde?&#13;
&#13;
Giles : Martha, mi mujer. Me he despertado&#13;
&#13;
más de una noche y la be sorprendido&#13;
&#13;
leyendo un libro. ¿Qué opináis vos de&#13;
&#13;
esto?&#13;
&#13;
Hale: Bueno, ésto no es necesariamente...&#13;
&#13;
Giles : Me incomoda. Anoche ... notad es­-&#13;
&#13;
to...lo intentaba y lo intentaba y no&#13;
&#13;
podía decir mis oraciones, y entonces ella&#13;
&#13;
cierra su libro y sale de la casa y de re­-&#13;
&#13;
pente. .. notad esto... ¡de repente puedo&#13;
&#13;
rezar nuevamente!&#13;
&#13;
Hale : Ah, oración interrumpida... es raro.&#13;
&#13;
Hablaré con vos de esto.&#13;
&#13;
Giles: Aclaremos, no digo que ella haya&#13;
&#13;
sido tocada por el Diablo, pero me gus-­&#13;
&#13;
taría saber qué libros lee y por qué los&#13;
&#13;
esconde. A mí no me contesta, ¿sabéis?&#13;
&#13;
Hale: Comprendo; ya lo discutiremos. (A&#13;
&#13;
todos): Ahora escuchadme: si el Diablo&#13;
&#13;
está en ella seréis testigos, en esta habi­-&#13;
&#13;
tación, de algunos portentos indecibles,&#13;
&#13;
conque os ruego que os mantengáis se­-&#13;
&#13;
renos. Señor Putnam, permaneced cerca&#13;
&#13;
por si vuela. Y ahora, Betty querida,&#13;
&#13;
¿quieres sentarte? (Putnam se acerca, lis-&#13;
&#13;
to para ayudar. Hale sienta a Betty, pero&#13;
&#13;
ella yace inerte en sus manos.) Hummm.&#13;
&#13;
(La observa atentamente. Los otros miran&#13;
&#13;
sin aliento.) ¿Me oyes? Soy John Hale,&#13;
&#13;
párroco de Beverly. He venido para ayu­-&#13;
&#13;
darte, querida. ¿Recuerdas a mis dos hiji-&#13;
&#13;
tas. en Beverly? (Ella no se mueve.)&#13;
&#13;
Parris (asustado): ¿Cómo puede ser el&#13;
&#13;
Diablo? ¿Por qué habría de elegir mi&#13;
&#13;
casa? ¡En el pueblo tenemos toda clase&#13;
&#13;
de gente licenciosa!&#13;
&#13;
Hale: ¿De qué le serviría al Diablo ganar&#13;
&#13;
un alma ya corrompida? El Diablo quie­-&#13;
&#13;
re a los mejores y ¿quién mejor que el&#13;
&#13;
ministro mismo?&#13;
&#13;
Giles: Eso es profundo, señor Parris, pro­-&#13;
&#13;
fundo, profundo.&#13;
&#13;
Parris (resueltamente ahora): ¡Betty, res-­&#13;
&#13;
póndele al señor Hale! ¡Betty!&#13;
&#13;
Hale : ¿Alguien te hace mal, niña? No tie­-&#13;
&#13;
ne por qué ser mujer, ¿sabes?, ni hom­-&#13;
&#13;
bre. Tal vez viene a ti un pájaro que es&#13;
&#13;
invisible para los demás... tal vez un&#13;
&#13;
cerdo, un ratón, o una bestia cualquiera.&#13;
&#13;
¿Hay alguna aparición que te incita a&#13;
&#13;
volar? (La niña permanece inerte. En&#13;
&#13;
silencio él vuelve a depositarla sobre la&#13;
&#13;
almohada. Ahora, extendiendo las manos&#13;
&#13;
hacia ella, entona): In nomine Domine&#13;
&#13;
Sabaoth sui filiique ite ad infernos. (Ella&#13;
&#13;
no se mueve. El encara a Abigail, entre­&#13;
&#13;
cerrando los ojos): Abigail. ¿qué era lo&#13;
&#13;
que bailabas con ella en el bosque?&#13;
&#13;
Abigail: Pues... bailes corrientes, eso es&#13;
&#13;
todo.&#13;
&#13;
Parris: Creo que yo debería decir que ...&#13;
&#13;
que vi una marmita sobre la hierba, en&#13;
&#13;
donde estaban bailando.&#13;
&#13;
Abigail : Si eso no era más que sopa.&#13;
&#13;
Hale: ¿Qué clase de sopa había en esa&#13;
&#13;
marmita, Abigail?&#13;
&#13;
Abigail : Nada, eran habas... y lentejas,&#13;
&#13;
creo, y ...&#13;
&#13;
Hale: Señor Parris, ¿no habéis notado&#13;
&#13;
nada vivo en la marmita, no es cierto?&#13;
&#13;
¿Un ratón, por ventura, una araña, un&#13;
&#13;
sapo. . . ?&#13;
&#13;
Parris (temeroso): Yo ... sí creo que algo&#13;
&#13;
se movía ... en la sopa.&#13;
&#13;
Abigail : ¡Eso habrá saltado adentro...&#13;
&#13;
nosotras no lo pusimos!&#13;
&#13;
Hale ( rápidamente) : ¿Qué es lo que saltó&#13;
&#13;
adentro?&#13;
&#13;
Abigail: Nada ... saltó un sapito muy pe­-&#13;
&#13;
queño . . .&#13;
&#13;
Parris: ¡Abby!, ¿¡un sapo!?&#13;
&#13;
Hale ( aferrando a Abigail): Abigail, tu pri­-&#13;
&#13;
ma tal vez se esté muriendo. ¿Convocas­&#13;
&#13;
teis al Diablo, anoche?&#13;
&#13;
Abigail: ¡Yo no lo llamé! Títuba, Títuba...&#13;
&#13;
Parris ( palideciendo) :&#13;
&#13;
¿Ella llamó al&#13;
&#13;
Diablo?&#13;
&#13;
Hale : Me gustaría hablar con Títuba.&#13;
&#13;
Parris: Señora Ann. ¿queréis traerla? (Ann&#13;
&#13;
Putnam sale.)&#13;
&#13;
Hale: ¿Cómo lo llamó?&#13;
&#13;
Abigail : No sé ... hablaba en su idioma de&#13;
&#13;
Barbados.&#13;
&#13;
Hale: ¿Sentiste algo extraño cuando lo lla-&#13;
&#13;
Concluye en la pág. 12&#13;
&#13;
&#13;
&#13;
&#13;
LETRA Y LINEA                                                                                                                     11&#13;
&#13;
&#13;
POEMAS DE CARLOS LATORRE&#13;
&#13;
&#13;
EL PUNTO DE PARTIDA&#13;
&#13;
No es necesario insistir en el elogio de la fiebre&#13;
&#13;
En el inútil sufrimiento&#13;
&#13;
 de la inteligencia empeñada en propiciar maneras más tiernas&#13;
&#13;
En algunos desarrollos insensatos del espíritu destinados a controlar los&#13;
&#13;
 juegos entre el prójimo y el límite de las fuerzas&#13;
&#13;
Es tan natural dar una vuelta sobre sí mismo que uno puede detenerse&#13;
&#13;
 una noche para atender a los descubrimientos&#13;
&#13;
No los que coinciden con los móviles de la muerte sino aquellos otros&#13;
&#13;
que proporcionan la buena suerte&#13;
&#13;
Los que ponen la vida al alcance de la mano&#13;
&#13;
Está bien claro&#13;
&#13;
No quiero ver a la naturaleza por la mira de la escopeta&#13;
&#13;
El telescopio está en mis gestos&#13;
&#13;
El lago cabe en la respiración El hombre también&#13;
&#13;
Cuatro sentidos todavía para pervertir a los símbolos menores porque&#13;
&#13;
la divinidad queda indefensa si se consigue hacerla sonreír&#13;
&#13;
Cuando voy hacia la nada voy en lastre&#13;
&#13;
Así me siento más cerca de la eternidad sin funerales al parecer&#13;
&#13;
 imprescindibles&#13;
&#13;
Uno comienza a descubrir que el amor tal como lo profesara era ese&#13;
&#13;
papel incendiario que se quema muy arriba porque carece de&#13;
&#13;
 peso específico&#13;
&#13;
Es más útil ese fuego terrestre que guía a los barcos y a las bombas de&#13;
&#13;
 incendio tan seductoras para la niñez&#13;
&#13;
La tarea es deliciosa Uno rompe las palabras para ver lo que tienen&#13;
&#13;
 dentro y encuentra los hechos fortuitos y restos de civilizaciones&#13;
&#13;
 en contradicción&#13;
&#13;
La raza de un hombre está en sus manos&#13;
&#13;
&#13;
LA TAREA DE LA EXISTENCIA&#13;
&#13;
&#13;
Todos saben que con una sola proeza nadie puede lograr la posesión&#13;
&#13;
 de su víctima&#13;
&#13;
Por eso los que uno llama vosotros proponen el amor sin pérdida de&#13;
&#13;
 tiempo&#13;
&#13;
El hecho consumado&#13;
&#13;
La verdad en el punto de unión entre la soledad y la dispersión de&#13;
&#13;
 las razas&#13;
&#13;
Pero llegada de extremas distancias de fin natural la vida tiene cierto&#13;
&#13;
 derecho a perpetuar los argumentos del universo&#13;
&#13;
&#13;
EL HECHO CONCRETO&#13;
&#13;
El canto es necesario esa combinación entre los elementos&#13;
&#13;
naturales que se rozan entre sí como las manos&#13;
&#13;
de los personajes históricos&#13;
&#13;
El agua arrastra detritus de algunas viejas maneras y&#13;
&#13;
propicia también la experiencia inmediata&#13;
&#13;
La piedra encierra una república una edad en preparación&#13;
&#13;
Sin embargo algo tiene que cambiar para que el mundo tome&#13;
&#13;
 la forma de los cuerpos que lo contienen&#13;
&#13;
Son siempre los deseos los que modifican los libros&#13;
&#13;
 ejemplares y estimulan la mecánica de la clarividencia&#13;
&#13;
 en cuya velocidad se advierte la desaparición de&#13;
&#13;
 los hechos gratuitos&#13;
&#13;
Lo he dicho ya&#13;
&#13;
El cauce comienza con el paso adelante y cualquier bosque&#13;
&#13;
 tiene su lenguaje en libertad&#13;
&#13;
&#13;
SILENCIO RESPONSABLE&#13;
&#13;
por Juan Filloy&#13;
&#13;
Estaba contemplando las grandes avenidas del pen­-&#13;
&#13;
samiento, desde la ventana que da al futuro del poema.&#13;
&#13;
Y el hombre concreto, de recia mandíbula y corazón de&#13;
&#13;
escarcha, me increpó;&#13;
&#13;
&#13;
— Basta ya de sofistería metafórica. De efugios y subterfugios. De&#13;
&#13;
tintamarra y tintirintín. Edifiquemos la poesía sobre cimientos macizos,&#13;
&#13;
hendiendo el humus de la carne. No sobre el humo de estilos afeitados,&#13;
&#13;
sin orín, origen ni originalidad.&#13;
&#13;
&#13;
(Callé. Porque me afeito solo y tengo a menudo la&#13;
&#13;
barba herrumbrada. . .)&#13;
&#13;
&#13;
__ Es necesario engordar la inspiración anemiada por el abuso de&#13;
&#13;
absurdos, alcaloides y aberraciones. Propendamos a que la poesía tenga&#13;
&#13;
músculos. Y se entrene en lo noble. No en la inteligencia pura, sino en el&#13;
&#13;
acto puro. No en el arte puro, sino en la vida pura.&#13;
&#13;
&#13;
(Callé. Porque mis ochenta kilos literarios se enter­-&#13;
&#13;
necen diariamente en algunas flexiones. . . )&#13;
&#13;
&#13;
— ¿Hasta cuándo flameará la poesía sus artificios verbales? Luces de&#13;
&#13;
bengala que encandilan a los bobos. Hilachas aéreas que se disipan al&#13;
&#13;
soplo del fastidio. ¿No ves que hay en el mundo un apetito furioso&#13;
&#13;
certidumbres? Las almas quieren comidas suculentas. Poemas que se&#13;
&#13;
puedan cortar en rodajas.&#13;
&#13;
&#13;
 (Callé. Porque me alimento con grageas de Cocteau&#13;
&#13;
y píldoras de Joyce, y, sólo de tarde en tarde, pruebo&#13;
&#13;
las tortas fritas de Martín Fierro ...)&#13;
&#13;
&#13;
__ Urge abolir el fanatismo de lo abstracto. La belleza  está en la co-&#13;
&#13;
laboración del ojo que mira el cuadro, del oído que escucha el lied,&#13;
&#13;
de la sensibilidad que capta la emoción del verso.&#13;
&#13;
Se hacen demasiadas&#13;
&#13;
sutilezas estrafalarias. Ni la intuición aprehende ya la esencia larval,&#13;
&#13;
onírica, fantasmagórica de la poesía de hoy.&#13;
&#13;
&#13;
(Callé. Porque ser poeta implica, para mí ser, ser mis-&#13;
&#13;
teriarca y saber espiar con ojo pitagórico la cerradura&#13;
&#13;
del enigma…)&#13;
&#13;
&#13;
— Un arte sin conexión humana no sirve para nada. Globo cautivo&#13;
&#13;
de cierta minoría, es menester cortarle el cable, para  que desaparezca,&#13;
&#13;
o traerlo a tierra para se desinfle. No hay poesía sin eco, resonancia,&#13;
&#13;
memoria. La fatalidad de la poesía snob — sine mobilitatem— está en no&#13;
&#13;
dejar recuerdo.&#13;
&#13;
 &#13;
&#13;
(Callé, porque barbotaba en mí este verso sublime&#13;
&#13;
de la “Macchina lírica” del pioneer futurista: “Stan-tuff&#13;
&#13;
stan-tuff stan-tuffoo stan-tuffoo”...)&#13;
&#13;
&#13;
¿ Y lo nuestro? ¿Por qué extravasamos en formas y conceptos aje­-&#13;
&#13;
nos a nuestra idiosincrasia? Desde el balcón atlántico de Buenos Aires&#13;
&#13;
la mirada huye imantada al exotismo. ¿Acaso el rancho con su lechuza&#13;
&#13;
no es un Parthenon primario con una acróptera de pluma?&#13;
&#13;
&#13;
 (Callé. Porque eludo al trotecito los suburbios del&#13;
&#13;
folk-lore, profiriendo mentalmente:&#13;
&#13;
Bien, digamé Don Isauro:&#13;
&#13;
¿qués mejor aquí en el campo,&#13;
&#13;
montar en pelo un centauro&#13;
&#13;
o ensillado un hipocampo?...)&#13;
&#13;
&#13;
Nadie puede recitar de memoria un poema de Tristán Tzara, ni&#13;
&#13;
reproducir de memoria un diseño de Paul Klee, ni repetir de memoria&#13;
&#13;
tres compases de Schönberg. La fatalidad de este arte up to date, de esta,&#13;
&#13;
poesía vient de paraître, está en que resbala irrefragablemente hacia el&#13;
&#13;
olvido. Por eso el olvido será la mejor y la más sabia de sus críticas.&#13;
&#13;
&#13;
 (Callé. Porque ante el boycot del producto, conviene&#13;
&#13;
decretar el lock-out de la imaginación creadora ...)&#13;
&#13;
&#13;
Yo anhelo que cada poema tenga su cardiosfera. Que el espíritu&#13;
&#13;
que se condense en él sea ágil, audaz, valiente. Que la pirueta y la boutade&#13;
&#13;
sucumban en su propia estolidez. Y que el arte exilado vuelva a las&#13;
&#13;
profundas realidades de la vida. Desde la erudición clásica o desde el&#13;
&#13;
fuego romántico. ¡De dónde esté! Porque es el único que ha cumplido&#13;
&#13;
dignamente la proeza de embellecer la razón.&#13;
&#13;
&#13;
 (Callé. Porque, lo mismo que Kierkegaard, yo sufro&#13;
&#13;
el martirio dle la razón...)&#13;
&#13;
&#13;
El intruso calló también, por fin. Y seguimos con­&#13;
&#13;
templando las grandes avenidas del pensamiento, desde&#13;
&#13;
la ventana que da al futuro del poema.&#13;
&#13;
&#13;
&#13;
&#13;
12                                                                                                                     LETRA y LINEA&#13;
&#13;
&#13;
BUENOS AIRES Y GUIBERT&#13;
&#13;
&#13;
(A propósito del libro: “Poeta al pie de Buenos Aires”)&#13;
&#13;
por Enrique Molina&#13;
&#13;
&#13;
 Para las perezosas ratas de la crítica re-­&#13;
&#13;
sultará muy superior a su roer de costum­-&#13;
&#13;
bre la envergadura, la extraordinaria fluen-­&#13;
&#13;
cia lírica y el esfuerzo de sostener a lo lar­-&#13;
&#13;
go de más de doscientas páginas —sin de-­&#13;
&#13;
caer un instante— la ardiente arquitectura&#13;
&#13;
de un poema dedicado a Buenos Aires.&#13;
&#13;
Inútil será extraer algún pequeño fragmen-­&#13;
&#13;
to, picotear en los zócalos, arrancar un tro­-&#13;
&#13;
zo de tapiz, arañar una frase. La obra de&#13;
&#13;
Guibert perdurará por la virtud de su ener­-&#13;
&#13;
gía original, por la inviolable sustancia que&#13;
&#13;
ha elaborado. Por lo demás es sintomático&#13;
&#13;
el sospechoso silencio y los desconcertantes&#13;
&#13;
comentarios que han rodeado la aparición&#13;
&#13;
de una obra cuya dignidad y cuya violencia&#13;
&#13;
expresiva divergen totalmente con el sopor&#13;
&#13;
de nuestra atmósfera intelectual. De una&#13;
&#13;
obra que tarde o temprano acabará por im­-&#13;
&#13;
ponerse como lo que es: una obra viviente&#13;
&#13;
y original dentro de la moderna poesía&#13;
&#13;
argentina.&#13;
&#13;
 El solo hecho de proponerse como moti-­&#13;
&#13;
vo de esta epopeya el tema de Buenos Ai-­&#13;
&#13;
res ya es un índice de audacia y de fe, por&#13;
&#13;
su caótica vastedad y la ambiciosa inten­-&#13;
&#13;
ción de pretender fijar, registrar, el conte­-&#13;
&#13;
nido emocional, el tono entrañable con que&#13;
&#13;
la urbe resuena en la eternidad. No se trata&#13;
&#13;
de un largo discurso retórico en el que los&#13;
&#13;
nombres propios crean el decorado, a la&#13;
&#13;
manera del “Canto a Buenos Aires” de Mu-&#13;
&#13;
jica Lainez (especie de vago muestrario de&#13;
&#13;
postales), sino de un diálogo inmenso con&#13;
&#13;
cada uno de los elementos de esa realidad&#13;
&#13;
multiforme de la ciudad. No un retrato,&#13;
&#13;
una visión estática e inmóvil, sino un diá­-&#13;
&#13;
logo agotador, vibrante, con todas sus ma-­&#13;
&#13;
terias y sus seres. Guibert logra captar, por&#13;
&#13;
medio de un instrumento verbal de inagota­-&#13;
&#13;
ble carga poética, el proceso lento, vegetal,&#13;
&#13;
orgánico, de una enorme ciudad creciendo&#13;
&#13;
desde su primera piedra, desde su primera&#13;
&#13;
pisada humana, ampliándose en círculos a&#13;
&#13;
través del tiempo, siguiendo su huella, la&#13;
&#13;
veta invisible de su destino, lo que de ella&#13;
&#13;
perdura como carácter, espíritu, color, con­-&#13;
&#13;
fabulándose con nuestra sangre, edificán­-&#13;
&#13;
dola de nuevo, llama a llama en el corazón&#13;
&#13;
de sus hijos. Guibert no la observa con la&#13;
&#13;
mirada ligera del turista: la escruta con­&#13;
&#13;
fundido con sus materiales, a su vibración,&#13;
&#13;
percibiendo su ser oscuro y centelleante&#13;
&#13;
desde su propio núcleo, desde su más pro­-&#13;
&#13;
funda nebulosa original. Toda la confusa&#13;
&#13;
majestad de ese inmenso organismo que&#13;
&#13;
crece, asentado en los bordes de la llanura,&#13;
&#13;
propagándose en mil direcciones desde su&#13;
&#13;
germen hasta la realidad presente, todas sus&#13;
&#13;
grandes líneas de fuerza convergen, se in-­&#13;
&#13;
terpenetran y se resuelven en ese vasto mo&#13;
&#13;
vimiento sinfónico del poema, cuya babé­-&#13;
&#13;
lica arboladura acaba por ordenar en sus&#13;
&#13;
espirales el latido, el soplo de eternidad y&#13;
&#13;
de violencia que nutre las raíces de su pla-­&#13;
&#13;
netario Buenos Aires.&#13;
&#13;
 La obra de Guibert, viva, experimental,&#13;
&#13;
audaz, de mágica certidumbre, es un foco&#13;
&#13;
de profundas incitaciones y necesariamente&#13;
&#13;
vuelve a plantear el dramático problema de&#13;
&#13;
la expresión, el problema esencial de toda&#13;
&#13;
creación artística, máxime cuando en este&#13;
&#13;
caso el propio tema presupone la necesi-­&#13;
&#13;
dad de un lenguaje poético que al mismo&#13;
&#13;
tiempo debe fluir y ser síntesis de la reali­-&#13;
&#13;
dad espiritual de la ciudad. Todo auténtico&#13;
&#13;
creador está constantemente obligado a&#13;
&#13;
romper los moldes estratificados del len­-&#13;
&#13;
guaje, las formas expresivas a las que el&#13;
&#13;
uso acaba de quitar su poder de comunica-­&#13;
&#13;
ción. Guibert crea así un verbo poético ex­-&#13;
&#13;
traordinariamente dinámico, de gran capa­-&#13;
&#13;
cidad explosiva, por completo original, vir­-&#13;
&#13;
gen, en cuyo haz se concentran a lo largo&#13;
&#13;
de cualquier frase múltiples asociaciones de&#13;
&#13;
índole sensorial, reflejos sentimentales, es­-&#13;
&#13;
tímulos. Se irisa, reverbera, accede a los&#13;
&#13;
planos más hondos de la emoción, articu­-&#13;
&#13;
lándose de manera fulgurante con todo el&#13;
&#13;
contenido del inconsciente. Guibert somete&#13;
&#13;
el idioma a un verdadero proceso de alqui-­&#13;
&#13;
mia. Los giros más populares, los modismos&#13;
&#13;
callejeros son incorporados y transforma­-&#13;
&#13;
dos, expuestos a una nueva luz, cargándose&#13;
&#13;
de un sentido nuevo y fresco en el que dia-­&#13;
&#13;
lectalmente se niega el viejo sentido ya&#13;
&#13;
gastado por el uso y al mismo tiempo se lo&#13;
&#13;
afirma y se le recrea. Esta experiencia que&#13;
&#13;
constituye uno de los puntos capitales de&#13;
&#13;
la obra de Queneau, es llevada por Gui­-&#13;
&#13;
bert a un punto de alta tensión, siempre&#13;
&#13;
lejano de todo tono discursivo.&#13;
&#13;
Cuando basta un campeón del raciona­-&#13;
&#13;
lismo más cerrado, como Julien Benda, lle-­&#13;
&#13;
ga a admitir que: “En cuanto al propósito&#13;
&#13;
de la poesía de ser la vida y no un juicio&#13;
&#13;
sobre la vida, repito que no me detengo en&#13;
&#13;
él, porque me parece su esencia misma”,&#13;
&#13;
habría que admitir, sin temor al error, que&#13;
&#13;
es necesario revisar, de una vez por todas,&#13;
&#13;
los conceptos y los procedimientos del liris­-&#13;
&#13;
mo tradicional. ¿En qué consiste esa pre­-&#13;
&#13;
tensión de la poesía de ser la vida misma?&#13;
&#13;
Sólo en comunicarse del modo en que la&#13;
&#13;
vida se comunica. Si estoy sentado al sol&#13;
&#13;
en una plaza, ese instante no llega a mi&#13;
&#13;
conciencia a través de frases lógicas y con-­&#13;
&#13;
ceptos ordenados según una jerarquía ra­-&#13;
&#13;
cional. Me asalta por los sentidos, múltiple,&#13;
&#13;
unánime, alcanzando a la vez mis nervios y&#13;
&#13;
mis vísceras, todo mi mundo orgánico y&#13;
&#13;
espiritual. Hasta para Benda está fuera de&#13;
&#13;
duda que la poesía debe coincidir con la&#13;
&#13;
vida, “no ser un juicio sobre la vida”. To-­&#13;
&#13;
do el poema de Guibert se mueve en tal&#13;
&#13;
sentido. Sus imágenes, más que visuales son&#13;
&#13;
orgánicas, más que plásticas o intelectuales&#13;
&#13;
son, si pudiera decirse, de naturaleza so-­&#13;
&#13;
mática. Su materia poética no se petrifica&#13;
&#13;
en ningún instante, actúa de manera sinfó-­&#13;
&#13;
nica, fluyente y viva como una llamarada.&#13;
&#13;
Desde el primer instante y todo a lo largo&#13;
&#13;
del poema se dirige más a la sensación y&#13;
&#13;
al sentimiento que a las facultades lúcidas&#13;
&#13;
del intelecto. Crea directamente —no lo&#13;
&#13;
alude— el fuego, el frío, la luz, la angustia,&#13;
&#13;
la noche, la sombra, todos los elementos,&#13;
&#13;
todo el influjo infinito de la vida. De pron­-&#13;
&#13;
to, como una espesa y enorme burbuja, des­-&#13;
&#13;
de el fondo de ese mar de los Sargazos que&#13;
&#13;
es su poema, asciende una oleada de sen­-&#13;
&#13;
saciones de intenso magnetismo poético.&#13;
&#13;
Véase, por ejemplo, el canto trece, de un&#13;
&#13;
poder erótico pocas veces alcanzado en la&#13;
&#13;
literatura. Una verdadera manigua de ape­-&#13;
&#13;
tito y sensualidad que pone al descubierto&#13;
&#13;
el espectáculo secreto y existencial del&#13;
&#13;
amor nocturno, la gran vía láctea carnal&#13;
&#13;
que ilumina la noche de Buenos Aires. En&#13;
&#13;
éste, uno de los más hermosos momentos&#13;
&#13;
del poema, se pone de manifiesto la inten-­&#13;
&#13;
sidad expresiva del lenguaje de Guibert.&#13;
&#13;
Intensidad que se mantiene al definir la&#13;
&#13;
estatura mítica del habitante de la urbe, al&#13;
&#13;
desentrañar el contenido espiritual de su&#13;
&#13;
personalidad difusa pero sensible, incohe-­&#13;
&#13;
rente pero viva, informe pero esencial y a&#13;
&#13;
la que por un juego de alusiones, de innu­-&#13;
&#13;
merables resonancias sentimentales, que po­-&#13;
&#13;
nen al descubierto el fuego central de su&#13;
&#13;
existir. La congoja de la vida deformada,&#13;
&#13;
frustrando, sin escape posible dentro del&#13;
&#13;
monumental decorado de la ciudad, el re­-&#13;
&#13;
petirse de los gestos humanos, cada vez&#13;
&#13;
menos humanos, movidos solamente por las&#13;
&#13;
poleas invisibles de ese monstruoso meca-­&#13;
&#13;
nismo donde el hombre acaba por olvidar&#13;
&#13;
su condición. Buenos Aires se levanta ávi­-&#13;
&#13;
da, feroz, tierna, incesante, compuesta de&#13;
&#13;
los millones de gestos, de los millones de&#13;
&#13;
escenas y relámpagos que pululan por su&#13;
&#13;
pecho de acero. La gran masa sinfónica que&#13;
&#13;
Guibert desencadena disuelve en su impul­-&#13;
&#13;
so todas las esencias de la ciudad. Es una&#13;
&#13;
especie de enorme diamante blando cuyas&#13;
&#13;
facetas ondulan sin cesar en el viento de&#13;
&#13;
la poesía. Su canto deshace la ciudad, la&#13;
&#13;
pulveriza, crea la ciudad, la proyecta al&#13;
&#13;
mito, al fuego.&#13;
&#13;
&#13;
EL CRISOL&#13;
&#13;
(conclusión)&#13;
&#13;
&#13;
mó? ¿tal vez una repentina brisa hela­-&#13;
&#13;
da? ¿Un temblor bajo la tierra?&#13;
&#13;
ABIGAIL: ¡No vi a ningún Diablo! (Sacu­-&#13;
&#13;
diendo a Betty): ¡Betty, levántate, Betty!&#13;
&#13;
¡Betty!&#13;
&#13;
HALE: No puedes evadirme, Abigail. ¿Tu&#13;
&#13;
prima bebió la mezcla que había en esa&#13;
&#13;
marmita?&#13;
&#13;
ABIGAIL: ¡Ella no bebió nada!&#13;
&#13;
HALE: ¿Bebiste tú?&#13;
&#13;
ABIGAIL: ¡No, señor!&#13;
&#13;
HALE: ¿Te pidió Títuba que bebieras?&#13;
&#13;
ABIGAIL: Lo intentó, pero yo rehusé.&#13;
&#13;
HALE: ¿Por qué finges? ¿Te has vendido&#13;
&#13;
a Lucifer?&#13;
&#13;
ABIGAIL: ¡No me he vendido! ¡Soy una&#13;
&#13;
buena chica! ¡Soy una chica decente!&#13;
&#13;
(Ann Putnam entra con Títuba e instantá­-&#13;
&#13;
neamente Abigail señala a Títuba.)&#13;
&#13;
ABIGAIL: ¡Ella me obligó a hacerlo! ¡La&#13;
&#13;
obligó a Betty a hacerlo!&#13;
&#13;
TÍTUBA (sorprendida y enojada): ¡Abby!&#13;
&#13;
ABIGAIL: ¡Me hace beber sangre!&#13;
&#13;
PARRIS: ¡¡Sangre!!&#13;
&#13;
ANN : ¿La sangre de mi hijita?&#13;
&#13;
TÍTUBA: ¡No, no, sangre de pollo! ¡Y o dar­-&#13;
&#13;
le sangre de pollo!&#13;
&#13;
HALE : Mujer, ¿has reclutado a estas criatu­-&#13;
&#13;
ras para servir al Diablo?&#13;
&#13;
TÍTUBA: ¡No, no señor! ¡Y o no tratar con&#13;
&#13;
ningún Diablo!&#13;
&#13;
HALE: ¿Por qué no puede despertar ella?&#13;
&#13;
¿Eres tú quien hace callar a esta criatura?&#13;
&#13;
TÍTUBA: ¡Yo querer a mi Betty!&#13;
&#13;
HALE: ¿Has desencadenado tu espíritu so­-&#13;
&#13;
bre esta niña, no es cierto? ¿Estás reclu­&#13;
&#13;
tando almas para el Diablo?&#13;
&#13;
ABIGAIL: ¡Ella me pasa su espíritu en la&#13;
&#13;
iglesia; ella hace que me ría durante las&#13;
&#13;
oraciones!&#13;
&#13;
PARRIS: ¡Se ha reído a menudo durante las&#13;
&#13;
oraciones!&#13;
&#13;
ABIGAIL: ¡Viene a buscarme todas las no­-&#13;
&#13;
ches para que salgamos a beber sangre!&#13;
&#13;
TÍTUBA : ¡Tú pedir a mí que conjure! Ella&#13;
&#13;
pedir a mí para hacer hechizo...&#13;
&#13;
ABIGAIL: ¡No mientas! (a Hale): ¡Ella vie­-&#13;
&#13;
ne mientras duermo; siempre me hace&#13;
&#13;
soñar perversidades!&#13;
&#13;
TÍTUBA : ¿Por qué decir eso, Abby?&#13;
&#13;
ABIGAIL : ¡A veces me despierto y me en­-&#13;
&#13;
cuentro parada ante el portal abierto sin&#13;
&#13;
una prenda encima! Siempre la oigo reír&#13;
&#13;
en mis sueños. La oigo cantar sus cantos&#13;
&#13;
de Barbados y tentarme con...&#13;
&#13;
TÍTUBA : Señor Reverendo, yo nunca ..,&#13;
&#13;
HALE (resueltamente): Títuba, quiero que&#13;
&#13;
despiertes a esta niña.&#13;
&#13;
TÍTUBA: Señor, yo no tener poder sobre esta&#13;
&#13;
niña.&#13;
&#13;
HALE : ¡Por cierto que sí, y ahora mismo&#13;
&#13;
la dejarás en libertad! ¿Cuándo pactaste&#13;
&#13;
con el Diablo?&#13;
&#13;
TÍTUBA : ¡Yo no pactar con ningún Diablo!&#13;
&#13;
PARRIS: ¡Has de confesar, Títuba, o te lle­-&#13;
&#13;
varé afuera y te azotaré hasta la muerte!&#13;
&#13;
PUTNAM: ¡Esta mujer tiene que ser colga­-&#13;
&#13;
da! ¡Hay que arrestarla y colgarla!&#13;
&#13;
TÍTUBA( aterrorizada. cae de rodillas): ¡No,&#13;
&#13;
no, no colgar a Títuba! Yo, señor, decirle&#13;
&#13;
que no querer trabajar para él.&#13;
&#13;
PARRIS: ¿Al Diablo?&#13;
&#13;
HALE: ¡Lo has visto, pues! (Títuba llora).&#13;
&#13;
Vamos Títuba, yo sé que cuando nos li­-&#13;
&#13;
gamos al Infierno es muy difícil romper&#13;
&#13;
con él. Te ayudaremos a desembarazarte&#13;
&#13;
de él . ..&#13;
&#13;
TÍTUBA (asustada por el procedimiento in-­&#13;
&#13;
minente): Señor Reverendo, yo si creer&#13;
&#13;
que algún otro embrujar estas chicas.&#13;
&#13;
HALE: ¿Quién?&#13;
&#13;
TÍTUBA: N o sé, señor, pero el Diablo tener&#13;
&#13;
muchas brujas.&#13;
&#13;
HALE: ¿Muchas, eh? (Es una pista.) Títuba,&#13;
&#13;
mírame a los ojos. Ven, mírame. (Ella&#13;
&#13;
levanta sus ojos hacia él, asustada.) Que-­&#13;
&#13;
rrías ser una buena cristiana, ¿no es&#13;
&#13;
cierto, Títuba?&#13;
&#13;
TÍTUBA: Sí, señor, una buena cristiana.&#13;
&#13;
HALE: ¿Y amas a estas niñitas?&#13;
&#13;
TÍTUBA: ¡Oh, sí, señor! ¡No quiero lastimar&#13;
&#13;
niñitas!&#13;
&#13;
HALE: ¿Y amas a Dios, Títuba?&#13;
&#13;
TÍTUBA: Amo a Dios con todo mi ser.&#13;
&#13;
HALE: Pues bien; en el sagrado nombre de&#13;
&#13;
Dios ...&#13;
&#13;
TÍTUBA: Bendito sea, bendito sea.. (Se ha­&#13;
&#13;
maca sobre sus rodillas, sollozando ate-&#13;
&#13;
rrorizdaa.)&#13;
&#13;
HALE: Y por Su gloria...&#13;
&#13;
TÍTUBA: Gloria eterna. Bendito sea ... Ben­-&#13;
&#13;
dito sea Dios ...&#13;
&#13;
HALE: Confiesa, Títuba... confiesa y deja&#13;
&#13;
que la sagrada luz de Dios te ilumine.&#13;
&#13;
TÍTUBA: Oh, bendito sea el Señor.&#13;
&#13;
HALE: Cuando se te aparece el Diablo ...&#13;
&#13;
¿viene con alguna otra persona? (Ella lo&#13;
&#13;
mira a la cara). ¿Tal vez otra persona&#13;
&#13;
del pueblo? ¿Alguien a quien conoces...?&#13;
&#13;
PARRIS: ¿Quién vino con él?&#13;
&#13;
PUTNAM: ¿Sarah Good? ¿Viste alguna vez&#13;
&#13;
a Sarah Good con él? ¿O a Osborn?&#13;
&#13;
PARRIS: ¿Era hombre o mujer quien venía&#13;
&#13;
con él?&#13;
&#13;
TÍTUBA: Hombre o mujer. Era ... era mujer.&#13;
&#13;
Parris: ¿Qué mujer? Dijiste una mujer.&#13;
&#13;
¿Qué mujer?&#13;
&#13;
TÍTUBA: Haber mucho oscuridad y yo .. .&#13;
&#13;
PARRIS: Podías verlo a él, ¿por qué no po­-&#13;
&#13;
drías verla a ella?&#13;
&#13;
TÍTUBA: Y...todo el tiempo hablaban; to­-&#13;
&#13;
do el tiempo corrían y seguían...&#13;
&#13;
PARRIS: ¿Quieres decir de Salem? ¿Brujas&#13;
&#13;
de Salem?&#13;
&#13;
TÍTUBA: Sí, señor, yo creer así... (Hale la&#13;
&#13;
loma de la mano. Ella se sorprende).&#13;
&#13;
HALE: Títuba. No debes tener miedo de de­-&#13;
&#13;
cirnos quiénes son, ¿entiendes? Nosotros&#13;
&#13;
te protegeremos. El Diablo nunca puede&#13;
&#13;
vencer a un ministro. Tú sabes eso, ¿ver­-&#13;
&#13;
dad?&#13;
&#13;
TÍTUBA (besa la mano de H ale): ¡Oh, sí,&#13;
&#13;
señor, yo saber!&#13;
&#13;
HALE: Te has confesado bruja y eso signi­-&#13;
&#13;
fica que deseas ponerte de parte del Cie­-&#13;
&#13;
lo. Y nosotros te bendeciremos, Títuba.&#13;
&#13;
Títuba (profundamente aliviada): ¡Oh!&#13;
&#13;
¡Dios os bendiga a vos, señor Hale!&#13;
&#13;
HALE (con creciente exaltación): Tú eres el&#13;
&#13;
instrumento de Dios puesto en nuestras&#13;
&#13;
manos para descubrir a los enviados del&#13;
&#13;
Diablo que están entre nosotros. Tú eres&#13;
&#13;
la escogida, Tituba, tú eres la elegida para&#13;
&#13;
ayudarnos a limpiar nuestro pueblo. Ha­-&#13;
&#13;
bla, pues, dínos todo, Tituba, vuélvele la&#13;
&#13;
espalda y encárate con Dios...encárate&#13;
&#13;
con Dios, Títuba, y Dios te protegerá.&#13;
&#13;
TÍTUBA ( uniéndose a él): ¡Oh, Dios, prote-­&#13;
&#13;
ge a Títuba!&#13;
&#13;
HALE (dulcemente): ¿Quién se te apareció&#13;
&#13;
con el Diablo? ¿Tres? ¿Cuatro? ¿Cuán­-&#13;
&#13;
tos? (Títuba jadea y vuelve a hamacarse&#13;
&#13;
mirando fijamente hacia adelante).&#13;
&#13;
TÍTUBA: Haber cuatro. Haber cuatro.&#13;
&#13;
PARRIS (presionándola): ¿Quiénes? ¿Quié­-&#13;
&#13;
nes? ¡Sus nombres, sus nombres!&#13;
&#13;
TÍTUBA ( explorando de pronto): ¡ Oh, cuán­-&#13;
&#13;
tas veces él pedirme que os matara, Sr.&#13;
&#13;
Parris!&#13;
&#13;
PARRIS: ¡Matarme a mí!&#13;
&#13;
TÍTUBA (hecha una furia): ¡El dijo, Sr.&#13;
&#13;
Parris morir! ¡Sr. Parris no buena per­-&#13;
&#13;
sona, Sr. Parris hombre malo y no buena&#13;
&#13;
persona y me mandó levantarme de mi&#13;
&#13;
cama y cortaros la garganta! (Los demás&#13;
&#13;
se sobresaltan). Pero yo decirle “¡No!&#13;
&#13;
Yo no odio este hombre. Yo no quiero&#13;
&#13;
matar este hombre.” Pero él dice: “¡Tú&#13;
&#13;
trabajar para mí, Tituba, yo hacerte li­-&#13;
&#13;
bre! ¡Yo te doy lindo vestido, y te llevo&#13;
&#13;
alto por el aire, y tú volar de ¡regreso a&#13;
&#13;
Barbados!” Y yo digo: “¡Tú mientes,&#13;
&#13;
Diablos, tú mientes!” Y entonces él viene&#13;
&#13;
una noche tormentosa y decir: “¡Mira!&#13;
&#13;
Tengo gente blanca que me pertenece.” Y&#13;
&#13;
yo mirar... y allí estaba la señora Good.&#13;
&#13;
PARRIS: ¡Sarah G ood!&#13;
&#13;
TÍTUBA (Hamacándose y llorando): Sí, se­-&#13;
&#13;
ñor, y la señora Osborn.&#13;
&#13;
ANN: ¡Yo lo sabía! La Osborn fué mi par­-&#13;
&#13;
tera tres veces. Te lo había pedido,&#13;
&#13;
Thomas, ¿no es cierto? le pedí que no&#13;
&#13;
llamara a la Osborn porque le tenía mie­-&#13;
&#13;
do. Mis pequeños siempre se consumían&#13;
&#13;
en sus manos.&#13;
&#13;
HALE: Cobra valor. Debes darnos todos sus&#13;
&#13;
nombres. ¿Cómo puedes soportar el su-­&#13;
&#13;
frimiento de esta criatura? Mírala, Títu­-&#13;
&#13;
ba. ( Señala a Betty, en el lecho.) Con­&#13;
&#13;
templa su divina inocencia; su alma es&#13;
&#13;
tan tierna; debemos protegerla, Títuba;&#13;
&#13;
el Diablo anda suelto y la oprime como&#13;
&#13;
la bestia oprime la carne de la inocente&#13;
&#13;
oveja. Dios te bendecirá por tu ayuda.&#13;
&#13;
(Abigail se levanta, como inspirada, y&#13;
&#13;
grita.)&#13;
&#13;
ABIGAIL: ¡Quiero confesar! (Todos se vuel­-&#13;
&#13;
ven hacia ella, sobrecogidos. Ella está en&#13;
&#13;
éxtasis, como rodeada de una aureola.)&#13;
&#13;
¡Quiero la luz de Dios, quiero el dulce&#13;
&#13;
amor de Jesús! Yo bailé para el Dia­-&#13;
&#13;
blo ; yo lo v i; yo escribí en su libro;&#13;
&#13;
ya vuelvo a Jesús; yo beso su mano. ¡Yo&#13;
&#13;
vi a Sarah Good cón el Diablo! ¡Yo vi&#13;
&#13;
a la señora Osborn con el Diablo! ¡Yo&#13;
&#13;
vi a Bridget Mishop con el Diablo!&#13;
&#13;
(Mientras habla, Betty se levanta de la&#13;
&#13;
cama, los ojos afiebrados, y se une al&#13;
&#13;
cántico.)&#13;
&#13;
BETTY (igualmente con la mirada extravia­-&#13;
&#13;
da): ¡Yo vi a George Jacobs con el Dia­-&#13;
&#13;
blo! ¡Yo vi a la señora Howe con el&#13;
&#13;
Diablo!&#13;
&#13;
PARRIS: ¡Habla! (Corre a abrazar a Betty)&#13;
&#13;
¡Está hablando!&#13;
&#13;
HALE: ¡Gloria a Dios! ¡Por fin se ha roto,&#13;
&#13;
están libres!&#13;
&#13;
BETTY (gritando histéricamente y con gran&#13;
&#13;
alivio): ¡Y o vi a Martha Bellows con&#13;
&#13;
el Diablo!&#13;
&#13;
ABIGAIL: ¡Yo vi a la señora Sibber con el&#13;
&#13;
Diablo! (Se va produciendo un gran jú­-&#13;
&#13;
bilo.)&#13;
&#13;
PUTNAM: ¡El alguacil, voy a llamar al al-­&#13;
&#13;
guacil! (Parris está gritando una plega­&#13;
&#13;
ria de gracias.)&#13;
&#13;
BETTY: ¡Yo vi a Alice Barrow con el Dia-­&#13;
&#13;
blo! (Comienza a caer el telón.)&#13;
&#13;
HALE ( mientras sale Putnam): ¡Que el al­-&#13;
&#13;
guacil traiga grillos!&#13;
&#13;
ABIGAIL: ¡Yo vi a la señora Hawkins con&#13;
&#13;
el Diablo!&#13;
&#13;
BETTY: ¡Yo vi a la señora Bibber con el&#13;
&#13;
Diablo!&#13;
&#13;
ABIGAIL: ¡Y o vi a la señora Booth con el&#13;
&#13;
Diablo! (Sobre sus gritos extasiados, cae&#13;
&#13;
el&#13;
&#13;
&#13;
TELÓN )&#13;
&#13;
&#13;
Traducción de Jacobo y Mario Muchnik.&#13;
&#13;
&#13;
LETRA Y LINEA                                                                                                                     13&#13;
&#13;
&#13;
ARTES PLASTICAS&#13;
&#13;
CORRESPONDENCIA&#13;
&#13;
 Con referencia a una nota aparecida en&#13;
&#13;
el N° 2 de LETRA Y LINEA titulada “Tres&#13;
&#13;
abstractos y un crítico” recibimos una car-­&#13;
&#13;
ta de Julio Payró, que publicamos con la&#13;
&#13;
respuesta correspondiente.&#13;
&#13;
&#13;
Buenos Aires, diciembre 18 de 1953.&#13;
&#13;
Aldo Pellegrini:&#13;
&#13;
 No se necesita ni se demuestra ninguna&#13;
&#13;
aptitud especial — ¡al contrario!— burlán-­&#13;
&#13;
dose de mi prosa y mis ideas. Cualquiera&#13;
&#13;
puede hacerlo. En cambio, nadie — y menos&#13;
&#13;
que nadie un crítico bisoño— puede, hones-­&#13;
&#13;
tamente y en conocimiento de causa, poner&#13;
&#13;
en tela de juicio mi información. Cuando&#13;
&#13;
menciono un hecho, tengo modo de probar­&#13;
&#13;
lo o de citar mis fuentes. Entérese de cuanto&#13;
&#13;
sigue:&#13;
&#13;
1) En su primera autobiografía, escrita en&#13;
&#13;
alemán en 1910 y publicada en 1912, Vassily&#13;
&#13;
Kandinsky incluyó reproducciones de algu­-&#13;
&#13;
nos de sus cuadros, que ya entonces calificó&#13;
&#13;
de Gegenstandlos, vale decir de no objeti­-&#13;
&#13;
vos. En 1911, en su libro “Uber das Geistige&#13;
&#13;
in der Kunst”, publicado por la Editorial&#13;
&#13;
Piper, el mismo artista sentaba las bases&#13;
&#13;
teóricas de un arte no-objetivo y utilizaba&#13;
&#13;
el término cuya paternidad atribuye usted&#13;
&#13;
a Rodchenko. Si Alfred H. Barr, historiador&#13;
&#13;
a quien admiro, dijera como usted, se equi-­&#13;
&#13;
vocaría tanto como los “modestos manuales&#13;
&#13;
de divulgación” en que ciertos escritores&#13;
&#13;
parecen realizar sus buceos más hondos.&#13;
&#13;
Mas dudo de que Barr cometa ese error:&#13;
&#13;
en todo caso, no lo comete en el catálogo&#13;
&#13;
del Museo de Arte Moderno de Nueva York,&#13;
&#13;
edición del año 1942, en que dice tan sólo&#13;
&#13;
lo siguiente: “El término (no objetivo) fué&#13;
&#13;
probablemente empleado por primera vez&#13;
&#13;
en Moscú por Alejandro Rodchenko”. Por&#13;
&#13;
mi parte, y sobre la base de la información&#13;
&#13;
que precede, manifiesto que Rodchenko&#13;
&#13;
puede haber adoptado el término de cuño&#13;
&#13;
kandinskiano después de leer la segunda&#13;
&#13;
edición de la autobiografía de Kandinsky,&#13;
&#13;
que se publicó en idioma ruso en 1918.&#13;
&#13;
2) La no-objetividad no nació en la Ar-­&#13;
&#13;
gentina con el grupo de Maldonado, Lidy&#13;
&#13;
Prati y Arden Quinn. Ellos tuvieron aquí&#13;
&#13;
sus predecesores, entre los cuales cabe citar&#13;
&#13;
a Pettoruti y Juan Del Prete. Alrededor de&#13;
&#13;
1940, Batlle Planas, Sergio de Castro y otros&#13;
&#13;
pintores nacionales o residentes en el país&#13;
&#13;
habían hecho sus primeras armas en el arte&#13;
&#13;
de la no-objetividad. No es materia de in­-&#13;
&#13;
formación sino de apreciación individual&#13;
&#13;
que usted no considere digno del nombre&#13;
&#13;
de “No-objetivo” el tipo de pintura que&#13;
&#13;
algunos practicaron en la Argentina antes&#13;
&#13;
de “Arturo” . Y, en última instancia, la ex­-&#13;
&#13;
presión “hacia 1940” que empleé en el texto&#13;
&#13;
que motiva su comentario, no excluiría la&#13;
&#13;
fecha pura usted fatídica de febrero de 1944.&#13;
&#13;
Julio E. Payró&#13;
&#13;
&#13;
Julio Payró:&#13;
&#13;
Me entero del contenido de su carta y digo:&#13;
&#13;
 El libro de Kandinsky que según el con­-&#13;
&#13;
texto de su carta usted habría consultado,&#13;
&#13;
es imposible que lo haya leído, ni siquiera&#13;
&#13;
hojeado. Aunque personalmente me atraen&#13;
&#13;
los hechos imposibles, debo reconocer que,&#13;
&#13;
por lo menos hasta el presente, no puede&#13;
&#13;
leerse un libro inexistente. La obra que&#13;
&#13;
usted designa curiosamente como “primera&#13;
&#13;
autobiografía”, escrita en alemán en 1910 y&#13;
&#13;
publicada en 1912, ni fue escrita ni apare-­&#13;
&#13;
ció nunca en tales fechas, por lo tanto no&#13;
&#13;
ha podido usted consultar un libro con&#13;
&#13;
esas características. La única autobiografía&#13;
&#13;
que existe (ni primera ni segunda) es la&#13;
&#13;
que publicó en Berlín en 1913 las edicio­-&#13;
&#13;
nes DER STURM con el título Rückblicke.&#13;
&#13;
Esta obra fue traducida al ruso por Kan­-&#13;
&#13;
dinsky y publicada en 1918 con el título&#13;
&#13;
Stupein equivalente exacto del título ale­-&#13;
&#13;
mán. Estos libros sí existen porque, aunque&#13;
&#13;
no figuran en mi poder, los he tenido en&#13;
&#13;
mis manos y los he hojeado, en París, en&#13;
&#13;
casa de la viuda del artista: Nina Kan­-&#13;
&#13;
dinsky.&#13;
&#13;
El error en que usted incurre depende&#13;
&#13;
de la falta absoluta de seriedad de la úni-­&#13;
&#13;
ca obra que ha consultado. No resulta difí-­&#13;
&#13;
cil descubrir esa única fuente suya de in­-&#13;
&#13;
formación, pues es por todos los admirado-­&#13;
&#13;
res de Kandinsky bien conocido el volu­-&#13;
&#13;
men publicado por Hilla Rebay con motivo&#13;
&#13;
de la exposición In Memoriam realizada en&#13;
&#13;
1945 en el Museo de Arte No-objetivo de&#13;
&#13;
Nueva York. Es de todos conocido por la&#13;
&#13;
insolvencia intelectual y falta de seriedad&#13;
&#13;
de dicha persona la cual, en el breve es­-&#13;
&#13;
pacio de una página y media, comete varios&#13;
&#13;
errores groseros de información. Es precisa-­&#13;
&#13;
mente para neutralizar esos errores que Ni­-&#13;
&#13;
na Kandinsky (así me lo declaró) ha esta-&#13;
&#13;
&#13;
BRUNO VENIER: "Sugerencias arcaicas"&#13;
&#13;
&#13;
blecido una rigurosa bio-bibliografía per­-&#13;
&#13;
fectamente sistematizada por fechas y que&#13;
&#13;
ha aparecido in extenso en el volumen&#13;
&#13;
organizado por Max Bill como homenaje a&#13;
&#13;
Kandinsky (publicado en 1951 por Maeght&#13;
&#13;
de París). La misma bio-bibliografía (más&#13;
&#13;
resumida) apareció en el pequeño volumen&#13;
&#13;
sobre Kandinsky (Editions de Beaune, 1950,&#13;
&#13;
París) que ha circulado profusamente en&#13;
&#13;
Buenos Aires, en la revista Art d’aujourd’&#13;
&#13;
hui (N° 6, enero de 1950, dedicado a Kan­-&#13;
&#13;
dinsky) en manos de todos los aficionados,&#13;
&#13;
en el libro editado por Skira: “De Picasso&#13;
&#13;
au Surréalisme” (1950) y en la revista ita­-&#13;
&#13;
liana Forma (N° 2, 1950), editada en Roma.&#13;
&#13;
Todas estas bio-bibliografías sistematizadas&#13;
&#13;
han sido redactadas personalmente por Nina&#13;
&#13;
Kandinsky y no teniendo los textos origi­-&#13;
&#13;
nales en la mano son las únicas fuentes&#13;
&#13;
irreprochables hasta la fecha.&#13;
&#13;
 Pero volvamos a su fuente de informa­-&#13;
&#13;
ción: dice Hilla Rebay en la pág. 91 de&#13;
&#13;
esa publicación: Some non objective pain-&#13;
&#13;
tings reproduced in his first Auto biography&#13;
&#13;
(written 1910 in Germán, published 1912)&#13;
&#13;
he called “Gegenstandslos” or literally&#13;
&#13;
translated “object without” ... (Algunas&#13;
&#13;
pinturas no objetivas reproducidas en su&#13;
&#13;
primera Autobiografía —escrita en alemán&#13;
&#13;
en 1910, publicada en 1912— las llamó&#13;
&#13;
“Gegenstandslos” o traducido literalmente&#13;
&#13;
“sin objeto” ...)&#13;
&#13;
Es visible la coincidencia casi literal con&#13;
&#13;
la mención en su carta, y como ninguna otra&#13;
&#13;
persona en el mundo ha dicho tales cosas,&#13;
&#13;
salvo Hilla Rebay y después usted, no es&#13;
&#13;
aventurado pensar que la fuente de infor­-&#13;
&#13;
mación por usted utilizada es ésa. Ahora&#13;
&#13;
bien, sospecho que de haber usted leído&#13;
&#13;
unas líneas más adelante en la misma nota&#13;
&#13;
de Hilla Rebay le hubieran entrado inten-­&#13;
&#13;
sas dudas sobre la seriedad de la autora.&#13;
&#13;
En efecto, tres párrafos más allá del arriba&#13;
&#13;
citado (pág. 92) dice lo siguiente: Also a&#13;
&#13;
Kandinsky Album appeared in a “Der&#13;
&#13;
Sturm” (The Tempest) publication with his&#13;
&#13;
first autobiography written in 1912 and edi-&#13;
&#13;
ted in 1913. (También un álbum Kandinsky&#13;
&#13;
apareció en una publicación “Der Sturm’&#13;
&#13;
(La Tempestad) con su primera autobio­-&#13;
&#13;
grafía escrita en 1912 y editada en 1913.)&#13;
&#13;
Quiere decir que con el escaso intervalo&#13;
&#13;
de unas líneas la misma obra de Kandinsky&#13;
&#13;
ha sido escrita y publicada en dos fechas&#13;
&#13;
distintas. Es el caso más formidable no&#13;
&#13;
sólo de insolvencia total sino de olvido ins-­&#13;
&#13;
tantáneo y confusión mental que pueda dal­&#13;
&#13;
la palabra escrita. Esa es la “seria” fuente&#13;
&#13;
de información que usted ha utilizado.&#13;
&#13;
Ante todo destaquemos claramente que&#13;
&#13;
la discusión se establece sobre la prioridad&#13;
&#13;
en el uso de la denominación no-objetivo&#13;
&#13;
como equivalente de abstracto, porque sim­-&#13;
&#13;
ples teorizaciones en torno a la no impor­-&#13;
&#13;
tancia del objeto en pintura se remontan ya&#13;
&#13;
a Platón, y en los tiempos modernos exis­-&#13;
&#13;
ten desde Baudelaire, los impresionistas,&#13;
&#13;
Denis, Apollinaire, los cubistas, etc. y es­&#13;
&#13;
pecialmente Worringer que, sin duda nin­-&#13;
&#13;
guna, inspiró a Kandinsky.&#13;
&#13;
 Aclarado bien esto, si recurrimos ahora&#13;
&#13;
al texto de la autobiografía de Kandinsky&#13;
&#13;
(nos referimos a la única existente, la pu-­&#13;
&#13;
blicada en 1913) utilizando la traducción&#13;
&#13;
francesa de Gabrielle Buffet-Picabia (Ed.&#13;
&#13;
René Drouin. París. 1916) revisada por Ni­-&#13;
&#13;
na Kandinsky, observamos que no men­-&#13;
&#13;
ciona para nada el término “no-objetivo” .&#13;
&#13;
Tampoco aparece en ningún momento en la&#13;
&#13;
traducción hecha de la versión rusa por&#13;
&#13;
Boris Berg y publicada en el volumen In&#13;
&#13;
Memoriam que usted posee. Ambas versio­-&#13;
&#13;
nes son prácticamente coincidentes.&#13;
&#13;
Tampoco se menciona el término no-&#13;
&#13;
objetivo en su libro “ De lo espiritual en el&#13;
&#13;
arte” según la traducción inglesa más re-­&#13;
&#13;
ciente (Concerning the Spiritual in Art.&#13;
&#13;
Ed. Wittenborn, Schultz. New York, 1947)&#13;
&#13;
única autorizada y controlada por Nina&#13;
&#13;
Kandinsky.&#13;
&#13;
Y ahora entremos a analizar las razo-­&#13;
&#13;
nes que sin duda movieron a Hilla Rebay&#13;
&#13;
para adjudicar la paternidad del término&#13;
&#13;
“no-objetivo” a la suprema autoridad de&#13;
&#13;
Kandinsky. El nombre de Museo de Arte&#13;
&#13;
No-objetivo con que se bautizó la desigual&#13;
&#13;
colección abstracta creada en torno al gran&#13;
&#13;
número de obras de Kandinsky que poseía&#13;
&#13;
la Fundación Solomon R. Guggenheim, le­-&#13;
&#13;
vantó un sin número de críticas debido a&#13;
&#13;
la ambigüedad del término, mala traduc­-&#13;
&#13;
ción de la palabra alemana Gegenstandslos&#13;
&#13;
(literalmente “sin objeto”). Para resumir&#13;
&#13;
las críticas démosle la palabra a Albers&#13;
&#13;
quien, al hacer un análisis de las nomen­-&#13;
&#13;
claturas propuestas dice (American Abstract&#13;
&#13;
Artists. New York, 1946) : “El más im­-&#13;
&#13;
propio de todos los adjetivos aplicados al&#13;
&#13;
arte es el de “no-objetivo”. Aparece de&#13;
&#13;
entrada como una versión incorrecta de la&#13;
&#13;
palabra alemana “ gegenstandlos” que signi­-&#13;
&#13;
fica en su traducción estricta: “sin objeto” .&#13;
&#13;
Pero “no-objetivo” implica más claramente&#13;
&#13;
“sin objetivo” tanto como “subjetivo”. Ta-­&#13;
&#13;
les implicaciones no sólo crean una confu-­&#13;
&#13;
sión de sentido sino que son directamente&#13;
&#13;
erróneas. Creo que no es necesario seguir&#13;
&#13;
discutiéndolas’.&#13;
&#13;
 Hilla Rebay en su desesperación por bus­-&#13;
&#13;
car antecedentes a la palabra no-objetivo&#13;
&#13;
llega (en uno de los pequeños catálogos del&#13;
&#13;
Museo) a atribuirle el origen a un maes­-&#13;
&#13;
tro chino de la dinastía Tang en el año 600.&#13;
&#13;
Al margen de esto y para definir la per­-&#13;
&#13;
sonalidad de esta señora destaquemos otra&#13;
&#13;
de sus “genialidades”: la de querer colocar&#13;
&#13;
solapadamente la obra de Bauer, mediocre&#13;
&#13;
imitador de Kandinsky, por encima de la&#13;
&#13;
de éste.&#13;
&#13;
 Abandonando los problemas particulares&#13;
&#13;
de Hilla Rebay, puede asegurarse que nin­-&#13;
&#13;
guno de los comentaristas ha visto la in­-&#13;
&#13;
tención de Kandinsky de designar al arte&#13;
&#13;
llamado abstracto como no-objetivo en sus&#13;
&#13;
primeras obras. Desde el primer libro sobre&#13;
&#13;
el artistas publicado por Hugo Zehder (Ru-&#13;
&#13;
dolf Kaemmerer Verlag. Dresden, 1920) pa-­&#13;
&#13;
sando por los libros colectivos de Debrun-&#13;
&#13;
ner (Wir enldecken Kandisky. Ed. Origo.&#13;
&#13;
Zúrich, sin fecha) y el reciente de Max&#13;
&#13;
Bill: Kandinsky (Maeght. París 1951), así&#13;
&#13;
como los numerosos ensayos de Grohmann,&#13;
&#13;
Seuphor, C. Giedion Welcker, Marcel Ar-&#13;
&#13;
land, Feininger, etc., nadie ni siquiera su­-&#13;
&#13;
giere que Kandinsky haya tenido intención&#13;
&#13;
de designar desde sus primeras obras la&#13;
&#13;
pintura abstracta como no objetiva. Toda&#13;
&#13;
esta bibliografía la pongo a su disposición.&#13;
&#13;
Durante mucho tiempo, cuando se refería&#13;
&#13;
a su pintura Kandinsky la llamaba abstrac-­&#13;
&#13;
ta (cosa que puede comprobar leyendo la&#13;
&#13;
primera carta a Hilla Rebay que se publica&#13;
&#13;
en el catálogo que usted tiene entre ma­-&#13;
&#13;
nos) hasta que por primera vez en 1937,&#13;
&#13;
en una carta dirigida a Madame Irmgard&#13;
&#13;
Burchard (citada por Peter Thoene: Mo-&#13;
&#13;
dern German Art. Penguin Books Limi­-&#13;
&#13;
ted. London. 1938, pág. 76) decide llamarla&#13;
&#13;
concreta. Tal designación es motivo del&#13;
&#13;
artículo “Arte concreto” publicado por&#13;
&#13;
Kandinsky en la revista “XX° siècle (1938.&#13;
&#13;
N° 2).&#13;
&#13;
Es cierto que Kandinsky estaba cada vez&#13;
&#13;
menos satisfecho con el término abstracto&#13;
&#13;
que implicaba una referencia a la realidad&#13;
&#13;
natural y en sus cartas del período de&#13;
&#13;
París (1934 en adelante) llega a utilizar&#13;
&#13;
indiferentemente los términos entonces en&#13;
&#13;
uso de abstracto, no figurativo y aún no&#13;
&#13;
objetivo (ya circulando ampliamente en&#13;
&#13;
Alemania).&#13;
&#13;
 Volviendo ahora al origen de la desig­-&#13;
&#13;
nación no objetivo no queda ninguna duda&#13;
&#13;
que fué Rodchenko el primero en usarla&#13;
&#13;
con carácter de nomenclatura. En el libro&#13;
&#13;
de Alfred H. Barr (jr): Cubism and&#13;
&#13;
Abstract Art (The Museum of Modern Art.&#13;
&#13;
New York, 1936) se menciona por prime-­&#13;
&#13;
ra vez la palabra no-objetivo en la página&#13;
&#13;
126, donde dice literalmente: “Malevich&#13;
&#13;
fué el centro de un amplio círculo de&#13;
&#13;
jóvenes artistas, algunos de las cuales bajo&#13;
&#13;
la dirección de Alejandro Rodchenko for-­&#13;
&#13;
maron un grupo cismático que se designó&#13;
&#13;
a sí mismo no-objetivista. Desde 1914 hizo&#13;
&#13;
Rodchenko composiciones geométricas usan­-&#13;
&#13;
do exclusivamente compás y regla” .&#13;
&#13;
Cómo se ve Rodchenko inicia un pro­-&#13;
&#13;
cedimiento de ejecución que más adelante&#13;
&#13;
debía culminar en lo que Van Doesburg&#13;
&#13;
llamaría arte concreto. Justamente la deno­-&#13;
&#13;
minación no-objetivo designaba un tipo de&#13;
&#13;
pintura que era exactamente lo opuesto de&#13;
&#13;
la que hacía entonces Kandinsky. La mane-­&#13;
&#13;
ra de éste la denominaban los críticos de la&#13;
&#13;
época expresionismo abstracto. La base teó-­&#13;
&#13;
rica formalista de Malevich y sus discí­-&#13;
&#13;
pulos y la orientación puramente geomé­-&#13;
&#13;
trica de la pintura rusa se oponía a la con­-&#13;
&#13;
cepción espiritualista y a las formas orgáni­&#13;
&#13;
cas (procedentes de la abstracción expresiva&#13;
&#13;
de formas naturales) utilizadas por Kan­-&#13;
&#13;
dinsky. Fué en realidad éste el que sufrió&#13;
&#13;
el influjo en la escuela rusa (afirmado por&#13;
&#13;
Barr, pág. 68 de la obra citada), derivando&#13;
&#13;
gradualmente su pintura hacia una con­-&#13;
&#13;
cepción geométrica (período de Kandins-­&#13;
&#13;
ky al que se suele llamar constructivista o&#13;
&#13;
no-objetivo) que tuvo su completo des­-&#13;
&#13;
arrollo durante su estada en la Baubaus.&#13;
&#13;
De lo dicho se deduce que los términos&#13;
&#13;
arte abstracto y arte no-objetivo resultaron&#13;
&#13;
en sus orígenes no sinónimos sino opuestos&#13;
&#13;
y en esta forma lo siguieron usando los&#13;
&#13;
artistas de la primera hora, como por ejem­-&#13;
&#13;
plo Moholy-Nagy, hasta época muy recien­-&#13;
&#13;
te; en su libro “ Vision in Motion” (Paul&#13;
&#13;
Theobald. Chicago, 1947) dice en la pág.&#13;
&#13;
141 (nota marginal) : “hay una tendencia a&#13;
&#13;
reunir bajo el rótulo de abstracta la pin­-&#13;
&#13;
tura que parte de la naturaleza y bajo el&#13;
&#13;
rótulo de no-objetiva toda aquella en la&#13;
&#13;
que no existen rastros de punto de parti­-&#13;
&#13;
da natural” .&#13;
&#13;
Si alguien inspiró a Rodchenko la de­&#13;
&#13;
nominación por él utilizada no hay duda&#13;
&#13;
ninguna que ese fué su maestro Malevich.&#13;
&#13;
En 1927 se publica en la serie de libros&#13;
&#13;
de la Bauhaus ( N° 11) la traducción de&#13;
&#13;
los escritos de ese artista con el título “Die&#13;
&#13;
gegenstandslose Welt” (El mundo no-obje-&#13;
&#13;
tivo). El libro, que tuvo gran difusión,&#13;
&#13;
como todos los de la Bauhaus, inicia la&#13;
&#13;
boga que tuvo en Alemania la designación&#13;
&#13;
en cuestión. Allí dice Malevich (citado por&#13;
&#13;
Barr) : “En 1913 en mi desesperada lucha&#13;
&#13;
por liberar al arte de la carga del mundo&#13;
&#13;
objetivo me reduje a la forma del cua­-&#13;
&#13;
drado y exhibí una pintura que no era&#13;
&#13;
más que un cuadrado negro sobre fondo&#13;
&#13;
blanco. No era un cuadrado vacío lo que&#13;
&#13;
había exhibido sino la experiencia de la&#13;
&#13;
no-objetividad”. La fecha que da Barr co-­&#13;
&#13;
mo comienzo del grupo no-objetivo de&#13;
&#13;
Rodchenko es la de 1915; otros autores&#13;
&#13;
dan 1914 (en mi nota hablaba yo de 1918,&#13;
&#13;
que corresponde más bien al período de&#13;
&#13;
culminación del grupo de no-objetivistas,&#13;
&#13;
que al año siguiente se fusionaría con el&#13;
&#13;
de los constructivistas).&#13;
&#13;
2) El no querer considerar a los pintores&#13;
&#13;
que usted menciona (excluyo el caso de&#13;
&#13;
Del Prele, único precursor real) como abs­-&#13;
&#13;
tractos no es un caso de apreciación indi­-&#13;
&#13;
vidual sino el respeto por una perfecta y&#13;
&#13;
precisa convención idiomática que establece&#13;
&#13;
el hecho de las nomenclaturas en cualquier&#13;
&#13;
especialidad. Mediante esas convenciones&#13;
&#13;
bien determinadas se entienden perfecta­-&#13;
&#13;
mente todos los que hablan utilizando una&#13;
&#13;
terminología especializada. Pero todavía&#13;
&#13;
&#13;
EDICIONES de&#13;
&#13;
LOSANGE&#13;
&#13;
BOLSA DE COMERCIO&#13;
&#13;
Oficina N° 213&#13;
&#13;
&#13;
PUBLICACIONES&#13;
&#13;
PERIODICAS&#13;
&#13;
TEATRALES&#13;
&#13;
GEORGES NEVEUX:&#13;
&#13;
Demanda contra Desconocido ................................. $ 10 .—&#13;
&#13;
El más reciente de los grandes éxitos de la escena europea.&#13;
&#13;
FEDERICO GARCIA LORCA:&#13;
&#13;
Títeres de Cachiporra ............................................ $ 8.—&#13;
&#13;
Inédita en Buenos Aires.&#13;
&#13;
GEORG BÜCHNER:&#13;
&#13;
Woyzeck ...................................................................... $ 8.—&#13;
&#13;
Texto original de la obra estrenada en el teatro&#13;
&#13;
Colón en 1952.&#13;
&#13;
HEINRICH VON KLEIST :&#13;
&#13;
El Príncipe de Homburgo ...................................... $ 10 .—&#13;
&#13;
&#13;
DISTRIBUYEN:&#13;
&#13;
TEATRO&#13;
&#13;
COE PLA - ENTRE RIOS 1256&#13;
&#13;
BAJEL&#13;
&#13;
-&#13;
&#13;
MAIPU 356&#13;
&#13;
&#13;
&#13;
&#13;
LETRA Y LINEA                                                                                                                   14&#13;
&#13;
&#13;
más precisa que la expresión abstracto es&#13;
&#13;
la de no-objetivo que usted utiliza y que&#13;
&#13;
más arriba hemos visto significar una pin­-&#13;
&#13;
tura que prescinde totalmente de todo pun-­&#13;
&#13;
to de partida natural. En esas condiciones&#13;
&#13;
considerar a Pettorutti como no-objetivo es&#13;
&#13;
imposible, y clasificarlo como abstracto&#13;
&#13;
equivaldrá a considerar a toda la pintura&#13;
&#13;
universal en las mismas condiciones, por&#13;
&#13;
el hecho elemental y ya ampliamente estu­-&#13;
&#13;
diado por Worringer, de que todo artista,&#13;
&#13;
en cualquier época, al recrear la realidad&#13;
&#13;
utiliza en mayor o menor escala elementos&#13;
&#13;
de abstracción. ¿Por qué no considerarlo&#13;
&#13;
simplemente como cubista o neocubista de­&#13;
&#13;
signación que es la que le corresponde exac­-&#13;
&#13;
tamente?&#13;
&#13;
 Por otra parte hasta los diccionarios co­-&#13;
&#13;
munes ya nos dan definiciones bastante&#13;
&#13;
precisas de todos estos términos.&#13;
&#13;
Finalmente dos palabras sobre la expre­-&#13;
&#13;
sión “crítico bisoño” que me toca personal­-&#13;
&#13;
mente: me niego rotundamente a aceptar&#13;
&#13;
la designación de crítico, tan manoseada&#13;
&#13;
por incapaces e improvisados. En cuanto a&#13;
&#13;
bisoño, no es extraño (dada su “seriedad’&#13;
&#13;
informativa) que entre otras cosas usted&#13;
&#13;
ignore que desde hace muchos años (desde&#13;
&#13;
1928) me ha preocupado el estudio y difu-­&#13;
&#13;
sión de los problemas de la pintura moder­-&#13;
&#13;
na (cosa que conocen perfectamente los&#13;
&#13;
aficionados y artistas que se interesan por&#13;
&#13;
las nuevas corrientes en el arte.)&#13;
&#13;
 De todos modos le ofrezco generosamente&#13;
&#13;
estas informaciones por si alguna de ellas&#13;
&#13;
puede serle útil para remozar su vetenaría.&#13;
&#13;
&#13;
ALDO PELLEGRINI&#13;
&#13;
&#13;
BRUNO VENIER&#13;
&#13;
&#13;
 Resuelto en la ejecución, con un tempe-­&#13;
&#13;
ramento desbordante, conjugador de gamas&#13;
&#13;
violentas, de colores mordientes que a ve­-&#13;
&#13;
ces rodean zonas de suave lirismo, cons­-&#13;
&#13;
tructor de formas simples pero incisivas,&#13;
&#13;
encarnando más en el trazo subitáneo que&#13;
&#13;
en la línea demorada o reflexiva, Bruno&#13;
&#13;
Venier va creando una obra de perfiles pro-­&#13;
&#13;
pios y, lo que es más importante, abierta&#13;
&#13;
a la posibilidad de nuevos encuentros. En&#13;
&#13;
la muestra realizada en noviembre en la&#13;
&#13;
galería Plástica vuelve a reconocerse en él&#13;
&#13;
esa virtud de organizador eufórico de la&#13;
&#13;
superficie, esa condición de “catador” de&#13;
&#13;
calidades, al cual le basta un tema elemen-­&#13;
&#13;
tal para suscitar las espléndidas reverbera­-&#13;
&#13;
ciones de sus dones plásticos. La experien­-&#13;
&#13;
cia “fauve” y la experiencia cubista crean&#13;
&#13;
una singular combinación en la pintura de&#13;
&#13;
Venier. Es bien visible en muchas de sus&#13;
&#13;
obras la realización de un fondo planimé­-&#13;
&#13;
tricamente concebido, con colores sensible­&#13;
&#13;
mente relacionados, sobre el cual el artista&#13;
&#13;
proyecta una caligrafía nerviosa, compleja&#13;
&#13;
a veces, con el negro o un valor acorde&#13;
&#13;
como dominante. Por eso a veces el pen-­&#13;
&#13;
samiento y la pasión parecen pugnar entre&#13;
&#13;
sí en sus cuadros buscando la supremacía.&#13;
&#13;
Venier por lo general concede más a la se-­&#13;
&#13;
gunda perdiendo, entonces, en valor analí­-&#13;
&#13;
tico lo que gana en potencia expresiva. Pero&#13;
&#13;
cuando este artista —uno de los más repre­&#13;
&#13;
sentativos de la nueva pintura argentina—&#13;
&#13;
logra concertar, en viviente equilibrio esas&#13;
&#13;
dos formas de su ver plástico nos da obras&#13;
&#13;
de una rara madurez. Así en esta exposición&#13;
&#13;
de Plástica nos detuvieron obras alentadas&#13;
&#13;
por una extraña poesía, como en sus noc­-&#13;
&#13;
turnos, o animadas por una imaginería tí­-&#13;
&#13;
pica, como en sus máscaras. Pero lírico o&#13;
&#13;
patético, violento o tierno, complicado o&#13;
&#13;
complejo, Venier deja siempre claramente&#13;
&#13;
manifestada su condición neta de pintor,&#13;
&#13;
de artista que ama primaria y esencialmen-­&#13;
&#13;
te los elementos de su arte y que supedita&#13;
&#13;
siempre a estos cualquier otro requeri­-&#13;
&#13;
miento forastero.&#13;
&#13;
&#13;
Ernesto B. Rodríguez&#13;
&#13;
&#13;
MARIO DARIO GRANDI&#13;
&#13;
&#13;
 Hace ya largo tiempo —casi una década&#13;
&#13;
cuando nos ocupamos por primera vez del&#13;
&#13;
arte de Grandi en el memorable periódico&#13;
&#13;
“Correo Literario” —que supo generosa-&#13;
&#13;
­mente abrir sus páginas a la presentación&#13;
&#13;
de nuevos valores—señalamos su devoción&#13;
&#13;
fiel e insobornable por esa materia tenue&#13;
&#13;
que es el pastel y a la cual él sabía sacar&#13;
&#13;
un partido insospechado. Seguro, pulcro has-&#13;
&#13;
ta lo minucioso, hacía surgir sus figuras&#13;
&#13;
displicentes o melancólicas —algo relacio-&#13;
&#13;
­nadas con el espíritu y las formas de Mo-&#13;
&#13;
digliani— dentro de una atmósfera de pai­-&#13;
&#13;
saje suburbano. Ese mundo de un intimismo&#13;
&#13;
característico —que Grandi reflejaba poé-&#13;
&#13;
ti­camente más que construía en sus cuadros,&#13;
&#13;
a través de un dibujo ceñido pero sin vi-&#13;
&#13;
­bración—aparece ahora con su vieja tónica&#13;
&#13;
espiritual pero encarnando en una materia&#13;
&#13;
de tramas más enérgicas, donde los acentos&#13;
&#13;
de color y de forma reviven, a veces, cierta&#13;
&#13;
voluntad expresionista. En efecto, Grandi&#13;
&#13;
ha variado notablemente su alfabeto plásti­-&#13;
&#13;
co, y de cuidadoso proyector de imágenes,&#13;
&#13;
del detallismo original a que se entregaba&#13;
&#13;
su mano, punteando con el pastel o la tiza&#13;
&#13;
delicadas calidades, llega ahora a la amplia&#13;
&#13;
visión de color y al trazo sintético y enér-&#13;
&#13;
­gico, buscando una mayor economía de ma-&#13;
&#13;
­teria en sus representaciones. Y si bien&#13;
&#13;
—técnicamente hablando— testimonios hay&#13;
&#13;
en esta muestra que se asoman a su labor&#13;
&#13;
de ayer (ejemplo sus dos “desnudos” ), el&#13;
&#13;
resto de sus obras hablan un lenguaje más&#13;
&#13;
desgarrado, más vehemente, venido de ese&#13;
&#13;
nivel donde los elementos de la pintura&#13;
&#13;
fermentan y hay que cazarlos con cierta&#13;
&#13;
peligrosidad. Obras como “Mujer tejiendo”,&#13;
&#13;
“Guitarrero” , “Muchacho con flores” y “Re-&#13;
&#13;
­quiebro” cabalizan de manera ejemplar lo&#13;
&#13;
antedicho, y testimonian, también, de qué&#13;
&#13;
manera Grandi logra conservar por encima&#13;
&#13;
de la transformación material su antigua&#13;
&#13;
línea expresiva, el tono fundamental de su&#13;
&#13;
 mundo interior.&#13;
&#13;
E. B. R.&#13;
&#13;
&#13;
FOTOGRAMAS DE SIGRID VON&#13;
&#13;
SCHWEINITZ (Galería Galatea)&#13;
&#13;
&#13;
Más aún que la fotografía, el fotograma&#13;
&#13;
se sitúa cómodamente en los dominios del&#13;
&#13;
arte. Los fotogramas expuestos en Galatea&#13;
&#13;
alcanzan la categoría de verdaderos cuadros&#13;
&#13;
en blanco y negro. La luz constituye en&#13;
&#13;
ellos el elemento dominante, el instrumen-&#13;
&#13;
­to utilizado por el artista, que controla me­-&#13;
&#13;
diante el uso de intensidades variables de&#13;
&#13;
luz, el tiempo de exposición y los trucos&#13;
&#13;
de revelado. Se trabaja de ese modo con&#13;
&#13;
un azar sabiamente controlado.&#13;
&#13;
 De los objetos utilizados para impresio-&#13;
&#13;
­nar la placa sensible se aprovechan sólo&#13;
&#13;
sus masas y su comportamiento frente a la&#13;
&#13;
luz en cuanto a las cualidades de absorción&#13;
&#13;
o transparencia. Así obtiene las áreas o for-&#13;
&#13;
mas que entrarán en la composición del&#13;
&#13;
fotograma o contribuirán a crear las mo­-&#13;
&#13;
dalidades de textura.&#13;
&#13;
 El resultado ha sido, en el caso de Sigrid&#13;
&#13;
von Schweinitz, realmente sorprendente.&#13;
&#13;
Manejando con destreza una técnica de es-&#13;
&#13;
­casas posibilidades aparentes, obtiene una&#13;
&#13;
composición equilibrada, organiza activos&#13;
&#13;
ritmos de formas y logra las más extraordi­-&#13;
&#13;
narias calidades de grises y efectos de tex-&#13;
&#13;
­tura que pueda dar la técnica pictórica en&#13;
&#13;
blanco y negro más depurada.&#13;
&#13;
 Se trata de una exposición excepcional&#13;
&#13;
que nos ha revelado la amplitud de posi-&#13;
&#13;
­bilidades en una técnica que parecía ha-&#13;
&#13;
­berse agotado con las obras de los dos&#13;
&#13;
grandes maestros y creadores del género:&#13;
&#13;
Man Ray y Moholy-Nagy.&#13;
&#13;
A. P.&#13;
&#13;
&#13;
CINE&#13;
&#13;
&#13;
LAS CHICAS DE PLAZA ESPAÑA&#13;
&#13;
&#13;
 "El neorrealismo ha muerto”, proclaman&#13;
&#13;
categóricamente los críticos europeos. Ellos&#13;
&#13;
tienen mejores elementos de juicio para opi­-&#13;
&#13;
nar pues han visto mucho más que nosotros.&#13;
&#13;
Si bien desconocemos grandes películas co-­&#13;
&#13;
mo “La terra trema”, “Bellisima”, “Miraco-&#13;
&#13;
lo a Milano” , “El camino de la esperanza”,&#13;
&#13;
que corresponden a fechas diversas y abar-­&#13;
&#13;
can los distintos períodos que atraviesa esta&#13;
&#13;
modalidad, también ignoramos por suerte,&#13;
&#13;
gran cantidad de obras mediocres que ge-­&#13;
&#13;
neralmente no cruzan las fronteras.&#13;
&#13;
La influencia de este tipo de películas&#13;
&#13;
fáciles es considerable en Italia y el públi­-&#13;
&#13;
co parece inclinarse al entretenimiento ino-­&#13;
&#13;
cuo, luego de la sacudida tremenda de la&#13;
&#13;
postguerra, que permitió a auténticos talen­-&#13;
&#13;
tos expresarse libremente y apoyarse en la&#13;
&#13;
candente realidad sin cortapisas ni conven­-&#13;
&#13;
ciones de ninguna clase. A la inclinación&#13;
&#13;
de la industria a satisfacer los bajos niveles&#13;
&#13;
de otrora se sumó acierta desorientación en&#13;
&#13;
los principales creadores. El momento épi­-&#13;
&#13;
co había pasado, y era difícil realizar obras&#13;
&#13;
importantes y estimular la inspiración con&#13;
&#13;
las realidades cotidianas. Algunos elegieron&#13;
&#13;
la vía escapista como Rosellini; otros co­-&#13;
&#13;
mo De Sica y Zavattini, evolucionaron hacia&#13;
&#13;
formas más profundas, buscando expresar&#13;
&#13;
en los más pequeños sucesos su complejidad&#13;
&#13;
vital mediante el análisis exhaustivo de&#13;
&#13;
toda sus implicaciones. Puede esperarse mu­-&#13;
&#13;
cho aún de los geniales creadores de “Um-&#13;
&#13;
berto D”. Por último hubo realizadores de&#13;
&#13;
innegable talento que conservaron una téc­-&#13;
&#13;
nica documental pero limitaron su visión a&#13;
&#13;
la faz superficial, pintoresca, de la realidad.&#13;
&#13;
Entre éstos se encuentra Emmer. En su&#13;
&#13;
primera obra de largo metraje (anterior­-&#13;
&#13;
mente había filmado documentales de arte&#13;
&#13;
con Enrico Gras) “Un domingo de vera­-&#13;
&#13;
no”, la visión era tan ágil, veloz y hábil­-&#13;
&#13;
mente compuesta que trascendía y ocultaba&#13;
&#13;
exitosamente la superficialidad interna. En&#13;
&#13;
“París es siempre París” , y la que comen-­&#13;
&#13;
tamos, ha disminuido (especialmente en esta&#13;
&#13;
última) la calidad formal y se ha puesto de&#13;
&#13;
relieve su trivialidad. Esta trivialidad es&#13;
&#13;
particularmente notable en “Las chichas de&#13;
&#13;
Plaza España”, donde los sucesos son mí­-&#13;
&#13;
nimos en sí y en el tratamiento. Lo que&#13;
&#13;
salva al neorrealismo es que toma hechos&#13;
&#13;
comunes pero los analiza con una concep­-&#13;
&#13;
ción no convencional, apartándose de la&#13;
&#13;
historieta trillada y del pintoresquismo po­-&#13;
&#13;
pular. En cambio, las historias paralelas de&#13;
&#13;
esta película quedan encuadradas en una&#13;
&#13;
básica falta de interés, agravadas por los&#13;
&#13;
lugares comunes de la sensiblería. No debe&#13;
&#13;
confundirse sencillez, con elementalismo.&#13;
&#13;
El tratamiento cinematográfico es análo­-&#13;
&#13;
go al de las obras anteriores: historias pa-­&#13;
&#13;
ralelas, búsqueda de la simultaneidad con&#13;
&#13;
rápidos cambios de escena y acción, sin&#13;
&#13;
fundidos u otra puntuación que interrumpa&#13;
&#13;
la rapidez necesaria para que el ritmo no&#13;
&#13;
decaiga. Debe señalarse que si se conservan&#13;
&#13;
en parte las cualidades de Emmer para lle­-&#13;
&#13;
var ágilmente las distintas acciones, éstas&#13;
&#13;
languidecen frecuentemente, interrumpidas&#13;
&#13;
por diálogos abundantes. La esencial bana-­&#13;
&#13;
lidad de las situaciones —agravadas por la&#13;
&#13;
presencia de un personaje-relator, abso­-&#13;
&#13;
lutamente innecesario, y que inicia y termi­-&#13;
&#13;
na la obra con consideraciones sumamente&#13;
&#13;
cursis— se agrega a un defecto imperdona-­&#13;
&#13;
ble en este tipo de entretenimiento: es bas­-&#13;
&#13;
tante aburrida.&#13;
&#13;
J. A. Mahieu&#13;
&#13;
&#13;
SU PRIMER MILLON&#13;
&#13;
 Los estudios Ealing, cuya dirección artís-­&#13;
&#13;
tica ejerce Sir Michael Balcon, han evitado&#13;
&#13;
en sus producciones el ruinoso camino in-­&#13;
&#13;
dicado por Rank a las otras compañías. En&#13;
&#13;
lugar de competir —inútilmente— con Hol-­&#13;
&#13;
lywood, en estrellas, grandes presupuestos y&#13;
&#13;
equivalente grandilocuencia huera, se pre­-&#13;
&#13;
firió aumentar la calidad sin realizar gran­-&#13;
&#13;
des gastos materiales, enfocando ambientes&#13;
&#13;
y asuntos típicamente ingleses pero sin caer&#13;
&#13;
en un localismo barato; además, gracias a&#13;
&#13;
un grupo homogéneo de libretistas y direc­-&#13;
&#13;
tores talentosos y con suficiente libertad&#13;
&#13;
individual de expresión, como T. E. B. Clar-&#13;
&#13;
ke, Cavalcanti, Thorold Dickinson, Harry&#13;
&#13;
Watt, Charles Frend, Robert Hamer, Ma-&#13;
&#13;
ckendrick, Crichton y otros, pudo crearse&#13;
&#13;
un estilo característico, que debe mucho a&#13;
&#13;
la magnífica escuela documental encabezada&#13;
&#13;
por Grierson.&#13;
&#13;
 Esta excelente película (1) cuya comici-&#13;
&#13;
dad alcanza niveles cercanos a la genialidad&#13;
&#13;
puede considerarse como un ejemplo bri­-&#13;
&#13;
llante de la características citadas. El argu-­&#13;
&#13;
mentista Clarke, cuya fórmula es según&#13;
&#13;
Lambert, “lo normal ultrajado por lo no&#13;
&#13;
familiar” ha concebido la obra en términos&#13;
&#13;
dinámicamente cinematográficos. La fanta-­&#13;
&#13;
sía, el aire vertiginoso de farsa impreso a&#13;
&#13;
las peripecias paradójicas del fiel emplea­-&#13;
&#13;
do de banco (que roba lingotes de oro y&#13;
&#13;
en combinación con un original fabricante&#13;
&#13;
de recuerdos turísticos, los lleva a París de&#13;
&#13;
contrabando convertidos en forma insospe-­&#13;
&#13;
chable), se combina con extraordinaria&#13;
&#13;
frescura e inagotable invención de situa­-&#13;
&#13;
ciones a una sátira mordaz e ingeniosa y un&#13;
&#13;
realismo de tipos y ambientes cuyo localis-­&#13;
&#13;
mo tan lleno de matices logra sin embargo&#13;
&#13;
 (1) La considerable severidad de los juicios emi-­&#13;
&#13;
tidos en los comentarios de las películas tratadas&#13;
&#13;
más arriba no impide que aquéllas hayan sido ele- ­&#13;
&#13;
gidas por un criterio estrictamente cualitativo: es&#13;
&#13;
decir, las consideramos superiores a las demás exhi-­&#13;
&#13;
bidas. En este caso los elogios son mayores y las&#13;
&#13;
tachas mínimas. Por lo tanto puede suponerse en&#13;
&#13;
qué nivel es colocada.&#13;
&#13;
&#13;
Ultimos éxitos de&#13;
&#13;
GRANDES NOVELISTAS&#13;
&#13;
FLECHA EN EL AZUL&#13;
&#13;
por&#13;
&#13;
ARTHUR KOESTLER&#13;
&#13;
Como casi todos los libros de Koestler, tiene éste un incom­-&#13;
&#13;
parable valor autobiográfico, testimonio de un hombre del si­-&#13;
&#13;
glo xx, llevado y traído por las tormentas que son signo de&#13;
&#13;
nuestro tiempo&#13;
&#13;
&#13;
................................................................................................. $24..—&#13;
&#13;
&#13;
EL JUEGO&#13;
&#13;
por&#13;
&#13;
CARLO CÓCCIOLI&#13;
&#13;
El juego del amor, el desencuentro irremediable de las almas,&#13;
&#13;
la angustia y la impotencia que conducen a la soledad; la re­-&#13;
&#13;
beldía o la aceptación del propio destino, son temas que com-­&#13;
&#13;
ponen la trama de esta nueva novela del autor de El cielo y la&#13;
&#13;
tierra ................................................................................................. $ 18.—&#13;
&#13;
&#13;
LA  INVITADA&#13;
&#13;
por&#13;
&#13;
SIMONE DE BEAUVOIR&#13;
&#13;
Como lo ha reconocido la crítica universal, Simone de Beauvoir&#13;
&#13;
no ha superado aún su eximia creación de La invitada . .  $28.—&#13;
&#13;
&#13;
LA NIEVE ESTA DE DUELO&#13;
&#13;
por&#13;
&#13;
HENRI TROYAT&#13;
&#13;
Novela que coloca al autor en la más alta jerarquía de las&#13;
&#13;
letras francesas. Gran Premio literario de Mónaco.......... $16.—&#13;
&#13;
&#13;
MISA SIN NOMBRE&#13;
&#13;
por&#13;
&#13;
ERNST WIECHERT&#13;
&#13;
Ante los escombros de su patria en ruinas, el poeta y escritor&#13;
&#13;
alemán Ernst Wiechert, recientemente fallecido, escribió este&#13;
&#13;
libro como testimonio de una época trágica, de cuyos tonos&#13;
&#13;
sombríos hizo surgir, sin embargo, un canto de serenidad y&#13;
&#13;
esperanza .......................................................................$25.—&#13;
&#13;
&#13;
EMECÉ EDITORES, S.A.&#13;
&#13;
SAN MARTIN 427 - T.E. 32-1695 - BUENOS AIRES&#13;
&#13;
&#13;
&#13;
&#13;
LETRA Y LINEA                                                                                                         15&#13;
&#13;
&#13;
&#13;
esa calidad tan rara que lo hace apreciable&#13;
&#13;
en todas partes.&#13;
&#13;
 La delirante fantasía aliada a. la inten-&#13;
&#13;
cionada sátira de costumbres producen al&#13;
&#13;
dejar de ser antagónicas un fascinante im-&#13;
&#13;
pacto de convicción, donde la verdad hu-&#13;
&#13;
mana está enriquecida anímicamente por la&#13;
&#13;
libertad y la gracia.&#13;
&#13;
La conducción de este asunto por Charles&#13;
&#13;
Crichton demuestra una maestría tan flúida&#13;
&#13;
como llena de matices. Ciertas secuencias,&#13;
&#13;
como la de la torre Eiffel o la extraordina-­&#13;
&#13;
ria persecusión de la exposición policial son&#13;
&#13;
memorables y merecen recordarse como&#13;
&#13;
ejemplos de habilísimo manejo de las posi­-&#13;
&#13;
bilidades de cámara y montaje. El humor&#13;
&#13;
es la característica saliente y la más llama-­&#13;
&#13;
tiva de este film. No nos engañemos pen-­&#13;
&#13;
sando que es por ello una obra “menor”;&#13;
&#13;
lo cómico puede ser artísticamente un ejer­-&#13;
&#13;
cicio que sobrepasa el simple entreteni­-&#13;
&#13;
miento para llegar a ser una expresión ex­-&#13;
&#13;
tremadamente pura de la libertad del espí­-&#13;
&#13;
ritu creador. En este sentido, “The Laven-&#13;
&#13;
der Hill Mob” debe considerarse un film&#13;
&#13;
importante y el de mayor calidad en el lap-­&#13;
&#13;
so que abarca nuestra crónica.&#13;
&#13;
 La interpretación, tan brillante como el&#13;
&#13;
resto de la película, destaca la labor, tan&#13;
&#13;
sutil y memorable como la de "Los ocho&#13;
&#13;
sentenciados”, de Alec Guinness. Es indis­-&#13;
&#13;
cutiblemente un gran actor, del género más&#13;
&#13;
apropiado a las virtudes de concisión y pro-­&#13;
&#13;
fundidad de matices que la imagen cinema­-&#13;
&#13;
tográfica necesita.&#13;
&#13;
J. A. Mahieu&#13;
&#13;
&#13;
LIBROS&#13;
&#13;
&#13;
RETABLOS DE NAVIDAD Y DE&#13;
&#13;
LA PASION (Editorial "Raigal")&#13;
&#13;
por Eduardo González Lanuza&#13;
&#13;
 “Retablos de Navidad y de la Pa-­&#13;
&#13;
sión”, de Eduardo González Lanuza,&#13;
&#13;
es un libro bien manufacturado.&#13;
&#13;
 Admito que el elogio parece de&#13;
&#13;
cajón, y como de compromiso, pero&#13;
&#13;
en verdad no abundan las ediciones&#13;
&#13;
correctamente presentadas, que ma-­&#13;
&#13;
nifiesten una preocupación por el li­-&#13;
&#13;
bro en lo que tiene de adminículo&#13;
&#13;
para uso diario.&#13;
&#13;
 La perfección de la técnica bene­-&#13;
&#13;
ficia al lava-ropas (al cepillo de dien-­&#13;
&#13;
tes, al limpiauñas, al limpiaoídos, al&#13;
&#13;
limpiaparabrisas). Raramente al li­-&#13;
&#13;
bro, que suele cumplir también una&#13;
&#13;
tarea higiénica, y no de las menos&#13;
&#13;
importantes.&#13;
&#13;
 No es éste el caso de “Retablos de&#13;
&#13;
Navidad y de la Pasión”. (Quiero de­&#13;
&#13;
cir que sí lo beneficia la perfección&#13;
&#13;
de la técnica).&#13;
&#13;
Ante todo, “Retablos de Navidad&#13;
&#13;
y de la Pasión” se baila muy lejos de&#13;
&#13;
ser un mamotreto. Es un libro de&#13;
&#13;
buen tamaño, cómodo, manuable, que&#13;
&#13;
cabe en un bolsillo o en cualquier&#13;
&#13;
otro hueco similar. Sin embargo, no&#13;
&#13;
lo infecta esa barnizada vulgaridad&#13;
&#13;
de los “Pocket Books”.&#13;
&#13;
 Además, todo el mundo sabe que&#13;
&#13;
los “pockets” se deshojan a la pri-­&#13;
&#13;
mera lectura. Y este libro está bien&#13;
&#13;
cosido.&#13;
&#13;
“Retablos de Navidad y de la Pa-­&#13;
&#13;
sión” viene impreso con pulcritud.&#13;
&#13;
Casi diríamos, con extrema pulcritud.&#13;
&#13;
No hablemos de la tipografía. Desta­-&#13;
&#13;
quemos, más bien, los blancos y los&#13;
&#13;
márgenes. Hay en ellos un derroche&#13;
&#13;
de sutileza y de equilibrio, una per­-&#13;
&#13;
fección casi irónica — valga nuestra&#13;
&#13;
osadía interpretativa—, y a ratos,&#13;
&#13;
hasta emocionante.&#13;
&#13;
 El papel demuestra también a las&#13;
&#13;
claras el celo con que se ha cuidado&#13;
&#13;
la fabricación de este libro. Es papel&#13;
&#13;
blanco —la elegancia suele hallarse&#13;
&#13;
en el propósito de no desentonar, de&#13;
&#13;
no innovar porque sí— , pero, no obs-­&#13;
&#13;
tante, cualquiera puede darse cuenta&#13;
&#13;
de que es buen papel. Excelente pa­-&#13;
&#13;
pel. Si se nos permite la pondera-­&#13;
&#13;
ción, nos atreveremos a afirmar que&#13;
&#13;
es un papel digno.&#13;
&#13;
Pero es en la cubierta donde halla­-&#13;
&#13;
mos la suma de belleza. ¡Esa cubierta&#13;
&#13;
de color ligeramente cremoso, impre-­&#13;
&#13;
sa a dos tintas, y ornada con una sim-­&#13;
&#13;
bólica viñeta! Allí todo es orden, me­-&#13;
&#13;
sura y deleite. El tono exacto de la&#13;
&#13;
tinta verde, la distribución de los tí­-&#13;
&#13;
tulos, hasta el guión tiernamente&#13;
&#13;
ondulado que vibra y aletea entre&#13;
&#13;
“Editorial Raigal” y “Buenos Aires” .&#13;
&#13;
Un primor.&#13;
&#13;
 Mas no nos extendamos en la con­-&#13;
&#13;
sideración de los atributos físicos,&#13;
&#13;
aunque todavía podríamos alabar&#13;
&#13;
la contracubierta, con un perfecto&#13;
&#13;
“ $ 6-m/arg.” a un centímetro y&#13;
&#13;
medio del borde inferior derecho.&#13;
&#13;
No abundemos en el elogio de lo&#13;
&#13;
adjetivo. Es preciso guardar las pro­-&#13;
&#13;
porciones. Vayamos a la pulpa, a lo&#13;
&#13;
sustancial, a la noble materia que&#13;
&#13;
yace bajo la forma. El mismo Gonzá­-&#13;
&#13;
lez Lanuza nos ofrece una honda&#13;
&#13;
adivinación de sentido:&#13;
&#13;
¿Contábais con lo absurdo? No contábais&#13;
&#13;
¿verdad que no? ¡Varones prudentísimos!&#13;
&#13;
 Agradezcamos a Editorial “ Raigal”&#13;
&#13;
este libro, y su preocupación por&#13;
&#13;
“ofrecer a los lectores de nuestra len­-&#13;
&#13;
gua lo más representativo e intere­-&#13;
&#13;
sante de la lírica actual”, como dice&#13;
&#13;
la solapa.&#13;
&#13;
&#13;
JUAN ANTONIO VASCO.&#13;
&#13;
&#13;
SEXTO.—  J. R. Wilcock (Selección EMECÉ&#13;
&#13;
de obras contemporáneas).&#13;
&#13;
&#13;
 En “Sexto”, J. R. Wilcock no se confor­-&#13;
&#13;
ma con adherir a una ex-poética, envilecida&#13;
&#13;
por la repetición infinita de las fórmulas&#13;
&#13;
más agotadas. Se empeña en poner algo de&#13;
&#13;
su propia cosecha, y aporta un mal gusto&#13;
&#13;
deprimente, una cursilera a todo vapor. Y&#13;
&#13;
junto con la gimnasia tradicional, practica&#13;
&#13;
la parodia, la glosa o el refrito de cuanto&#13;
&#13;
le acude a la memoria.&#13;
&#13;
 En el primer instante, se sospecha que&#13;
&#13;
quizás todo el libro pretenda ser una bro­-&#13;
&#13;
ma (por otra parte, chata, y desprovista de&#13;
&#13;
ingenio) pero luego se ve que Wilcock&#13;
&#13;
habla en serio. Paradójicamente, logra en­-&#13;
&#13;
tonces arrancarnos algunas carcajadas. Mé-­&#13;
&#13;
rito involuntario, pero que no sería justo&#13;
&#13;
negarle. He aquí, por ejemplo, un trozo es­-&#13;
&#13;
cogido :&#13;
&#13;
¡Y se besaban en la boca, audaces!&#13;
&#13;
¡Junto a mis libros, junto a mi retrato&#13;
&#13;
celebraban su erótico contrato,&#13;
&#13;
tal vez desnudos, y tal vez locuaces!&#13;
&#13;
Quiero irme por cerúleas galerías&#13;
&#13;
en un barco, entre ríos constelados,&#13;
&#13;
quiero alejarme de esos depravados,&#13;
&#13;
hundirme en grutas húmedas y umbrías;&#13;
&#13;
&#13;
 Y así en cada página. Imposible citar. E&#13;
&#13;
inútil: nunca nos pondríamos de acuerdo&#13;
&#13;
sobre cual es el poema, la estrofa, el verso,&#13;
&#13;
el adjetivo más wilcoekiano de este libro.&#13;
&#13;
Queda, sin embargo, una esperanza: la&#13;
&#13;
de que J. R. Wilcock medite y adopte&#13;
&#13;
como norma de conducta un renglón que&#13;
&#13;
figura en la página 27 de “Sexto” :&#13;
&#13;
 “Esta es la última vez, la última vez.”&#13;
&#13;
J. A. V.&#13;
&#13;
&#13;
LA PATRIA ELEMENTAL.— Por César&#13;
&#13;
Rosales.&#13;
&#13;
&#13;
“La Patria Elemental” es un libro des­-&#13;
&#13;
concertante. En cuanto uno levanta la tapa,&#13;
&#13;
salen en tropel las Euménides, Orfeo, Eurí-&#13;
&#13;
dice, Jano, Castor y Pólux, la Tebaida y el&#13;
&#13;
Aqueronte, un montón de gente antigua,&#13;
&#13;
mal acomodada en las estrechas habitacio­-&#13;
&#13;
nes de nuestros días. Están hacinados en&#13;
&#13;
las 10 estrofas del primer poema, “Canto&#13;
&#13;
a la noche”, y aunque fueran 10 estrofas de&#13;
&#13;
6 x 6, con balcón a la calle, no cabrían&#13;
&#13;
tantos inquilinos.&#13;
&#13;
 Además, el Aqueronte salpica todo. Y ya&#13;
&#13;
se sabe como reacciona la Tebaida cuando&#13;
&#13;
le embarran los pisos recién encerados.&#13;
&#13;
Ubicado cerca del famoso río, el poema&#13;
&#13;
que sigue coloca a "Las Bañistas” en situa­-&#13;
&#13;
ción de privilegio. Lógicamente cuando uno&#13;
&#13;
menos se lo espera, sale Afrodita del agua.&#13;
&#13;
Y a poco andar, la Armonía, que también&#13;
&#13;
estaba refrescándose.&#13;
&#13;
 Luego, a través de 126 páginas, nos topa­-&#13;
&#13;
mos con silfos, hados, piélagos, lámparas&#13;
&#13;
votivas, marmóreas columnas, purpúreos ce-­&#13;
&#13;
lajes, un río de azogue flúido, un helecho&#13;
&#13;
vestido de aljófar matutino, un gato dis­-&#13;
&#13;
frazado de pequeña pantera, cenefas y guir­-&#13;
&#13;
naldas de rosas y amatistas, etc.&#13;
&#13;
 Está Vulcano, está el Erebo, está el Le-&#13;
&#13;
teo, está Némesis.&#13;
&#13;
 Hay un pastor. ¿Qué porta? Un cayado.&#13;
&#13;
¿De qué está vestido? De estameña. ¿Dón- ­&#13;
&#13;
de se sienta? En un poyo de piedra. ¿Qué&#13;
&#13;
cuida? Un hato. ¿Por dónde anda el hato?&#13;
&#13;
Por los alcores. ¿Dónde recogen el hato?&#13;
&#13;
en un aprisco. ¿Qué se oye a lo lejos? Una&#13;
&#13;
esquila.&#13;
&#13;
 “La Patria Elemental” es un libro descon-­&#13;
&#13;
certante porque, ademas de todo eso, trae&#13;
&#13;
la mención Copyright by Editorial Raigal,&#13;
&#13;
Buenos Aires, 1953.&#13;
&#13;
 1953 quiere decir ahora, y nos dan un&#13;
&#13;
libro de antes. El mismo autor lo confiesa:&#13;
&#13;
De un mundo antiguo vengo,&#13;
&#13;
de un país donde el mirto sagrado&#13;
&#13;
y el laurel&#13;
&#13;
entrelazan pletóricos sus ramas&#13;
&#13;
 Más que de un mundo antiguo. Rosales&#13;
&#13;
parece venir de un mundo mitológico.&#13;
&#13;
Y hasta el pobre Polifemo, con su terrible&#13;
&#13;
dolor de cabeza, se ve obligado a acom­-&#13;
&#13;
pañarlo :&#13;
&#13;
es un ojo&#13;
&#13;
sin párpado que mira con cólera y&#13;
&#13;
espanto,&#13;
&#13;
ígneo aún y sangrante como el ojo&#13;
&#13;
que perdió Polifemo.&#13;
&#13;
 Ojo ígneo, sangrante, colérico y espanta-­&#13;
&#13;
do. Ojo de corrector de pruebas de “La&#13;
&#13;
Patria Elemental”.&#13;
&#13;
J. A. V.&#13;
&#13;
&#13;
POETA AL PIE DE BUENOS AIRES.—&#13;
&#13;
Por Fernando Guibert (Santiago Rueda,&#13;
&#13;
editor, 1953) (1) .&#13;
&#13;
 Se nos advierte solapadamente que este&#13;
&#13;
poema alargado a través de doscientas pá-­&#13;
&#13;
ginas de jugueteos formales “está llamado&#13;
&#13;
a ser el que represente el germen épico de&#13;
&#13;
la nueva altamente inspirada poesía argen-­&#13;
&#13;
tina”. Las inmediatas menciones a The was-­&#13;
&#13;
te Land y la Spoon River Anthology, orgu-&#13;
&#13;
llosamente anteceden la declaración de&#13;
&#13;
que “tal vez sea éste y no otro el Poeta que&#13;
&#13;
hemos estado largo tiempo esperando” (sic).&#13;
&#13;
Curiosas afirmaciones. El propuesto germen&#13;
&#13;
de la nueva altamente inspirada poesía ar-­&#13;
&#13;
gentina carece precisamente de toda inspi­-&#13;
&#13;
ración. Su autor se coloca por cierto al pie&#13;
&#13;
de Buenos Aires, tan al pie y no a la cabe­-&#13;
&#13;
za, tan a ras de suelo y no en la altura, que&#13;
&#13;
su trabajo de cuatro años (1949-1953) de&#13;
&#13;
cuartillas minuciosas, se ha limitado a agru­-&#13;
&#13;
par detalles sin selección y sin método, más&#13;
&#13;
abigarrado aún que el mismo abigarrado&#13;
&#13;
vivir, faltando en esa lista de detalles cu­-&#13;
&#13;
riosos la unión íntima, la intuición verte-­&#13;
&#13;
brada y delimitada del mundo o de cierto&#13;
&#13;
aspecto del mundo, que constituye la poesía.&#13;
&#13;
 El amor un poco tenebroso que el poeta&#13;
&#13;
siente por Buenos Aires, no ha sido lo&#13;
&#13;
suficientemente intenso como para organi­-&#13;
&#13;
zar su desperdigada colección de experien-­&#13;
&#13;
cias porteñas ni para evitarle insistir en ese&#13;
&#13;
concepto traspapelado y romántico del poe-­&#13;
&#13;
ta abrumado ante la polifacética ciudadana&#13;
&#13;
—que se soporta hasta el Lorca neoyorkino&#13;
&#13;
inclusive— expuesto con la ya caduca téc-­&#13;
&#13;
nica del simultaneísmo y agravada por el&#13;
&#13;
abuso de recursos meramente fonéticos y&#13;
&#13;
formales , como el constante del adjetivo-&#13;
&#13;
sustantivo del tipo de sonoro-sonando, de&#13;
&#13;
granado-granadero, la máquina-mecánica, la&#13;
&#13;
gente-gentecilla y las figuritas-figurines que&#13;
&#13;
fastidian la lectura desde el principio.&#13;
&#13;
Con muy buenas intenciones, Fernando&#13;
&#13;
Guibert trata de colocarse en la línea de&#13;
&#13;
la gran poesía, renunciando a las desmedra-­&#13;
&#13;
das ediciones de poemas varios sobre pro­-&#13;
&#13;
blemas exclusivamente personales del au­-&#13;
&#13;
tor. Claro que para las grandes travesías&#13;
&#13;
es necesario dominar todas las técnicas de&#13;
&#13;
la navegación celeste, a riesgo, en caso con­&#13;
&#13;
trario, de caer e incendiarse, como en el&#13;
&#13;
de este libro que constituye — según la&#13;
&#13;
promisoria faja del editor— “la revelación&#13;
&#13;
poética que hemos estado esperando” y se-­&#13;
&#13;
gún la fatigosa conclusión del lector, que&#13;
&#13;
con empeño y paciencia logra concluir su&#13;
&#13;
tautológica fluencia, un poema demasiado&#13;
&#13;
extenso, interesante a veces, pero que poco&#13;
&#13;
tiene que ver con la poesía y nada absoluta­-&#13;
&#13;
mente con la poesía argentina de vanguar­-&#13;
&#13;
dia.&#13;
&#13;
M. B.&#13;
&#13;
(1) Ver en pág. 12 el enfoque de Molina so­-&#13;
&#13;
bre el mismo libro.&#13;
&#13;
&#13;
REVISTAS&#13;
&#13;
El hábito no hace al monje&#13;
&#13;
o&#13;
&#13;
Cuando la poesía cambia de traje&#13;
&#13;
pero no de paño&#13;
&#13;
Consideraciones sobre el "Panorama de la&#13;
&#13;
poesía argentina moderna publicado por&#13;
&#13;
POESIA BUENOS AIRES N° 13 y 14&#13;
&#13;
Una información sobre el desarrollo de&#13;
&#13;
las modernas tendencias poéticas en la Ar­-&#13;
&#13;
gentina se ha ido haciendo cada vez más&#13;
&#13;
indispensable. La poesía de vanguardia,&#13;
&#13;
como fenómeno de conjunto, ha contado&#13;
&#13;
siempre con la más profunda y silenciosa&#13;
&#13;
simpatía de los órganos de publicación que&#13;
&#13;
a sí mismos se califican de culturales. Por&#13;
&#13;
esa razón el proyecto de POESIA BUENOS&#13;
&#13;
AIRES basado en el compromiso de una&#13;
&#13;
absoluta objetividad y encarado con la idea&#13;
&#13;
de una mera exposición lo más agotadora&#13;
&#13;
posible, contó desde el comienzo con el&#13;
&#13;
apoyo de todos los sectores modernos. El&#13;
&#13;
resultado de esa empresa (cuyas dificultades&#13;
&#13;
no dejamos de ver) no parece compensar el&#13;
&#13;
esfuerzo realizado y quizás hubiera sido&#13;
&#13;
preferible dejar todavía la difícil tarea por&#13;
&#13;
hacer.&#13;
&#13;
La obra lleva una introducción que trata&#13;
&#13;
de aclarar, el criterio utilizado en la selec-­&#13;
&#13;
ción. Allí se explica cuales son las condi­-&#13;
&#13;
ciones negativas y positivas que permiten&#13;
&#13;
considerar a un poeta como de espíritu nue-­&#13;
&#13;
vo. Aquí se entra en una serie de conside­-&#13;
&#13;
raciones tan terriblemente confusas y con­-&#13;
&#13;
tradictorias que vale la pena detenerse en&#13;
&#13;
ellas porque servirán para dar la clave de&#13;
&#13;
todo el contenido del número. Dice, por&#13;
&#13;
ejemplo: “Queremos no reconocer dentro&#13;
&#13;
de los límites de la poesía a los siguientes&#13;
&#13;
supuestos” y entre esos supuestos mencio-&#13;
&#13;
na “el de la invalidez, la angustia sin sali­-&#13;
&#13;
da, la miseria espiritual del hombre, tema&#13;
&#13;
que se origina sea en un superficial con­-&#13;
&#13;
tacto con el existencialismo, sea en la in­-&#13;
&#13;
fluencia de poetas del tedio y el refina­-&#13;
&#13;
miento burgués (Baudelaire, Rilke, Eliot,&#13;
&#13;
etc.)” . Hay que confesar que esta extraña&#13;
&#13;
declaración deja estupefacto no sólo por las&#13;
&#13;
contradicciones que encierra (la angustia sin&#13;
&#13;
salida, ¿podría ser poética si el contacto&#13;
&#13;
con el existencialismo fuera profundo?) por&#13;
&#13;
la vaguedad y falta de precisión de los&#13;
&#13;
&#13;
JERARQUIA EN LIBROS&#13;
&#13;
LA PRODUCCION NOVA DEL&#13;
&#13;
AÑO 1953 SE CARACTERIZA&#13;
&#13;
POR SU CALIDAD&#13;
&#13;
Historia del humanismo por el doc­-&#13;
&#13;
tor G. Tofanin de la Universidad&#13;
&#13;
de Nápoles; un volumen encuader­-&#13;
&#13;
nado ........................................... $ 98.—&#13;
&#13;
Historia de la historiografía moderna,&#13;
&#13;
por  Ed. Fueter, de la Universidad de&#13;
&#13;
Zurich. 2 volúmenes .............. $ 90.—&#13;
&#13;
La vida social de los niños, por&#13;
&#13;
Roger Cousinet, profesor de la Sor-&#13;
&#13;
bona ........................................... $ 14 .—&#13;
&#13;
El jardín de infantes de orientación&#13;
&#13;
psicoanalítica, por la educadora ale­-&#13;
&#13;
mana Nelly Wolffheim ............ $ 14 .—&#13;
&#13;
La educación en un mundo dividido,&#13;
&#13;
por James Bryant Conant. presidente&#13;
&#13;
de la Universidad de Harvard.&#13;
&#13;
$ 32 .—&#13;
&#13;
Educación comparada, por Nicholas&#13;
&#13;
Hans, de la Universidad de Londres.&#13;
&#13;
$ 42 .—&#13;
&#13;
Psicoanálisis de la exaltación, por el&#13;
&#13;
Dr. Bertram D. Lewin .......... $ 34 .—&#13;
&#13;
Temas de Bibliografía y cultura ve-­&#13;
&#13;
nezolanas, por el Dr. P. Grases&#13;
&#13;
$ 30 .—&#13;
&#13;
Epítome de culturología, por el Dr.&#13;
&#13;
J. Imbelloni. del Museo Etnográfico&#13;
&#13;
de Buenos Aires ...................... $ 45 .—&#13;
&#13;
El análisis literario,, Introducción me­-&#13;
&#13;
todológica a una estilística integral,&#13;
&#13;
por el Dr. R. H. Castagnino . . $26.—&#13;
&#13;
Tratado de las pasiones, por el Dr.&#13;
&#13;
Enrique Mouchet .................... $ 28.—&#13;
&#13;
Solicite catálogos y el&#13;
&#13;
boletín informativo&#13;
&#13;
EDITORIAL NOVA&#13;
&#13;
PERU 613 BUENOS AIRES&#13;
&#13;
&#13;
&#13;
&#13;
16                                                                                                                     LETRA Y LINEA&#13;
&#13;
&#13;
términos empleados (¿qué sentido da a&#13;
&#13;
“miseria espiritual”, expresión muy usada&#13;
&#13;
por los surrealistas en forma evidentemente&#13;
&#13;
distinta?) sino —y muy especialmente—&#13;
&#13;
por el alto nivel aclaratorio que alcanzan&#13;
&#13;
los ejemplos. Baudelaire, iniciador de la&#13;
&#13;
revuelta poética contra el espíritu burgués&#13;
&#13;
resulta ahora el más acabado representante&#13;
&#13;
de ese espíritu. Sólo una epidérmica apre­-&#13;
&#13;
ciación del tema del Spleen es responsable&#13;
&#13;
de tal interpretación. Faltaría agregar en­-&#13;
&#13;
tonces, como representantes de la espiritua-­&#13;
&#13;
lidad burguesa a los continuadores de la&#13;
&#13;
obra de Baudelaire: Rimbaud. Lautréamont,&#13;
&#13;
Kafka, Artaud. Todos ellos (de quienes los&#13;
&#13;
verdaderos poetas contemporáneos se sien­-&#13;
&#13;
ten continuadores) realizan —según el men­-&#13;
&#13;
tado prólogo— una “escritura de suciedad,&#13;
&#13;
de postración, de caos, de patología, que&#13;
&#13;
nada tiene que ver con el sólido —y a veces&#13;
&#13;
irónico— estoicismo, que sería cuando me­-&#13;
&#13;
nos la traducción poética de un mal se­-&#13;
&#13;
mejante, si es que realmente fuera experi-­&#13;
&#13;
mentado por el poeta”. La lectura de este&#13;
&#13;
párrafo, al que no queda sino suponer un&#13;
&#13;
oculto contenido “a veces irónico”, tiene&#13;
&#13;
la ventaja de colocar directamente en pleno&#13;
&#13;
caos al desprevenido lector. Como no se&#13;
&#13;
aclara el significado que se da a la expre-­&#13;
&#13;
sión estoicismo, tendremos que recurrir a&#13;
&#13;
suposiciones partiendo de lo que normal­-&#13;
&#13;
mente y sin ironía se considera como estoi­-&#13;
&#13;
cismo. ¿Podrá tratarse de una especie de&#13;
&#13;
gandhismo poético? En ese caso cabe espe-­&#13;
&#13;
rar un sistema de huelga de hambre de la&#13;
&#13;
poesía. Quizás la cosa podría resolverse más&#13;
&#13;
fácilmente con un tipo de máquina neumá­-&#13;
&#13;
tica que hiciera el vacío perfecto en el poe­-&#13;
&#13;
ma, librándolo de cualquier rastro de con­-&#13;
&#13;
tenido. La vacuidad poética eliminaría todo&#13;
&#13;
lo patológico, todo lo que ha existido siem-­&#13;
&#13;
pre de rebelión, de insatisfacción y también&#13;
&#13;
de exaltación en la poesía auténtica.&#13;
&#13;
 Ahora bien, el modo de compaginar ese&#13;
&#13;
“estoicismo a veces irónico” con el discon­-&#13;
&#13;
formismo — que se defiende en el mismo&#13;
&#13;
&#13;
FILOSOFIA Y&#13;
&#13;
PSICOLOGIA&#13;
&#13;
ACTUALES&#13;
&#13;
Kurt Kofka: Principios de psi­-&#13;
&#13;
cología de la forma. La obra&#13;
&#13;
fundamental del más importan­-&#13;
&#13;
te representante de la Gestalt.&#13;
&#13;
Encuadernada, 900 pág. con&#13;
&#13;
ilustraciones.................. $ 120.—&#13;
&#13;
C. G. Young: Transformaciones&#13;
&#13;
y símbolos de la Libido. Uu&#13;
&#13;
nuevo método de interpretación&#13;
&#13;
de los sueños, fantasías y pro-­&#13;
&#13;
ducciones imaginativas del ser&#13;
&#13;
humano. Un volumen de 444&#13;
&#13;
páginas, 60 ilustraciones fuera&#13;
&#13;
de texto ........................... $ 65 . —&#13;
&#13;
Karel Horney: La personalidad&#13;
&#13;
neurótica de nuestro tiempo (2da.&#13;
&#13;
edición). Una nueva visión de&#13;
&#13;
los conflictos psíquicos en la&#13;
&#13;
vida social de nuestra época. Un&#13;
&#13;
volumen de 320 pág. . . . $ 34.—&#13;
&#13;
N . Abbagnano: Existencialismo&#13;
&#13;
positivo ................................$ 10.—&#13;
&#13;
Bertrand Russell: Misticismo y&#13;
&#13;
lógica. Un volumen de 227 pá­-&#13;
&#13;
ginas ...................................... $ 30.—&#13;
&#13;
John Dewey: El hombre y sus&#13;
&#13;
problemas. Un volumen de 388&#13;
&#13;
páginas ............................... $ 48.—&#13;
&#13;
&#13;
Editorial PAIDOS&#13;
&#13;
Cabildo 1547  T. E. 76-2440&#13;
&#13;
Buenos Aires&#13;
&#13;
&#13;
PRECIO DEL EJEMPLAR $ 3.—&#13;
&#13;
Casilla de Correo 5289&#13;
&#13;
Registro de la propiedad&#13;
&#13;
intelectual en trámite&#13;
&#13;
Correo Argentino&#13;
&#13;
Central B&#13;
&#13;
FRANQUICIA POSTAL N° 5092&#13;
&#13;
&#13;
&#13;
prólogo pocas líneas antes— es cosa que&#13;
&#13;
pertenece al caos del lector.&#13;
&#13;
 En el final de dicha introducción llega&#13;
&#13;
a aceptarse una poesía de tono popular&#13;
&#13;
siempre que signifique “una intimidad real&#13;
&#13;
de lengua, cultura y espíritu con el pueblo”&#13;
&#13;
y como ejemplos se mencionan a Píndaro,&#13;
&#13;
Juan Ruiz, Villon, Carlos de la Púa. Es&#13;
&#13;
evidente que se hace allí una confusión&#13;
&#13;
entre el poeta culto que utiliza temas vi­-&#13;
&#13;
tales o cotidianos con el versificador popu-­&#13;
&#13;
lachero. No puede compararse a Píndaro,&#13;
&#13;
cantor de príncipes y héroes, poeta el más&#13;
&#13;
profundo, difícil y refinado de la lírica grie­-&#13;
&#13;
ga (cosa fácil de averiguar con la simple&#13;
&#13;
lectura del prólogo de Ignacio Montes de&#13;
&#13;
Oca a su traducción española de Píndaro)&#13;
&#13;
con un poeta de lenguaje popular.&#13;
&#13;
 Del Arcipreste de Hita puede decirse algo&#13;
&#13;
parecido: poeta que expresa lo vital con&#13;
&#13;
un lenguaje y una calidad muy por encima&#13;
&#13;
de su tiempo y cuyo instrumento poético&#13;
&#13;
está dado por una base cultural no fre-­&#13;
&#13;
cuente en esa época (basta leer la conocida&#13;
&#13;
“Historia de la literatura española” de Fitz-&#13;
&#13;
maurice Kelly si se quiere recurrir a una&#13;
&#13;
opinión autorizada). Y qué decir de Villon,&#13;
&#13;
extraordinario precursor de Baudelaire y&#13;
&#13;
Rimbaud, sacudido por la doble angustia&#13;
&#13;
del deseo y de la muerte.&#13;
&#13;
 De generalizarse ese propuesto sistema&#13;
&#13;
de atribuir carácter folklórico a los can­-&#13;
&#13;
tores de lo cotidiano, hoy habría que con­-&#13;
&#13;
siderar a Faulkner un representante de la&#13;
&#13;
literatura popular. Y conste aquí mi pro­-&#13;
&#13;
fundo respeto por el auténtico folklore, el&#13;
&#13;
producto de una cultura creada por el pue­-&#13;
&#13;
blo y que realmente expresa y condensa&#13;
&#13;
las aspiraciones y los deseos de un grupo&#13;
&#13;
humano. Pero hay tanta diferencia entre la&#13;
&#13;
verdadera literatura folklórica y la litera­-&#13;
&#13;
tura populachera como entre el poeta mo-&#13;
&#13;
dernoide y el poeta moderno.&#13;
&#13;
 Lo que en realidad parece surgir de dicho&#13;
&#13;
prólogo es una posición puramente literaria&#13;
&#13;
y antivital. Justamente esa mera actitud&#13;
&#13;
literaria que aparentemente sus autores com­-&#13;
&#13;
baten. Es como si se diera vuelta a un viejo&#13;
&#13;
traje para adaptarlo a la moda: el paño&#13;
&#13;
sigue siendo el mismo. Se trata siempre de&#13;
&#13;
una poesía académica o no académica que&#13;
&#13;
se deleita en un puro juego verbal sin&#13;
&#13;
consecuencias: literatura de entretenimiento&#13;
&#13;
para salones más o menos refinados, que&#13;
&#13;
prescinde completamente de la conmoción&#13;
&#13;
o el choque.&#13;
&#13;
 Tal actitud explica la total incomprensión&#13;
&#13;
que revelan los comentarios dedicados más&#13;
&#13;
adelante a la poesía surrealista. Se encara&#13;
&#13;
el dadaísmo-surrealismo (conjunción abso­-&#13;
&#13;
lutamente inseparable) al modo de los pro-­&#13;
&#13;
fesores de literatura: como una escuela&#13;
&#13;
literaria más. Se habla así de una “retórica&#13;
&#13;
surrealista” sin notar la incongruencia de&#13;
&#13;
tal expresión, ya que desde el momento en&#13;
&#13;
que se hace retórica, la poesía deja de ser&#13;
&#13;
surrealista. Justamente ese tipo de retórica&#13;
&#13;
seudosurrealista es la que utilizan actual­-&#13;
&#13;
mente muchos poetas en todas partes del&#13;
&#13;
mundo (inclusive aquí). La diferencia está&#13;
&#13;
en que estos últimos en lugar de recurrir&#13;
&#13;
al automatismo (impulso de origen vital)&#13;
&#13;
utilizan un mecanicismo (recurso retórico).&#13;
&#13;
Así se sustituye por ejemplo en la frase “el&#13;
&#13;
perro mueve la cola” la palabra perro por&#13;
&#13;
cualquier otra, digamos: “pisapapel” y de&#13;
&#13;
este modo se obtiene una especie de sor­-&#13;
&#13;
presa primaria de tipo carnavalesco con la&#13;
&#13;
que cualquiera puede darse aire de poeta&#13;
&#13;
moderno. La facilidad atrae y así pueden&#13;
&#13;
verse pulular legiones alrededor de la miel&#13;
&#13;
de un supuesto surrealismo (si se suprime&#13;
&#13;
este nombre comprometedor la sorpresa re­-&#13;
&#13;
sulta mayor). Por tal camino se logra una&#13;
&#13;
beatitud que puede pasar sin dificultad por&#13;
&#13;
optimismo.&#13;
&#13;
 El surrealismo (¿será inútil repetirlo por&#13;
&#13;
millonésima vez?) significa ante todo el&#13;
&#13;
compromiso con una ideología y una con­-&#13;
&#13;
cepción del mundo total. En este sentido,&#13;
&#13;
la poesía (en el concepto vaticinador y con­-&#13;
&#13;
vulsivo de los poetas primitivos) es sólo el&#13;
&#13;
medio de expresión inmediato e integral de&#13;
&#13;
esta actitud frente al mundo. De cualquier&#13;
&#13;
modo, la técnica de creación, aún siendo&#13;
&#13;
auténtica, resulta lo accesorio en el surrea­-&#13;
&#13;
lismo. Lo importante son los contenidos que&#13;
&#13;
se vuelcan a través de ella.&#13;
&#13;
 Pero si nos dirigimos a la poesía moderna&#13;
&#13;
en su sentido más amplio, es expresión de&#13;
&#13;
la libertad del hombre. Poesía y libertad&#13;
&#13;
son intercambiables. Ningún tipo de consig­-&#13;
&#13;
na puede encadenar a la poesía y menos&#13;
&#13;
la consigna del estoicismo porque sí, ya que&#13;
&#13;
la esencia de lo poético está en la rebelión&#13;
&#13;
y la exaltación, y en cuanto a la ironía&#13;
&#13;
(elemento superficialmente intelectual, bur­-&#13;
&#13;
gués y antipoético) se sustituye con el hu­-&#13;
&#13;
mor (elemento de raíz vital).&#13;
&#13;
¿Cómo es posible confundir el disconfor­-&#13;
&#13;
mismo o la insatisfacción, impulso que co-­&#13;
&#13;
loca al poeta en la vanguardia de todas&#13;
&#13;
las transformaciones, con el tedio burgués?&#13;
&#13;
¿No parece más característico del espíritu&#13;
&#13;
burgués el conformismo, el optimismo fácil,&#13;
&#13;
la satisfacción por el ornato intrascendente,&#13;
&#13;
el estoicismo a veces irónico?&#13;
&#13;
 Con tan confusos puntos de partida no&#13;
&#13;
puede extrañar que todo el panorama, la&#13;
&#13;
clasificación, las “notas orientadoras” de&#13;
&#13;
amplia precisión desorientadora, los ejem­-&#13;
&#13;
plos elegidos de modo que no aclaren nada,&#13;
&#13;
todo contribuye a hacer de ese intento una&#13;
&#13;
obra confusa, contradictoria, incomprensible&#13;
&#13;
(en cuya ilegibilidad colabora la utilización&#13;
&#13;
de una jerga de grupo y la multiplicación&#13;
&#13;
de reticencias). Lo único claro es que les&#13;
&#13;
ha sido imposible a los realizadores del&#13;
&#13;
número mantener la objetividad que indu­-&#13;
&#13;
dablemente se propusieron al intentar la&#13;
&#13;
obra.&#13;
&#13;
 En cuanto a los poemas, el número de&#13;
&#13;
autores elegidos (¿50 poetas modernos en&#13;
&#13;
la Argentina?) puede dar idea de la ca­-&#13;
&#13;
lidad. Muchos de los poemas parecen el&#13;
&#13;
resultado de una broma de mal gusto. Son&#13;
&#13;
pocos los poetas que tienen por lo menos&#13;
&#13;
una personalidad definida y exceptuando a&#13;
&#13;
estos, por el “ espíritu nuevo” dominan las&#13;
&#13;
sombras de René Char, bastante menguada,&#13;
&#13;
y a veces Eluard. Habría que destacar entre&#13;
&#13;
los más jóvenes y menos conocidos a Ma-&#13;
&#13;
dariaga, con un tono realmente personal,&#13;
&#13;
cuya ubicación lógica estaría entre los poe­-&#13;
&#13;
tas surrealistas y a Alonso cuyo poema&#13;
&#13;
“Muchacha de las islas Canarias” aunque&#13;
&#13;
muy eluardiano tiene verdadera calidad.&#13;
&#13;
ALDO PELLEGRINI.&#13;
&#13;
&#13;
SUR Y LA LITERATURA ITALIANA&#13;
&#13;
 Idéntico destino vincula a dos literaturas&#13;
&#13;
de las que marchan a la zaga del pensa­-&#13;
&#13;
miento y la ficción en Europa: la española&#13;
&#13;
y la italiana. Ambas viven del recuerdo del&#13;
&#13;
esplendor pasado. La primera del Siglo de&#13;
&#13;
Oro, la segunda del Renacimiento. Estos&#13;
&#13;
estupendos antecedentes que debieran ser-­&#13;
&#13;
virles de catapulta y de brújula, consiguen&#13;
&#13;
en cambio maniatarlos, tornarlos nostálgicos,&#13;
&#13;
anacrónicos, afectados y reaccionarios co­-&#13;
&#13;
mo los viejos aristócratas empedernidos que&#13;
&#13;
se niegan a acusar el paso del tiempo y las&#13;
&#13;
diferencias reales que ese mismo tiempo&#13;
&#13;
impone. No nos toca aquí agotar las po­-&#13;
&#13;
sibles relaciones de este paralelo. La lite-­&#13;
&#13;
ratura italiana constituye nuestro objetivo.&#13;
&#13;
Y esto debido al número especial que Sur&#13;
&#13;
acaba de dedicarle. Puesto a salvo el es­-&#13;
&#13;
fuerzo editorial y la dedicación responsable&#13;
&#13;
que esta selección supone, preferimos in­-&#13;
&#13;
tentar un somero análisis de los valores es-­&#13;
&#13;
pecíficos que informan las letras peninsu­-&#13;
&#13;
lares y reducir nuestro elogio al sello edi­-&#13;
&#13;
torial que con intención antológica los&#13;
&#13;
reúne, al reconocimiento del esfuerzo ya&#13;
&#13;
mencionado. En consecuencia, trataremos de&#13;
&#13;
censurar o justificar la limitada gravitación&#13;
&#13;
de los autores italianos en el ámbito de&#13;
&#13;
la poesía y la literatura contemporáneas.&#13;
&#13;
 Nutridos por el esteticismo de Croce, la&#13;
&#13;
grandielocuencia y el decadentismo de&#13;
&#13;
D’Annunzio, el realismo naturalista del si­-&#13;
&#13;
glo pasado, la nefasta dirección de más de&#13;
&#13;
veinte años de fascismo, y el ciego afán&#13;
&#13;
tradicionalista del que casi todos aparecen&#13;
&#13;
contagiados, no sorprende demasiado descu­-&#13;
&#13;
brir el retraso de las letras italianas con&#13;
&#13;
respecto a las posiciones más osadas y clari­-&#13;
&#13;
videntes que asume la poesía y la literatura&#13;
&#13;
de vanguardia.&#13;
&#13;
 Giovanni Papini y el irracionalismo por&#13;
&#13;
un lado, y Marinetti con el futurismo que&#13;
&#13;
tanto iba a influenciar con su dinámica&#13;
&#13;
agresiva sobre los posteriores movimientos&#13;
&#13;
de vanguardia en Europa por el otro, no&#13;
&#13;
alcanzaron a limpiar, ni siquiera a sacudir&#13;
&#13;
el agua estancada en la que continúan hun-­&#13;
&#13;
diéndose la literatura y las artes peninsu­-&#13;
&#13;
lares. Recorriendo las páginas del número&#13;
&#13;
especial de Sur es fácil comprobar lo que&#13;
&#13;
hasta aquí hemos afirmado. No sólo lo ad-­&#13;
&#13;
miten de una u otra manera los ensayistas&#13;
&#13;
cuyos trabajos figuran en la revista, sino&#13;
&#13;
que también lo traducen y mucho más cla­-&#13;
&#13;
ramente, los fragmentos, los poemas o los&#13;
&#13;
relatos que componen el frondoso material&#13;
&#13;
antológico. Están presente la mayoría de&#13;
&#13;
los autores más importantes de los últimos&#13;
&#13;
cincuenta aoñs, muchos de ellos viejos co­-&#13;
&#13;
nocidos nuestros traducidos y difundidos&#13;
&#13;
profusamente por editoriales y publicacio­-&#13;
&#13;
nes locales.&#13;
&#13;
 Montale, ni Quasimodo, ni siquiera el&#13;
&#13;
mismo Ungaretti cuyo talento y calidad&#13;
&#13;
poéticas resultan indiscutibles, llegan, entre&#13;
&#13;
los ya consagrados, a deslumbrar totalmen-­&#13;
&#13;
te; y en cuanto a los representantes de las&#13;
&#13;
nuevas promociones, ninguno de ellos acusa&#13;
&#13;
un verdadero deseo de romper los límites&#13;
&#13;
de una tradición que se revela incapaz de&#13;
&#13;
propiciar la operación poética profunda­-&#13;
&#13;
mente renovadora o la ruptura indispen­-&#13;
&#13;
sable con un mundo que se empeña en&#13;
&#13;
deformar y esclavizar la naturaleza y el&#13;
&#13;
sentimiento del hombre. Quizás lo más dig-­&#13;
&#13;
no de destacar sean los ensayos o los pa­-&#13;
&#13;
noramas mediante los cuales se trata de&#13;
&#13;
situar objetiva y sinceramente la verdadera&#13;
&#13;
dimensión del trabajo de creación en sus&#13;
&#13;
múltiples aspectos en esa Italia decepcio-­&#13;
&#13;
nante sometida a las clásicas maneras de&#13;
&#13;
expresión.&#13;
&#13;
 La sociología convencional, la literatura&#13;
&#13;
de “opinión”, preferentemente política, el&#13;
&#13;
ESPEJO DEL MUNDO&#13;
&#13;
&#13;
Se parecen: En el bastón y en la falta de&#13;
&#13;
títulos para optar a un premio literario. Se&#13;
&#13;
diferencian: En que Churchill ya lo tiene,&#13;
&#13;
pese a todo.&#13;
&#13;
&#13;
Premio Nobel y bastones&#13;
&#13;
 No hay nada que envicie más que el mal&#13;
&#13;
ejemplo. Alentado por el otorgamiento del&#13;
&#13;
premio Nobel de Literatura del último año&#13;
&#13;
al fumador de cigarros, empeñoso pintor,&#13;
&#13;
célebre político conservador y periodista&#13;
&#13;
inglés vastamente conocido como Winston&#13;
&#13;
Churchill, nuestro imponderable Ricardo&#13;
&#13;
Rojas admite que ha llegado la oportunidad&#13;
&#13;
de proponer su melancólica celebridad sud­-&#13;
&#13;
americana a los efectos de que a él también&#13;
&#13;
le llegue el halago de la gloria sueca lite­-&#13;
&#13;
rariamente internacional.&#13;
&#13;
 Se murmura por allí que Ricardo Rojas&#13;
&#13;
merece la distinción antedicha y consecuen­-&#13;
&#13;
tes admiradores recogen adhesiones desti­-&#13;
&#13;
nadas a promover su nombre hacia Esto-&#13;
&#13;
colmo.&#13;
&#13;
Por razones explicables, Manuel Gálvez&#13;
&#13;
no está de acuerdo con esta precandidatura&#13;
&#13;
para la cual él mismo ha sido varias veces&#13;
&#13;
rechazado. Resulta difícil creer ya en el&#13;
&#13;
premio Nobel, otorgado a escritores de mé­&#13;
&#13;
rito muy desparejo, que unas veces hace&#13;
&#13;
justicia, e inmediatamente recae sobre las&#13;
&#13;
ineptitudes literarias. Pero descreídos y&#13;
&#13;
todo, nos preguntamos. ¿Qué ollantay pue-­&#13;
&#13;
de alegar nuestro anacrónico compatriota&#13;
&#13;
para justificar su melena y el prestigio que&#13;
&#13;
tiene por allí de padre de nuestra litera­-&#13;
&#13;
tura? ¿Sus románticas postulaciones sobre&#13;
&#13;
la Eurindia? ¿Su incalificable historia de&#13;
&#13;
las letras argentinas? ¿O sus ripiosos so­-&#13;
&#13;
netos alojados ad efectum gloriam en los&#13;
&#13;
suplementos de la Nación?&#13;
&#13;
&#13;
Juegos Florales en la S.A.D.E.&#13;
&#13;
Consecuente con su línea de buen hu­-&#13;
&#13;
mor, la S.A.D.E. ha organizado con el nom­-&#13;
&#13;
bre de “Fiesta de la Poesía” un espectácu­-&#13;
&#13;
lo inolvidable. Las conferencias y los poe­-&#13;
&#13;
mas recitados han rivalizado entre sí por&#13;
&#13;
su agudo sentido de lo cómico. Esa falta de&#13;
&#13;
respeto por la poesía es una verdadera de-­&#13;
&#13;
mostración de libertad de espíritu que me­-&#13;
&#13;
rece los más cálidos elogios. Esperamos de&#13;
&#13;
la S.A.D.E. la repetición de espectáculos se­-&#13;
&#13;
mejantes que ponen una nota de sana e&#13;
&#13;
incontenible alegría en la vida sin acciden­-&#13;
&#13;
tes de nuestro mundo intelectual.&#13;
&#13;
&#13;
lirismo al uso, el hermetismo escapista, de-­&#13;
&#13;
formada herencia del simbolismo; la psi­-&#13;
&#13;
cología elemental, la ausencia de espíritu&#13;
&#13;
innovador y de audacia verdaderamente&#13;
&#13;
revolucionaria, constituyen las limitaciones&#13;
&#13;
que, sumadas a las ya citadas anteriormen­-&#13;
&#13;
te (realismo narrativo, servilismo hacia las&#13;
&#13;
viejas maneras, nostalgia de un antiguos es-­&#13;
&#13;
plendor ya remoto, cierta exuberancia es­-&#13;
&#13;
tilística, patrioterismo, etc.), descalifican a&#13;
&#13;
la poesía y la literatura italiana para figurar&#13;
&#13;
en el lugar de privilegio que todos desea-­&#13;
&#13;
mos para ella.&#13;
&#13;
 Si el espacio lo permitiera sería posible&#13;
&#13;
poner a salvo el mérito de algunas firmas&#13;
&#13;
que integran la selección. Riccardo Baccheli&#13;
&#13;
con “La verdad sobre el pavoroso caso del&#13;
&#13;
Mary Bonfield”, tenso relato en el que se&#13;
&#13;
mezclan afortunadamente el humor y el ho­-&#13;
&#13;
rror, por ejemplo; y algunos otros trabajos&#13;
&#13;
que no pueden ser citados sin comentarios&#13;
&#13;
justificatorios más extensos, no bastan, sin&#13;
&#13;
embargo, para salvar una muestra que en&#13;
&#13;
su conjunto da el tono exacto de una lite­-&#13;
&#13;
ratura que está situada a apreciable distancia&#13;
&#13;
de toda verdadera peripecia actual y de toda&#13;
&#13;
lucidez salvadora.&#13;
&#13;
CARLOS LATORRE&#13;
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