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                    <text>INDOAMERICA &#13;
REVISTA &#13;
MENSUAL &#13;
ILUSTRADA&#13;
&#13;
AÑO I NUMERO 1     &#13;
ARTE, HISTORIA&#13;
Y&#13;
LITERATURA&#13;
HISPANOAMERICANA&#13;
&#13;
JUNIO 1935&#13;
&#13;
INDIA, OLEO DEL GRAN PINTOR BOLIVIANO DE. CECILIO GUZMAN&#13;
DE ROJAS&#13;
&#13;
. REDACCION: RIVADAVIA 958 - BUENOS AIRES.&#13;
&#13;
JUNTA DE HISTORIA Y NUMISMÁTICA &#13;
BIBLIOTECA DE HISTORIA ARGENTINA Y AMERICANA &#13;
Director: RICARDO LEVENE&#13;
★ ★&#13;
C O L A B O R A N en esta Biblioteca los miembros &#13;
de la citada Institución, todos ellos autores que &#13;
tienen crédito intelectual y que han dado amplias &#13;
muestras de amor y de su fe en la cultura su­-&#13;
perior que es por esencia desinteresada y for-&#13;
madora el alma nacional.&#13;
&#13;
El público ilustrado y los profesores encontrarán &#13;
en los volúmenes que componen esta Biblioteca, &#13;
incentivos para el estudio y la meditación, como &#13;
que han sido escrito por los más eminentes pu­-&#13;
blicistas cuyo detalles insertamos abajo.&#13;
&#13;
Deseosos de colaborar en esta empresa de cul­-&#13;
tura pública, hemos aportado nuestra experiencia &#13;
con decisión y entusiasmo. &#13;
&#13;
Antonio Dellepiane: Estudios de Historia y Arte Argentinos.- Juan Alvarez: Temas de Historia Eco-&#13;
­nómica Argentina.- Carlos Correa Luna: Rivadavia y la Simulación Monárquica de 1815.- Ramón &#13;
J . Cárcano: Primeras luchas entre la Iglesia y el Estado en la Gobernación de Tucumán (Siglo&#13;
XVI).- Mariano de Vedia y Mitre: De Rivadavia a Rosas.- Clemente L. Fregeiro: Estudios Histó-&#13;
­ricos sobre la Revolución de Mayo (2 tomos).- Enrique Ruiz Guiñazú: La Tradición de América.&#13;
Su valoración subjetiva.- Pablo Cabrera, Pbro.: Ensayos sobre Etnología Argentina.- Arturo Capdevila: Rivadavia y el Españolismo Liberal de la Revolución Argentina. - Joaquín V . González: Mitre.- Ricardo Levene: La Anarquía de 1820 en Buenos Aires. &#13;
&#13;
T A M A Ñ O 15 x 20 1/2 cms., REGIAMENTE ENCUADERNADOS &#13;
EN TELA. CONTENIENDO C/U. &#13;
DE 200 A 350 PAGINAS. &#13;
&#13;
PRECIOS &#13;
 RUSTICA................$ 4.— el tomo&#13;
-ENCUADERNADO ¨¨6 .— ¨¨        &#13;
EN OCHO MENSUALIDADES:&#13;
 12 Tomos encuadernados $ 80.—&#13;
★ ★LIBRERÍA Y EDITORIAL "EL ATENEO"&#13;
DE PEDRO GARCÍA &#13;
FLORIDA 371 BUENOS AIRES &#13;
Telef. 31 (Retiro) 2801 y 2986 &#13;
SUCURSALES: CORDOBA 2099 - BUENOS AIRES &#13;
                          9 DE JULIO 72 - CORDOBA&#13;
&#13;
&#13;
&#13;
INDOAMERICA REVISTA MENSUAL ILUSTRADA &#13;
AÑO I ★ BUENOS AIRES, JUNIO DE 1935 ★ N°.  1 &#13;
&#13;
INDO-AMÉRICA, se incorpora al periodismo nacional con la &#13;
aspiración de propender a la confraternidad espiritual de los &#13;
pueblos hermanos, hermanos en la gran tradición que nace &#13;
en el Altiplano de Bolivia, con la civilización milenaria de&#13;
Tiahuanacu, que continúa con la gran cultura incaica que floreció a&#13;
orillas del Lago Sagrado, el Titicaca, boliviano-peruano, con la fusión&#13;
hispano-indígena que atestigua su rebeldía en los templos y las casonas &#13;
de Potosí, Chacabamba, Sucre, La Paz y Cuzco y que hoy, ante la &#13;
aspiración por crear en nuestra América una cultura propia, injerto de&#13;
la modernidad sobre las viejas raíces aborígenes y criollas, se reafirma&#13;
con lazos más fuertes, mediante las fecundadoras corrientes espirituales &#13;
que bajan del Altiplanicio a la Argentina y demás países limítrofes, &#13;
probando así que ayer, como hoy y como mañana la América Hispánica&#13;
es una e indivisible.&#13;
&#13;
&#13;
&#13;
2  INDOAMÉRICA &#13;
&#13;
¡PAZ!&#13;
&#13;
HORAS antes de entrar en prensa Indo-&#13;
américa, una solicitación telefónica &#13;
de mi buen amigo Talamón, me im-&#13;
­pone la tarea de improvisar estas lí-&#13;
­neas sobre la paz. ¡Qué sencilla y &#13;
qué enorme palabra! ¡Paz! Para defi-&#13;
­nirla en toda su magnitud conceptual, &#13;
me bastaría decir a los hombres: “Volved los ojos &#13;
hacia el dulce Maestro de Galilea”.&#13;
 Cuando murió mi madre, mi imaginación vagó &#13;
durante muchos meses para traducir, en humilde &#13;
flor, la gran angustia que me dejó su ausencia. Y &#13;
todavía no estoy conforme con la síntesis que tomé &#13;
a los clásicos — síntesis, tibia como una lágrima— &#13;
para depositar en el mármol de su huesa: “Non &#13;
obiit; abiit”. No ha muerto; partió…&#13;
 Hoy, es tan grande mi júbilo; está mi corazón &#13;
tan saturado de alegría; es tan impresionante la &#13;
emoción que siento en presencia de este enorme &#13;
acontecimiento de la historia de América que clau­-&#13;
sura por siempre las luchas fratricidas, para impo­-&#13;
ner como supremo veredicto, la fuerza inapelable &#13;
de la Justicia y el Derecho, que, a la inversa de &#13;
aquel doloroso acontecimiento de mi vida, no en­-&#13;
cuentro las palabras apropiadas para definir la gran-&#13;
­deza del episodio; ni me atrevo a ensayar, frente a &#13;
esta nueva aurora de la confraternidad continental, &#13;
la ferviente aleluya reclamada por la paz que aca-&#13;
­ban de concertar los dos pueblos hermanos. Prefie­-&#13;
ro, entonces, que hablen por mi estado de ánimo, las &#13;
palabras del poeta francés que expresó en el lírico &#13;
apotegma — “les plus beux vers ce sont seux qu’on &#13;
n’écrit jammais”— la imposibilidad de traducir los &#13;
sentimientos que no tienen definición.&#13;
 Y así es nomás. Da paz del Chaco es el himno &#13;
nuevo de las Américas. Una especie de hostia que &#13;
si se amasó en el infortunio con levaduras de san­-&#13;
gre, va a purificarse en el crisol de la Justicia y el &#13;
Derecho para la comunión espiritual de nuestras &#13;
jóvenes Repúblicas.&#13;
 La Historia dirá lo demás. La musa. Clío acaba &#13;
de tomar el lápiz de acero para entregar a los tiem-&#13;
­pos los materiales del episodio. Por Ella sabrán las &#13;
generaciones futuras todo cuanto de grande y pa-&#13;
­triótico tuvo esta epopeya. Sabrán del incruento sa­-&#13;
crificio de un pueblo trabajador y pacífico, que su-&#13;
­po improvisarse en pueblo-soldado, para acudir a las &#13;
selvas inhóspites a derramar su sangre por el honor &#13;
nacional y en defensa del patrimonio de sus mayores. &#13;
Sabrán de la serenidad y del dolor. Y sabrán también, &#13;
con claridad meridiana, todo el proceso de la tra-&#13;
­gedia bajo sus aspectos militar y político; con sus &#13;
triunfos y sus vicisitudes; con el fervor patricio de &#13;
sus ciudadanos y las alternativas de una diplomacia &#13;
internacional que tuvo sus apóstoles y sus fariseos... &#13;
Y sabrán también, que un día de junio de 1935, al &#13;
despuntar de una estrella que despejó los horizontes &#13;
para que vibraran con más hondura los claros clari­-&#13;
nes de la Victoria definitiva, apareció como una som-&#13;
­bra blanca sobre la heredad llena de sangre, el An-&#13;
­gel de la Paz, reclamado por los pueblos hermanos de &#13;
América y como un heraldo desprendido desde el tro­-&#13;
no de Dios.&#13;
 ¡Bienvenida sea la paz! ¡Y bienvenida así, sin ven­-&#13;
cedores ni vencidos! ¡La paz, amplia, generosa, sin &#13;
rencores por el pasado y sin recelos para lo por ve­n-&#13;
ir!¡Bienvenida por todos! Por el recuerdo piadoso &#13;
y cariñoso de los que quedaron, y la vida de los que &#13;
volvieron; por el dolor de todas las madres; por el &#13;
dolor de las estoicas madres bolivianas, que supieron &#13;
reproducir en la hora trágica, con serena altivez y &#13;
noble orgullo, el piadoso heroísmo de sus abuelas; &#13;
por la gloria civil de los dos pueblos que enfrentaron &#13;
sus armas; por Bolivia, la ínclita Bolivia, que mien-&#13;
­tras pone en orden las páginas de su historia colonial &#13;
para definir su triunfo jurídico en las lides del Dere­-&#13;
cho, retoma las herramientos del trabajo, mientras el &#13;
sol de la alegría cabrillea sobre la nieve de sus mon­-&#13;
tañas y vuelve a sentirse en los oteros el salmo a la &#13;
vida ondulando en la flauta pastoril. &#13;
 “Padre Nuestro que estás en los cielos. . . ”&#13;
Jaime Molins.&#13;
&#13;
&#13;
INDOAMÉRICA 3&#13;
&#13;
Apuntaciones sobre los Aimaras de la Paz&#13;
La fiesta de la&#13;
invención de la Santa Cruz&#13;
POR&#13;
NELLY MERINO CARVALLO&#13;
(Para "INDOAMERICA” )&#13;
&#13;
LA fiesta de la Invención de la Santa &#13;
Cruz, en La Paz, en una de las fies-&#13;
­tas más famosas de los indios y de &#13;
las más ruidosamente celebradas.&#13;
 Durante tres días y en la noche &#13;
del tres de mayo es grande el entu­-&#13;
siasmo y desenfreno de la muchedumbre. Todo el &#13;
pueblo se reúne en la región llamada “Plaza Rio-&#13;
siñho” y en el cerro del Calvario, que ostenta una &#13;
enorme cruz y donde se levanta una capillita para&#13;
la devoción de los creyentes. Desfilan pandillas dis­-&#13;
frazadas, bailando al son de las orquestas indígenas,&#13;
seguidas de un gentío contagiado también del en-&#13;
­tusiasmo popular.&#13;
 En todas las celebraciones de las fiestas, en las &#13;
que toma parte el pueblo,— que es fanático y con-&#13;
­servador de sus ideas religiosas— se designa un &#13;
“preste”, (llámase así a la persona que ha manifes­-&#13;
tado voluntad para celebrar en su casa la fiesta, indi­-&#13;
cada) generalmente es una “chola” (1) y tiempo &#13;
antes de la fiesta envía tarjetas a las personas que &#13;
pueden ayudarla pecuniariamente para dar realce a &#13;
la ceremonia.&#13;
 Unas pagan los focos de luz de la iglesia alrededor &#13;
del santo que celebran; otras tienen a su cargo la &#13;
música de la misa, o el precio del sermón que se dirá&#13;
ese día. Envían de visita a la “preste” designada, la&#13;
efigie del Niño Dios, ricamente ataviado con zapa-&#13;
­tillas de plata y traje de bordados y alamares relu­-&#13;
cientes; después de tres días, es recogido y la “chola”&#13;
contrae compromiso serio de ser “preste”.&#13;
 Reparte invitaciones entre sus relaciones para la &#13;
misa solemne que ha de celebrarse y ese día lleva&#13;
cargado en sus brazos, sobre un paño blanco bordado&#13;
al tambor, la estatua del Niño Dios y la acompañan &#13;
un grupo considerable de mujeres,— las de mejor &#13;
reputación— todas con un zahumador de plata con&#13;
carbones encendidos con mirra e incienso, perfuman-&#13;
­do así, a la Santa Imagen en su trayecto de la casa&#13;
al templo, y en su regreso.&#13;
 Durante la misa te entregan a la “preste” un cirio&#13;
encendido, que recibe satisfecha, porque sabe que&#13;
todas las atenciones serán para ella, por el honroso&#13;
cargo que representa. Estas procesiones de cholas, &#13;
todas muy bien vestidas, con faldas cortas inmensa-&#13;
­mente repolludas, que dejan ver un poco la  pierna&#13;
prisionera en medias de seda y altas botas de cabri­-&#13;
tilla, sus suntuosos mantones, de seda y flores bor­-&#13;
dadas, prendidos con “topos” (2) de oro y perla o&#13;
de plata, los sombreros de pila, duros y de altas copas&#13;
y los grandes aretes de perlas, son frecuentes en las&#13;
calles cada vez que tiene lugar alguna fiesta de re-&#13;
­nombre y es muy pintoresco verlas caminar airosas,&#13;
en medio del humo aromático que desprenden los&#13;
pebeteros.&#13;
 Al llegar a la casa de la “preste” empieza la fiesta&#13;
y sirven a los convidados repetidas cofas de alcohol,&#13;
— que es menester aceptar siempre— . Después pasan&#13;
al lunch, alrededor de una larga mesa enmantelada &#13;
con finos encajes y donde se han dado cita los fiam-&#13;
­bres y carnes diferentes, tortas, panes, galletas, dul­-&#13;
ces y bombones finos, vinos, cerveza y chicha en &#13;
abundancia; y en medio de la alegría de Baco, desig­-&#13;
nan a la nueva “preste”, para el próximo año en igual&#13;
fiesta.&#13;
 Sigue el baile sin parar; sólo se interrumpe éste&#13;
para volver a comer o beber y así se suceden las&#13;
danzas hasta horas avanzadas de la noche. Esta alga­-&#13;
rabía dura dos o tres días y al final acompañan a la&#13;
“preste” recién nombrada hasta su casa, llevando de&#13;
nuevo la Imagen bendita, porque esperan ser recom-&#13;
&#13;
(1) Chola mestiza del pueblo, viste traje característico.&#13;
(2) Topos, grandes alfileres de formas caprichosas y &#13;
variadas, usados por los indios y cholas para prender sus &#13;
mantones.&#13;
&#13;
&#13;
&#13;
4 INDOAMERICA&#13;
&#13;
pensados por ella, y se reproduce otra vez en la casa &#13;
el consumo de licores!. . .&#13;
 Entre los campesinos aymaras hay estas mismas &#13;
costumbres, sólo que éstos son menos rangosos que &#13;
los "cholos”.&#13;
 El Parque Riosiñho lucía sus mejores galas en los &#13;
días y noches que conmemoraban la fiesta de la In­ven-&#13;
ción de la Santa Cruz. De los árboles colgaban &#13;
los focos eléctricos de variados colores y brillaban el &#13;
verde de las hojas que parecían esmaltadas; guirnal-&#13;
­das de banderas y flores se confundían con los hilos &#13;
de luz de los faroles chinescos, que daban un aspecto &#13;
fantástico y deslumbrante, grupos de repolludas cho-&#13;
litas, hacían crugir el almidón de sus enaguas, osten-&#13;
­tando sus mejores trajes y joyas.&#13;
 Los indios, con sus gorros tejidos y sus ponchos &#13;
de colores vistosos, caminaban en todas direcciones,&#13;
mientras los bailarines “ Cullaguas” (3) “Sicuris”,&#13;
‘‘Morenos”, bailaban desenfrenadamente al son de &#13;
las Zampoñas, las “Kenas” (4) los bombos y tam-&#13;
­bores. ..&#13;
 ¡Qué aspecto tan netamente español presentaban &#13;
las calles irregulares y angostas de esos sitios aparta-&#13;
­dos; engalanadas las casas con banderas tricolores y &#13;
profusión de flores; en los balcones de fierro, cala­-&#13;
dos y salientes, misteriosos e incitantes a una cita,&#13;
piños de mujeres envueltas en mantones de Manila,&#13;
aparecían como en acecho de algún caballero de capa &#13;
y espada que debiera venir a tocar la serenata del &#13;
Amor y la Vida!&#13;
 Quisimos contagiarnos con la alegría sana de este &#13;
pueblo que nos ofrecía un vivo cuadro de costumbres &#13;
nacionales y fuimos espectadores, no desde afuera, &#13;
sino que, íntimamente mezclados entre las masas, sin&#13;
distinción de clases sociales. ¡Y, cuánto hay que ce-&#13;
­lebrar aquí la cultura y el orden admirables que &#13;
mantienen los obreros y los indios en sus fiestas! No &#13;
se ven ebrios ni revoltosos, ni se oyen gritos destem­-&#13;
plados; todos se divierten con mesura, sin degenerar &#13;
en el desenfreno!. . .&#13;
 Y, sin embargo, el ponche de aguardiente se toma­-&#13;
ba en cantidades. .. y la muchedumbre hervía por &#13;
todas partes en son de fiesta y los “yockallas” (5) &#13;
saltaban también entregándose al delirio de las dan-&#13;
­zas, entre carcajadas y chistes graciosos. . .&#13;
 Seguimos andando sugestionados por el aire de la &#13;
música incásica que tocaban las kenas lejanas.&#13;
 El indio es triste, sus instrumentos de música en­-&#13;
tonan melancólicos, evocadores de ensueños y armo­-&#13;
nías dormidas en el fondo del alma; en confuso &#13;
montón de notas vagas, escuchamos en esta noche,&#13;
todos los ayes lastimeros que esta raza sumisa y &#13;
trabajadora, que tiene un concepto alto de la vida y &#13;
de sus deberes.&#13;
 ¡Las multitudes abigarradas de gentes seguían des­-&#13;
filando en opuestas direcciones; parejas enamoradas &#13;
buscándose en las sombras para decirse sabe Dios &#13;
qué!...; las numerosas tiendecitas de comestibles &#13;
expendían sus dulces, fruta y maní tostado, y los &#13;
indios alejábanse más y más hacia el pie del Calvario,&#13;
entonando sus tristes melodías que repercutían en &#13;
lontananza! &#13;
 Arriba, en al cumbre del cerro, ardían las luces &#13;
que rodeaban a la Cruz, símbolo del dolor, ese ma­-&#13;
dero que todos cargamos en la vida, unos con la santa &#13;
resignación, otros con la rebeldía que sugieren las &#13;
desigualdades humanas!. ..&#13;
 Y el eco de la “Kena” incaica parecía entonar en &#13;
el alma del indio el himno de la esperanza; la espe-&#13;
­ranza que resurja esta raza fuerte y buena, que pue-&#13;
­bla las llanuras y serranías andinas. . .&#13;
&#13;
(3) Cullaguas, Sicuris y Morenos, nombres con que se &#13;
designan los diferentes grupos de bailarines en trajes de&#13;
 carácter.&#13;
(4) Kenas, flautas indígenas de caña.&#13;
(5) Yockallas, granujas, en quechua&#13;
&#13;
&#13;
&#13;
INDOAMERICA 5&#13;
&#13;
ARTE BOLIVIANO &#13;
Potosí, cuna de la independencia artística y espiritual &#13;
de América &#13;
&#13;
Potosí, cual lo prueba el eminente americanista &#13;
arquitecto Angel Guido, en un enjundioso tra­-&#13;
bajo publicado en La Prensa y del que transcribi-&#13;
­mos los párrafos más significativos, fue la &#13;
cuna de la liberación espiritual de nuestra &#13;
América, por obra &#13;
del gran artista ques- &#13;
chua José Kondori, &#13;
autor de la admi-&#13;
ra­ble portada del tem­-&#13;
plo San Lorenzo de &#13;
la Ciudad Imperial.&#13;
 Así Bolivia, que &#13;
en Chuquisaca había &#13;
engendrado la eman­-&#13;
cipación política de &#13;
Sud América, tiene &#13;
la honra de haber si­-&#13;
do portaestandarte de &#13;
la liberación artística, &#13;
afirmada con docu-&#13;
­mentos irrefutables &#13;
por Angel Guido en &#13;
los párrafos que si­-&#13;
guen:&#13;
 “Quizá por prime-&#13;
­ra vez en los estu-&#13;
­dios de la historia &#13;
americana se -hable &#13;
de un artista plásti­-&#13;
co que muchos años &#13;
antes de la Revolu-&#13;
­ción de Mayo, traba­-&#13;
jaba un arte rebelde, &#13;
un arte que quería a &#13;
brazo partido liber-&#13;
­tarse de la dictadura &#13;
estética impuesta por &#13;
la autoridad inmar-&#13;
­cesible del virrey; un&#13;
arte insolente para el &#13;
español civil, un ar­-&#13;
te hereje para el español católico. Y el hispano, irres­-&#13;
petuoso de lo autóctono, que explotaba al indio en &#13;
la encomienda, que sojuzgaba al queschua y el ay- &#13;
mara en la mita pavorosa y cruel, que despreciaba &#13;
soezmente, brutalmente, el culto solar que llevaba el&#13;
indio en el corazón, estaba, sin embargo, retado vio-&#13;
­lentamente, en su insolencia habitual, por los silen­-&#13;
ciosos artistas que trabajaban en la arquitectura y &#13;
en la música criollas”.&#13;
&#13;
 “De José Kondori, el autor de la famosa portada &#13;
de San Lorenzo de Potosí, no tenemos noticias tan &#13;
exactamente registradas como respecto a Aleijadin-&#13;
ho, pese a nuestra obstinada búsqueda en los Ar-&#13;
chivos de Potosí. Las efemérides mineras están su-&#13;
­ficientemente documentadas respecto a las obras de &#13;
arte. Las potosinas, muy pobremente. Baste solo re­-&#13;
cordar que las nume-&#13;
­rosas construcciones &#13;
de iglesias;ejecutadas &#13;
en el siglo X V III no &#13;
han sido en su ma-&#13;
­yoría registradas.&#13;
 “Pudimos recoger, &#13;
sin embargo, que Jo­-&#13;
sé Kondori — indio &#13;
queschua — nació en &#13;
un pueblo- próximo a &#13;
Potosí durante el úl­-&#13;
timo lustro del siglo &#13;
XVII.&#13;
 “La labor del gran artista &#13;
indio Kondo-&#13;
­ri fué prominente en &#13;
Potosí. No es posi­-&#13;
ble negar que alre­-&#13;
dedor de Kondori se &#13;
haya realizado una &#13;
verdadera escuela de &#13;
arte criollo ya eman-&#13;
­cipado del español.&#13;
 “Su obra máxima &#13;
es, sin duda, la por­-&#13;
tada de San Lorenzo &#13;
de Potosí, ejecutada &#13;
durante los dieciséis &#13;
años que corren des­-&#13;
de 1728 a 1744.&#13;
 “Esta obra, tra-&#13;
ba­jada como una joya &#13;
de orfebrería, ejecu-&#13;
­tada en piedra, fué &#13;
esculpida personal­-&#13;
mente, es decir, ha­-&#13;
ciendo uso exclusivo &#13;
de peones.&#13;
 “Es una obra, &#13;
pues, casi en totali­-&#13;
dad americana. Las estructuras que constituyen el &#13;
esqueleto arquitectónico están dispuestas dictatorial-&#13;
­mente por los sacerdotes de la orden. Procedían del &#13;
barroco español, pues en aquel momento, como es &#13;
conocimiento de todos, el churriguerismo estaba en &#13;
auge en la península, ya que era la época de Churri- &#13;
guera, de Rivera, de Tomé. Pero ¡cuánta distancia &#13;
entre el ultra-barroco español y este arte criollo es­-&#13;
culpido por el queschua Kondori!&#13;
 &#13;
“Volviendo a nuestro ejemplar, se intuye, induda-&#13;
­blemente, a través de esa labor magnífica de un solo &#13;
artista, la contextura recta y vigorosa de Kondori,&#13;
(Sigue en la pág. 28).&#13;
&#13;
Portada del Templo de San Lorenzo de Potosí, obra del artista chescua José &#13;
Condori, en la que se inicia la emancipación espiritual de nuestra raza hispano-&#13;
americana.&#13;
&#13;
&#13;
&#13;
6 INDOAMERICA&#13;
&#13;
En torno a una conferencia del general &#13;
don Alfonso Baldrich &#13;
&#13;
LA lucha contra la ne­-&#13;
fasta influencia de &#13;
la Standard Oil, el &#13;
gran pulpo yankee &#13;
que, con brutalidad, &#13;
se extiende hoy so-&#13;
­bre el mundo, tiene &#13;
un apóstol en la per­-&#13;
sona del general don &#13;
Alonso Baldrich, militar pundonoroso y &#13;
hombre de acción y de pensamiento.&#13;
 En nuestro país, este general de la &#13;
Nación es el símbolo de la reacción na-&#13;
­cionalista contra una de las innumerables &#13;
empresas extranjeras — una de las me­-&#13;
nos poderosas hasta hoy— que se han &#13;
adueñado de más del sesenta por ciento &#13;
de nuestra riqueza y nos han colocado, &#13;
siendo la Argentina uno de los países &#13;
más favorecidos por la naturaleza, en la &#13;
angustiosa situación de uno de los pue-&#13;
­blos más pobres de la tierra.&#13;
 Con elevado y comprensivo argenti­-&#13;
nismo, el general Baldrich encara el &#13;
problema de petróleo, no creyendo, como &#13;
tantos políticos que militan de naciona-&#13;
­listas, que se puede ser tal y abogado de &#13;
empresas extranjeras que nos esquilman, &#13;
o sea defender a quienes conspiran con­-&#13;
tra los intereses de la patria y procla-&#13;
­marse patriota…&#13;
 Rendido este justo homenaje a la no-&#13;
­ble y enaltecedora figura del militar &#13;
argentino, cabe agregar que los malos &#13;
manejos de la Standard Oil, le llevan, &#13;
con entera buena fe y como es habitual &#13;
entre los apóstoles, a ver en todas partes &#13;
la siniestra mano del gran trust yankee, &#13;
verbi gracia en la guerra del Chaco, &#13;
fruto esta de una simple especulación &#13;
petrolifera, según él.&#13;
 En una conferencia dada en el salón &#13;
de actos de La Razón, nuestro general &#13;
desarrolló esa tesis, infiriendo al pueblo &#13;
boliviano, el más intimamente ligado a &#13;
nosotros por lazos espirituales e histó­-&#13;
ricos, nuestro amigo tradicional por más &#13;
de un siglo, el único que nos tendió &#13;
fraternalmente la mano en momentos de &#13;
peligro, cuando la guerra con Chile pa-&#13;
­recía inminente (Paraguay, en cambio, &#13;
en esos instantes de angustia, enviaba &#13;
veinte jóvenes a estudiar en la Escuela &#13;
Militar de Santiago y contrataba, para &#13;
organizar su ejército, una misión militar &#13;
chilena) una ofensa grave y gratuita, &#13;
que es de lamentar haya salido de labios &#13;
de una personalidad de tanto prestigio.&#13;
 De acuerdo con las palabras del gene-&#13;
­ral Alfonso Baldrich, la cuestión del &#13;
Chaco boreal sería poco menos que una &#13;
creación de la Standard Oil, para en­-&#13;
gendrar la guerra entre ambos pueblos &#13;
hermanos.&#13;
 Está visto que el conferenciante co-&#13;
­noce mejor el problema del petróleo &#13;
que el asunto del Chaco, existente, este, &#13;
desde los albores de la independencia, &#13;
pues Bolivia no reconoció nunca la so­-&#13;
beranía paraguaya sobre el vasto terri-&#13;
­torio que se extiende a la orilla derecha &#13;
del Río Paraguay; sin que sea razona- &#13;
blemente posible responsabilizar a la &#13;
Standard Oil de esa defensa secular, &#13;
por parte de Bolivia, de sus derechos &#13;
históricos, patentes en su uti possidetis&#13;
juris de 1810, sobre la región hoy tea­-&#13;
tro de la guerra.&#13;
 Por lo visto el prestigioso general &#13;
olvida que en 1879, es decir, hace más &#13;
de medio siglo, Bolivia y Paraguay fir­-&#13;
maron el tratado Quijarro-Decoud, por &#13;
el cual la primera cedía a la segunda, &#13;
“prescindiendo de sus derechos históri-&#13;
­cos” según reza en el documento y ac­-&#13;
cediendo generosamente al pedido del &#13;
entonces presidente paraguayo Cándido &#13;
Barreiro, que invocaba “la vastedad de &#13;
los dominios bolivianos y las pérdidas &#13;
territoriales sufridas por su patria a raíz &#13;
de la guerra de la Triple Alianza”, la &#13;
zona comprendida entre los ríos Para­-&#13;
guay y Pilcomayo y el paralelo 22; tra-&#13;
­tado que el Parlamento de Bolivia rati­-&#13;
ficó, encarpetándolo, en cambio, el pa-&#13;
­raguayo, en tanto que el gobierno de &#13;
Asunción, violando su firma, ponía en &#13;
subasta las tierras en litigio... Que en &#13;
1887, en otro tratado, Bolivia volvía a &#13;
ceder al Paraguay, la misma extensión &#13;
y establecía el arbitraje del Rey de Bél-&#13;
­gica sobre la zona delimitada por el Río &#13;
Paraguay, los paralelos 22 y 21 y el &#13;
meridiano 63. Este tratado, el Tamayo- &#13;
Acebal, también fué ratificado por el &#13;
Parlamento boliviano y encarpetado &#13;
por el paraguayo, repitiéndose nuevamente &#13;
la violación de la firma estampada al &#13;
pie de esa tira de papel, por parte de &#13;
Asunción que se adueñó militarmente de&#13;
Puerto Pacheco, situado fuera de la &#13;
zona a someterse al arbitraje... Que en &#13;
1894, por el Tratado Ichazo-Benítez, pa­-&#13;
saba al dominio paraguayo la región &#13;
delimitada por los ríos Paraguay y Pil­-&#13;
comayo y una línea divisoria, que arran­-&#13;
cando de Fuerte Olimpo (paralelo 21), &#13;
finalizaba en la intersección del Río &#13;
Pilcomayo con el meridiano 61° 28.&#13;
&#13;
La influencia de la Standard Oil.&#13;
 ¿Fué, acaso, la Standard Oil que im­-&#13;
pulsó a Bolivia a firmar y ratificar &#13;
esos tratados y al Paraguay a encarpe-&#13;
­tarlos y violarlos? ¿A eso llama el ge­-&#13;
neral Baldrich hacer “todas las conce­-&#13;
siones compatibles en la dignidad y la &#13;
seguridad nacional”, por parte de los pa-&#13;
­raguayos? Es patriótico y fecundo des­-&#13;
confiar de la Standard Oil, pero resulta &#13;
poco recomendable ver su garra en to­-&#13;
das partes, hacerse eco de las interesadas &#13;
acusaciones paraguayófilas, en torno a &#13;
las cuales se mueven muchos intereses &#13;
bastardos, y aún de los díceres del sena­-&#13;
dor Huey Long, víctima, también, por &#13;
lo visto, de la misma ofuscación de que &#13;
padece, en lo que se refiera a la guerra &#13;
del Chaco, el general Baldrich.&#13;
 Admitimos, por un momento, que la &#13;
empresa yankee haya sobornado a una, &#13;
dos, tres o más personalidades bolivia-&#13;
­nas transformadas así en paladines de &#13;
la guerra con el Paraguay ¿ello auto-&#13;
­rizaría, acaso, para creer que toda Bo­-&#13;
livia: sus militares, tan pundonorosos y &#13;
tan patriotas como pueden serlos los de &#13;
otros países, los del nuestro entre ellos, &#13;
sus estadistas, sus intelectuales, sus &#13;
hombres de negocio, tolerarían esa gue­-&#13;
rra en defensa de los intereses de una &#13;
empresa extranjera, se harían matar en &#13;
el infierno del Chaco y llevarían su &#13;
pueblo a la muerte y su patria a la &#13;
ruina?... No, mi distinguido general; &#13;
que un senador yankee, a fuer de tal &#13;
convencido de la inferioridad de South-&#13;
América, de la incapacidad intelectual, &#13;
de la inmoralidad y del salvajismo de &#13;
los hispano-americanos, lance esa acu­-&#13;
sación infamante, nos parece lógico, &#13;
pues Yankelandia desprecia nuestra ra-&#13;
­za; pero que un hispano-americano haga &#13;
suya esa acusación y las lance contra un &#13;
miembro de la gran familia a la que &#13;
pertenecemos y que tenemos el deber de &#13;
conocer algo menor que un norteame-&#13;
­ricano, nos parece lamentable y desdo-&#13;
­roso para todos los que nos enorgulle­ce-&#13;
mos de haber nacido en Hispano-Amé- &#13;
rica y tenemos fe inquebrantable en las &#13;
nobles y bellas prendas morales e in-&#13;
(Sigue en la pág . 8)&#13;
&#13;
&#13;
&#13;
INDOAMERICA 7&#13;
&#13;
ARTISTA BOLIVIANOS&#13;
&#13;
CECILIO GUZMAN DE ROJAS&#13;
&#13;
CECILIO GUZMÁN DE ROJAS, pintor boliviano nacido en la &#13;
Ciudad Imperial de Potosí, &#13;
que tantos grandes artistas ha &#13;
dado a Bolivia, es uno de los &#13;
grandes valores' del arte his- &#13;
pano-americano. Hizo sus es-&#13;
­tudios en Madrid y es el más &#13;
joven miembro de la Academia de San Fer­-&#13;
nando de Madrid.&#13;
 Actualmente Guzmán de Rojas es nuestro &#13;
huésped y ofrecerá a nuestro público una se­-&#13;
rie de óleos y acuarelas en las cuales revela &#13;
con originalidad y vigor los horrores de la &#13;
guerra del Chaco y el intenso y desgarrador &#13;
dolor humano de la contienda.&#13;
 La exposición, que sin duda será un ver-&#13;
­dadero acontecimiento artístico, será abierta &#13;
el 1° de Julio próximo en el salón Gutiérrez, &#13;
de la calle Florida 958.&#13;
&#13;
Entierro Indio&#13;
Fruta Paceña&#13;
&#13;
&#13;
&#13;
8 INDOAMÉRICA&#13;
&#13;
En torno a una conferencia del &#13;
general don Alfonso Báldrich&#13;
&#13;
(Viene de pág. 6) &#13;
telectuales que nos colocan, en el plano &#13;
superior del espíritu, a mayor altura &#13;
que sus acusadores del Norte…&#13;
 Esa calumnia hacia Bolivia hay &#13;
quienes la dirigen, con idéntico dere­-&#13;
cho e igual injusticia, así hay que creer-&#13;
­lo, al Paraguay, al presentar este país &#13;
como simple juguete de los capitalistas &#13;
argentinos y brasileños radicados en el &#13;
Chaco Boreal, negreros que Rafael Ba- &#13;
rret estigmatizó para siempre en su ho-&#13;
­rroroso libro “'El dolor paraguayo”.&#13;
 Por otra parte, cabría preguntar: &#13;
¿Qué interés tiene la Standard Oil en&#13;
 la guerra del Chaco, en el empeño en &#13;
que esa región pase a dominios de Bo­-&#13;
livia? En ella no hay zona petrolífera &#13;
alguna, desde que harto sabido es que los &#13;
yacimientos se hallan a lo largo de la &#13;
cordillera tarijeña y cruceña, o sea fue-&#13;
­ra del territorio en litigio. ¿La cons-&#13;
­trucción de un oleoducto? No creemos &#13;
que Paraguay se negara a la realización &#13;
de una obra que intensificaría el tráfico &#13;
marítimo en sus ríos y lo beneficiaría; &#13;
siempre que no fueran ciertos los ru­-&#13;
mores que presentan al Paraguay como &#13;
influenciado por una empresa británi­-&#13;
ca, rival a muerte de la Standard Oil, &#13;
e interesada en hacer fracasar la explo-&#13;
­tación petrolífera de su competidora!&#13;
 Además, la entrega casi total del Cha-&#13;
­co a empresas extranjeras, por parte del &#13;
gobierno de Asunción, prueba que la &#13;
Standard Oil, si así lo deseara, conse­-&#13;
guiría también concesiones petrolíferas, &#13;
ello tanto más lógico, cuanto Paraguay &#13;
carece de potencialidad financiera para &#13;
explotar sus yacimientos, si los tuviera, &#13;
y cuanto el gobierno salteño, no obs­-&#13;
tante el repudio de la conciencia nacio-&#13;
­nal argentina, ha entregado sus napas &#13;
petrolíferas al mencionado trust yankee.&#13;
 Siempre que no asentemos la premi­-&#13;
sa, que únicamente podría ser formulada &#13;
por un cretino, que en Hispano-Améri- &#13;
ca los bolivianos monopolizan los de-&#13;
­fectos de la raza y los paraguayos las &#13;
virtudes, hay que reconocer que, en tren &#13;
de difundir chismes, tiene más visos de &#13;
realidad, que una Bolivia manejada por &#13;
la Standard Oil, un Paraguay pelele de &#13;
los capitalistas argentinos y brasileños, &#13;
cuya influencia en Buenos Aires fué se­-&#13;
ñalada en Paris-Soir, por un periodista &#13;
francés que estuvo en Asunción, alar-&#13;
­mados aquellos por un posible reinte­-&#13;
gro del Chaco Boreal a la heredad bo­li-&#13;
viana (que en su discurso al Partido &#13;
Liberal, el presidente Ayala dió como &#13;
posible al afirmar que ningún gobier-&#13;
­no paraguayo se atrevería a entregar-&#13;
la zona del Fallo Hayes a Bolivia, si &#13;
el arbitraje así lo estableciera) y la &#13;
consiguiente anulación de las ventas y&#13;
concesiones de tierras realizadas en do-&#13;
­minios ajenos por los gobiernos de Asun-&#13;
­ción.&#13;
 En efecto, el Paraguay, país muy rico &#13;
pero de limitada producción, puede ex­-&#13;
portar: yerba mate, maderas, naranjas, &#13;
extractos de tanino y de carne — presen-&#13;
­tándose así, sea dicho de paso para ilu-&#13;
­minación de los nacionalistas al uso crio-&#13;
llo, como competidor nuestro— , en tan­-&#13;
to que Bolivia, que para quienes la co­-&#13;
nocen, es uno de los países más ricos &#13;
de Hispano-América, no puede conside-&#13;
­rar el asunto del petróleo como primor­-&#13;
dial para su vida económica. Dueña mun­-&#13;
dial de la producción de estaño, de su &#13;
subsuelo se extraen en gran cantidad: &#13;
plomo, cobre casi en estado nativo, wol- &#13;
fran, oro, plata y otros minerales, entre &#13;
ellos el hierro, no explotado aún; la &#13;
fertilidad de sus extensos valles andinos, &#13;
y de las vastas zonas de Santa Cruz de &#13;
la Sierra y el Beni, es proverbial: el &#13;
café, el mejor del mundo, el de Yungas, &#13;
el cacao, el maíz, las frutas tropicales, &#13;
crecen próvidamente y lo propio aconte­-&#13;
ce con los productos de climas templados &#13;
y fríos, a medida que se asciende hacia &#13;
el Alti-Plano, donde el trigo, la papa, la &#13;
cebada y el ganado lanar son más que &#13;
una promesa para el futuro. Bolivia po­-&#13;
see todos los climas y su suelo es apto &#13;
para todos los cultivos y para todas las &#13;
crías ganaderas, y — ello es lo que a un &#13;
nacionalismo constructivo y previsor in-&#13;
­teresaría entre nosotros— nos puede ofre-&#13;
­cer minerales para iniciar y cimentar en &#13;
la Argentina la industria pesada, sin la &#13;
cual no hay país rico ni militarmente &#13;
seguro, comprándonos, en cambio, gran &#13;
cantidad de artículos manufacturados, lo &#13;
que ampliaría el horizonte de nuestra in­-&#13;
dustria liviana y, además: harinas, trigo, &#13;
vinos y otros productos, cuyo intercam­-&#13;
bio resultaría mucho más beneficioso pa-&#13;
­ra la economía nacional, para el progreso &#13;
industrial del país y para nuestras con­-&#13;
veniencias internacionales, que los bas- &#13;
tardos intereses de los negreros del Cha-&#13;
­co, cuya producción se está desarrollan-&#13;
­do, como queda dicho más arriba, en &#13;
competencia con la de los capitales radi­-&#13;
cados entre nosotros; de modo que aque-&#13;
­llos se nos presentan por más de doscien-&#13;
­tos setenta millones de pesos como deser-&#13;
­tores de nuestra economía, minada por el &#13;
ya mencionado hecho de que empresas &#13;
extranjeras poseen el sesenta y dos por &#13;
ciento de nuestra riqueza (cerca de trein­-&#13;
ta y un mil millones de pesos, sobre un &#13;
total, calculado con no escaso optimis­-&#13;
mo, en cincuenta mil millones), como &#13;
traidores a casi lo único que en tiempo &#13;
de paz puede traicionar un ciudadano &#13;
civil: la vida económica de la nación; y &#13;
como propulsores de industrias radicadas &#13;
en tierra extranjera que, acaso el tiempo &#13;
mediante, competirán con las nuestras en &#13;
el mercado mundial.&#13;
&#13;
Los derechos de Bolivia y Paraguay.&#13;
&#13;
 En cuanto a afirmar que el derecho &#13;
está de parte de los paraguayos, en el &#13;
asunto del Chaco, llevaría a conclusio-&#13;
­nes en extremo perjudiciales para la &#13;
Argentina.&#13;
’No hay tu tia: los postulados del &#13;
derecho internacional son idénticos pa-&#13;
­ra todos, pues resultaría grotesco crear-&#13;
­los para uso exclusivo de un país dado, &#13;
para el caso, el Paraguay.&#13;
 Este invoca, para justificar sus pre-&#13;
­tensiones sobre el Chaco Boreal : &#13;
que esa zona primeramente explorada por &#13;
españoles salidos de Asunción; que ella &#13;
fué poblada e industrializada por capi­-&#13;
talistas cuyos títulos de posesión ema-&#13;
­nan del gobierno paraguayo, lo que es­-&#13;
tableció una dominación de hecho; que &#13;
en Santa Cruz de la Sierra, existe al­-&#13;
guna población de origen guaraní.&#13;
 El derecho de exploración no es re­-&#13;
conocido por Hispano-América, que le &#13;
ha opuesto su genial y genuina crea-&#13;
­ción: el uti possidetis juris de 1810, &#13;
que para gloria de nuestra raza intro­-&#13;
duce en el Derecho Internacional una &#13;
norma nueva y fecunda, destinada a ale-&#13;
­jar los conflictos armados para zanjar &#13;
entredichos de fronteras.&#13;
 Pero en el supuesto que la explora­-&#13;
ción diera derechos, habría que recono-&#13;
­cer, en un plano de verdadera imparcia-&#13;
­lidad, qué razón tendrían entonces los &#13;
escasos ultra-nacionalistas chilenos que &#13;
pretenden que San Luis, Mendoza y San &#13;
Juan, fundadas, colonizadas y domina­-&#13;
das por más de dos siglos, hasta el &#13;
año 1776, fecha de creación del Virrei-&#13;
­nato del Río de la Plata, por los es­-&#13;
pañoles de la Capitanía General de &#13;
Chile, deben, por eso, reintegrarse a la &#13;
dominación chilena; los bolivianos, a &#13;
su vez, invocando la teoría paraguaya &#13;
que hoy defienden tantos argentinos, &#13;
malos argentinos, podrían pretender, &#13;
por la misma causa: Córdoba, Tucu-&#13;
mán, Santiago del Estero, La Rioja, &#13;
Catamarca, Salta y Jujuy, también fun­-&#13;
dadas y pobladas por españoles del Al­-&#13;
to Perú; y los paraguayos, renovando &#13;
las aspiraciones de sus dictadores Fran-&#13;
cia y Carlos Antonio López, estarian &#13;
en su derecho al exigir para si, nues-&#13;
­tro litoral fluvial, basados en que Juan &#13;
de Garay, español enviado, al efecto,&#13;
(Sigue en la pág. 20)&#13;
&#13;
&#13;
&#13;
INDOAMERICA 9&#13;
&#13;
Chuquisaca cuna de la Emancipación&#13;
Hispano - Americana&#13;
1809 - 25 de Mayo - 1810&#13;
&#13;
QUIENES estudian en &#13;
sus causas y en sus &#13;
más remotos oríge-&#13;
­nes, el vasto movi­-&#13;
miento emancipa-&#13;
­dor que abarcó to­-&#13;
da la América con­-&#13;
tinental española y &#13;
que dio nacimiento &#13;
a quince nuevas nacionalidades, comprueban que le-&#13;
­jos de tratarse de un cuartelazo, de una asonada mi-&#13;
­litar que puso sobre la balanza el peso, siempre efí­-&#13;
mero y deleznable, de la fuerza bruta, esa emanci-&#13;
­pación fué obra de intelectuales y del pueblo, uni­-&#13;
dos ambos por las más nobles y las más generosas &#13;
aspiraciones, y que sólo cuando los caudillejos eri-&#13;
­gidos en generales de opereta participaron directa-&#13;
­mente en la vida continental, nuestra América cayó &#13;
en el caos y en la barbarie, en los cuales se ha de-&#13;
­batido por cerca de un siglo.&#13;
 Ese origen intelectual y espiritual de nuestra re-&#13;
­volución libertadora, se debe a que fueron sus cunas &#13;
dos ilustres instituciones de cultura: la Universidad &#13;
Mayor de San Francisco Xavier y la Academia Ca-&#13;
­rolina de Chuquisaca, la gloriosa ciudada de los cua-&#13;
­tro nombres: Chuquisaca, La Plata, Charcas y Su­-&#13;
cre, en las cuales se fueron plasmando y desarro-&#13;
­llando varios siglos de inquietudes y de rebeldías, cu-&#13;
­yo origen remonta a los primeros años de la Con­-&#13;
quista, pues la civilización quéschua no se doblegó &#13;
jamás ante, la fuerza de los españoles y sostuvo &#13;
constantemente en el Alto Perú un sedimento revo-&#13;
­lucionario que estalló múltiples veces, cuando las cir­-&#13;
cunstancias así lo permitían o lo exigían. &#13;
 Por ello el vasto territorio que hoy es Bolivia, &#13;
fué el centro inicial de nuestra emancipación, cen-&#13;
­tro de hondas raigambres espiritual y social, que&#13;
acaso, se hallen también, pero menos fuertes y me-&#13;
­nos duraderos en otros sitios poblados por razas que&#13;
habían alcanzado, antes de la Conquista, relativa ci-&#13;
­vilización, como en el Noroeste Argentino, ensan­-&#13;
grentado por la heroica sublevación diaguito-calcha- &#13;
quí de Don Juan de Calchaquí, muy emparentada, &#13;
cierto es, al Alto Perú, por razones espirituales — la &#13;
civilización de estas razas tuvo por origen el injerto &#13;
de la cultura quéschua sobre las de las viejas raíces&#13;
calchaquí y diaguita— y como en el Sud de Chile, &#13;
donde Lautaro, Caupolicán y Lienfúr mantuvieron &#13;
en jaque el poderío español, merced a la conciencia &#13;
racial de los araucanos; no pudiéndose confundir &#13;
esas explosiones libertadoras de entidades étnicas de&#13;
 relativo desarrollo espiritual, con los malones que &#13;
tantas veces asolaron las provincias de Buenos Ai-&#13;
­res, Santa Fe, Córdoba, San Luis, Mendoza y la &#13;
Pampa, simples actos de pillaje por parte de indios &#13;
que solo se proponían robar haciendas y llevarse &#13;
cautivas; despreciables reacciones de la barbarie con-&#13;
­tra la civilización.&#13;
 Como se comprenderá, los descendientes de los &#13;
súbditos de la teocracia comunista de los Incas, que &#13;
había alcanzado en Sud América el máximo de cul-&#13;
­tura, patente ésta en sus grandiosas concepciones ar­-&#13;
quitectónicas, en la pura belleza de su música y en &#13;
la suprema elegancia de su alfarería, de sus tejidos &#13;
y de sus artes menores, fueron los más rebeldes, &#13;
tanto por su bien arraigada tradición mística, social &#13;
y cultural, cuanto por el hecho de que la nueva si­-&#13;
tuación social imperante en tiempo de los españoles, &#13;
con sus mitas y sus encomiendas, resultaba horro­-&#13;
rosa en relación a la que habían establecido las sabias &#13;
y suaves leyes del Inca.&#13;
 Así en 1610 Ibáñez se subleva en Potosí y en 1623, &#13;
hacen lo propio Songo y Collana; en 1661, La Paz &#13;
es teatro de la sublevación popular que encabeza &#13;
Gallardo, y en 1730, en Cochabamba, otro humilde &#13;
caudillo: Alejo Calatayud, también trata de sacudir &#13;
“el suave yugo del muy amado monarca español”, &#13;
según reza en los documentos oficiales de la época. &#13;
Como bien se comprenderá, esas asonadas fueron &#13;
ahogadas en sangre y sus caudillos llevados al patí­-&#13;
bulo, pero en ellas vemos claramente que en la actual &#13;
Bolivia el espíritu libertador no se apagó nunca; abar-&#13;
­cando además, hecho único en nuestra América, la &#13;
liberación artística, cual aconteció con la portada del &#13;
Templo San Lorenzo de Potosí, en la que el genial &#13;
artista quéschua José Condorí, levantó el estandarte &#13;
de la rebelión.&#13;
 Más trascendente resultó la revuelta del último &#13;
Inca: Tupac Amarú y de los Catari, en 1780, que &#13;
tan honda repercusión tuvo entre los pueblos de &#13;
origen aymaro-queschua y que puede considerarse &#13;
como el punto inicial de la emancipación hispano-&#13;
&#13;
&#13;
&#13;
10 INDOAMERICA&#13;
&#13;
americana, cuyo corolario fue, cinco años más tar­-&#13;
de, en 1785, la sublevación de los cholos contra los &#13;
chapetones — españoles— en Cochabamba, al grito &#13;
de guerra queremos, guerra, aguardemos la ocasión;&#13;
ambas sangrientamente reprimidas, pero que deja-&#13;
­ron una semilla que germinó esplendorosamente en &#13;
la noble y generosa tierra boliviana.&#13;
 Esas inquietudes libertadoras, surgidas en la re-&#13;
­beldía popular, se fueron extendiendo a los domi-&#13;
­nios del espíritu. Los doctores chuquisaqueños, tam-&#13;
­bién sentían ansias de liberación, y afirmaban que &#13;
imprescindible era rehabilitar a los nativos, injusta­-&#13;
mente tenidos a menos por los conquistadores.&#13;
 Mariano Alejo Alvarez, graduado en Chuquisa-&#13;
­ca, provocó mayúsculo escándalo en Lima, a prin­-&#13;
cipios del siglo pasado, con su sonada tesis sobre&#13;
“La necesidad de dar preferencia a los americanos&#13;
en los empleos de América” ; aspiración que años &#13;
antes, en 1778, se concretó con la elección del perua­-&#13;
no Juan José Segovia, para el cargo de Rector de &#13;
la Universidad Mayor de San Francisco Xavier, &#13;
desconocida por los españoles y considerada como &#13;
un acto de rebeldía, al punto que el electo fue lleva-&#13;
­do a Buenos Aires, Capital del virreinato, y sumido, &#13;
por largos años, en inmunda mazmorra.&#13;
 Las ideas liberales de Agustín Risco, cuñado de &#13;
Segovia, también nos prueban cual era el estado de &#13;
alma de Chuquisaca a fines del siglo XVIII, pues &#13;
este doctor de la culta ciudad alto-peruana asentó &#13;
"que las leyes para que obliguen necesitan de pro­-&#13;
mulgación, y, según los casos, de aceptación”, prin­-&#13;
cipio que atacaba en su fondo la dominación hispá-&#13;
­nica en América, al reconocer a los nativos el dere­-&#13;
cho de aceptar o no las leyes dictadas por la Metró­-&#13;
poli.&#13;
 El cura Miguel Salinas y Quiñones, rector de la &#13;
Universidad de La Plata, en un enjundioso discurso &#13;
al nuevo obispo y carcelario de la misma: Benito &#13;
María de Moxó y Francoli, denunció en 1806, “el &#13;
escolastismo imperante en la Universidad, como ene­-&#13;
migo del progreso científico” y en nombre del claus-&#13;
­tro insinuó la necesidad de que “se echasen por tie-&#13;
­rra en Chuquisaca, las instituciones de la Universi-&#13;
­dad Mayor de San Marcos de Lima, que no hacían &#13;
sino arraigar más en la escuela el peripato ergotis-&#13;
ta”, deslizando al final de su discurso, la esperanza &#13;
de que “inspirándose el entrante cancelario en su &#13;
amor a la juventud estudiosa, arbitrase métodos más &#13;
adecuados para fomentar la enseñanza y ensanchar &#13;
la esfera de los conocimientos”, todo lo que, bien &#13;
a las claras, acredita el liberalismo imperante enton­-&#13;
ces en la ciudad de los Charcas.&#13;
 En la introducción del doctor Horacio Ramos Me-&#13;
xía al libro de Vicente G. Quesada La vida inte­-&#13;
lectual en la América española, dice el primero al &#13;
hablar del ambiente de Chuquisaca: “Alguna vez&#13;
surge un espíritu liberal y un anhelo de renovación&#13;
proyecta establecer un teatro consagrado a la Liber-&#13;
­tad, la Razón, la Filosofía, al divino Platón y a &#13;
Franklin, don Antonio Mariño hizo, sin embargo, &#13;
cosa mayor: publicó clandestinamente Los derechos&#13;
del hombre, lo que le valió ser perseguido y deste­-&#13;
rrado”. &#13;
 Por fin, el sumario que, por orden del Virrey de&#13;
 Buenos Aires don Baltazar Hidalgo de Cisneros, &#13;
fué levantado a raiz de la sublevación emancipado-&#13;
­ra del 25 de Mayo de 1809 de Chuquisaca, trae &#13;
nuevas luces sobre el particular.&#13;
 En efecto: en los cargos quinto, undécimo y se-&#13;
­senta se formulan las siguientes preguntas:&#13;
5° ¿Porqué no contuvieron al cabildo secular que&#13;
desde 1798 empezó a celebrar acuerdo escandalosos,&#13;
en horas y días extraordinarios, contra la conducta &#13;
del señor Presidente y prelado; no averiguaron los &#13;
autores de pasquines que, desde aquel tiempo se pu-&#13;
­sieron con frecuencia, y de las juntas de libertad e&#13;
independencia, que se proyectaban y hacían por al­-&#13;
gunos del pueblo?&#13;
 10° ¿Porqué desde entonces se hacían acuerdos &#13;
clandestinos y nocturnos en casa del señor Decano &#13;
Don José de la Iglesia a que concurrieron algunos&#13;
regidores y vecinos particulares? Digan quienes, lo &#13;
que trataban y con qué fin y objeto se juntaban?&#13;
 60° Si saben que estando quieto el Perú y sin&#13;
que se atreviese pueblo alguno, ni grande ni peque-&#13;
­ño, a sacudir el suave yugo de nuestro señor Don &#13;
Fernando V II y de la Suprema Junta Central que &#13;
en su nombre nos gobierna, luego que se difundió &#13;
el mal ejemplo de esa ciudad, la primera en su revo-&#13;
­lución, se siguieron las de La Paz, Santa Cruz y &#13;
Quito, organizadas bajo el mismo plan de gobierno&#13;
revolucionario?&#13;
 Como se ve el ambiente de Chuquisaca estaba mi­-&#13;
nado por el liberalismo, de suerte que el primer &#13;
grito de independencia que estalló en Hispano-Amé- &#13;
rica, el 25 de Mayo de 1809 y que arrancó al gene­-&#13;
ral Ramón García Pizarro, gobernador de Charcas, &#13;
cuando el pueblo le llevaba a la cárcel, después de &#13;
deponerle, estas proféticas palabras: Con un Pizarro&#13;
se inició la dominación española en América y con&#13;
un Pizarro se inicia su derrumbe; no fué, ni mucho &#13;
menos, un hecho esporádico, sino consecuencia de &#13;
varios lustros, casi diríamos varias centurias, de ger­-&#13;
minación de ideas emancipadoras.&#13;
 Es pués en ese ambiente revolucionario que se for­-&#13;
maron los que se graduaron en la Universidad Ma-&#13;
­yor de San Francisco Xavier y fueron miembros &#13;
de la Academia Carolina, siendo lógico que la se-&#13;
­ñalada por Baltázar Hidalgo de Cisneros, unidad de&#13;
(Sigue en la pág. 12)&#13;
&#13;
&#13;
&#13;
INDOAMERICA 11&#13;
&#13;
LA BELLA CIUDAD DEL ILLIMANI&#13;
&#13;
He aquí diversos &#13;
aspectos de la ciu­-&#13;
dad de La Paz, ca­-&#13;
pital de Bolivia: &#13;
Arriba, una vista &#13;
panorámica, perfi-&#13;
­lándose en el fondo &#13;
el gigantesco Illi- &#13;
mani; abajo la ave-&#13;
­nida del Prado, &#13;
con su moderna &#13;
edificación y la pla-&#13;
­za Murillo.&#13;
&#13;
&#13;
&#13;
&#13;
12 INDOAMERICA&#13;
&#13;
Chuquisaca cuna de la Emancipación Hispano - Americana&#13;
(Viene de la pág. 10)&#13;
&#13;
organización del plan revolucionario y republicano, &#13;
tuviera por único origen la prédica de los doctores &#13;
de las beneméritas instituciones chuquisaqueñas, que&#13;
al retornar a sus respectivos países, después de gra-&#13;
­duarse, llevaban el germen de las ideas liberales, &#13;
izquierdistas como se diría hoy.&#13;
 La chispa encendida en la ciudad de los Charcas, &#13;
el 25 de Mayo de 1809, corrió como reguero de &#13;
pólvora: el 16 de Julio, en La Paz, Domingo Muri-&#13;
llo sacude el yugo español; y al subir al cadalso dijo &#13;
proféticamente: “No se apagará nunca jamás la lla-&#13;
­ma que dejamos encendida” ; a los pocos días Santa &#13;
Cruz hace lo propio; el 10 de Agosto la lejana, pe-&#13;
­ro influenciada por los doctores de La Plata, Quito, &#13;
depone las autoridades hispánicas; el 14 de Septiem-&#13;
­bre Arze, del Rivero y Guzmán, se sublevan en &#13;
Cochabamba, y un año justo después de Chuquisaca, &#13;
el 25 de Mayo de 1810, Buenos Aires se levanta en &#13;
armas, invocando, como las cinco otras ciudades an-&#13;
­teriores, su fidalidad al muy amado monarca Don &#13;
Fernando VII, pretexto que debió insinuar José &#13;
Bernardo de Monteagudo, partícipe de la revolución &#13;
platense del año anterior, no siendo imposible que &#13;
el gran tribuno, en recuerdo de la fecha histórica, &#13;
propusiera que nuestro grito de Mayo estallara tam-&#13;
­bién el 25 de Mayo.&#13;
 La influencia que sobre nuestra emancipación ejer­-&#13;
cieron las ideas liberales de la Academia Carolina &#13;
de Chuquisaca, por obra de los doctores, es innega-&#13;
­ble, cuando se comprueba que la mayoría de las más &#13;
destacadas personalidades que intervinieron en nues­-&#13;
tro grito del 25 de Mayo y en los acontecimientos pos-&#13;
­teriores, se graduó en la ciudad de los Charcas.&#13;
 En efecto: tres de los nueve miembros de la Pri­-&#13;
mera Junta, cuya presidencia ejerció un alto-peruano: &#13;
el General Don Cornelio Saavedra, nacido en Poto-&#13;
­sí, eran doctores chuquisaqueños: Mariano Moreno, &#13;
el más genial propulsor de nuestra independencia, &#13;
cuyo espíritu se había modelado en la bien nutrida &#13;
biblioteca del canónigo Matías Terrazas, su protector &#13;
en La Plata; Juan José Castelli, enviado más tarde &#13;
al frente del segundo Ejército Auxiliar del Alto- &#13;
Perú; y Juan José Paso, cabiendo recordar las pala-&#13;
­bras del potosino Saavedra, en la sesión del Cabildo &#13;
abierto del 22 de Mayo: “No queda duda de que el &#13;
pueblo es quien confiere la autoridad o mando”.&#13;
 Sostenedores de esa junta y propulsores de las ideas &#13;
emancipadoras, los hallamos también entre condiscí-&#13;
­pulos de aquellos tres próceres: el ya nombrado Mon-&#13;
­teagudo, gran tribuno de la Revolución; Vicente Ló-&#13;
­pez y Planes, autor del Himno Nacional y cantor en&#13;
él de la Libertad y de la Igualdad, palabras pros-&#13;
­criptas del léxico de la Conquista y que López de­-&#13;
bió escuchar de labios entusiastas en las sesiones &#13;
escandalosas, que dijera el Virrey Cisneros, de la &#13;
Academia Carolina; Juan Martín de Pueyrredón, &#13;
que más tarde fué Director Supremo de las Pro-&#13;
­vincias Unidas; Martín Rodríguez, al que el mé­-&#13;
rito le llevó a Gobernador de Buenos Aires, en rea­-&#13;
lidad, presidente de la Confederación Argentina; Jo­-&#13;
sé Valentín Gómez y Francisco Díaz Vélez, eminen-&#13;
­tes jurisconsultos; Manuel Moreno, hermano de Ma­-&#13;
riano, primer acreditado diplomático argentino ante &#13;
el gobierno británico; Pedro José Agrelo, Manuel &#13;
Antonio Castro y González; más de la mitad de los &#13;
miembros del glorioso Congreso que en Tucumán &#13;
proclamó el 9 de Julio de 1816 la Independencia de &#13;
las Provincias Unidas de Sud-América: cuatro de &#13;
sus presidentes, pues las autoridades se renovaban &#13;
mensualmente: Pedro Medrano, Teodoro Sánchez &#13;
de Bustamante, Antonio Sáenz y Mariano Boedo; &#13;
seis de sus vice- presidentes: Pedro Ignacio Rivera, &#13;
José Agustín Gazcón, alto-peruano nacido en Oru- &#13;
ro, Jerónimo Salguero y Cabrera, Mariano Boedo, &#13;
José Severo Malabia y Andrés Pacheco de Meló; &#13;
sus dos secretarios permanentes: José María Serra-&#13;
­no y Juan José Paso; y los diputados José Ignacio &#13;
Gorriti, Tomás Manuel de Anchorena, José de Da- &#13;
rragueira y José Eusebio Colombres.&#13;
 La gloriosa ciudad de Chuquisaca, cuna, como &#13;
hemos visto, de la emancipación hispano-americana,&#13;
envió tres diputados al Congreso de Tucumán: José &#13;
María Serrano, Mariano Sánchez de Loria y José &#13;
Severo Malabia; participando también de la Asam-&#13;
­blea dos otros alto-peruanos: José Andrés Pacheco &#13;
de Meló, diputado por Chichas y Pedro Ignacio Ri­-&#13;
vera, por Mizque; de suerte que de los países dis­-&#13;
gregados del Virreinato del Río de la Plata, sólo el &#13;
Alto-Perú o Bolivia, tuvo representación en Tucu-&#13;
­mán, pues ni Uruguay ni Paraguay participaron de &#13;
las deliberaciones que vinieron a culminar con la &#13;
proclamación de la Independencia sud- americana. El &#13;
Uruguay, debido a las guerras civiles que ya le mi­-&#13;
naban; Paraguay, porque al decir del historiador &#13;
doctor Angel Acuña:&#13;
 “Negó toda cooperación a la lucha por la indepen-&#13;
­dencia ; se encerró en un aislamiento hosco y regresi­-&#13;
vo, apenas interrumpido por contactos de agresión. &#13;
Dominado por un egoísmo estrecho, contempló indi­-&#13;
ferente la sangrienta contienda que desgarraba a sus &#13;
hermanas de América”.&#13;
 “Jamás llevó la palabra de estímulo, jamás una pa­-&#13;
labra de aliento. Aprovechó el sacrificio de los otros, &#13;
del triunfo que consagró la independencia de los paí­-&#13;
ses libertados del poder de España, pero miró con &#13;
(Sigue en la pág . 32)&#13;
&#13;
&#13;
&#13;
NOTAS Y COMENTARIOS&#13;
&#13;
UN HECHO AUSPICIOSO. &#13;
Recibimiento de la delegación boli­-&#13;
viana en Tucumán&#13;
&#13;
EL recibimiento den &#13;
la delegación boli-&#13;
viana a la conferen-&#13;
cia de la paz, que se &#13;
realiza en Buenos&#13;
Aires, y que encabe-&#13;
­za el eminente esta­-&#13;
dista y Ministro de Relaciones Exterio­-&#13;
res de Bolivia, doctor Don Tomás Ma­-&#13;
nuel Elio, ha sido caluroso por parte de&#13;
las autoridades y el pueblo de Tucumán.&#13;
 El hecho merece un comentario. El &#13;
Gobernador de la Provincia, ungido a ese &#13;
elevado cargo por un partido netamente &#13;
popular que ninguna afinidad tiene con &#13;
los capitalistas radicados en el Chaco, ha &#13;
exteriorizado el sentimiento del verdade-&#13;
­ro pueblo argentino hacia el pueblo bo­-&#13;
liviano, su hermano dilecto por el pasa-&#13;
­do y por el presente; el sentimiento del &#13;
pueblo argentino, del que no responde &#13;
a los bastardos intereses de los industria-&#13;
­les que, voluntariamente, se han expa-&#13;
­triado y han preferido, en contra de los &#13;
más elementales deberes del patriotismo, &#13;
contribuir a la prosperidad de un país &#13;
extranjero a trabajar por la grandeza &#13;
material de su patria; del pueblo que &#13;
venera y conoce la Historia Argentina&#13;
— no en vano los tucumanos saben que &#13;
en la Casa Histórica, durante el glo-&#13;
­rioso Congreso de 1816, actuaron con &#13;
singular brillo cinco representantes del &#13;
Alto Perú— ; que presiente con clara &#13;
intuición dónde están los intereses de &#13;
la patria, que nada de común tienen con &#13;
los de los capitalistas que, al emigrar, &#13;
se desnacionalizaron y desertaron la &#13;
economía nacional; que sabe que Boli-&#13;
­via es el país más íntimamente ligado &#13;
a la Argentina por lazos históricos y&#13;
espirituales y que no se deja embaucar &#13;
por la propaganda paraguaya que, con &#13;
tanto descaro, está comprometiendo &#13;
nuestra neutralidad en el actual conflic­-&#13;
to del Chaco, al dar a creer, con su &#13;
bullanguera insolencia, que, como lo es­-&#13;
cribe el doctor Juan Steffanich, con&#13;
una candidez enternecedora, Argentina &#13;
y Paraguay son los dos astros de Sud &#13;
América.&#13;
El recibimiento entusiasta y frater­-&#13;
nal del que fué objeto en Tucumán, &#13;
por parte del pueblo y de sus genui-&#13;
nos representantes, la Delegación Boli­-&#13;
viana, es un hecho auspicioso que vale &#13;
mucho más que los cacareos paraguayó- &#13;
filos de escribas venales. Es la reac­-&#13;
ción del verdadero pueblo argentino y &#13;
la reanudación, tras breve eclipse, de &#13;
la tradicional confraternidad bolivia-&#13;
­no-argentina.&#13;
 Tucumán, una vez más, por obra de &#13;
su pueblo y de sus hombres dirigentes, &#13;
ha dado el grito de independencia de &#13;
juicio que, en letra de molde, había des-&#13;
­aparecido por obra de la propaganda &#13;
de un país extranjero.&#13;
&#13;
LA GUERRA EXALTA  EL &#13;
VIGOR DE LOS ARTISTAS &#13;
BOLIVIANOS&#13;
&#13;
 Las reproducciones que ofrecemos hoy &#13;
de dos obras del eminente pintor bolivia­-&#13;
no Cecilio Guzmán de Rojas, actualmen­-&#13;
te nuestro huésped, uno de los valores &#13;
más positivos de la pintura hispano-ame- &#13;
ricana, así como los que ofreceremos de &#13;
otros autores, en ediciones sucesivas, pro-&#13;
­barán que Bolivia sigue siendo el país &#13;
del arte de la tradición varias veces mile­-&#13;
naria; pero más aún lo prueba la activi­-&#13;
dad pictórica que se sigue desarrollando &#13;
actualmente con intensidad en el país her­-&#13;
mano, no obstante las angustias de la gue-&#13;
rra, o, quizá debido a ella, pues en esos &#13;
momentos de dolor nacional y de exalta-&#13;
­ción de las virtudes raciales y cívicas, &#13;
es cuando el artista cumple más noble y &#13;
fecundamente con su elevada misión es-&#13;
­piritual y de cohesión nacional.&#13;
 En efecto: ¿no fué, acaso, hace unos &#13;
veinte siglos que, durante los más de&#13;
tres lustros de duración de la guerra del &#13;
Peloponeso, que casi llevó a Atenas al &#13;
completo aniquilamiento, que Sófocles &#13;
produjo cada dos años y hasta su muer­-&#13;
te, una trilogía, entre ellas “Edipo Fey” &#13;
y un drama satírico; que Eurípides, des-&#13;
­cartadas “Alcestes” y “Medea”, escri­-&#13;
bió toda su obra trágica y que Aristó­-&#13;
fanes realizó los dos tercios de su labor &#13;
satírica?&#13;
 La Grecia de la tradición espiritual &#13;
de nuestra América, hemos nombrado &#13;
a Bolivia, no podía ser menos…&#13;
 Así hace meses, en el campo atrin­-&#13;
cherado de Villa Montes, bajo la ame­-&#13;
naza de los asaltos y de los aeropla­-&#13;
nos paraguayos, se realizó una exposi­-&#13;
ción colectiva de arte con obras de pin-&#13;
­tores y dibujantes, que, émulos de Ar­-&#13;
turo Reque Meruvia, que nos visitó &#13;
hace dos años y cuyos cuadros de la &#13;
guerra del Chaco han merecido el en­-&#13;
tusiasta elogio de la crítica española y &#13;
londinense, trocaron el fusil o la ame-&#13;
­tralladora por el pincel o el lápiz, para &#13;
fijar un paisaje chaqueño, una doloro-&#13;
sa escena de la contienda, una silueta o&#13;
una caricatura: [así en] estos últimos me-&#13;
­ses, se han realizado en La Paz sendas &#13;
exposiciones individuales de los artis­-&#13;
tas bolivianos: Genaro Ibáñez, Crespo &#13;
Gastellú, Gil Coimbra y Raúl Prada.&#13;
 Genaro Ibáñez, artista potosino, cono-&#13;
­cido en Buenos Aires, de regreso de Es-&#13;
­paña donde la crítica elogió su bellas &#13;
dotes de aguafuertista y dibujante, ex-&#13;
­puso una serie de obras de motivos del&#13;
 terruño: los maravillosos paisajes de &#13;
Tithuanacu, en los que se alzan los ves-&#13;
­tigios de la civilización madre de nues­-&#13;
tra América; los [templos] las casonas y &#13;
las callejuelas evocadoras de “Potosí,&#13;
Cochabamba y La Paz”, cuyo heroísmo &#13;
exalta el Himno Nacional Argentino…&#13;
 Divid Crespo Gastellú, paceño, que &#13;
tanto recuerda con su ingenuo primiti­-&#13;
vismo a nuestro Gramajo Gutiérrez, ex­-&#13;
puso cuadros y dibujos de ambiente po-&#13;
­pular : fiestas religiosas y cívicas de al­-&#13;
deas, recuas de llamas que se perfilan &#13;
en el Altiplano y en los valles andinos,&#13;
(Sigue en la pág. 18)&#13;
&#13;
&#13;
&#13;
16 INDOAMERICA&#13;
&#13;
Principios de derecho americano en la Guerra del Chaco&#13;
&#13;
LIBERADOS los pueblos de Hispano&#13;
América de la autoridad peninsu- &#13;
lar organizaron sus nacionalida- &#13;
des tomando como fuente de dere-&#13;
cho territorial, el uti possidetis ju-&#13;
ris de 1810, o sea, la posesión ju-&#13;
rídi­ca de cada circunscripción poli-&#13;
tica administrativa en esa fecha.&#13;
 Ninguna modificación posterior, &#13;
que no se fundara en convenios recíprocos podría &#13;
fundar derecho alguno posesorio, no reconociéndo­-&#13;
se res nullius sobre territorios incorporados a la ju­-&#13;
risdicción administrativa o de otro orden de las &#13;
nuevas nacionalidades. Ninguna ocupación, lógica-&#13;
­mente, podría prevalecer como fuente de derecho, &#13;
desde el momento que se consideraba que las tie-&#13;
­rras incorporadas dentro del patrimonio nacional &#13;
ploradas y gran parte, despobladas.&#13;
 Con el Chaco Boreal, motivo y origen de la con-&#13;
­tienda boliviano-paraguaya ocurre eso. Bolivia, here­-&#13;
dera inmediata e incontestable de la Audiencia de &#13;
Charcas que tenía jurisdicción territorial, adminis-&#13;
­trativa, política, jurídica y militar sobre los pueblos &#13;
que hoy constituyen la nación boliviana, poseía el &#13;
Chaco, aunque por razones de distancia, falta de po-&#13;
­blación y otros factores internos no llegara a ejer­-&#13;
cer una efectiva labor colonizadora. Este hecho ma­-&#13;
terial de abandono obligado por las circunstancias, &#13;
en que se tenía el Chaco, como hoy mismo muchas &#13;
y riquísimas zonas del territorio boliviano, y la pro-&#13;
­ximidad de encontrarse al alcance de la codicia del &#13;
núcleo más poblado, como era el Paraguay, que vi­-&#13;
vía secularmente sólo hacia el lado oriental del río &#13;
Paraguay, suscitó la presencia paulatina de este pue-&#13;
­blo y la ocupación efectiva de las tierras occidenta-&#13;
­les del río. Este hecho, en ningún momento ni en &#13;
forma alguna ha podido invalidar por sí mismo el &#13;
derecho posesorio de Bolivia sobre el Chaco, ampa-&#13;
­rado en el cedulario real de la corona española, fuen­-&#13;
te del derecho americano.* * * &#13;
 Como lejana resonancia y consagración del sentido jurí­-&#13;
dico del principio del uti-possidetis juris de 1810 que se reco-&#13;
­noce como base de todo derecho posesorio internacional en &#13;
este continente, apareció en 1932, a raíz de la contienda del &#13;
Chaco, la que se conoce como Declaración de 3 de Agosto de &#13;
ese año.&#13;
 Noble doctrina, de inspiración puramente americana con­-&#13;
solida el espíritu y la devoción por las soluciones jurídicas &#13;
de las contiendas territoriales o de otro orden que surgieran &#13;
entre estas naciones. La conquista territorial, — dice— , no &#13;
da derecho alguno de posesión, y se considerará ilegítima la &#13;
ocupación de hecho que no esté amparada en un título jurí­-&#13;
dico. Tácitamente la guerra, como factor resolutivo de con­-&#13;
tiendas internacionales en América, era repudiada, y apelar &#13;
a ella se consideraría como caso de extra-legalidad interna-&#13;
­cional en que se colocaban las naciones que la provocaban&#13;
o las que rechazaban el avenimiento pacífico. La guerra no &#13;
produciría más hechos políticos que sustituyan un derecho &#13;
legítimo por otro a título de victoria de un contendor sobre &#13;
el otro. Esta evolución del pensamiento internacional, del &#13;
concepto mismo de la guerra, arranca indudablemente en la &#13;
verificación cruel de que las guerras modernas por la comple­-&#13;
jidad de su acción destructora, abaten por igual a los com-&#13;
­batientes, y acaso si en la guerra futura serán los no-comba-&#13;
­tientes aquellos sobre quienes pese con más dureza, el sacri-&#13;
­ficio estéril de la lucha armada. Entonces, era pues, preciso, &#13;
desacreditar la guerra como hecho generador de títulos pose­-&#13;
sorios ; la ocupación y la conquista militar equiparados en su &#13;
efecto anti-jurídico serían repudiadas y desconocidas por las &#13;
naciones americanas.&#13;
Bolivia adhirió a la Declaración de 3 de Agosto de 1932, &#13;
y ahora mismo, en plenas negociaciones de paz, presta su &#13;
adhesión al principio acreditado por la suscripción de dieci­-&#13;
nueve naciones americanas.&#13;
&#13;
 Bolivia adhirió a la Declaración de 3 de Agosto &#13;
de 1932, y ahora mismo, en plenas negociaciones de &#13;
paz, presta su adhesión al principio acreditado por &#13;
la suscripción de diecinueve naciones americanas.* * *&#13;
 Si la Declaración de 3 de Agosto de 1932, niega &#13;
todo valor al hecho material de la guerra y a sus &#13;
consecuencias, el principio del Arbitraje abre el ca­-&#13;
mino de las soluciones definitivas dentro del cual &#13;
solo puede y debe prevalecer el mejor derecho de los &#13;
contendientes. El arbitraje, institución jurídica in­-&#13;
corporada al derecho internacional público como la &#13;
solución mejor de los conflictos, ha merecido en &#13;
América una realización aleccionadora. La Repú-&#13;
­blica Argentina constituida por tradición y convic­-&#13;
ción en paladín y sostenedora del principio arbitral &#13;
ha ofrecido su hospitalidad generosa para que en su &#13;
casa y presidida por una larga tradición jurídica &#13;
lleguen los beligerantes en el Chaco Boreal a defi­-&#13;
nir su derecho y consolidarlo después sobre bases &#13;
legítimas; únicas que pueden subsistir eternamente &#13;
alejando del futuro próximo o lejano la semilla de &#13;
discordias, y la raíz misma del conflicto. No es po-&#13;
­sible concebir que las cosas queden como antes de &#13;
la guerra, con la circunstancia de que nuevos ele­-&#13;
mentos de perturbación harían más grave y más in­-&#13;
minente la posibilidad de una nueva guerra si no &#13;
se da plena satisfacción al derecho, a la verdad y a &#13;
la justicia.&#13;
 Bolivia, funda, pues, sus reivindicaciones, en el &#13;
derecho mismo y en la justicia. Su mejor arma son &#13;
las doctrinas americanas anteriormente mencionadas &#13;
y su seguridad en el éxito de la causa por la que con &#13;
tanto heroísmo y brillo han luchado sus hijos en &#13;
los campos dantescos del Chaco Boreal, es cada vez &#13;
mayor por que la justicia, el derecho y la verdad, &#13;
se abren campo a través de las tinieblas más densas.&#13;
J. RODAS EGUINO,&#13;
Primer  Secretario de la Legación de Bolivia.&#13;
&#13;
&#13;
&#13;
INDOAMERICA 17&#13;
&#13;
EL MARAVILLOSO PAISAJE DE BOLIVIA&#13;
&#13;
En la presente nota pueden observarse &#13;
diversos aspectos del artístico panora­-&#13;
ma de Bolivia: Un cactus gigante, plan-&#13;
­taciones de café en plena serranía, un &#13;
tramo del ferrocarril de Atocha a Vi- &#13;
llazón y otros paisajes notables por su &#13;
belleza&#13;
&#13;
&#13;
&#13;
18 INDOAMERICA&#13;
&#13;
NOTAS Y COMENTARIOS&#13;
(Viene de la pág. 15)&#13;
arrieros, coyas y cholas, con la policro-&#13;
­mía de sus vestimentas, que con tan vis­-&#13;
tosa personalidad evoca.&#13;
 Gil Coimbra, en treinta y tres obras, &#13;
ofrece sus interpretaciones del campo &#13;
de batalla chaqueño: escenas de la gue-&#13;
­rra y también, de acuerdo con el alma &#13;
secular boliviana siempre atenta a la &#13;
belleza, aun en los momentos de an-&#13;
­gustia, visiones de la naturaleza del Cha-&#13;
­co, y un “Alma de la cueca” que es &#13;
una estilización magistral de ese baile &#13;
del pueblo, que se interpreta bajo la &#13;
metralla y entre uno y otro asalto.&#13;
 Por fin Raúl Prada, cochabambino, &#13;
en el Círculo Militar, expuso una serie &#13;
de cuadros, no ya de la guerra como &#13;
paracería imponerlo el ambiente que le &#13;
brindó hospitalidad, sino de la natu­ra-&#13;
leza americana, que siente como po­-&#13;
cos, particularizándose en los árboles &#13;
chaqueños y yungueños, de esa vegeta­-&#13;
ción atormentada o exhuberante, tan ge- &#13;
nuinamente continental.&#13;
 Los demás artistas bolivianos: Cecilio &#13;
Guzmán de Rojas, Jorge de la Reza, &#13;
Víctor Pavón, Ramón Katari, Alfredo &#13;
Araujo Quesada, Alejandro Mario Illa-&#13;
nes, Fausto Asis, Ricardo Bohorquez, &#13;
Teófilo Loaiza, Rene Meriles y otros, &#13;
siguen consagrándose a la exaltación de &#13;
la belleza nativa y de la vida bolivia-&#13;
­na, por medio de un arte vigoroso, ca-&#13;
­racterístico, original, subjetivamente &#13;
americano, ante el cual las enternece- &#13;
doramente ingenuas [oleografias] de sus &#13;
colegas paraguayos, expuestas dos años &#13;
ha en Buenos Aires y que los críticos &#13;
argentinos no comentaron para no des-&#13;
­truirlas cruelmente, resulta de la misma &#13;
superioridad que podría señalarse entre &#13;
la obra de un gran pintor y la ñoña &#13;
elucubración de una niña cursi de Ca- &#13;
lamuchita…&#13;
&#13;
EL BUEN H U M O R DEL&#13;
Dr. JUAN STEFANICH &#13;
&#13;
a) Los herederos de la gran cultura &#13;
humana occidental.&#13;
El patriotismo es un sentimiento no­-&#13;
ble y generoso digno de todo respeto &#13;
y la defensa de la patria, en tiempo de &#13;
guerra, es deber sagrado de todo ciu­-&#13;
dadano. Pero ese sentimiento no debe &#13;
llevar a quienes lo exteriorizan con la&#13;
pluma a esgrimir la mentira y a ofen-&#13;
­der a otros países que nada tienen que &#13;
ver en la contienda.&#13;
 En la “Revista Paraguaya”, que se &#13;
edita en nuestra Capital, escribe con &#13;
asombrosa inconsciencia al doctor Juan &#13;
Stefanich: “Honor y decoro de Amé­-&#13;
rica, herederos dignos la gran cultura&#13;
humana occidental (sic), estos dos paí­-&#13;
ses son el Paraguay y la República Ar­-&#13;
gentina . . . ”&#13;
 Ya sabíamos que los guaraníes consi­-&#13;
deran que su patria es un faro en Sud- &#13;
América, lo que si puede resultar ridi­-&#13;
culo frente a la verdad histórica y a &#13;
las realidades continental y paraguaya, &#13;
es tolerable cuando de ese concepto del &#13;
propio valer no se hace cómplice a otros &#13;
pueblos, como en el caso que nos ocu-&#13;
­pa, en el que la Argentina se ve acolla-&#13;
­rada al Paraguay, sin culpa alguna, co­-&#13;
mo corresponde de la cultura de Occi­-&#13;
dente en nuestra América.&#13;
 El pueblo paraguayo es sufrido y he­-&#13;
roico, nadie lo niega; tiene, sobre todo &#13;
en las mujeres, que son admirables de &#13;
abnegación, grandes aptitudes para el &#13;
trabajo material, todos lo reconocen; &#13;
pero de ahi a elevarlo a la misma ca­-&#13;
tegoría espiritual y mental, si damos &#13;
a estos vocablos su verdadero signifi­-&#13;
cado, que el pueblo argentino, media &#13;
una distancia que únicamente le cegue­-&#13;
ra de un patriotero puede franquear &#13;
sin rubor.&#13;
 No dudamos, desde luego, que el doc­-&#13;
tor Stefanich se imaginó honrarnos al &#13;
compararnos a los paraguayos, pero &#13;
ese honor que mucho tememos que &#13;
no sea apreciado por el argentino pa­-&#13;
triota que tenga consciencia de la la-&#13;
­bor cultural realizada por la Nación &#13;
Argentina en sus años de vida inde-&#13;
­pendiente.&#13;
 Los caminos por los cuales, desde &#13;
1810, han andado Paraguay y la Argen-&#13;
­tina, son tan distintos y tan antagóni-&#13;
­cos que, francamente, no vemos de &#13;
dónde pudo surgir esa paridad entre &#13;
ambos pueblos, señalada sin concretar-&#13;
­la et pour cause, por el doctor Ste­-&#13;
fanich.&#13;
 En efecto, durante la epopeya eman­-&#13;
cipadora que dió nacimiento a quince &#13;
nuevas nacionalidades, el Paraguay, sin &#13;
duda preocupado por la custodia (?) de &#13;
la gran cultura humana continental, no &#13;
dió señales de vida, no contribuyó ofi-&#13;
cialmete ni con un fusil ni con un sol­-&#13;
dado que llevara el uniforme de su &#13;
ejército a la independencia de nuestra &#13;
América... Nuestro país, sin embargo, &#13;
cuyas tropas libertadoras rechazaron los &#13;
paraguayos, expulsó a los españoles de &#13;
la Banda Oriental; envió cinco: ejér-&#13;
citos auxiliares al Alto Perú, donde con­-&#13;
taron con la heroica colaboración de los &#13;
bolivianos, cual lo prueban, entre mil, &#13;
el hecho de que la matrona chuquisa- &#13;
queña doña Juana Azurduy de Padilla, &#13;
la Heroína de América, fuera nombra-&#13;
­da coronela del Ejército Argentino y &#13;
que el general Belgrano donara a la &#13;
ciudad de Tupiza, un escudo en pre­-&#13;
mio al heroísmo de los granaderos chi- &#13;
chenses; hizo transpasar los Andes por&#13;
otro ejército que libertó a Chile y al &#13;
Perú, colaboró en la independencia de &#13;
Colombia en Río Bamba y Pichincha y &#13;
selló definitivamente con las tropas de &#13;
Bolívar y de Sucre la libertad de Amé-&#13;
­rica en Junín y Ayacucho…&#13;
 Quiero hacer constar desde esta tri-&#13;
­buna, escribe el publicista paraguayo, &#13;
que hay en el mundo dos países leal­-&#13;
mente pacifistas y profundamente res-&#13;
­petuosos de las normas jurídicas, que &#13;
nunca (?) arrojaron una brizna de­&#13;
hierba para encender la hoguera de la &#13;
guerra y que no creyeron jamás en la &#13;
posibilidad de una lucha armada entre &#13;
pueblos americanos...” Ya se imagi­-&#13;
nará el lector que esos dos países son&#13;
los hermanos siameses del doctor Juan &#13;
Stefanich : ¡Argentina-Paraguay! &#13;
 Echemos una somera mirada sobre &#13;
las efemérides pacifistas (¡) del Pa­-&#13;
raguay;&#13;
1825: Tropas paraguayas ocupan Misiones, &#13;
Candelaria, Salto y tranquera de Lo- &#13;
reto.&#13;
1832: Ocupación paraguaya del Aguapey y &#13;
del Uruguay, continuas incursiones gua-&#13;
­raníes a territorio argentino, que se &#13;
repiten con intermitencia hasta la &#13;
muerte de Gaspar Rodríguez de Fran-&#13;
­cia en 1840.&#13;
1849: Invasión paraguaya de la isla de Apipé,&#13;
 San Miguel, Loreto hasta acerca de &#13;
Santo Tomé; luego  retira   al mando &#13;
del joven general Francisco Solano &#13;
López, “arrebatando todo lo que en -&#13;
­contró a su paso: hombres, mujeres , &#13;
haciendas, bienes transportables, etc .”. &#13;
1851: Concentración de tropas paraguayas en&#13;
tierra argentina : Loreto y San Miguel. &#13;
1865: Bombardeo de Corrientes sin previa &#13;
declaración de guerra y degüello gene-&#13;
­ral de la tripulación de la nave de &#13;
guerras surtas en ese puerto; “25 de &#13;
Mayo ” y “ Gualeguay ” . . . Este noble &#13;
acto del pacifismo guaraní engendró &#13;
la guerra de la Triple Alianza de &#13;
ese acto de barbarie y lesa humanidad &#13;
se solidarizó, en magnífica epopeya, el &#13;
pueblo paraguayo todo y se sigue so ­-&#13;
lidarizando hoy, puesto que un regi ­-&#13;
miento paraguayo actualmente lu -&#13;
­cha en el Chaco se llama Mariscal &#13;
Lopez .&#13;
1879: Tratado Quijarro - Decoud, ratificado &#13;
por el parlamento boliviano encar -&#13;
­petado por el paraguayo venta, por &#13;
parte del gobierno de Asunción, de las &#13;
tierras en litigio .&#13;
(Sigue en la pág. 30)&#13;
&#13;
&#13;
&#13;
INDOAMERICA 19&#13;
&#13;
POETA/ BOLIVIANO&#13;
LAS CHARCAS&#13;
&#13;
EL golpe centelleante del castellano acero&#13;
extinguió en la cruz blanca su resplandor mortal,&#13;
y como nido de águilas alzó el aventurero&#13;
la ciudad del reposo, hidalga y conventual.&#13;
&#13;
La vió desde las cumbres el indio torvo y fiero,&#13;
vió su altar y su toga, su espada y su puñal,&#13;
y acaso entre las sombras, el fulgurar postrero&#13;
del astro que alumbraba la fortuna imperial.&#13;
&#13;
No dió la raza mártir su cuello a la cuchilla;&#13;
mil veces escucharon las huestes de Castilla&#13;
el silbar de sus flechas y el rugir de su voz,&#13;
&#13;
y turbaron sus sueños en las noches de plata&#13;
el semblante de bronce, la diadema escarlata,&#13;
la mirada terrible y el ademán feroz.&#13;
&#13;
Ricardo Jaimes Freyre.&#13;
&#13;
AURORA&#13;
Tras la indecisa luz anunciadora&#13;
del alba que claudica dulcemente,&#13;
con áurea majestad muestra el oriente&#13;
una imperial decoración de aurora.&#13;
&#13;
Con reflejos de lumbre cegadora,&#13;
sobre las cumbres del esplendor creciente,&#13;
el Inti surge, majestuosamente &#13;
sobre el silencio emocional de la hora.&#13;
&#13;
Un gallo fanfarrón canta escondido,&#13;
se oculta una vizcacha, y un ladrido&#13;
rebota en ecos tras el son de un báculo.&#13;
&#13;
Y solo libre, huido al cautiverio,&#13;
el cóndor, ante el mágico espectáculo,&#13;
pasa como el recuerdo de un imperio.&#13;
&#13;
Humberto Viscarra M.&#13;
&#13;
&#13;
&#13;
20 INDOAMERICA&#13;
&#13;
En torno a una conferencia del &#13;
general don Alfonso Baldrich &#13;
(Viene de la pág. 8) &#13;
por el gobierno de Asunción, fundó las &#13;
ciudades de Santa Fe y de Buenos Ai-&#13;
­res; siempre que nosotros, recordando &#13;
que Ayolas, conquistador del Paraguay, &#13;
lugarteniente de Pedro de Mendoza, &#13;
que colocó los cimientos de la primera &#13;
Buenos Aires, no formuláramos la as­-&#13;
piración de hacer del Paraguay una &#13;
provincia argentina…&#13;
 Los mismos escasos ultra-nacionalis-&#13;
­tas chilenos, por el hecho de que nues-&#13;
­tros territorios patagónicos están casi &#13;
en manos de chilenos: armadores, co-&#13;
­merciantes, estancieros y peonadas, ba-&#13;
­sados en la teoría paraguaya, pretenden &#13;
que toda la Patagonia pase a dominios &#13;
de Chile. En cuanto a nuestra secular &#13;
protesta por la ocupación británica de &#13;
las Malvinas, resultaría una goyería si &#13;
verdaderamente la conquista y coloni­-&#13;
zación de tierras ajenas diera derechos &#13;
de posesión.&#13;
 Por fin, la similitud racial y de idio­-&#13;
mas, podrían ser invocadas: la primera &#13;
para justificar aspiraciones trasandinas &#13;
sobre el Neuquén; paraguayas sobre Co-&#13;
­rrientes, Misiones, Este del Chaco y &#13;
de Formosa y los estados brasileños de &#13;
Matto Grosso, Paraná, Minas Geraes,&#13;
parte de San Pablo y otros, donde se &#13;
habla guaraní y esta raza está en ma­-&#13;
yoría; y bolivianas sobre Santiago del &#13;
Estero, donde el quéchua es el idioma &#13;
popular, sobre Jujuy, la más boliviani- &#13;
zada de nuestras provincias, y sobre to-&#13;
­da la zona calchaquí, antigua posesión &#13;
incaica, de cuyo vasto imperio Bolivia, &#13;
es, con Perú, la directa heredera.&#13;
 La insensatez de semejantes aspiracio­-&#13;
nes, supuestas las más, reales las me­-&#13;
nos, prueba, ante un criterio imparcial, &#13;
que igual adjetivo merecen las que sus-&#13;
­tenta el Paraguay sobre el Chaco Bo­-&#13;
real y, por influencia del despertar im-&#13;
perialista de los paraguayos, señalado &#13;
éste por los historiadores desde la ini-&#13;
­ciación de la vida independiente de la &#13;
provincia de la Guayra, sobre Santa &#13;
Cruz de la Sierra; y que de imponerse, &#13;
originaría en el futuro — seamos previ­-&#13;
sores— discordias, guerras, atropellos, &#13;
inquietudes y ruinas, alejadas para &#13;
siempre por la adopción del uti possi-&#13;
detis juris de 1810, base de la paz, la &#13;
concordia, la justicia y la confraterni­-&#13;
dad hispano-americanas.&#13;
 Ahora bien: el uti possidetis juris de &#13;
1810 es favorable a Bolivia, no por in-&#13;
­fluencia desmoralizadora de la Standard &#13;
Oil, sino por mandato mor alisador del &#13;
Derecho Internacional Hispano-Ameri- &#13;
cano que, desechando por espúrea toda&#13;
aspiración territorial basada en la ex­-&#13;
ploración o descubrimiento (caso del &#13;
Chaco por parte del Paraguay), coloni-&#13;
­zación, desarrollada al margen del de­-&#13;
recho y de la posesión jurídica (casos &#13;
de las Malvinas y del Chaco) y la si­-&#13;
militud racial, asienta que las fronte­-&#13;
ras entre los pueblos hermanos del con­-&#13;
tinente, deben ser las mismas que exis-&#13;
­tían en la subdivisión territorial colo-&#13;
­nial en 1810, fecha de la iniciación de &#13;
la emancipación hispano-americana.&#13;
&#13;
Paraguay frente a Sud América.&#13;
En su conferencia, el General don &#13;
Alfonso Baldrich, a fuer de militar, &#13;
hace gala de gran erudición histórica, &#13;
tributa al ejército paraguayo los más &#13;
hiperbólicos elogios y lo compara con &#13;
las falanges más heroicas registradas &#13;
por los anales de la guerra... Esa eru­-&#13;
dición, por desgracia, no parece abarcar &#13;
la historia de nuestra América y las re­-&#13;
laciones internacionales entre Paraguay &#13;
y nuestro país; de lo contrario, le ha­-&#13;
cemos el honor de creerlo así, su entu-&#13;
­siasmo paraguayófilo sería menos vehe­-&#13;
mente, pues sabría que el Paraguay &#13;
odió a la Argentina desde el día de &#13;
su independencia; sus grandes caudillos &#13;
Gaspar Rodríguez de Francia y Carlos &#13;
Antonio López, que se sostuvieron en &#13;
el poder porque reflejaban el sentir y &#13;
el pensar de su raza (no hay en la his-&#13;
­toria caso de un dictador o tirano que &#13;
no sea fruto del medio étnico), según &#13;
el historiador Dr. Angel Acuña, odia-&#13;
­ban a la Argentina y cultivaban con &#13;
amor la amistad del Brasil; que Fran­-&#13;
cisco Solano López no era tampoco ar- &#13;
gentinófilo y que sus sucesores, excep­-&#13;
to el General Benigno Ferreyra, derro­-&#13;
cado por ser argentinista, fueron ene­-&#13;
migos solapados de nuestro país, al pun­-&#13;
to que, como ya queda dicho, en tiem-&#13;
­pos del conflicto de fronteras argenti­-&#13;
no-chileno, en el Paraguay sólo se ha-&#13;
­blaba de la hermandad secular de las &#13;
repúblicas araucana y guaraní.&#13;
 Si, abandonando por unos momentos &#13;
el problema del petróleo, el general Bal­-&#13;
drich meditara un poco sobre historia &#13;
Hispano-Americana, llegaría a la con­-&#13;
clusión de que el Paraguay no puede &#13;
ser nunca nuestro amigo.&#13;
 En efecto: el pueblo paraguayo es ad­-&#13;
mirablemente patriota y posee un amor &#13;
propio nacional difícilmente superable; &#13;
es, con Chile, el único pueblo imperia­-&#13;
lista del continente, y no se conformó &#13;
jamás con la situación de país débil, &#13;
pobre y económicamente supeditado a la &#13;
Argentina, a la que le condenaron sus re­-&#13;
veses militares en la guerra de la Tri­-&#13;
ple Alianza.&#13;
 Como se comprenderá — y ello re­-&#13;
dunda en honor de ese pueblo desgra-&#13;
­ciado y orgulloso— los paraguayos con­-&#13;
sideran un baldón su sometimiento eco­-&#13;
nómico a la Argentina. Con la clara &#13;
intuición inherente a los pueblos fuer­-&#13;
tes, nuestro vecino del Noreste com-&#13;
­prende que su país resulta un contra-&#13;
­sentido, no tiene razón de ser como na­-&#13;
cionalidad independiente ni puede aspi­-&#13;
rar a prosperidad económica alguna si &#13;
se desliga de la Argentina, a cuya cos­-&#13;
ta se ve condenado a vivir, como sim-&#13;
­ple parásito... Ese estado de inferio-&#13;
­ridad, único en nuestra América, pro­-&#13;
voca en los paraguayos un noble y jus-&#13;
­to sentimiento de rebeldía, latente y &#13;
oculto, que únicamente espera el mo-&#13;
­mento propicio para estallar en contra &#13;
nuestra y conquistar así la libertad eco-&#13;
­nómica que asegure el porvenir de la &#13;
nación.&#13;
 Esa prosperidad y esa liberación eco-&#13;
­nómica no las logrará nunca el pueblo &#13;
paraguayo a expensas de Bolivia, aún &#13;
en el supuesto de que sus exóticas y &#13;
reideras aspiraciones imperialistas le lle-&#13;
­varan a adueñarse del Chaco Boreal y &#13;
de Santa Cruz de la Sierra, pues esas &#13;
próvidas regiones no lo arrancarían de &#13;
la triste condición de país mediterrá­-&#13;
neo, sin puertos de aguas hondas, tropi-&#13;
­cal y sub-tropical, cuya producción es-&#13;
­tá desvalorizada por la sencilla razón &#13;
de que entre ambos trópicos se extien-&#13;
­den las más ricas regiones productoras &#13;
del mundo, que están además en manos &#13;
de la mayoría de los países europeos, &#13;
los únicos que pueden ofrecerles merca-&#13;
­dos ... La ruina de la producción go-&#13;
­mera de Brasil, a raíz de las plantacio­-&#13;
nes hechas en colonias británicas y ho­-&#13;
landesas, prueba, sin lugar a dudas, cuán &#13;
efímera es la riqueza de los países tro-&#13;
­picales independientes. Por las mismas &#13;
razones Paraguay no conquistará jamás &#13;
prosperidad y liberación, a expensas de &#13;
Brasil, país de pleno trópico... En &#13;
cambio esa liberación y prosperidad, se &#13;
las brindaría nuestro país si los para­-&#13;
guayos pudieran realizar sus viejas as­-&#13;
piraciones sobre nuestra Mesopotamia. &#13;
que la dotarla de puertos de aguas hon­-&#13;
das y diversidad de productos.&#13;
 Claro está, la conquista de Corrien-&#13;
­tes y Entre Ríos es un imposible para &#13;
los paraguayos, o, mejor dicho, solo se­-&#13;
ría posible si el Paraguay se aliara a &#13;
un enemigo nuestro victorioso, y consi-&#13;
­guiera, merced a la ayuda militar pres­-&#13;
tada en conta la Argentina, adueñarse &#13;
de la Mesopotamia... Por ello el Pa­ra-&#13;
guay era brasileñista durante el con­-&#13;
flicto de Misiones e hizo arrumacos a&#13;
(Sigue en Iar pág . 26&#13;
&#13;
&#13;
&#13;
INDOAMERICA 21&#13;
&#13;
EL LAGO&#13;
SAGRADO&#13;
DE&#13;
LOS&#13;
INCAS&#13;
&#13;
ESTAMOS en Chua. La vieja residencia &#13;
patriarcal domina, desde la falda de &#13;
una lomada, la gran masa de aguas &#13;
que suavemente llegan a sus pies. Es &#13;
de noche y parece que la luna y to­-&#13;
das las estrellas del cielo hubiesen ba­-&#13;
jado al lago, donde rielan o cabrillean, &#13;
más temblorosas, más brillantes — si cabe— que en&#13;
el firmamento tropical.&#13;
 La claridad lunar lo ilumina todo y el lago es &#13;
blanco, móvil, reluciente, como si todo el estaño de &#13;
Bolivia se hubiese licuado allí para evidenciar el &#13;
enorme acervo de belleza que encierra también esta &#13;
tierra prodigiosa. Las colinas distantes se esfuman &#13;
en la noche y sólo la radiosa cordillera nevada se &#13;
yergue, nítida y clara, como una fila de inmóviles &#13;
y blancos espectros.&#13;
 La colina de Chua baja al Lago en una suave &#13;
pendiente, con árboles y gramíneas. Por entre el &#13;
follaje lustroso de las “kisuaras”, que semejan oli-&#13;
vos silvestres en las áridas lomadas, se abre un &#13;
claro en la playa ripiosa. Se me ocurre pedir al pro-&#13;
­pietario que los indios bajen al césped a tocar sus &#13;
quenas y sicos primitivos. Se organiza inmediata­-&#13;
mente una orquesta, que vuelca sus notas dolientes &#13;
en el Lago de los misterios incásicos.&#13;
 Los indios con sus gorros peculiares, sus pon-&#13;
­chos y sus arreos centenarios forman la ronda que &#13;
surge a la luz o se pierde, por intervalos, en la &#13;
sombra del follaje. Los “sicos” son zampoñas, y la &#13;
quena es la flauta de Pan. En el fondo de aquella&#13;
umbría ¿no chispearían los ojos del dios, como, lo &#13;
veía Darío, cuando el cisne de nieve violaba en las &#13;
lindas a Leda, “buscando su pico los labios en &#13;
flor” ? …&#13;
 La música de la ronda es suave, es ingenua, es &#13;
simple, es doliente, y como un alma vagabunda, co­-&#13;
mo un espectro de Lohengrin, atrae de las sombras &#13;
un junco silencioso, que viene de las lejanías del &#13;
Lago. Es la piragua de los Incas, es la balsa pri­-&#13;
mitiva, hecha toda de “totora”, desde los rústicos &#13;
flotadores hasta la estera, que simula el velamen &#13;
latino. La barca viene, como un pájaro lacustre &#13;
atraído por la sinfonía maravillosa que allí cantan &#13;
la noche, la diosa astral, el Lago, las quenas geme­-&#13;
bundas, los sicos silbantes, en aquel paraje de en­-&#13;
sueño, donde el planeta de los crepúsculos deslíe su &#13;
enorme lágrima brillantísima.&#13;
 Ante la inmensidad del espectáculo, ante la gran-&#13;
­diosa excelsitud del paisaje, ante la música turba­-&#13;
dora, ante el misterio evocador de ese Lago, a la &#13;
vez inquieto y sereno, que guarda — como el mar &#13;
de la historia de los hombres— el secreto casi im­-&#13;
penetrable de una civilización propiamente ameri­-&#13;
cana, llena de grandes y truncos monumentos, el &#13;
pecho se oprime y una pesadumbre inmensa achata &#13;
el espíritu.&#13;
 Y los sicos y las quenas siguen vibrando en la &#13;
noche con notas supremamente tristes, con lamen­-&#13;
tos que parecen venir de los senos profundos de &#13;
esas aguas sagradas, como si aún fueran los ecos &#13;
supervvientes de la tragedia colosal, del colosal Ta-&#13;
&#13;
&#13;
&#13;
22 INDOAMERICA&#13;
&#13;
huantinsuyu. Y ante este extraño sollozo de los hom-&#13;
­bres y de la noche, parece que del cielo caen, como &#13;
en llanto, las lágrimas estelares que riegan la epi­-&#13;
dermis rugosa del Lago.&#13;
 Indico al intérprete preguntar a los indios el nom-&#13;
­bre de la rara música que tocan, y responden en &#13;
el sonoro aymará:&#13;
— “Kamachitus a ka chugma”.&#13;
 Que traducido dice: ¿qué tiene este corazón? Y &#13;
realmente, en ese escenario soberbio, tan lleno de &#13;
sugestiones, uno se pregunta, preso de infinita, con­-&#13;
goja:&#13;
— ¿Qué tiene este corazón?. . .&#13;
&#13;
 Habíamos resuelto llegar a media noche a Copa- &#13;
cabana, el santuario boliviano de las grandes atrac­-&#13;
ciones piadosas que se alza sobre los templos y los &#13;
monumentos gentiles de los Incas. La poderosa lan-&#13;
­cha automóvil ha embarcado ya nuestras camas y &#13;
nuestras vituallas, y enfilamos desde Chua, el es­-&#13;
trecho de Tiquina, conmoviendo las aguas silencio­-&#13;
sas con el jadeo del motor.&#13;
 De rato en rato unas curiosas aves zambullido­-&#13;
ras se alejan medrosas de la lancha; y, más que na-&#13;
­dar, más que volar rozando la superficie, parece que &#13;
corren sobre el espejo esmaltado por la luna, de­-&#13;
jando una raya larga y honda de plata hirviente &#13;
en la tersura de las aguas. Es el único rastro de &#13;
vida, durante la noche, en aquel alto y lustroso mar &#13;
montañés.&#13;
 Como el dorso de un largo cetáceo, allá Jejos apa-&#13;
­rece la isla de la Luna, de la Pajsi-mama, la isla de &#13;
las ñustás, las vírgenes del Inca. Más lejos emerge, &#13;
grande, imponente, la isla del Sol, donde la ima-&#13;
­ginación me hace ver el áureo templo, la casa del &#13;
Inca, los planchones brillantes, que enchapaban los &#13;
peñascos, donde la luz del dios se quebraba en cen-&#13;
­tellas bermejas, para imponer la soberanía de su &#13;
imperio a las ignaras muchedumbres.&#13;
 Nuestra lancha navega pronto por medio de las &#13;
islas, y las olas del Lago, en esa zona agitado, sa-&#13;
­cuden con violencia la embarcación, que profana &#13;
con sus rezongos el silencio augusto de aquellas tum-&#13;
­bas de la regia grandeza pretérita.&#13;
 Y mientras las brisas gimen en las jarcias de &#13;
nuestra embarcación, que deplesgará su velamen en &#13;
cuanto el viento se torne favorable y traen el suave &#13;
perfume de las plantas aromáticas que pueblan la &#13;
isla de las Vírgenes, yo evoco, frente a ese suelo &#13;
sagrado — que según la vieja leyenda aborigen, fué &#13;
la primera tierra besada por el sol, en la mañana &#13;
del mundo y donde el dios rutilante engendrara la &#13;
raza incaica— evoco, decía, la silueta de un Inca, &#13;
de Guaina Capac, recio y adusto, y me parece ver­-&#13;
lo, después del noveno día de la fiesta solar de &#13;
Raymi, en una noche como ésta, surgir misterio­-&#13;
samente del gran islote, con su flotilla de balsas, &#13;
rumbo a la otra isla, donde los esperan las ñustas &#13;
estremecidas de amor.&#13;
 Ahí está de pie en su junco, alto y musculoso, &#13;
con el cabello recortado por su dura navaja de pe­-&#13;
dernal ; rodea su testa real el llautu multicolor, bri­-&#13;
llando en la frente la plaqueta de oro y cayendo so­-&#13;
bre las sienes la simbólica borla escarlata. Cubre &#13;
su cuerpo el uncu oscuro y flexible, la rara camise­-&#13;
ta que le llega hasta las rodillas, tejida primorosa-&#13;
­mente por las manos de las más bellas guayrurus.&#13;
De sus hombros cuelga la yacolla abrigada, que agi-&#13;
­ta como un manto imperial las gélidas brisas del &#13;
Lago. Bajo el brazo derecho pende la chuspa llena &#13;
de coca, sostenida por un tahalí de lana de vicuña, &#13;
y se apoya en el sumptur paucar, el cetro del Inca- &#13;
rio, rematado por el áureo hachón, el champí relu­-&#13;
ciente.&#13;
 Sus ojos brillan como ascuas, escrutando la casa &#13;
de las Vírgenes donde él, con sus propias manos, &#13;
colocara el gran ídolo de oro, enfrentado hacia el &#13;
nacimiento del sol. Ha apurado ya todos los vasos &#13;
relucientes, brindados por sus curacas y capitane­-&#13;
jos y viene ahora en busca de odres rojos como la &#13;
kantuta, la flor sograda del Imperio, que bien pu­-&#13;
diera ser un emblema de América, odres rojos y &#13;
húmedos en que saciará sus vendimias de amor.&#13;
 Seguramente está musitando la vieja cantinela &#13;
de sus abuelos, el verso corto y sonoro de la inge-&#13;
­nua poesía de su raza:&#13;
Caylla yapi&#13;
Puñunqui&#13;
Chaupituta&#13;
Samufac.&#13;
 “Al cántico dormirás, media noche yo vendré". . .&#13;
 En su torno navegan algunos de los capitanes &#13;
de sus mesnadas. Ahí están los fieros guerreros de &#13;
Mayu y Cancu; ahí los de Poques: ahí los de Mui- &#13;
na y otros. Se reconocen en las “orejeras” que los &#13;
distingue por merced real; aquellos tienen en el ló&#13;
­bulo agujereado un palillo grueso; los otros una ve­-&#13;
dija de lana blanca; estos últimos una rodaja de &#13;
médula de chuchau. Son los guerreros predilectos &#13;
del Inca, los que más se han distinguido en la últi-&#13;
­ma campaña, y como un alto y envidiado galardón &#13;
de príncipes, como la más estimada y ambicionada &#13;
distinción, como una roja condecoración de guerra, &#13;
recibirán su premio, en esta noche de amor, bajo el &#13;
rutilante parpadeo de Venus. . .&#13;
 Guaina Capac ha madurado ya sus nuevas con­-&#13;
quistas de tierras lejanas y va a la Isla de la Luna &#13;
en busca de la Escogida, que lo acompañará en la &#13;
cruzada, después de haber hecho, en la fiesta de &#13;
Raymi, los sacrificios del ritual, él tan hosco y su­-&#13;
persticioso.&#13;
 La Mama-cuna, que guarda el convento de la Is­-&#13;
la, está ya apercibida para la regia llegada y ha &#13;
dado la voz a las ñustas, que esperan ansiosas a la &#13;
imperial comitiva, haciendo sus ofrendas a todos los &#13;
dioses siderales, dando los últimos toques a sus &#13;
rostros con el rojo colorante del ñuñu-inayu y mi­-&#13;
rando de soslayo el observatorio real colorado, co­-&#13;
mo aún puede verse, en el centro del muro principal&#13;
&#13;
&#13;
&#13;
INDOAMERICA 23&#13;
&#13;
del  gran patio, decorado con las líneas severas del &#13;
estilo incaico.&#13;
 El Iñacuyu, el Palacio que podría llamarse de la &#13;
Espera y del Amor se yergue ahí, en el admirable &#13;
anfiteatro de la Isla, en una geométrica e ideal hon-&#13;
­donada, donde se abriga de los vientos, se baña de &#13;
sol, lo besa la luna, le envuelven los aromas de las &#13;
hierbas más raras del imperio, lo arrullan las fuen-&#13;
­tes, mientras el oro, la plata y las pedrerías le dan &#13;
[relumbres] de maravilla, y guarda el tesoro invio-&#13;
­lable de aquellas carnes morenas y jóvenes, palpi-&#13;
­tantes ahora con el ansia de ser presas del águila &#13;
voraz que llega…&#13;
 Mientras el Lago &#13;
hincha y &#13;
baja sincrónica-&#13;
­mente su dorso &#13;
espumante, c o- &#13;
mo si un titán &#13;
respirase en sus &#13;
entrañas, en la &#13;
noche callada re­-&#13;
suenan los bra­-&#13;
midos entrecor­-&#13;
tados de los “ti- &#13;
tis”, los pumas, &#13;
lebreles de la &#13;
Paj si-mama, en &#13;
sus cubiles de &#13;
piedra del Iña- &#13;
cuyu. Y el Inca, &#13;
al oírlos, con la &#13;
nariz dilatada y &#13;
el befo contraí­-&#13;
do, dice fuerte-&#13;
­mente a sus ca­-&#13;
pitanejos anhe-&#13;
­lantes :&#13;
 —“¡Pum ak -&#13;
jolltu! ¡pumak-&#13;
jotttu!”&#13;
 Voz cuya tra­du-&#13;
cción literal podría ser una inconveniencia, pero &#13;
de un sentido ideológico interesante: es como el ru-&#13;
­gir del puma en el cuerpo de la mujer. . . y dentro &#13;
del Inca galopan sueltos los potros del deseo y su &#13;
sangre bulle en las arterias como la chicha en &#13;
los canales de plata del Palacio.&#13;
 Las balsas embican en la playa clara y suave, de &#13;
piedrecitas blancas y redondeadas, de juncos ergui­-&#13;
dos y aguas transparentes. ¿Cuál será la ñusta pre­-&#13;
ferida? ¿A cuál el Inca tocará en la frente con su &#13;
fuerte mentón dominador, en el beso ambicionado &#13;
y supremo con que la doncella, venida de lejanas &#13;
tierras, con la sola credencial de su belleza o de su &#13;
sangre, se convertirá en la “ Palla” respetada y ve-&#13;
­nerada, beso de mentón que erigirá en ídolo de &#13;
las multitudes a la recia virginidad serrana? ¿A &#13;
cuál calzará con sus propias y reales manos la “ojo-&#13;
­ta” enchapada en oro, sandalia simbólica de su de-&#13;
­cisión y signo visible de la nueva preferida?. . .&#13;
 Y allá en las plataformas de la Gran Isla veo aún &#13;
el final de la fiesta solar; veo la ronda de enmasca-&#13;
­rados y de ascetas, peregrinos de las rudas aride­-&#13;
ces circunvecinas, con sus trajes caprichosos; corre&#13;
el acka de los cantaros, labrados en metales riquí-&#13;
­simos; los panes de zancu se distribuyen aún, con &#13;
las ocas y la quinua; las quenas y los tamboriles si­-&#13;
guen sonando en la noche, y la sangre de las vícti-&#13;
­mas sacrificadas enrojece las piedras propiciato- &#13;
torias. . .&#13;
 Entretanto la lancha ya se balancea suavemente &#13;
en las aguas tranquilas de Copacabana y los turis-&#13;
­tas nos dormimos soñando aún con esa grandeza&#13;
pasada, con ese imperio colosal, con esa enorme &#13;
fuente de sugestiones americanas, ahí, en el propio &#13;
y admirable escenario de su vida misteriosa, en el &#13;
propio Lago que la tradición indica como el guar­-&#13;
dián, en sus profundos abismos, de la riqueza ma-&#13;
­terial acumulada por el poderío incásico, arrojada &#13;
a montones, cuando los “hombres blancos” se acer-&#13;
­caron al Cuzco inmediato.&#13;
&#13;
 El amanecer en aquel mágico rincón, es un cua-&#13;
­dro de grandeza y de quimera, que es imposible &#13;
describir.&#13;
 Fulge el Lago de grana, de amarillo, de esme­-&#13;
ralda, de celeste, de azul, de cobalto, rizado por &#13;
las brisas juguetonas, mientras las cordilleras le­-&#13;
vantan sus testas de blancuras inmaculadas, mien-&#13;
­tras las islas de la veneración incásica ponen sus &#13;
sayas parduzcas — raída veste de ermitaño— sobre &#13;
la gloria resplandeciente de las guas, mientras las &#13;
lomadas morenas, de curvas suaves, se tienden en &#13;
las orillas como ñustas desnudas a la caricia del sol. &#13;
Y ese sol, qué firme, qué fuerte, qué deslumbrante, &#13;
qué abrasador, qué inmenso es en aquel su Templo &#13;
de adoración!&#13;
 Sus saetas radiantes irritan, queman, punzan, pe­-&#13;
netran como alfileretazos y ponen fuego en la piel &#13;
y un loco ardor en el alma. La luz lo inunda todo, &#13;
lo avasalla todo y el humilde mortal tiene que ren-&#13;
­dirse, como los hombres primeros y adorar. Adorar &#13;
aquella pradera azulina, con rizos de doncella en &#13;
la cresta espumosa de cada ola y regazos de mujer &#13;
en cada golfo redondo: adorar aquella luz incon­-&#13;
mensurable, llena de quién sabe qué radiaciones tur­-&#13;
badoras, que parece la misma mirada de Dios; ado-&#13;
­rar aquella Madre-Tierra, ocre y reseca, como si la &#13;
muerte del Gran Imperio la hubiera dejado aniqui-&#13;
­lada de tanto llorar; adorar aquel sol, cuya feérica &#13;
excelsitud debió imponer su rito como una necesi­-&#13;
dad suprema en las almas simples de los primeros &#13;
“antis”. Adorar aquella soberbia claridad, adorar &#13;
el día, adorar aquellas aguas incomparablemente &#13;
límpidas, adorar aquel silencio preñado de rumores &#13;
eternos, adorar, en fin, la vida, que allí parece dis-&#13;
­tenderse como una vela sedeña a los vientos más &#13;
puros del planeta. . .&#13;
&#13;
&#13;
Copacabana, piedra que se ve de lejos, piedra ra­-&#13;
diante, indica la ubicación de un ídolo incásico. Y &#13;
sobre esa piedra, como en la expresión evangélica, se &#13;
edificó la iglesia.&#13;
 Así, en aquel rincón ceñudo, entre aquellas ro­-&#13;
cas agrestes, donde el Inca tenía su Tribunal, su &#13;
horca, su dios de piedra azul, sus almacenes de &#13;
provisión para los peregrinos de la Isla Templo,&#13;
&#13;
&#13;
&#13;
24 INDOAMERICA&#13;
&#13;
los “hombres blancos” erigieron el Santuario, en el &#13;
que se venera la imagen hecha por un descendiente &#13;
real, por el Inca Tito Yupamqui, tras larga y afa-&#13;
­nosa gestación.&#13;
 La imagen hecha en Potosí, retocada en La Paz &#13;
peregrinó por los llanos, por las serranías, se de-&#13;
­tuvo en un rincón de luz y de maravilla sobre las &#13;
alturas que dan a Tiquina y llegó al fin a Copa- &#13;
cabana, donde los indios la recibieron deshojando &#13;
kantutas y plañiendo quenas.&#13;
 Y desde entonces, como María Stella, resplandece &#13;
ahí, sobre el Lago, en una sonrisa perenne de ben-&#13;
­dición y de esperanza.&#13;
 Qué inmensa transformación sufrirían los espí­-&#13;
ritus allí mismo cuando pudieron discernir que por &#13;
sobre la Pacha-mama, por sobre el Lago, por so-&#13;
­bre los collados relumbrantes de oro y plata, por &#13;
sobre el Rayo, el Trueno, y el Arco Luminoso &#13;
— que para ellos sería como el Ilantu del dios— por &#13;
sobre los vuelos del Quntur, por sobre el manto res-&#13;
­plandeciente del cielo, por sobre el Sol inmenso y &#13;
triunfal— había esa Señora de perdón, de suavi-&#13;
­dad, de clemencia, de virginidad sublime, de paz y &#13;
de refugio definitivo!&#13;
 Se vino abajo, con ello, toda esa legendaria cons-&#13;
­trucción de mitos, de supercherías, de tradiciones, &#13;
de boato y esplendor, porque una etapa nueva abria &#13;
amplios e incalculables horizontes. Y la obra fantás­-&#13;
tica del Incario cedió paso a la obra férrea y audaz &#13;
de los conquistadores como los conquistadores ce­-&#13;
dieron ante las ideas revolucionarias y la revolu-&#13;
­ción envendró las nuevas democracias, fuentes fe-&#13;
­cundas del porvenir que viene.&#13;
 El turista que recorre estas regiones madres de &#13;
la civilización prehistórica de América; que ve, que &#13;
palpa la formidable labor de Tihuanacu, en sus tres &#13;
épocas milenarias; que recorre las Islas de los tem-&#13;
­plos; que siente la grandeza de la propia capital del&#13;
Imperio, del Cuzco imponente y misterioso; que, en &#13;
fin, ora su plegaria de evocación y de ensueño ante &#13;
las chullpas dispersas, siente y discierne el efecto &#13;
(de una gran cultura, de un arte, de una estética &#13;
única, propia, nuestra porque es americana y ve &#13;
en las piedras esculpidas, en los arcos de triunfo, &#13;
en las murallas derruidas, en los vasos espléndidos, &#13;
en las telas admirables, en las tumbas dolientes, mo­-&#13;
tivos para arrancar y hacer revivir un estilo espe­-&#13;
cial y rotundo, de una sobriedad y armonía impo-&#13;
­nentes.&#13;
 Dentro de nuestra argentinidad naciente, hemos &#13;
experimentado una especie de reviviscencia, que nos &#13;
podría mostrar el camino para esta obra de lo in­-&#13;
caico. Buenos Aires ha sido el señuelo del cosmo­-&#13;
politismo transformador, que ha hecho de la nación &#13;
el campo experimental de todas las razas, y será el &#13;
ánfora de cultura de todos los pueblos del globo.&#13;
 De Buenos Aires penetró al interior la racha in­-&#13;
novadora que barrió costumbres, tradiciones, mitos, &#13;
leyendas y supersticiones en un amplio esfuerzo ci-&#13;
­vilizador. Pero de Buenos Aires también ha sopla-&#13;
­do al interior el ideal necesario para conservar y &#13;
retener, entre la trama del progreso nuevo, el arte &#13;
viejo de la Colonia, con el perfume señorial de los &#13;
tiempos idos. Y Buenos Aires fue la primera en &#13;
poner de moda todo lo colonial y su estilo es hoy &#13;
usado y difundido, evidenciando con ello un arraigo &#13;
mayor para la tradición nacional.&#13;
 ¿No sería posible, entonces, que esa exterioriza- &#13;
ción del sentir de nuestros abuelos, que cobijó la &#13;
estética de nuestros padres y que viene ahora a ex-&#13;
­pandir los sentimientos raciales de los hijos, se mez­-&#13;
cle, se una, se funda con la otra estética aborigen, &#13;
con ésta que es más americana, más sui-géneris y &#13;
hasta si se quiere más antigua, ya que tiene aquí &#13;
(Sigue en la pág. 31)&#13;
&#13;
Un “Junco” de totoras tal como lo usaron los Incas&#13;
&#13;
&#13;
&#13;
INDOAMERICA 25&#13;
&#13;
POETAS BOLIVIANOS&#13;
QUENA&#13;
&#13;
TODA canción florece en una herida,&#13;
como en todo morir canta la vida;&#13;
así en mi raza floreció la quena,&#13;
cuanto más honda más estremecida.&#13;
&#13;
Enjuta caña que la angustia engríes&#13;
y una ancestral humillación deslíes;&#13;
desángrase la raza en tu quejumbre&#13;
como una herida en cálidos rubíes.&#13;
&#13;
¡Otro mar! ¡Otras tierras! ¡Otro cielo!...&#13;
Se embriaga toda voz del mismo anhelo…&#13;
Solo tu boca se apegó a la tierra &#13;
en un infinito desconsuelo.&#13;
&#13;
Canuto amargo, sollozante quena,&#13;
un día por tu magia dolorosa,&#13;
al fin ha de quebrarse la cadena.&#13;
&#13;
José Cañedo Reyes.&#13;
&#13;
LA AUSENTE &#13;
&#13;
XIII&#13;
&#13;
ENTRA un rumor por la ventana. . .&#13;
Mi corazón se ha detenido &#13;
como si fueran sus pisadas.&#13;
&#13;
Llega una música lejana. . .&#13;
Mi corazón se ha estremecido&#13;
como su fueran sus palabras.&#13;
&#13;
Llega una música lejana. ..&#13;
Mi corazón se ha estremecido&#13;
como si fueran sus miradas.&#13;
&#13;
VI &#13;
&#13;
He apagado mis lámparas en vano.&#13;
Hay siempre luz para apagar mis párpados.&#13;
¡Qué estrellada la noche del pasado!&#13;
&#13;
En vano he demolido mis altares.&#13;
Sobre las mudas ruinas sepulcrales&#13;
hallo siempre la gloria de tu imagen.&#13;
&#13;
De qué sirve que he roto los salterios&#13;
en la sima hiemal de mi silencio&#13;
tu acento es siempre ritmo y sortilegio.&#13;
&#13;
¡Ay, de qué vale si mi senda es otra,&#13;
si te llevo en la mano como rosa,&#13;
si en mi cielo floreces como auroa!&#13;
&#13;
JESÚS LARA..&#13;
&#13;
&#13;
26 INDOAMERICA&#13;
&#13;
En torno a una conferencia del&#13;
general don Alfonso Baldrich&#13;
(Viene de la pág. 20)&#13;
&#13;
Chile cuando la guerra con la Argenti-&#13;
­na parecía inminente; envió a muchos &#13;
jóvenes a estudiar en la Academia Mi-&#13;
­litar de Santiago (el generalísimo pa­-&#13;
raguayo D. José Félix Estigarribia y &#13;
la mayoría de los altos jefes guaraníes &#13;
fueron alumnos de ese instituto, en tan-&#13;
­to que, no debía haberlo olvidado el Ge-&#13;
­neral Baldrich, muchos militares boli­-&#13;
vianos, entre ellos los generales Blanco &#13;
Gallino, Sanjinés, Mariaca Pando, Lan­-&#13;
za y Quintanilla, se formaron en nues-&#13;
­tra Escuela Militar y en nuestra Es­-&#13;
cuela Superior de Guerra) y solicitó &#13;
dos misiones militares chilenas para &#13;
reorganizar su ejército, exteriorización &#13;
de simpatía (?) hacia nuestro país que &#13;
la ignorancia o la carencia de visión de &#13;
muchos argentinos, están retribuyendo &#13;
actualmente con su paraguayofilia.&#13;
 El patriotismo guaraní se halla, pues, &#13;
frente al siguiente dilema: tratar de&#13;
conquistar su libertad económica, puer-&#13;
­tos de aguas hondas y diversidad de &#13;
producción, con aspiración remotísima, &#13;
imposible, si se quiere, o bien con­-&#13;
tinuar como país poco menos que es-&#13;
­clavizado económicamente a la Argen-&#13;
­tina; estado que es fácil predecir se &#13;
agravará el día en que nuestros go­-&#13;
biernos no antepongan a los intereses &#13;
desnacionalizados de los capitalistas ar­-&#13;
gentinos del Paraguay, los de los ca-&#13;
­pitalistas y del pueblo de Misiones, &#13;
Corrientes, Norte de Santa Fe, Tucu- &#13;
mán, Chaco, Formosa y Este de Jujuy &#13;
y de Salta, en cuyo caso, leyes protec­-&#13;
toras a la verdadera producción ar-&#13;
­gentina de yerba mate, naranjas y de­-&#13;
más frutas tropicales o sub-tropicales, &#13;
maderas, extracto de tanino, etc., ven­-&#13;
drán a quitar a la producción similar &#13;
paraguaya su único mercado en el con-&#13;
­tinente.&#13;
 Preguntaremos al General D. Alfon-&#13;
­so Baldrich si, de ser patriota paragua-&#13;
­yo, ¿cuál de los dos caminos elegiría &#13;
para su patria: la esclavitud económi­-&#13;
ca, deprimente y anuladora de toda as­-&#13;
piración nacionalista o la liberación, la &#13;
prosperidad y el engrandecimiento?... &#13;
La respuesta nos la da el distinguido &#13;
militar cuando, con un tanto de impru­-&#13;
dencia, afirma en su disertación:&#13;
 “Es de gran importancia a las nacio­-&#13;
nes de Sud América, el evitar caer ba­-&#13;
jo la dominación de la finanza cosmo-&#13;
­polita que constituye un peligro de ser­-&#13;
vidumbre (el ya señalado caso del Pa-&#13;
­raguay, por la preponderancia de capi­-&#13;
tales argentinos y brasileños, y de la &#13;
Argentina por la de los europeos y yan-&#13;
kees), peligro que adquiere una grave­-&#13;
dad singular cuando se trata del des­-&#13;
arrollo de industrias vitales para la se-&#13;
­guridad nacional (verbigracia el caso &#13;
de la Argentina, sin marina mercante &#13;
de ultramar; con sus medios de trans­-&#13;
portes terrestres y fluviales, en manos &#13;
de empresas extranjeras; su producción &#13;
agrícola, bajo la férula de judíos inter­na-&#13;
cionales; su ganadería, a merced de &#13;
los frigoríficos europeos y norte-ame-&#13;
­ricanos ; sus comunicaciones telefónicas, &#13;
sus empresas de luz y fuerza, su explota­-&#13;
ción minera y la mayoría de sus indus­-&#13;
trias en manos de capitalistas extraños. &#13;
¿Que en caso de guerra todo eso queda-&#13;
­ría bajo el control del Estado? De acuer-&#13;
­do, pero otro tanto acontecería con la &#13;
explotación petrolífera, de suerte que no &#13;
es para la guerra sino para la paz que de-&#13;
­be resolverse el problema). Una nación&#13;
celosa de su independencia política, agre-&#13;
­ga el general, que no consiste sólo en la&#13;
exteriorización de patriotismo al celebrar&#13;
efemérides gloriosas y saludar reverente&#13;
el pabellón, debe cuidar de asegurar su&#13;
independencia económica, y, por lo tan­-&#13;
to, para el desarrollo de sus industrias&#13;
vitales no le conviene acudir a los gru­-&#13;
pos financieros extranjeros sino en pro­-&#13;
porción mínima”.&#13;
 Esa es la conducta que al Paraguay &#13;
traza su angustiosa situación económi­-&#13;
ca, frente a los capitales argentinos y &#13;
brasileños establecidos en su territo­-&#13;
rio... Ya sabemos, pues, lo que haría &#13;
el General Baldrich de ser patriota pa-&#13;
­raguayo, no existiendo razón alguna pa-&#13;
­ra imaginar que los patriotas guaraníes &#13;
obren de modo distinto y no traten, por &#13;
ende, de libertarse de su actual servi­-&#13;
dumbre económica.&#13;
&#13;
Argentinismo espiritual, &#13;
 Al iniciar esta refutación, dijimos &#13;
que el pundonoroso militar argentino &#13;
estaba inspirado en elevado y compren-&#13;
­sivo argentinismo, juicio que ratifica-&#13;
­mos, bien que lamentemos que entre los &#13;
problemas vitales de la Argentinidad, no &#13;
mencione los del espíritu, tan o más im­-&#13;
portantes como los económicos, desde que&#13;
 para formar una gran nacionalidad, en &#13;
la más amplia, subjetiva y duradera acep­-&#13;
ción del vocablo, no bastan ni mucho me­-&#13;
nos, la independencia política y la inde­-&#13;
pendencia económica, dos factores despre­-&#13;
ciables ante la posteridad, cuando la in­-&#13;
dependencia espiritual no existe.&#13;
 Al respecto, si el General don Alfon­-&#13;
so Baldrich, conociera los magníficos &#13;
esfuerzos realizados entre nosotros pa-&#13;
­ra conquistar esa independencia, median-&#13;
­te un proceso en todo similar al que per-&#13;
­mitió a la Edad Media zafarse de la &#13;
servidumbre pagana para crear la civili-&#13;
­zación espiritual gótica o al Renacimien-&#13;
­to inspirarse en la espiritualidad helé­-&#13;
nica para renovar sus concepciones ar­-&#13;
tísticas, sabría la trascendente influen-&#13;
­cia ejercida por el Altiplano, con los &#13;
vestigios de las grandes culturas autócto-&#13;
­nas de Tiahuanaco y Queschua o crio-&#13;
­lla Colonial, sobre esa lucha por hallar &#13;
una expresión nueva y original que, &#13;
dentro de la gran civilización hispano­-&#13;
americana, tenga modalidades argen­-&#13;
tinas.&#13;
 Un estudio de ese problema le hu-&#13;
­biera enseñado al General Baldrich, que &#13;
las tres tentativas por crear, entre nos­-&#13;
otros, una arquitectura nacional, esa &#13;
expresión superior de arte que todos los &#13;
pueblos dignos de ese nombre legaron a &#13;
La Posteridad, se inspiraron en otras &#13;
tantas culturas que florecieron en tierra &#13;
boliviana y peruana, en Tiahuanacu, El &#13;
Cuzco y Potosí; que más del sesenta &#13;
por ciento de la producción musical ar­-&#13;
gentina bebe en las fuentes aymaro- &#13;
queschuas que, fecundantes y originales, &#13;
penetraron desde el altiplano a nuestro &#13;
territorio por las históricas quebradas &#13;
de Humahuaca y del Toro; que idénti-&#13;
­ca raigambre aymaro-queschua-colonial &#13;
tienen las realizadas argentinas en ar­-&#13;
tes decorativas o menores; que en sus &#13;
modelos más representativos, más ori-&#13;
­ginales y más alejados de los moldes eu-&#13;
­ropeos, por tanto tiempo copiados ser­-&#13;
vilmente por los metecos criollos, poe­-&#13;
sía, novela, cuentos y ensayos, derivan &#13;
también de la influencia de las grandes &#13;
civilizaciones autóctonas o colonial de &#13;
nuestra América; que, en cambio, la raza &#13;
guaraní, guerrera y agrícola, pe­-&#13;
ro no artista, para nada ha podido in-&#13;
­fluir en ese movimiento espiritual, que, &#13;
Dios y el talento de los artistas me­-&#13;
diante, cimentará la independencia es-&#13;
­piritual argentina, ante la que, lo repe-&#13;
­timos, la independencia política o eco­-&#13;
nómica, sobre todo esta última, pierde &#13;
gran parte de su importancia.&#13;
 Frente a esa estrecha y fecunda co­-&#13;
munión espiritual entre Bolivia y la &#13;
Argentina y la defensa de los intereses &#13;
de los capitalistas desertores de nues-&#13;
­tra angustiosa situación económica es-&#13;
­tablecidos en el Chaco Boreal, ningún &#13;
ciudadano que aspire a que la argenti­-&#13;
nidad, cantada por Ricardo Rojas, sea &#13;
una realidad que nos dé la personali­-&#13;
dad espiritual de pueblo digno de pasar &#13;
a la historia, puede titubear un sólo &#13;
instante. Entre el espíritu y la materia, &#13;
la cultura y la civilización imponen &#13;
optar por la primera, que representa lo &#13;
(Sigue en la pág. 30)&#13;
&#13;
&#13;
&#13;
INDOAMERICA 27&#13;
&#13;
De José Salmón Baliivian&#13;
BOLIVIA MARAVILLOSA&#13;
QUIEN conozca los departamentos de &#13;
Bolivia, llegará al convencimiento &#13;
de que esta república no sólo es &#13;
admirable por su variedad de cli-&#13;
­mas y de productos, por su fauna y &#13;
flora, sino también por la diversidad &#13;
que reina en su conjunto, por la complejidad de materias &#13;
primas, de razas, de alimentos, de costumbres y de perspec-&#13;
­tivas industriales.&#13;
 Hay pocos departamentos afines, caracterizándose más &#13;
bien por la contraposición. Para ello no es menester bus­-&#13;
car la diferencia entre el tropical Beni que es la región &#13;
de los grandiosos bosques y de los majestuosos ríos nave-&#13;
­gables y Potosí, único en el mundo por su riqueza mineral &#13;
situada entre la nieve perpetua, o la que existe entre Santa &#13;
Cruz que es océano de verdura de floración esplendorosa &#13;
y los inmensos planos estériles de Oruro, pero saturados &#13;
también de riquezas inorgánicas. Basta citar la diversidad &#13;
que existe dentro de un mismo departamento; Tarija, por &#13;
ejemplo que cuenta con altiplano frío propio para cebada y&#13;
papas y de llamas y alpacas, descendiendo el cual se abre &#13;
un grandioso valle edénico de magnífico clima apropiado &#13;
para la uva y el olivo. Siguiendo el valle, como en gigan­-&#13;
tesco muestrario se podrá apreciar zonas tropicales, en las &#13;
que crecen la caña, plátano, piña y maderas riquísimas agru­-&#13;
padas en espesos bosques de Villa Montes, Yacuiba o las &#13;
Juntas de San Antonio que contienen también fuentes in-&#13;
­agotables del codiciado petróleo. Dentro de cada uno de &#13;
nuestros departamentos existen diferencias tan grandes, que &#13;
en otras partes sólo caben entre distintos estados. Fundada-&#13;
­mente calificamos a la república de Bolivia de “maravillosa” &#13;
pues para apreciar tales diferencias, en Europa por ejemplo, es &#13;
preciso recorrer enormes distancias y a veces ir a otro con-&#13;
­tinente. Esto acontecerá con los franceses que deseando &#13;
conocer las zonas productoras del plátano y del café, sólo &#13;
podrán hacerlo trasladándose al Africa o al Brasil, así co­-&#13;
mo tendrán que viajar hasta el Asia para contemplar los &#13;
altiplanos del Tibet que adormecidos por el frío extienden &#13;
sus tierras a los pies del Himalaya.&#13;
 En Cochabamba se repite un cuadro parecido; altiplano &#13;
frío, valle risueño y hermoso, región yungueña semi tro-&#13;
­pical y en el Chapare bosques más espesos y ricos que los &#13;
de la Selva Negra.&#13;
 En La Paz el contraste es mayor: un lago [Titicaca] más &#13;
regio que el de los Cuatro Cantones, altiplano, valles como &#13;
los de Damasco, región montañosa y de bulliciosos torren-&#13;
­tes como en Alaska, bosques en los que crece la goma elás-&#13;
­tica como en la India, montañas con metales preciosos co-&#13;
­mo los Urales y visiones fantásticas, superiores a las que &#13;
ofrece el Mont Blanc con el estupendo Illimani o el Illam- &#13;
pu y el Mururata, que son también depósitos inagotables &#13;
para el futura regadío de las planicies que se extienden a &#13;
sus pies y reservas de muchos millones de energía eléctrica. &#13;
De estas cumbres andinas se desprenden hoy hermosas ca-&#13;
­taratas que caen desplegando plateada cabellera al son de &#13;
paradisíaca sinfonía y que sirven solamente para regalo de &#13;
poetas y soñadores. Pero el murmullo de las cataratas y el &#13;
bullicio de los torrentes se nos antojan más bien rugidos &#13;
de protesta contra la inacción o la escasa capacidad de &#13;
los hombres de esta generación…&#13;
 Bolivia es un microcosmos que sintetiza todos los cli­-&#13;
mas, todas las riquezas, todas las perspectivas del globo; &#13;
tiene la reproducción de la tierra andaluza, también con su &#13;
Guadalquivir en Tarija; y en Santa Cruz vive y palpita la &#13;
mujer española que a manera de castañuelas cascabelea &#13;
una eterna y alegre carcajada; tienen en el Beni el Volga, &#13;
el Danubio azul, el Nilo; tiene la estepa de Siberia ape­-&#13;
gada a la impenetrable selva de la India; tiene los paisajes &#13;
maravillosos de los Cárpatos, con sus yacimientos de co-&#13;
­bre, hierro y otros minerales; tiene en el Chorolque el Fuji &#13;
Yama al que Kipling llamó la “nota tónica” del Japón; tie­-&#13;
ne en Santa Cruz los esplendores vegetales de la isla de &#13;
Coba de la que se sabe que sus tierras son diez y seis &#13;
veces más fértiles que la mejor de Europa. Si en Cuba sor­-&#13;
prenden sus numerosas especies de palmeras, la abundante &#13;
producción del plátano, de yucas y de piñas, de Santa Cruz &#13;
puede decirse que nunca podrá ser igualado por nación &#13;
alguna en fertilidad y belleza; tiene en Guayaramerin una &#13;
Venecia, en la que a la manera del Lido no es menos her-&#13;
­mosa la Isla Suárez; tiene pueblos tiroleses como Sorata, &#13;
mesetas como el Pamir llamado “el techo del mundo”, po-&#13;
­blaciones como Lhasa y ríos como el Tarim que al igual &#13;
que el Desaguadero, no llega al mar sino que se pierde &#13;
en distintos lagos; tiene en los yungas paceños, cochabam- &#13;
binos y en el Ychilo bulliciosos y auríferos torrentes como &#13;
en el Canadá, que corren también por en medio de bosques &#13;
de maderas preciosas; tiene de Francia llamada el jardín de &#13;
Europa, un jardín mayor cual es Tarija; cuenta por &#13;
doquier Alpes, Pirineos y Cárpatos; y en Sucre tiene una &#13;
Niza que si bien carece de costa azul, en cambio aquella &#13;
blanca ciudad señorial posee la aristocracia y la elegancia &#13;
de Niza, con magnífico clima, bellísimo e inimitable cielo &#13;
azul y hermosos claveles rojos; tiene de Egipto la tierra de&#13;
los faraones un Tiahuanacu mil veces más antiguo y mis­-&#13;
terioso que aquél, pues los orígenes de Tiahuanacu lindan &#13;
con la eternidad!&#13;
 Bolivia tiene además, algo suyo propio, como fueron su­-&#13;
yas y propias también las papas, la cascarilla y la coca; le &#13;
queda aún para hacer un don precioso al mundo ofreciendo &#13;
su quinua. su cañagua, sus ocas y Dios sabe qué otras &#13;
cosas más!&#13;
 En verdad, gracias al avión y principalmente al automó-&#13;
­vil que contra la oposición de las autoridades va abriéndose &#13;
camino con sus propias ruedas, comenzamos los bolivianos &#13;
a conocer y amar nuestros territorio. Fijémonos en que es &#13;
casi un dislate clamar sobre la necesidad de traer inmigra-&#13;
­ción y turismo sin que antes se hayan preparado conve­-&#13;
nientemente los campos para la inmigración, así como los &#13;
elementos precisos para el turista, que necesita confort y &#13;
buenos hoteles. Al llamar al extranjero, obliguémonos antes &#13;
los bolivianos o conocernos mútuamente y a conocer nues­-&#13;
tra patria. Esta obligación debe ser más imperativa para &#13;
los legisladores y gobernadores. &#13;
 No podemos dejar de exteriorizar nuestra alarma por &#13;
el grave daño que resulta de la despoblación que sufren&#13;
(Sigue en la pág. 31)&#13;
&#13;
&#13;
&#13;
28 INDOAMÉRICA&#13;
&#13;
Potosí, cuna de la independencia&#13;
artística y espiritual de América&#13;
(Viene de la pág. 5)&#13;
&#13;
capaz de realizar, por si solo, una obra tal. Se in-&#13;
­tuye, también, su temperamento de artífice, de orfe-&#13;
­bre, por este filigranado frontispicio, espíritu deco-&#13;
­rativo, por otro lado, típicamente indio potosino.&#13;
 “El espíritu de rebelión de este artista queschua &#13;
no fué violento y apasionado como el de Aleijadinho. &#13;
Dícelo su arte que traduce paciencia. Dícelo su es­-&#13;
fuerzo que traduce tesón. Pero no por ello careció &#13;
de pujanza su rebeldía. Vive, ésta, subterránea, in-&#13;
­terior, clamorosamente interior.&#13;
 “Su insurrección contra el espíritu de la metrópo-&#13;
­li no se expresó en su vida exterior, reposada, callada, &#13;
habitual en todo indio quéschua y aymara después &#13;
de la Conquista. Su insurrección la esculpió en pie­-&#13;
dra, la grabó para imprimirle gesto de eternidad, &#13;
para constancia de los hombres futuros que se aso-&#13;
­ciaran a su belleza y descubrieran su honda sed de &#13;
libertad, su angustia ante la opresión hispana!&#13;
 “En efecto: cada palmo de piedra esculpida está &#13;
hecho con la obstinado empeño de no imitar lo es­-&#13;
pañol, con intención rebelde e independiente hacia &#13;
la fórmula impuesta desde la metrópoli y exótica &#13;
para él. Con insolencia criolla, cuando echa al dia­-&#13;
blo toda proporción clásica. Con herejía criolla cuan-&#13;
­do reemplaza la cruz católica por el sol incaico. Con &#13;
amargura criolla cuando reemplaza la cariátide eu-&#13;
­ropea por la indiátide americana, como un símbolo &#13;
doloroso de la esclavitud del mitayo.&#13;
 “Pero no debemos extrañarnos de esta violenta in­-&#13;
surrección subterránea y disimulada en el exterior &#13;
sereno y silencioso del indio americano. Tupac Ama-&#13;
­rú, el gran indio rebelde, demostró en forma mag­-&#13;
nífica que debajo de aquella mansedumbre, el odio &#13;
a virreyes, alcaldes y corregidores era inmenso: des-&#13;
­de el Ecuador hasta el sur de Tucumán, el indio se &#13;
conmovió en una sola angustia de rebelión. Todo el &#13;
sojuzgamiento mantenido por la fuerza del conquis-&#13;
­tador explotó, violento y trágico, a la sola insinua­-&#13;
ción de un solo indio: Tupac Amarú. El destino &#13;
quiso que aún no se cumpliera el momento de la &#13;
emancipación; pero ya lo dijo ese gran romántico &#13;
americano, Raúl Haya de la Torre: Tupac Amarú &#13;
fué uno de los grandes precursores de la libertad &#13;
americana.&#13;
 “Pues bien: ese mismo espíritu de rebelión, sofo­-&#13;
cado ante el trono de virreyes — irrespetuosos para &#13;
todo lo autóctono— latía con violencia inusitada en &#13;
el alma de nuestro gran artista quéschua, llevándole &#13;
a esculpir en piedra viva su rebelión, para que las &#13;
generaciones futuras comprendieran hasta qué punto &#13;
el alma del indio no se dejó esclavizar jamás, ante &#13;
la doble dictadura de la espada y de la cruz.&#13;
&#13;
&#13;
 “El sol, imagen tutelar incaica, fué uno de los ele­-&#13;
mentos de insurrección espiritual con que el indio &#13;
Kondori escandalizó la católica iconografía de las &#13;
iglesias y profanó las imágenes protectoras de los so-&#13;
­lares privados.&#13;
 “El Potosí del siglo XVIII podría llamarse la ciu­-&#13;
dad del sol y de la luna. En efecto: el halo radiado &#13;
y la luna en cuarto, fueron grabados por doquier. &#13;
Difícil habría sido andar cien pasos en el Potosí en &#13;
las postrimerías del siglo XVIII sin encontrar el sol &#13;
y la luna esculpidos en los frontispicios religiosos o &#13;
en los frisos de los adintelados pórticos de solares. &#13;
Hoy, pese a las innumeraciones reparaciones de igle-&#13;
­sias y de casonas, llevamos registrados varias decenas &#13;
de ejemplares admirables.&#13;
&#13;
&#13;
 “¿Cuáles son los elementos que provocaron esta &#13;
anímica insurrecta en el pathos indiano de este her­-&#13;
moso ejemplar de arte americano?&#13;
 “Por supuesto, varios son los elementos de esta &#13;
disparidad, ya que solamente la estructura ortopédico- &#13;
arquitectónica — si cabe el término— , es apenas es-&#13;
­pañola e impuesta por la orden religiosa que encargó &#13;
a Kondori la ejecución del trabajo. Lo restante fué indio,&#13;
comenzando por la técnica original y termi­-&#13;
nando por los motivos expresados: indiátides, sol, &#13;
luna, estrellas, indias-sirenas, charangos, flores de &#13;
kantutas, flores de cardones, etc.&#13;
 “Pero el elemento primordial, el elemento bandera &#13;
de esta rebelión estética y espiritual — inquietante y &#13;
sorprendente— fué el sol.&#13;
&#13;
La plaza mayor de la villa imperial con sus&#13;
típicas arcadas&#13;
&#13;
 “Efectivamente, el queschua Kondori esculpió el &#13;
sol en el frontis con una unción sin duda ritual. En­-&#13;
caramado en rústico andamiaje, bajo el dosel de pie-&#13;
­dra bistegris de Potosí, hubo de cincelar la imagen &#13;
del sol, con su radiado halo, a la manera con que el&#13;
beato Angélico pintaba, arrodillado, sus santos y sus &#13;
vírgenes espiritualizadas. Y a buen seguro que los &#13;
manes incaicos inspirarían su cincel cuando para bien &#13;
armar su numen solar — atávicamente prendido a &#13;
su corazón— rodeólo de estrellas, y a su derecha, &#13;
para completar el firmamento de la astrología in­-&#13;
caica, cinceló la luna.&#13;
 “Y finalmente, para imprimirle al retablo de &#13;
piedra carácter de ensueño, sendas indias-sirenas ta-&#13;
­ñen el charango para saturar aún más la emoción &#13;
india del conjunto”.&#13;
&#13;
&#13;
INDOAMÉRICA 29&#13;
&#13;
LA POTENCIALIDAD ECONOMICA DE BOLIVIA&#13;
Por ALBERTO PALACIOS&#13;
&#13;
EL eminente financista boliviano Don &#13;
Alberto Palacios, Gerente general del &#13;
Banco Central de Bolivia, ha dado &#13;
por Radio Lllimani de La Paz, la si­-&#13;
guiente conferencia sobre la potencia-&#13;
­lidad y la actual prosperidad econó­-&#13;
micas de su país:&#13;
 El menos avisado advierte que Bolivia se halla en un &#13;
grado de actividad y de intensa producción. Así, por ejem-&#13;
­plo, su principal ítem de exportación, el estaño, sobre-&#13;
­pasa los límites de lo ordinario, y las transacciones deri­-&#13;
vadas de este capítulo revisten inusitada importancia. Es &#13;
interesante comprobar que si al comenzar la guerra del &#13;
sudeste, el estaño era casi el único producto exportable &#13;
que Bolivia enviaba a los mercados mundiales, paulati-&#13;
­namente se ha venido desenvolviendo la exportación de &#13;
otros minerales, lo que ha engrosado en forma sonsiderable &#13;
nuestras exportaciones. Actualmente ha tomado un marcado &#13;
desarrollo la minería de wolfram, y gran parte de las minas &#13;
que se encontraban clausuradas, han reabierto sus trabajos, &#13;
ofreciendo a los empresarios particulares y al fisco, nuevos &#13;
y efectivos recursos.&#13;
 Quien recorra las diversas regiones de la república, en­-&#13;
contrará por doquier diseminados pequeños trabajos de bús­-&#13;
queda de oro, los sumados a los lavaderos de mayor impor­-&#13;
tancia, aportan a la economía nacional otra fuente apreciable &#13;
de ingresos. Es verdad que mucho de ese ori no se ha con­-&#13;
centrado en el Banco Central de Bolivia, tal como lo esta­-&#13;
blece la ley, pero un nuevo decreto hoy en estudio, que &#13;
aparecerá en breve, y por el que se remunerará con mayor &#13;
liberalidad las compras de oro, reglamentará beneficiosa-&#13;
­mente esta importante actividad.&#13;
 A lo anterior, pueden agregarse otros valiosos minerales &#13;
que salen al exterior, como son: minerales y concentrados &#13;
de plata, sulfuros de plata, antimonio, bismuto, plomo y zinc, &#13;
cobre, etc. &#13;
 Los productos vegetales siguen también este curso natu­-&#13;
ral de expansión, y así vemos que ha aumentado grande-&#13;
­mente la exportación de quina, coca, goma elástica, caucho, &#13;
castaña brasileña, café y varias otras cáscaras y plantas &#13;
medicinales. La explotación de todos estos productos, repre-&#13;
­senta utilización de miles de brazos, administración y todo &#13;
un mecanismo económico en pleno funcionamieto, a pesar de &#13;
que las necesidades bélicas han dado lugar a que se movi-&#13;
­licen respetables cotingentes. He aquí una demostración con­-&#13;
cluyente de la potencialidad financiera del país, con la cir- &#13;
cunstancia de que si el enemigo nos obliga a proseguir esta &#13;
cruenta lucha, la nación contará con recursos aun mayores &#13;
que podrá extraer de su propio suelo.&#13;
 Otro ejemplo indiscutible de este fuerzo de trabajo y &#13;
de disciplina que realiza la nación, se comprueba también &#13;
al observar la importante política caminera desenvuelta en &#13;
plena guerra y en todas las zonas del territorio patrio. Nada &#13;
demuestra mejor esta dramática época de la existencia na-&#13;
­cional, como el titánico proceso de la multiplicación de los &#13;
caminos.&#13;
 Roturando sus montañas, perforando quebradas, cubrien-&#13;
­do las llanuras que se alongan por la tierra, Bolivia busca &#13;
la unidad política y geográfica de sus inmensas y feraces &#13;
regiones, comprendiendo que los caminos son índice de la&#13;
grandeza de los pueblos y de su constante progreso material &#13;
a la vez que nervio de su propia defensa y de su entendi­-&#13;
miento moral.&#13;
 Por medio de la vialidad se busca la unión del altiplano &#13;
con las regiones del noroeste, del oriente y del sudeste de &#13;
la república. Cuando se complete esa unión, mediante gran-&#13;
­des vías troncales que representan formidables esfuerzos &#13;
vencidos, la nación habrá encontrado su verdadera consis-&#13;
­tencia estructural y, como inmediato fruto, verá desarro­-&#13;
llarse intensivamente el intercambio comercial y económico &#13;
entre sus departamentos y provincias; los productos nacio-&#13;
­nales cruzarán el territorio patrio en todas direcciones, y &#13;
esos caminos presurosos serán como las venas de un admi­-&#13;
rable organismo por donde circual la sangre febril de la &#13;
bolivianidad, ansiosa de unión y progeso.&#13;
 Con el fuerte impulso que han tomado las actividades &#13;
industriales en los últimos años, se inicia también en el país &#13;
una nueva y moderna era de trabajo.&#13;
 No percibimos todavía con claridad el fenómeno; pero &#13;
lo cierto es que a la vez la nación acude sin vacilaciones a &#13;
defender sus fronteras, en una empresa que no tiene para-&#13;
­lelo en la historia del continente, nuevas fuerzas descono-&#13;
­cidas brotan del suelo patrio, y mientras los bravos comba-&#13;
­tientes caen en defensa del patrimonio boliviano, otros bra-&#13;
­zos y otras cabezas trabajan febrilmente en un maravilloso &#13;
proceso de reconstitución que demuestra nuestra capacidad. &#13;
Aumentan las fábricas, dentro de un plan lógico, coordi­-&#13;
nando, y así podemos ver que hoy ellas visten y alimentan &#13;
al soldado, cubriendo también las necesidades del pueblo, &#13;
desplazando la excesiva importación del extranjero, rom-&#13;
­piendo la mediterraneidad económica del país, que comienza &#13;
a nutrirse con sus propios recursos y ensanchar poderosa-&#13;
­mente sus límites de acción.&#13;
 Podría creerse, por todo lo anterior, que Bolivia está &#13;
en una situación privilegiada, floreciente, de dichosa abun­-&#13;
dancia. Ello ocurre, ciertamente, en tiempos de paz; pero &#13;
ahora es lógico pensar que, pese a la potencialidad de sus &#13;
recursos naturales, la guerra demanda a la nación un esfuer­-&#13;
zo titánico, y trae aparejados múltiples problemas, que sólo &#13;
mediante un gran espíritu de abnegación y un lúcido patrio-&#13;
­tismo, se puede afrontarlos y resolverlos. Bolivia concentra &#13;
hoy toda su potencia para defender su patrimonio amena-&#13;
­zado, pudiendo comprobarse la intensidad de su esfuerzo, &#13;
en detalles sintomáticos que revelan el sacrificio actual.&#13;
 Vuelvo a repetir: Bolivia está muy lejos del agotamiento. &#13;
Por el contrario, conforme pasa el tiempo se prolonga la &#13;
campaña y exige nuevos esfuerzos la defensa nacional, sur­-&#13;
gen nuevas energías y fortifican nuestra potencialidad eco-&#13;
nómica”.&#13;
&#13;
&#13;
&#13;
30 INDOAMERICA&#13;
&#13;
NOTAS Y COMENTARIOS (Viene de la pág. 18)&#13;
&#13;
1887: Tratado Tamayo- Acebal, también rati-&#13;
­ficado por las cámaras bolivianas y en- ­&#13;
carpetado por las paraguayas y toma &#13;
de Puerto Pacheco, situado fuera de la &#13;
zona someterse al arbitraje.&#13;
&#13;
1894: Tratado Ichazo - Benites, que también &#13;
caducó debido a la intransigencia im-&#13;
perialista paraguaya.&#13;
&#13;
1928: Toma , sin declaración de guerra, de &#13;
Fortín Vanguardia. La delegación pa-&#13;
raguaya se retira de la Conferencia de &#13;
neutrales de Washington; el delegado &#13;
británico, miembro de la comisión en-&#13;
viada al Chaco por la Liga de las Na-&#13;
ciones, declara al “ The Standard” que &#13;
los paraguayos tienen delirio de las &#13;
grandezas; Paraguay se alza contra la &#13;
Liga de las Naciones y renuncia a ser &#13;
miembro de la misma, con el reidero &#13;
pretexto de todos los países del mundo &#13;
están confabulados contra la república &#13;
guaraní, países cuyos representantes &#13;
ignoran, con toda seguridad, dónde se &#13;
halla la insignificante tierra del ñan- &#13;
duty . . .&#13;
&#13;
Como se vé, en cuanto a pacifis-&#13;
­mo, el Paraguay está tan lejano de la &#13;
Argentina, como lo estuvo durante la &#13;
epopeya emancipadora…&#13;
 En cuanto a la obra de progreso ma-&#13;
­terial y de cultura espiritual de los pa-&#13;
­raguayos y argentinos, compararlas re-&#13;
­sulta grotesco. Asunción es, de todas &#13;
las capitales hispano-americanas, la más &#13;
atrasada en urbanismo, edificación y &#13;
progresos generales (a un periodista ar­-&#13;
gentino, enviado al Paraguay al ini­-&#13;
ciarse la guerra, le enseñamos vistas fo­-&#13;
tográficas de La Paz: la plaza Muri-&#13;
llo y el Parlamento, la avenida Tarapa- &#13;
cá, la Municipalidad, la avenida del &#13;
Prado, que tanto recuerda ciertos ba-&#13;
­rrios de Belgrano, el Museo Tiahuana- &#13;
cu, etc., y frente a esa visión de la ca­-&#13;
pital boliviana, nuestro compatriota só-&#13;
­lo pudo exclamar: “se vé que este es &#13;
otro pueblo”). De la obra industrial &#13;
en el Chaco, muy importante, son au­-&#13;
tores los capitalistas e ingenieros ar­-&#13;
gentinos, brasileños y de otros países, &#13;
pues el Paraguay , sólo contribuyó a &#13;
ella con el dolor de los mensús y la &#13;
percepción de impuestos...!&#13;
 Del punto de vista cultural: artes, le-&#13;
­tras, teatro, música, ciencias, etc., quien&#13;
estudie lo hecho por los paraguayos y &#13;
los argentinos, llegará a la conclusión &#13;
de que la gran cultura de marras no &#13;
puede estar en manos de ambos pue­-&#13;
blos, dada la disparidad y el fenomenal &#13;
desnivel existente entre ellos…&#13;
 Retribuyendo la galantería del doc-&#13;
­tor Juan Stefanich, cedemos, gustosos, &#13;
a su heroico pueblo la herencia de la &#13;
gran cultura humana occidental, pues &#13;
preferimos quedar ajenos a ella y per-&#13;
­manecer aferrados a la barbarie orien­-&#13;
tal a compartirla de igual a igual con &#13;
los guaraníes. &#13;
&#13;
b) Destino de Bolivia.&#13;
 En la misma publicación y con el tí­-&#13;
tulo del epígrafe, el doctor. Juan Ste­-&#13;
fanich niega, con simulada ignorancia, &#13;
que Bolivia pertenezca a la cuenca del &#13;
Atlántico o al sistema del Río de la Pla­-&#13;
ta y dice: “El enfermizo afán bolivia­-&#13;
no de salir al Río de la Plata, es geográ-&#13;
­ficamente absurdo, económicamente im­-&#13;
posible y políticamente peligroso (¿pa-&#13;
­ra quién?)”, porque entre La Paz y el &#13;
río Paraguay media la distancia de 1500 &#13;
kilómetros.&#13;
 Lamentamos que el escritor paragua-&#13;
­yo cometa o simule cometer errores tan &#13;
garrafales como el de creer que los pro­-&#13;
ductos del norte del Altiplano, donde es-&#13;
­tá situada La Paz y cuyos puertos na-&#13;
­turales son Arica y Mollendo, aspiren &#13;
a tener salida por el sistema palten-&#13;
­se, caundo harto sabido es que dicha sa-&#13;
­lida la exigen para su progreso los ri­-&#13;
quísimos departamentos de Santa Cruz &#13;
y de Tarija y el Chaco boliviano, desde &#13;
que resultaría inconmensurablemente &#13;
más absurdo, geográfica y económica­-&#13;
mente, suponer que puedan ser envia­-&#13;
dos sus productos a una distancia mu­-&#13;
cho mayor de los 1500 kilómetros del &#13;
doctor Stefanich y salvando enormes y &#13;
casi infranqueables obstáculos naturales &#13;
como las cordilleras Real y Occidental, &#13;
a los puertos de Arica, Mollendo y An- &#13;
tofagasta.&#13;
 Decir que el sistema hidrográfico bo-&#13;
­liviano “lo señala como tributario del &#13;
Pacífico, no del sistema paraguayo, &#13;
uruguayo, argentino y brasileño” es fal-&#13;
­tar a la verdad con descaro, desde que &#13;
en el mismo artículo el autor confiesa &#13;
que los ríos Bermejo y Pilcomayo y &#13;
los afluentes chaqueños del río Para-&#13;
­guay, pertenecen al sistema del Río de &#13;
la Plata y que el Mamoré, el Beni y &#13;
otros ríos del Norte de Bolivia, per­-&#13;
tenecen al sistema del Amazonas.&#13;
 Para justificar su impostura el pu-&#13;
­blicista paraguayo agrega que esos ríos &#13;
no “han visto en sus riberas una pobla-&#13;
­ción boliviana ni actividad alguna civi­-&#13;
lizadora de Bolivia...” ¡Caramba! Y &#13;
nosotros que creíamos que La Paz y &#13;
Cochabamba se alzaban sobre afluen-&#13;
­tes del Amazonas; que Sucre (cuna es­-&#13;
piritual de la independencia sudameri-&#13;
­cana) veía nacer afluentes del Río de la &#13;
Plata y del Amazonas; que Potosí, la &#13;
admirable Ciudad Imperial, Tupiza y Ta-&#13;
­rija, estaban situadas en la cuenca im-&#13;
­brífera del Pilcomayo y que Santa Cruz&#13;
de la Sierra bebía la misma agua que &#13;
contribuye al caudal del río Paraguay!&#13;
 Pero aunque no mintiera el doctor Ste­-&#13;
fanich, su teoría carecería de consisten-&#13;
­cia, desde que nuestra América se halla &#13;
en plena evolución progresista y lo que &#13;
no ha hecho hasta ahora, lo hará maña­-&#13;
na. En Sud América, existen más posi­-&#13;
bilidades que realidades, por carencia de &#13;
población, de dinero y de medios de co-&#13;
­municación, de suerte que las regiones &#13;
más cercanas al mar y a los grandes &#13;
ríos son las que más han progresado, &#13;
lo que no quiere decir que las más medi-&#13;
­terráneas, hoy atrasadas económicamen-&#13;
­te, no progresen en cuanto las comunica-&#13;
­ciones se faciliten, y al respecto, para &#13;
Santa Cruz, Tarija y el Chaco boliviano &#13;
es geográfica, económica y políticamen-&#13;
te imprescindible pertenecer al sistema &#13;
del Río de la Plata.&#13;
★ &#13;
En torno a una conferencia del &#13;
general don Alfonso Baldrich &#13;
(Viene de la pág. 26)&#13;
&#13;
más noble, y lo más duradero de un &#13;
pueblo.&#13;
 En resumen la paraguayofilia del Ge-&#13;
­neral Don Alonso Baldrich se desarro-&#13;
­lla al margen de la justicia internacio­-&#13;
nal Hispano-Americana, contra las con-&#13;
­veniencias más elementales de nuestro &#13;
país (para nuestra seguridad militar el &#13;
bloque Argentina-Bolivia-Perú, que co-&#13;
­locaría a disposición nuestra el puerto &#13;
de Mollendo, ligado a La Quiaca por la &#13;
línea Mollendo-Puno, el lago Titicaca &#13;
y la línea Guaqui-Villazón-La Quiaca, &#13;
inapreciable para el caso, que siempre &#13;
debe preverse, pues la historia nos dice &#13;
que no existe pueblo invencible o no su- &#13;
sujeto a algún revés, de la destrucción &#13;
o el embotellamiento de nuestra flota, &#13;
resulta mucho más eficaz que el bloque &#13;
Chile-Bolivia-Perú, cuya integración es &#13;
obra exclusiva de nuestra actitud fren­-&#13;
te a la contienda del Chaco o del im­-&#13;
posible, por las razones anteriormente &#13;
expuestas, bloque Argentina-Paraguay, &#13;
que en caso de un percance marítimo &#13;
nos ofrecería, para neutralizar los efec-&#13;
­tos de un bloqueo, naranjas, yerba ma­-&#13;
te, extracto de tanino, maderas y ñan- &#13;
dutís. .. ) contra sus conveniencias es­-&#13;
pirituales y contra la paz sud-america- &#13;
na, lo que nos parece mucho para ven-&#13;
­gar la cesión, a la Standard Oil, que &#13;
al fin y al cabo no nos importa, pues-&#13;
­to que cada cual tiene derecho de hacer &#13;
lo que le place en su propia casa, de &#13;
los yacimientos tarijeños y cruceños.&#13;
Carlos de la Roca.&#13;
&#13;
&#13;
&#13;
INDOAMERICA 31&#13;
&#13;
EL LAGO SAGRADO DE LOS &#13;
INCAS&#13;
(Viene de la pag. 24)&#13;
una vida inmemorial y profundas conexiones con las &#13;
más remotas culturas del Asia y Egipto? No ten-&#13;
­dríamos, en esta forma, en la unión del arte colo-&#13;
­nial con el aborigen, la estética típica y fundamen-&#13;
­tal de la raza que nace?&#13;
 ¿Por qué no difundir, entonces, en estas nacio-&#13;
­nes sudamericanas el estilo incásico? ¿Por qué nues-&#13;
­tros arquitectos, nuestros decoradores, nuestros pin­-&#13;
tores no han de buscar una fuente de inspiración, &#13;
de arte en esta grande y vieja cultura obirgen? Y &#13;
no digo nuestros músicos y nuestros poetas, porque &#13;
en la música y en la poesía algo se ha hecho y se &#13;
hace ya por este arte peculiarmente americano.&#13;
 Y ese “nuestro” que se repite tanto, tiene una &#13;
aplicación directa y propia. La cultura incásica no &#13;
es sólo de Bolivia o del Perú: es de toda la Amé-&#13;
ri­ca del Sur. Los lindes geográficos actuales no pue-&#13;
den separar la influencia evidente de esa cultura &#13;
que irradió tanto, cuando hoy mismo, por ejemplo, &#13;
oímos el quechua en Santiago del Estero, la quena &#13;
en Jujuy y presenciamos los ritos de la Pacha-mama &#13;
en todo el norte, influenciando Chile y abarcando &#13;
una buena parte del Ecuador porque en todas esas &#13;
zonas el Gran Imperio dejó rastros y almas incon­-&#13;
fundibles.&#13;
 Quizá esas almas vagabundas, ese espíritu jamás &#13;
borrado, ese sello único de la, gran raza sea tam­-&#13;
bién, andando el tiempo, el señuelo necesario para &#13;
que se reúnan los elementos dispersos del arte in-&#13;
­cásico.&#13;
 Y no se debe olvidar que aquí, en las riberas del &#13;
Titicaca, en el Cuzco, en Tihuanacu, en las Islas &#13;
Sagradas del Lago, resplandeciente de mirajes ame­-&#13;
ricanistas, hay una raigambre de arte fabulosamente &#13;
bella, que hoy se oculta o esteriliza medrosa y aban­-&#13;
donada, y que puede ser el núcleo vital de una re-&#13;
­viviscencia necesaria y grandiosa para el desarrollo &#13;
espiritual de estas naciones, y para los fundamentos&#13;
morales de la raza en formación.&#13;
&#13;
HORACIO CARRILLO.&#13;
&#13;
★ ★★ ★&#13;
BOLIVIA MARAVILLOSA&#13;
(Viene de la pág. 27)&#13;
&#13;
algunos departamentos a causa de la concentración en una &#13;
sola ciudad en busca de empleo gubernativo, o bien por la &#13;
emigración de trabajadores, los que aunque disponen de &#13;
tierras fértiles para el cultivo, prefieren, alucinados, ir a &#13;
las naciones vecinas en busca de trabajo a jornal. En la &#13;
Argentina hay miles de tarijeños y crúcenos, y en las sa­-&#13;
litreras de Chile se han perdido o agotado miles de cocha- &#13;
bambinos ; siendo así que esos brazos son elementos precio-&#13;
­sos para impulsar el progreso de sus localidades cuya na­-&#13;
turaleza es rica y pródiga.&#13;
 La extensión de Bolivia y la multiplicidad que tiene &#13;
de aspectos origina falsos juicios o. por lo menos incomple-&#13;
­tos. Para unos, es un páramo rico en minerales ubicados &#13;
en montañas inaccesibles, y para otros no es más que un &#13;
enorme bosque por el que discurren caudalosos ríos y ani­-&#13;
males feroces. Una anécdota pinta muy bien lo antes di­-&#13;
cho. Un audaz turista inglés había ingresado a Bolivia por &#13;
Puerto Suárez ascendiendo el río Paraguay y pasando &#13;
después a la ciudad de Santa Cruz, recorrió algunas pro­-&#13;
vincias. Por Cuatro Ojos entró al Beni y después al Acre. &#13;
En una Chata descendía por el Purús para tomar el Ama­-&#13;
zonas acompañándose con un boliviano, el que fervoroso &#13;
amante de su patria llevaba un escudo de Bolivia. El inglés &#13;
que conocía una gran parte del territorio, no entendía el &#13;
significado del escudo, y extrañado, formulaba las obser­-&#13;
vaciones siguientes: ¿Este es el cerro de Potosí?, pues yo&#13;
no he visto ni una pequeña colina. Este animal ¿es una &#13;
llama?, no he visto ni cosa parecida. Me dice usted que&#13;
esto es un haz de trigo?, sólo he visto arroz, yucas y caña. &#13;
El boliviano, intrigado, díjole entonces: ¿Cómo habría&#13;
dibujado el escudo de Bolivia? El turista inglés repuso: &#13;
Habría pintado un bosque por el que atraviesa un río na­-&#13;
vegable lleno de caimanes y habría puesto también, col-&#13;
­gada de dos palmeras una hamaca, con el boliviano dur­-&#13;
miendo dentro de ella.&#13;
 Ciertamente que es grave pecado de lesa civilización que &#13;
la naturaleza nos haya entregado tan grandes tesoros, para &#13;
hacer lo que aquel del pasaje bíblico, que se limitó a &#13;
conservar los '‘talentos” guardándolos dentro de la tierra…&#13;
En cambio Chile país relativamente pobre, rocoso, sin ma-&#13;
­terias primas después de una política de veinticinco años &#13;
se ha convertido en manufacturero en forma que hoy pa­-&#13;
dece una crisis de superproducción.&#13;
 Al observar los afanes y las preocupaciones de la mayor &#13;
parte de los hombres de la actual generación que viven al &#13;
día y para el día, y que no piensan o no se atreven a fun­-&#13;
damentar el progreso de mañana y se limitan a lamentarse &#13;
femeninamente por la crisis minera, tendríamos derecho a &#13;
que nos invada la desesperanza. Por suerte, la nueva gene-&#13;
­ración, valiente ,vigorosa, consciente, hará pronto una gran­-&#13;
de patria nueva reduciendo a escombros las taras y los vi­-&#13;
cios que son los únicos que ahora alientan la vida política &#13;
y administrativa del país. Por otra parte, la crisis minera &#13;
traducida en pobreza creciente, nos fustigará incansablemen­-&#13;
te con dolorosos latigazos hasta obligarnos a producir nuestro &#13;
propio pan, arroz y azúcar…&#13;
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&#13;
32 INDOAMÉRICA&#13;
&#13;
Influencia boliviana en el arte argentino&#13;
&#13;
Proyecto de Monumento a la Independencia en la Quebrada de Humahuaca, &#13;
obra del arquitecto Héctor Greslebin y del escultor Luis Perlotti, cuyo estilo &#13;
inspirado en el arte tiahuanacota, revela la fecundante influencia de la espiri-&#13;
tualidad de Bolivia precolombina.&#13;
&#13;
Chuquisaca cuna de la Emancipación&#13;
Hispano- Americana&#13;
(Viene de la pág. 12)&#13;
taimado recelo la prosperidad de sus vecinas. Ali­-&#13;
mentó así un egoísmo nacionalista solitario y &#13;
huraño, febril e irritado. Ajeno a toda cordialidad, &#13;
a toda noble expansión, cerró sus puertos al in­-&#13;
tercambio y la comunión amistosa”.&#13;
 Esa estrecha comunión espiritual entre el grito &#13;
de Mayo y la gran tradición incaica, se afirma en &#13;
el sol de nuestra bandera, símbolo del Inca, y en &#13;
las estrofas del Himno Nacional, cuyo autor nos &#13;
dice que: &#13;
&#13;
Se conmueven del Inca las tumbas &#13;
y en sus huesos revive el ardor, &#13;
lo que ve renovando en sus hijos &#13;
de la Patria el antiguo esplendor.&#13;
&#13;
comunión espiritual, ésta, que sólo pudo estable­-&#13;
cerse por influencia directa del Alto Perú, parte &#13;
integrante del vasto Imperio de los Incas y cen-&#13;
­tro irradiador de las ideas emancipadoras.&#13;
 De la gratitud de los pueblos hispano-america- &#13;
nos esperan aún la Universidad Mayor de San &#13;
Francisco Xavier y la Academia Carolina de &#13;
Chuquisaca, el monumento que inmortalice, en el &#13;
mármol o el bronce, la trascendente influencia &#13;
ejercida por ellas sobre la independencia sud­-&#13;
americana.&#13;
 Chuquisaca y Ayacucho son los dos polos de &#13;
nuestra epopeya máxima continental: Chuquisaca, &#13;
de cuyos doctores partió la idea de libertad, Aya- &#13;
cucho, donde esa idea vigorizó el brazo del vence-&#13;
­dor para sellar la obra; resultando justo recor­-&#13;
dar, ahora que tantos lo olvidan, que en esos dos &#13;
polos y en los acontecimientos que se desarrollaron &#13;
entre ellos, desde México hasta el Río de la Pla­-&#13;
ta y desde Misiones hasta el océano Pacífico, el &#13;
pueblo paraguayo, como nacionalidad hermana de &#13;
las demás, fué el único que permaneció egoísta­-&#13;
mente ajena a ellos.&#13;
&#13;
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                <text>Indoamérica : revista mensual ilustrada</text>
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            <description>An account of the resource</description>
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                <text>Año 1, no. 1</text>
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            <name>Date</name>
            <description>A point or period of time associated with an event in the lifecycle of the resource</description>
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                <text>Buenos Aires, junio 1935</text>
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            <name>Rights</name>
            <description>Information about rights held in and over the resource</description>
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                <text>Derecho público</text>
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            <name>Language</name>
            <description>A language of the resource</description>
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                <text>Español</text>
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            <name>Creator</name>
            <description>An entity primarily responsible for making the resource</description>
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                <text>Levene, Ricardo&#13;
Molins, Jaime&#13;
Merino Carvallo, Nelly&#13;
Rodas Eguino, J.&#13;
Jaimes Fereyre, Ricardo&#13;
Viscarra M., Humberto&#13;
Canedo Reyes, José&#13;
Lara, Jesús&#13;
Salmon Ballivian, José&#13;
Palacios, Alberto&#13;
De La Roca, Carlos&#13;
Carrillo, Horacio&#13;
Talamón, Gastón O.</text>
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            <description>The nature or genre of the resource</description>
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                <text>La transcripción de los textos de esta publicación se hizo respetando la estructura original del texto y los errores de tipeo. En los casos en los que no fue posible identificar la palabra por errores de impresión, se utilizaron los corchetes para indicar la interpretación.</text>
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